PROLOGO
Antes de relatar esta historia, quiero dejar claro que no pretendo señalar a nadie como culpable. No hay traiciones, solo sentimientos que cambian o se desvanecen. A veces, la rabia y el odio —el reverso de la moneda del amor— nos llevan a culpar a los demás de nuestros propios errores, desgracias, inseguridades o falta de carácter. Por ese motivo, y reiterando lo dicho, no hay culpables en esta historia.
De joven fui una niñata; quizás esa no sea la palabra exacta, pero bueno, sí. Nunca fui guapa, pero poseía un cuerpo envidiable, fruto de la naturaleza, y con un buen arreglo, sin llegar a ser creída, lograba llamar bastante la atención. Eso me gustaba, no nos equivoquemos; no fui una chica de una sola noche, pero disfrutaba de esa atención.
Siempre me atraía el chico difícil, aquel que me hacía sufrir hasta conseguir que se fijara en mí, pero ahí surgía el problema: en cuanto lo lograba, yo perdía el interés. No creo que lo hiciera con mala intención, pero así sucedía.
El karma es muy jodido y, por ese motivo, creo que me lo devolvió duplicado.









Me encanta el prólogo, te hace querer entrar de lleno en la historia!