Preludio
"La historia la escriben los vencedores". Es bastante curioso que quien escribió esta frase aún no esté perfectamente claro, cuando es una de las grandes verdades de este mundo.
Supongo que esta historia tampoco será escrita o transmitida como legado; será como una piedra inerte dejada a la suerte del destino.
Escucho, a un par de casas de distancia, los gemidos agónicos, desgarradores y tan dolorosos que logro sentirlos en mi propia piel. Recordando que la vida no tiene pausa, que toda esta orquesta mal dirigida terminará a destiempo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Ojos? Sí, si queremos hacernos los ciegos. Es más melódico que verla. Aun así, lo poco que logro mostrar es mi boca en claustro. Un fragmento de vida convirtiéndose en humo entre mis dedos y una mirada que invita a no seguir el contacto.
El sol brilla con fuerza la tarde de agosto. Aunque no de este agosto... Retrocedamos en el tiempo, ya que, por desgracia, mi memoria es vívida y me recuerda cada día los suspiros que he dejado atrás.








