Un principio
Hola diario, hace casi dos años que no escribo, ahora mi vida es completamente miserable.
Ya he cumplido los quince, y todo parece ir mal, este barrio de Barcelona parece cada vez más asqueroso.
Además hace dos semanas de la muerte del abuelo, no puedo creer que haya pasado, es quizás lo peor que me ha pasado, no puedo parar de pensar.
Venderemos su casa, no me parece nada bien, es como deshacernos del último lugar en el que estuvo vivo, ya me he opuesto delante de toda la familia, pero no me escuchan, parece que no tengan alma, que no ven que esto al abuelo le haría mucho daño. A partir de ahora todo será muy diferente a causa de su muerte, podrían haber esperado un poco más para vender la casa…
Ahora estamos enpaquetando sus cosas, he encontrado una cajita muy bonita, nunca la había visto. He tenido una curiosidad que hacía tiempo que no sentía, he cogido la caja y me la he llevado a casa. Será mi nuevo amuleto, lo llevaré a todas partes, así siempre tendré un recuerdo del abuelo, él era la única persona de la familia que me escuchaba y me entendía, teníamos una relación muy especial, nunca estábamos en desacuerdo, y hablábamos de nada y de todo.
Siento que el mundo se desmorona delante de mí, bajo mis pies calzados con esas zapatillas converse tan viejas, ajustadas y desgastadas de tanto llevarlas. Y me pregunto qué hago aquí, con todos los seres que existen y a mí me tenía que tocar ser una humana decente y correcta, con conciencia, sé que soy humana, y odio saberlo, odio saber que vamos a morir todos, que somos una mierda en la tierra, en el sistema solar y en el universo. Y sí, parece egoísta por mi parte, pero soy humana, no hay nada que hacer... A Ver si mañana, milagrosamente, mi cerebro se vuelve loco y lo veo todo color rosa o incluso empiezan a gustarme las matemáticas Quizás si esto ocurre mañana escribiré un poco más alegre, si no seguiré con mi pensamiento nuevamente negativo. Nunca he sido tan negativa, los humanos ocultamos los sentimientos, parece que no los podamos mostrar, todo siempre debe parecernos maravilloso… Estoy siendo increíblemente pesimista. Hasta otro día, que tengo que ir a desayunar.
Amèlia está yendo a buscar su desayuno a la cocina cuando se encuentra con su madre. Entonces oye la voz de la madre diciendo:
¡No puede que mi hija vaya tan despeinada! ¡y qué pantalón tan deportivo, ni que tuviera gimnasia cada día!
Amelia, sobresaltada alza la voz.
- que… ¿Qué has dicho…? No lo entiendo…
Mamá la mira asustada, le dice.
- ¿Qué? ¡Pero si yo no he dicho nada! ¡Qué mosca te ha picado?! ¡Apa, hacia el instituto, que harás tarde!
-Pero si…
Dice Amèlia, pensando que se está volviendo loca.
-¡Ni pero ni nada, no tengo tiempo!
La corta la madre rápidamente.
Vuelve a sonar la voz de su madre cuando Amèlia está abriendo la puerta:
¿Qué le pasa ahora? ¡Que no ve que no tengo ni tiempo ni ganas de sus numeritos de niña tímida y sensible! Adolescentes, siempre igual, ya no sé cómo hacerlo…
Esta vez Amèlia le estaba mirando y se ha fijado bien, la madre no movía los labios, pero resonaba fuertemente en su cabeza la voz de la madre, tan crítica como siempre, parecía como si le pudiera leer el pensamiento…
Pero, qué tontería, se repetía Amelia constantemente, o me estoy volviendo loca o esto es un sueño, aunque hace tiempo que no sueño nada, a veces ni siquiera duermo…
Amèlia iba caminando deprisa e intentando pasar desapercibida, no es que tuviera demasiados amigos y amigas, se decía que el esqueleto del laboratorio y la cocinera del instituto eran sus mejores amigos…
Mientras caminaba iba oyendo las voces de todos esos jóvenes populares.
-¡Qué niña más fea!
-Aquí tenemos la niña rarita
-¡Qué mal gusto para la ropa!
Amelia lo veía, nadie movía los labios, sólo la miraban con cara de asco…
¡Amelia no se lo creía, les leía la mente o algo parecido?!
Entonces oye la voz dulce de su mejor amiga, Agnès una niña valenciana tan pringada como Amèlia.
Ésta si movía los labios.
-Amelia! ¡Buenos días! ¡Vamos a clase antes de que nos caigan las ostias!
Mientras iban hacia clase oyó cosas, cosas que no le gustaban.
-¡Ya,ja,ja, la valenciana esta caerá en depresión por la bromita de Adriana!
-Soy una crack, ¡la friki de Agnès tendrá el momento más humillante de la historia!
-Espero que nadie estropee la broma de Adriana mirando arriba la taquilla! Si lo descubre alguien será un desastre…
- Lo sabe todo el instituto menos estas dos raritas
¿Cómo? ¿Quieren hacer una broma a Agnès?
Pensó Amèlia.
¿Que habrá arriba la taquilla?
Alzó la vista, ¡había un bote de slime verde! Esto le caería en la cabeza, no podía permitirlo, ayudaría a su amiga costara lo que costara, no dejaría que sufriera esa humillación que acabaría totalmente con su reputación, y entonces su madre la devolvería a su instituto de antes, tenía que actuar, ¡y rápido!
Pensó tanto lo que podía hacer y cómo podría afrontar una situación como aquella, además, delante de todos sus compañeros de clase, que antes de que pudiera darse cuenta, Agnès estaba abriendo la taquilla, ella no sabía qué hacer, intentó empujarla hacia un lado, pero unas niñas la cogieron, era demasiado tarde, había caído. Su amiga estaba en estado de shock, mirándola con cara de necesitar auxilio y sabiendo que aquello era el fin de su vida social, al menos dentro de ese instituto.
Amèlia hubiera podido detener la broma, pero reaccionó demasiado tarde, se sentía la peor amiga del mundo, y se prometió que ayudaría a todo el mundo que pudiera ayudar.
Sin saberlo se estaba creando a sí misma una obsesión de la que le costaría mucho salir, debería aprender a vivir y también a pedir que le ayudaran a vivir.
Uno nunca sabe a dónde le va a enviar la vida. Algunos lo encontraràn divertido, otros vivirán con el miedo cogido de la mano.









