Capítulo 1: El Aviso de la Medianoche
La vida en Los Ángeles, California, siempre había tenido un brillo especial para los Miller. En medio del caos de la gran ciudad, Teddy Dullen Miller se consideraba una joven afortunada. No necesitaba mucho más para ser feliz que la compañía de sus hermanos: Glorieth, Julieta, Melissa, Alison y Jair. Eran un clan unido, de esos que compartían risas ruidosas y un optimismo que parecía blindado contra cualquier problema. O al menos, eso creían hasta ese inolvidable dos de mayo.
El día comenzó como cualquier otro en el estacionamiento de la Universidad Westwood de California. El sol de la mañana brillaba sobre el asfalto mientras los hermanos Miller bajaban de su auto, listos para otra jornada de clases. De pronto, el rugido de un motor elegante interrumpió el ambiente. Un imponente BMW negro cruzó el estacionamiento con una lentitud casi artística. A través de los cristales ahumados, Teddy alcanzó a distinguir las siluetas de la familia Masen, unos estudiantes extremadamente hermosos y reservados que siempre captaban las miradas de todos, flotando por el campus como si pertenecieran a otro mundo.
Antes de que pudiera quedarse contemplándolos, una voz familiar la trajo de vuelta a la realidad.
—¡Hola, Teddy! ¿Cómo estás? —saludó Scott Newton, su mejor amigo, acercándose con una gran sonrisa—. Qué bueno verte por la universidad.
—¡Bien, Scott! Mi mamá insistió en que me metiera a esta universidad —respondió Teddy con una risa, acomodándose la mochila. Luego, notó que Scott no venía solo y bajó la voz—. Oye, ¿y quiénes son ellos?
Scott se hizo a un lado con entusiasmo para presentar al numeroso grupo que lo acompañaba.
—Ok, miren, estos son mis amigos. Él es Derek McCall.
—Hola, Derek. Soy Teddy —dijo ella con amabilidad.
—Hola, ¿qué tal? Mucho gusto en conocerte —respondió el chico con un gesto educado.
—Este de aquí es Jake Corvin —continuó Scott, señalando a un joven de sonrisa pícara.
—Hola, ¿cómo te va? Mucho gusto en conocerte, hermosa —soltó Jake, clavando su mirada en ella.
Teddy sintió un ligero vuelco en el estómago, una extraña mezcla de timidez y desconfianza.
—A mí también, mucho gusto... —murmuró, tratando de no sonar demasiado extrañada por el piropo directo.
Para romper el hielo, Scott intervino rápidamente, señalando a una chica de aspecto decidido:
—Esta es Lyann Black. En ella puedes confiar tu vida entera, de verdad te lo digo.
—Gracias, Scott. Hola, soy Teddy... aunque creo que ya todos se saben mi apellido, ¿no? —bromeó, notando cómo los amigos de Scott los miraban con atención.
Lyann sonrió de forma genuina.
—Mucho gusto en conocerte. Y sí, aquí todo el mundo los conoce de vista. Son el gran Clan Dullen Miller, ¿o me equivoco?
—¿En serio? —Teddy se encogió de hombros, halagada—. Muchas gracias.
—De nada, Sra. Teddy —respondió Lyann con tono juguetón.
Sin perder tiempo, Scott terminó de hacer las presentaciones en cadena, señalando al resto del grupo que esperaba con curiosidad.
—Ellos son Daniel Black, Loremy Clearwater y su hermano Amílcar Clearwater. Y casi se me olvidaba, este es Brett Banawilick.
—Hola a todos, soy Teddy —saludó la joven en general.
—Hola... mucho gusto en conocerte —susurró Daniel Black. Su voz sonó casi hipnotizada y sus ojos se abrieron de par en par, mirándola con una evidente cara de enamorado que Teddy prefirió ignorar por el momento.
—Hola, a mí también me da gusto —añadió Loremy con timidez.
—Hola, mucho gusto —dijo Amílcar con un movimiento de cabeza.
—Hola, gusto en conocerte —concluyó Brett con amabilidad.
Teddy miró la hora en su teléfono y se dio cuenta de que el tiempo corría en su contra.
—Ok, nos tenemos que ir ya a clases. ¡Adiós! —se despidió del grupo.
Junto a sus hermanos, Teddy caminó a toda prisa hacia las aulas. La primera y la segunda clase transcurrieron con absoluta normalidad, entre apuntes y murmullos aburridos. Sin embargo, todo cambió en la tercera hora, cuando les tocó la clase de biología.
El nuevo profesor entró al aula con paso firme, dejando unos papeles sobre el escritorio antes de observar a los alumnos.
—Hola, jovencitos y jovencitas —dijo el profesor con voz ronca—. Yo soy su nuevo profesor de biología. Para trabajar este semestre, los voy a separar en parejas. Escuchen atentos sus nombres.
El aula quedó en silencio mientras el maestro leía la lista infinita de asignaciones: Alexandra Pérez con Marcos Castillo; Alexandra Dullen Masen con un chico de apellido Pérez; Antonia Cayo con Nicolás Gutiérrez; Anna Swan con Williams Torne; Ana con Amílcar Clearwater; Bella con Hameth Doncan; Alison con Omar Kemp; Ashley Dullen Masen con Ryan Muñoz; Anna con su hermana Melissa Dullen Miller; Brett Banawilick con Lizzy Styles; Catalina con Michael Dullen Masen; Daniel Rovira con Nadira Gómez.
De repente, Teddy escuchó su nombre.
—Daniel Black con Teddy Dullen Miller —dictaminó el profesor. Al volverse, Teddy vio a Daniel sonreírle desde el otro lado del salón, claramente feliz con el destino.
El profesor continuó leyendo rápido: Dyson Ried con Rosalie; Derek McCall con Loremy Clearwater; Evolet Dullen Masen con Luigi Traverso; Glorieth Dullen Miller con su amigo Scott Newton; Julieta con Ksenia; Joseph Fleming con Lyann Black; Juan Villa con Lauren Palmer; Jake Corvin con María Lucía Osorio; Jair Dullen Miller con Eliza; Julieta Dullen Miller con Verónica López; Julieta Poggio con Velkan Swan; Kathy Dullen Masen con Mimey Rodríguez; Rosario con Tony Dullen Miller; y finalmente, Kaled Dullen Miller con Mileyka Dullen Miller.
Al sonar el timbre que anunciaba el descanso, Teddy se levantó de su asiento, pero un repentino mareo la hizo tambalear. La cabeza le dio vueltas y un frío extraño le recorrió la espina dorsal. Aturdida, caminó hacia el patio para tomar un poco de aire fresco.
Lo que Teddy no sabía era que, a unos metros de ahí, Alexandra Dullen Masen la observaba fijamente. Alexandra y sus hermanos ocultaban un secreto inimaginable: eran vampiros. Pero no unos monstruos cualquiera; eran seres perfectos, hermosos y magnéticos. Además, Alexandra poseía un don único: era vidente. En ese preciso instante, una visión nítida golpeó la mente de Alexandra. El futuro se desplegó ante sus ojos: Teddy y todos sus hermanos estaban experimentando los primeros síntomas de una transformación inevitable. Ese mismo día, el dos de mayo, el Clan Miller se convertiría en vampiros vegetarianos.
Kathy Dullen Masen, ajena a la intensa visión de su hermana, caminó alegremente hacia donde Teddy intentaba recuperar el equilibrio.
—¡Hola, amiga! —saludó Kathy con entusiasmo—. ¿Cómo te fue con los grupos de biología?
Teddy parpadeó, tratando de disimular el malestar.
—Bien... más bien. ¿Por qué lo preguntas?
—A mí me tocó con una chica llamada Mimey Rodríguez —explicó Kathy, restándole importancia. De repente, su rostro se volvió un poco más serio—. Oye, por cierto... mi hermana Alexandra y mi hermano Michael te están buscando.
Teddy frunció el ceño, alarmada.
—¿Y eso para qué? No hice nada malo, ¿verdad?
—No te preocupes, no hiciste nada —la tranquilizó Kathy, tomándola del brazo—. Solo que mi hermano quiere hablar contigo de algo muy urgente. Vamos.
Kathy guio a Teddy hacia una zona más apartada del jardín exterior, donde Alexandra y Michael Masen esperaban bajo la sombra de un gran árbol. Sus pieles perfectas y pálidas brillaban sutilmente bajo la luz filtrada de Los Ángeles.
—Hola, ¿cómo estás? —habló Alexandra con una voz suave que transmitía una profunda preocupación—. Soy Alexandra Dullen Masen, y él es mi hermano...
—Michael Dullen Masen —completó Teddy, interrumpiéndola instintivamente al reconocerlo.
Alexandra miró de reojo a su hermana menor.
—¿Quién te lo dijo?
—Kathy, ¿verdad? —suspiró Michael, cruzándose de brazos—. Ella siempre hablando de más.
Teddy forzó una sonrisa, aunque el dolor de cabeza iba en aumento.
—Hola... la verdad es que me va un poco mal. Pero sí, soy Teddy Dullen Miller.
—¿Y por qué estás mal? —preguntó Alexandra, dando un paso hacia ella con elegancia.
—Me siento un poco mareada... como si el mundo me diera vueltas —confesó Teddy, llevándose una mano a la frente.
Michael miró a su hermana, perdiendo la paciencia. La urgencia en su interior era demasiada.
—Lo siento, Alexandra, pero ya no aguanto más —soltó Michael con firmeza, mirando directamente a los ojos de Teddy—. Teddy, está a punto de suceder algo muy malo contigo y con tus hermanos. Tienen que cuidarse mucho.
Alexandra abrió los ojos de par en par, indignada por la brusquedad de su hermano.
—¡Michael! ¿Por qué se lo dijiste así? Dime.
—¿Y cómo querías que se lo dijera? —replicó él, frustrado—. De alguna manera tenía que saberlo. El tiempo se agota.
—Se lo pudiste decir con calma, no asustándola —le recriminó Alexandra.
Teddy, con el corazón latiéndole a mil por hora, alternó la mirada entre ambos hermanos. El mareo casi había desaparecido, reemplazado por una oleada de pura adrenalina.
—¿Qué... qué me va a suceder? —exigió saber, con la voz temblorosa—. Dime, Alexandra. Michael, díganme ya.
Alexandra suspiró, mirando a Teddy con una mezcla de lástima y seriedad.
—Vas a pensar que es una locura, Teddy.
—No me importa, ¡díganme!
—Te advertí que iba a sonar raro... —Alexandra tomó aire—. Se van a convertir en vampiros.
Teddy guardó silencio por un segundo, procesando las palabras, antes de soltar una risa nerviosa.
—Están locos. Eso no existe.
—Te vas a convertir en eso, Teddy, porque nosotros somos parte de ese mundo. Somos vampiros —confesó Alexandra con total seriedad, sin apartar sus ojos intensos de ella.
Teddy dio un paso atrás, asustada por la absoluta convicción en la voz de la chica.
—¿Eres... eres un vampiro? ¿Y cómo puedes estar tan segura de que yo y mis hermanos nos vamos a convertir en lo mismo? Dime.
—A algunos vampiros se nos otorgan dones especiales cuando nos transformamos —explicó Alexandra, extendiendo las manos con calma—. El mío es ver el futuro.
Teddy sintió que el aire faltaba en sus pulmones.
—Eso significa que eres...
—Una vidente —confirmó Alexandra—. Pude ver el futuro con claridad. El tuyo y el de tus hermanos ya está sellado: serán vampiros, y la transformación ocurrirá esta misma noche.
El mundo pareció detenerse para Teddy. La revelación cayó sobre ella como un balde de agua fría. Pensó en Glorieth, en Julieta, en Melissa, en Alison y en Jair. Su hermosa y feliz familia estaba a punto de cambiar para siempre. El pánico la impulsó a actuar.
—Ok... —consiguió decir Teddy, con la mente yendo a mil por hora—. Voy a buscar a mis hermanos ahora mismo. Gracias por avisarme... de verdad se los agradezco.
Sin esperar una respuesta, Teddy dio media vuelta y corrió con todas sus fuerzas hacia la cafetería de la universidad, impulsada por el miedo y la necesidad desesperada de proteger a su familia antes de que cayera la noche.
Mientras Teddy corría desesperada hacia la cafetería, la vida continuaba con su ritmo habitual en los pasillos exteriores de la universidad. Glorieth Dullen Miller caminaba tranquila, disfrutando de la música que sonaba en sus auriculares, sin sospechar que alguien seguía cada uno de sus movimientos.
Scott Newton llevaba meses suspirando por ella. Para él, Glorieth era la chica más hermosa del campus, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para llamar su atención y ganarse su corazón. Al verla caminar sola, Scott respiró hondo, ajustó la correa de su mochila y aceleró el paso. Ideando un plan rápido y un poco torpe, se desvió lo suficiente para chocar sutilmente con ella.
El impacto hizo que el bolso de Glorieth resbalara de su hombro y cayera al suelo, desparramando algunas de sus cosas sobre el pavimento. Ella se detuvo en seco, mirando el bolso con sorpresa.
Scott regresó sobre sus pasos de inmediato, fingiendo consternación.
—¡Hola, Glorieth! Lo siento muchísimo por tumbarte la bolsa —dijo, agachándose rápidamente para ayudarla a recoger sus pertenencias—. ¿Me disculpas? De verdad no fue mi intención.
Glorieth lo miró y una sonrisa amable iluminó su rostro.
—Hola, Scott. Sí, claro que te disculpo —respondió ella con ligereza, restándole importancia—. A la gente le pasan estas cosas todo el tiempo, ¿verdad? No te preocupes.
Scott suspiró aliviado, mirándola fijamente a los ojos.
—Sí... qué bueno que me entiendas tanto. Eres muy comprensiva.
—No es nada, de verdad. Gracias por ayudarme —contestó Glorieth, guardando lo último en su bolso.
Scott supo que era su momento. Su corazón latía con fuerza, pero intentó sonar lo más seguro posible.
—Oye... ¿te puedo invitar a comer mañana?
Los ojos de Glorieth se abrieron con sorpresa y un brillo de entusiasmo cruzó por ellos.
—¡Sí, claro! Me encantaría. ¿A qué hora sería?
—¿Qué tal como a las cuatro de la tarde? Justo después de salir de la universidad.
—Ok, perfecto. Gracias, Scott —dijo ella, sintiendo cómo las mejillas se le encendían.
—Por cierto... —Scott sacó su teléfono con rapidez—. ¿Cuál es tu celular?
Glorieth lo miró de reojo, con una chispa de picardía en la mirada.
—¿Quieres mi número de verdad o solo me lo estás pidiendo por cortesía?
—¡Claro que me interesa! —exclamó Scott, contagiado por su juego—. Dámelo, por favor.
Glorieth rió suavemente y le dictó los dígitos. Scott los guardó como si estuviera registrando el tesoro más valioso del mundo. Tras bloquear la pantalla, le dedicó una sonrisa cargada de intenciones.
—Listo. Te voy a llamar luego, mi amor.
Glorieth se congeló por un segundo, parpadeando sorprendida por el repentino apodo.
—¿"Mi amor"? ¿Y eso de dónde salió? —preguntó, aunque una sonrisa delataba que no le molestaba en absoluto.
—De cariño —respondió Scott con voz suave y una mirada que la hizo derretirse—. De ahora en adelante te voy a decir así.
—Ok... —murmuró ella, sintiendo mariposas en el estómago—. Adiós, Scott.
—Chao, Glorieth. Cuídate.
Eran casi las cuatro de la tarde cuando Glorieth se despidió. En cuanto Scott se dio la vuelta, ella comenzó a caminar dando pequeños saltos, incapaz de contener la alegría que la desbordaba. Estaba completamente loca de amor. En medio de su nube de felicidad, divisó a lo lejos a sus hermanas, Julieta y Teddy, y corrió hacia ellas.
—Hola, hermana —la saludó Teddy, notando de inmediato su extraña actitud—. ¿Qué te pasó? ¿Por qué vienes así?
Julieta se cruzó de brazos, con una sonrisa cómplice.
—Hola, Glorieth. A ver, cuéntanos... ¿quién es el afortunado?
—¡Es Scott Newton! —chilló Glorieth, juntando las manos—. Es tan lindo... Me invitó a salir mañana.
Teddy rodó los ojos con cariño, soltando una carcajada.
—Tú siempre, Glorieth. Eres un caso serio.
—Tienes toda la razón, Teddy —secundó Julieta, riéndose—. Ella es un caso perdido cuando se trata de hombres guapos.
Glorieth se encogió de hombros, con la mirada perdida en el horizonte, reviviendo el momento.
—Así soy yo y nadie me puede quitar eso. Me dijo cosas tan lindas... Y es que él es tan perfecto.
—¿Quién es perfecto? —interrumpió una voz masculina a sus espaldas.
Jair Dullen Miller se acercó al grupo de sus hermanas, con las manos metidas en los bolsillos y una ceja levantada.
—Para ti no debería haber nadie lindo más que tu hermano, ¿o no? —bromeó Jair, tratando de aligerar su propio ambiente.
—Ay, Jair, de ti no estamos hablando —replicó Julieta, dándole un empujoncito afectuoso—. Es Glorieth. Está flotando en una nube llena de amor.
Jair frunció el ceño, genuinamente curioso.
—¿De quién están hablando entonces?
—De Scott Newton —suspiró Glorieth, completamente embobada—. Es mi amor.
—¿Tu amor? —Jair soltó una risa incrédula—. ¿Desde cuándo?
—Desde hoy —declaró ella, con una sonrisa ensimismada que demostraba que no estaba prestando atención a nada más.
Jair miró a Julieta, buscando confirmación.
—¿En serio? Es una broma, ¿verdad, Glorieth?
—No, es totalmente verdad —aseguró Julieta, divirtiéndose con la escena.
Teddy, que recordaba la advertencia de los Masen y la urgencia de la situación, decidió que era momento de hablar con su hermano. Necesitaba tantear el terreno. Con un gesto sutil, apartó a Jair del grupo para conversar en privado.
—Hola, Jair... —empezó Teddy, bajando la voz—. Una pregunta, ¿dónde está tu novia Eliza? No la he visto hoy.
La expresión de Jair cambió por completo. La chispa de diversión desapareció de sus ojos, siendo reemplazada por una profunda sombra de tristeza.
—Está por ahí... —respondió, esquivando la mirada de su hermana.
—¿Qué pasa? ¿La invitaste al cine como tenías planeado?
Jair negó con la cabeza, apretando los labios.
—No pude... Tiene novio, Teddy.
—¿Qué? —Teddy se llevó una mano a la boca, sorprendida—. ¿Cuándo pasó eso?
—Hoy me enteré —confesó Jair, con la voz apagada por el desengaño—. Pero ya no importa. Ella ya no importa.
Teddy sintió un vuelco en el corazón al ver a su hermano tan herido, pero sabía que no era el momento ni el lugar para profundizar. La noche se acercaba y el peligro real estaba por comenzar.
—Ok... está bien. Nos vemos ahora en el auto, ¿sí?
—Sí, vámonos ya de aquí —asintió Jair, dándose la vuelta.
A las cinco de la tarde, los hermanos Miller se reunieron finalmente en el estacionamiento para regresar a casa. Mientras Jair encendía el motor del coche para que se fuera calentando, los demás se acomodaban. Glorieth se había quedado un momento rezagada cerca de la puerta trasera, conversando animadamente con Melissa sobre los detalles de su encuentro con Scott.
De repente, Scott apareció entre los autos. Se acercó a pasos rápidos, con la clara intención de despedirse de Glorieth antes de que se marchara.
—¡Glorieth! Qué bueno que te alcanzo —dijo él con una sonrisa.Ella se giró para mirarlo. Scott se inclinó ligeramente, buscando darle un beso de despedida en la mejilla, pero Glorieth, impulsada por la audacia del momento, movió la cara en el último segundo. Sus labios se encontraron en un beso tierno y directo en la boca. Scott se quedó congelado, con los ojos abiertos por la sorpresa y el corazón desbocado, mientras Glorieth le dedicaba una última mirada coqueta.Desde el asiento del conductor, Jair tocó la bocina, interrumpiendo el momento.—¡Vamos, suban ya al coche! —ordenó con tono serio, ansioso por salir del campus.Glorieth y Melissa subieron rápidamente a la parte trasera, entre risas y susurros cómplices. Jair puso el auto en marcha y abandonaron el estacionamiento de la universidad, adentrándose en las autopistas de Los Ángeles mientras el sol comenzaba a teñir el cielo de tonos anaranjados.El ambiente dentro del vehículo era una mezcla de la euforia amorosa de Glorieth, los lamentos de Jair y el silencio preocupado de Teddy. Tras unos minutos de trayecto, Teddy decidió que no podía esperar más. Se giró desde el asiento del copiloto para mirar a todos sus hermanos.—Oigan, escúchenme bien. Les voy a decir algo que es sumamente urgente —anunció Teddy, con una seriedad que cortó el aire—. Glorieth, deja de chatear por un favor. Y Melissa, suelta el Facebook y déjalo tranquilo un momento. Esto es serio.Las dos chicas levantaron la vista de sus pantallas, extrañadas por el tono de su hermana.—Alexandra Masen habló conmigo hoy —continuó Teddy, tragando saliva—. Me dijo que nos vamos a convertir en vampiros... hoy mismo, en la noche.Un silencio sepulcral inundó el coche, roto únicamente por el sonido del motor. Jair soltó una carcajada seca, sin apartar los ojos de la carretera.—Estás loca, Teddy. ¿Nosotros, vampiros? Es una broma de muy mal gusto, ¿verdad?—No es ninguna broma, hermano —insistió Teddy, con los ojos fijos en él—. Es la verdad. Ella lo vio.Glorieth palideció de inmediato. El teléfono casi se le resbala de las manos y su mente voló directo a la cita del día siguiente.—¿En serio? —preguntó Glorieth, con la voz rota por el pánico—. Si... si me convierto en un vampiro, ¿qué va a pasar con Scott? Lo voy a lastimar, ¿no creen? No puedo estar cerca de él siendo un monstruo.Teddy miró a su hermana con profunda empatía, sabiendo el dolor que implicaba renunciar a una vida normal justo cuando empezaba a ser perfecta.—Lo sé, Glorieth... lo sé perfectamente —respondió Teddy en un suspiro, mirando cómo los últimos rayos de sol se ocultaban tras los edificios de la ciudad—. Pero ya estamos en transición. Ya comenzó, y ahora... ni modo. Ya no hay vuelta atrás.








