Capítulo 1 El desvío de las Reglas
Harper nunca había sido la clase de chica que creyera en las historias de amor. No es que le faltara experiencia con los chicos; al contrario, sabía perfectamente cómo jugar el juego. Era coqueta por naturaleza, disfrutaba de la tensión del coqueteo y sabía manejar la atención masculina a su antojo. Sin embargo, divertirse era una cosa y enamorarse era otra muy distinta. Para ella, el amor real era un terreno ajeno en el que jamás había caído, una complicación innecesaria que prefería evitar manteniendo sus emociones bajo llave.
Por eso, cuando empaquetó su vida hace apenas dos semanas y se mudó a otro estado para empezar la universidad, el romance era lo último en su lista de prioridades. Aquel pequeño dormitorio de campus se sentía como un lienzo en blanco, una oportunidad perfecta para reescribirse sin ataduras. Su nueva roommate, Anna, fue la primera pincelada de color en este nuevo capítulo. Divertida, extrovertida y un auténtico torbellino de energía, encajó con Harper desde el primer segundo.
Harper no se quedaba atrás. Le encantaba arreglarse, salir de fiesta, bailar hasta que le dolieran los pies y disfrutar de su propia sensualidad sin pedirle disculpas a nadie. Pero una noche de diversión no significaba entregar el corazón. Si alguna vez se planteaba hacer lo segundo, tenía muy claro su prototipo: un hombre alto, rubio, de esos que parecen esculpidos para la portada de una revista y que encajaban a la perfección en su ideal estructurado. Pero como ese hombre perfecto aún no existía fuera de su imaginación, su plan de mantenerse invicta seguía intacto.
O al menos ese era el plan, hasta que Anna se pasó una semana entera insistiendo para que asistiera a su fiesta de cumpleaños.
—Si no vienes, iré al dormitorio y te sacaré a rastras —la había amenazado Anna, cruzándose de brazos con un mohín dramático.
Harper soltó una carcajada, rindiéndose ante su insistencia.
—Está bien, iré. Pero prometes que habrá buena música.
—También habrá chicos guapos —añadió Anna, guiñándole un ojo.
—Eso ya suena un poco mejor.
Ambas rieron, sellando el trato.
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Horas más tarde, Harper se miró en el espejo antes de salir al salón del departamento. Llevaba un vestido negro que abrazaba sus curvas como una segunda piel, botas de tacón que le daban unos centímetros extra de altura y el cabello perfectamente peinado cayendo sobre sus hombros. Sabía que llamaba la atención, pero no caminaba buscando miradas; la seguridad en sus pasos ya hablaba por ella. No necesitaba la aprobación de nadie para saber lo que valía.
Al cruzar la puerta, la música retumbaba con fuerza en las paredes, mezclándose con el olor a alcohol y las risas de los invitados. La noche tenía esa atmósfera eléctrica, típica de las fiestas universitarias que prometen convertirse en una buena anécdota. Harper sostuvo su vaso con calma, apoyada contra una pared mientras observaba el ambiente. No conocía a casi nadie, pero Anna se había asegurado de no dejarla sola ni un segundo.
De pronto, Anna se acercó a ella con una sonrisa traviesa que Harper conocía demasiado bien.
—No te muevas —le susurró al oído con picardía—. Hay alguien a quien quiero presentarte.
Antes de que Harper pudiera preguntar de quién se trataba, la puerta del departamento se abrió y un chico capturó su atención de inmediato.
Vestía una camiseta negra básica que dejaba al descubierto unos brazos imponentes, completamente cubiertos de tatuajes oscuros. Su cabello negro caía con un desorden estudiado sobre su frente, y caminaba con esa seguridad relajada de quien sabe que todos van a mirarlo sin necesidad de pedirlo.
El chico se dirigió directo hacia ellas, ignorando el resto de la sala, y envolvió a Anna en un abrazo afectuoso.
—Feliz cumpleaños —dijo, con una voz profunda que vibró por encima de la música.
—Gracias por venir —respondió ella, separándose con una sonrisa radiante—. Te ves demasiado bien… ¿qué pasó? ¿Volviste oficialmente al mercado?
Él soltó una carcajada ronca, un sonido que le recorrió a Harper la espalda de una manera extraña.
—Algo así.
Anna le dedicó una mirada rápida y cómplice a Harper antes de girarse por completo hacia ella.

—Bennett, ella es Harper. Mi roommate… y oficialmente mi nueva mejor amiga. Harper, él es Bennett. Uno de mis mejores amigos.
Los ojos de Bennett se clavaron en los de ella. Por un instante, el ruido ensordecedor de la fiesta pareció disminuir un par de decibelios, como si la habitación se hubiera quedado en pausa.
Él la recorrió con una mirada lenta, descarada pero extrañamente respetuosa; una curiosidad genuina que a Harper le aceleró el pulso de una forma que no le gustó admitir. No parecía la clase de chico que se impresionaba con facilidad, pero la fijeza de sus ojos oscuros decía todo lo contrario.
Harper lo analizó de vuelta, sosteniéndole la mirada sin parpadear. Era alto, de mandíbula marcada y tenía una sonrisa condenadamente atractiva. Definitivamente no era el rubio de catálogo que ella siempre había descrito como su "hombre ideal", pero tenía que admitir que el chico de los tatuajes poseía un magnetismo peligroso.
Aun así, mantuvo la compostura. Había conocido a hombres guapos antes y sabía cómo jugar ese juego de poder. No se iba a derretir tan fácil.
—¿Harper? —preguntó Bennett, ladeando la cabeza con una media sonrisa—. Bonito nombre.
Ella levantó ligeramente su vaso en un brindis silencioso.
—Gracias.
—Creo que Anna olvidó mencionar que también eres la chica más bonita de la fiesta.
Harper soltó una pequeña risa, francamente divertida por su descaro.
—¿Siempre utilizas esa frase cuando conoces a alguien?
Bennett arqueó una ceja, visiblemente entretenido por la reacción de ella.
—Solo cuando es verdad.
—Qué conveniente.
Anna soltó una carcajada al ver el intercambio.
—Ya empezó el conquistador.
—No estoy intentando conquistarla —se defendió Bennett, aunque sus ojos seguían fijos en Harper, brillando con diversión desafiante.
Harper dio un sorbo a su bebida sin apartar la vista de la suya.
—Menos mal.
Él sonrió de lado, intrigado.
—¿Por qué?
—Porque apenas nos conocemos.
Aquella respuesta no fue grosera, pero tampoco coqueta. Fue una simple y llana verdad. Bennett la miró con una chispa de sorpresa, como si no estuviera acostumbrado a que las chicas le bajaran los humos tan rápido. Su reacción a Harper le gustó. Le gustó bastante.
En ese momento, alguien gritó el nombre de Anna desde la cocina, obligándola a alejarse y dejándolos solos en medio del pasillo.

—¿Así que eres nueva en la universidad? —preguntó Bennett, dando un paso casi imperceptible hacia ella, invadiendo sutilmente su espacio personal.
—Sí.
—¿Y qué estudias?
Harper fingió una mueca de aburrimiento y lo miró con picardía, apoyando su peso en una sola pierna.
—Todavía estás en la etapa de hacer preguntas aburridas para impresionarme.
Él soltó una risa franca, pasándose una mano por el cabello oscuro.
—¿Tan obvio soy?
—Un poquito.
—Entonces dime algo sobre ti. Sorpréndeme.
Harper fingió pensarlo un momento, sosteniendo el contacto visual.
—Mmm… no.
—¿No?
—Me gusta que la gente se gane las respuestas.
Bennett negó con la cabeza, y esa sonrisa ladeada confirmó que el reto le encantaba tanto como a ella.
—Vas a ser un problema, Harper.
—Eso dicen —respondió ella, sosteniéndole la sonrisa.
Antes de que Bennett pudiera replicar, el teléfono de Harper comenzó a vibrar e iluminarse en su mano. La pantalla mostró el nombre de su mamá.
—Disculpa —le dijo, señalando el celular con una mueca de disculpa.
—Adelante —respondió él, dándole espacio.
Harper se alejó unos pasos, buscando un rincón un poco más tranquilo cerca del pasillo, y deslizó la pantalla para contestar.
—¿Hola, mamá?
La voz de su madre llegó al otro lado de la línea, compitiendo un poco con la música de fondo, cargada con ese tono protector que Harper conocía tan bien.
—Harper, por favor, llega a casa temprano mañana para la reunión con los Teague es importante para tu padre . Te amo, no bebas mucho y, por favor, asegúrate de volver sola a tu dormitorio esta noche.
Harper no pudo evitar sonreír con ternura ante la típica advertencia materna.
—Sí, sí, estaré allí mañana temprano… sí, está bien… sí… yo también te amo.
Tras colgar, exhaló un pequeño suspiro y guardó el teléfono en su bolso. Al girarse para regresar a la fiesta, levantó la mirada y se encontró con los ojos de Bennett.
Él no se había movido un solo centímetros. Seguía de pie en el mismo lugar, con el vaso en la mano y observándola con una fijeza que le erizó la piel de manera agradable. Bennett le dedicó una sonrisa lenta, como si estuviera descifrando un misterio que no tenía prisa por resolver.
Harper sonrió para sus adentros mientras caminaba de vuelta hacia él, dándose cuenta de que, a pesar de las advertencias de su madre, la noche se había vuelto mucho más interesante.








