Hayactar: Inquisición... [Capitulo 6] by JAIR RAMOS at Inkitt
Customize readability
Aa

Hayactar: Inquisición... [Capitulo 6]

All Rights Reserved ©

Summary

Virreinato del Perú, 1570. Un joven indígena descubre una verdad por la que muchos estarían dispuestos a matar. Mientras el último reino inca resiste en las montañas de Vilcabamba y la Inquisición extiende su influencia por el Nuevo Mundo, Hayactar se ve arrastrado a una lucha mucho mayor de lo que jamás imaginó. Cada paso que da lo acerca a una conspiración donde la fe, el poder y la ambición se enfrentan sin misericordia. Perseguido por enemigos invisibles, obligado a elegir entre su pueblo y sus convicciones, comprenderá que algunas batallas no se libran con espadas, sino con aquello en lo que un hombre decide creer. En una tierra donde la traición puede ocultarse tras cualquier rostro, una sola decisión será suficiente para cambiar el destino de muchos. Porque hay verdades que pueden sobrevivir al fuego. Y otras por las que el mundo entero está dispuesto a arder.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

De Vuelta en Vilcabamba

Han pasado dos semanas. Es el 22 de marzo de 1569.

Imaginen a Hayactar y Gonzalo, después de catorce días de baches, mosquitos y seguramente alguna que otra discusión sobre quién debía arrear los caballos, llegando finalmente a Vilcabamba.


Eran las siete de la noche y, para variar en los Andes, estaba lloviendo a cántaros.

—Eh… Hayactar —preguntó Gonzalo, mientras intentaba que el agua no se le metiera por el cuello—, ¿alguna vez pensaste en dónde demonios nos vamos a quedar?

—Nos quedaremos en casa de mis padres —respondió Hayactar con la seguridad de quien conoce cada piedra del camino.

Llegaron a un valle donde el tiempo parecía haberse detenido.

Había casas de estilo español (colombinas, para los más técnicos) y otras que aguantaban desde antes que Pizarro pusiera un pie aquí.

Hayactar, nuestro ex-curaca, buscó una casa de piedra con techo de paja y ventanas trapezoidales. Al encontrarla, frenó la carreta y llamó a la puerta.

Salió un hombre de cuarenta y ocho años, con el rostro tallado por el viento y el sol.

Su nombre era Sayaq (que en quechua significa “De pie”, y créanme que hacía honor a su nombre).

—Padre, he regresado —dijo Hayactar.

—Hijo mío... sabía que vendrías.

—Por la gracia de Dios, hoy es el día. ¿Creéis vos, padre, que sería molestia que me quedase aquí?

—¡Jamás! Por mí, podrías quedarte toda la vida.

—¿Y también creéis que se puede quedar mi amigo?

El ambiente se puso más frío que la lluvia que caía.

El rostro de Sayaq pasó de la alegría a una seriedad de piedra en un segundo.

—¿Cómo se llama tu amigo? —susurró Sayaq, con voz de trueno contenido.

—Se llama... Gonzalo.

¡Un español jamás comerá de mi mesa, Hayactar! —rugió el hombre, casi despertando a todo el valle.

—Padre, Gonzalo es indígena.

¡Ja! ¡Como si tú supieses más que yo!

En ese momento, Gonzalo salió de la carreta, empapado pero firme.

—Buenas noches, señor; mi nombre es Gonzalo Rodríguez.

Sayaq empezó a reírse. Pero no una risita educada, no.

Una risa de loco, de esas que te dejan sin aire.

—¡A ver! —decía Sayaq entre carcajadas—, ¿tu nombre es Gonzalo... y te apellidas... ¡Rodríguez!? ¡Este es mejor chiste que el de...! —Y le dio otro ataque de risa de un minuto entero.

Por suerte para la trama, no se le rompió el diafragma, porque en 1569 el hospital más cercano estaba a unos cuantos siglos de distancia.

—Padre —intervino Hayactar con paciencia de santo—, se

llama así porque fue adoptado por españoles.

La risa se cortó en seco. El silencio que siguió fue más pesado que la vergüenza que sentía Sayaq en aquel momento.

—Oh... disculpadme, Gonzalo... yo no sabía...

—No os preocupéis —respondió Gonzalo con una sombra en los ojos—. Aunque mis padres murieron bajo la mano de un encomendero, aseguro que sus almas nos están viendo.

—¡Que Viracocha llene de ortigas las espaldas de los que mataron a tus padres! —exclamó Sayaq.

Entraron en la casa, y Gonzalo se quedó mirando el techo. No había vigas europeas; era arquitectura pura y dura de la antigua.

—Hayactar, ¿recuerdas tu cuarto? —preguntó el padre—. No hemos cambiado nada. Tu madre y yo lo mantuvimos tal cual.

—¿Y dónde está ella? —preguntó Hayactar, ansioso.

—En su cama. Ve a verla, pero deja los bultos primero.

Hayactar tiró sus cosas en la cama y corrió a ver a su madre, Micaela Qurimanta, una mujer de cuarenta y siete años que, misteriosamente, no tenía… ¡NI UNA SOLA CANA!

Gonzalo la miraba asombrado porque, además de eso, ella hablaba un español perfecto.

—¿Y vos? ¿Cuál es vuestro nombre? —preguntó Micaela.

—Gonzalo Rodríguez, señora.

—Hay algo en vuestra cara que me dice que ese no es vuestro apellido —sentenció ella—. Yo tuve un padrastro español, sé de estas cosas.

Gonzalo se quedó pensando. Tarde o temprano, la verdad sobre su linaje saldría a la luz, pero por ahora, sigamos con lo importante.

La conversación se puso seria. Sayaq quiso saber por qué su hijo desapareció años atrás. Hayactar le contó la verdad: el secuestro, el golpe con la barra de metal, el látigo español y el rescate del monje Marcos.

—¿Y dónde está ese Marcos ahora? —preguntó Sayaq.

—No lo sé, padre... —dijo Hayactar tras un silencio—. Él me dijo mentiras sobre la fe. Y por eso he venido: a sacar la mala hierba que el Papa ha plantado en el Tahuantinsuyo.

—¿Mala hierba? Explícame eso.

Se pusieron a hablar y se madrugaron hasta las tres de la mañana. ¡Tres de la mañana! Si os contara palabra por palabra, se nos acaba el papel, la tinta y la paciencia. Así que vamos al grano.

Hayactar les explicó el sacrificio de Cristo. Sayaq no entendía cómo un Creador moriría por su criatura desobediente. “Es por amor, padre”, decía Hayactar.

Y allí, bajo el techo de paja y el frío de la noche, Sayaq y Micaela creyeron en Jesús.

Se fueron a dormir a las tres de la mañana con una paz que nunca habían conocido.

Al día siguiente, el 23 de marzo, la casa de los Huamán amaneció con una fogata. Sayaq sacó todas las estatuas de sus antiguos dioses —muchas de oro puro, una fortuna— y las redujo a cenizas y metal fundido.

Se había acabado la idolatría...

***

Eran las seis y media de la tarde. La luz moría tras las montañas.

—Hayactar, por favor, ¿podrías traer algunas papas de la chakra? —pidió Micaela.

Hayactar salió hacia el huerto, dispuesto en andenerías que parecían escaleras gigantes hacia el cielo.

La oscuridad era total, solo rota por el susurro del viento entre las hojas.

Él no los vio.

En el siguiente nivel del andén, dos figuras se fundían con las sombras.

…Encapuchados, con el rostro oculto por telas oscuras, esperaban como depredadores.

Hayactar se agachó, llenando la bolsa de papas, sintiendo el aroma de la tierra fresca.

DE REPENTE… el silencio se quebró.

Dos sombras saltaron sobre él desde el nivel superior. Antes de que pudiera gritar, antes de que pudiera defenderse, una pesada barra de madera restalló contra su cráneo. El mundo de Hayactar se apagó en un estallido de dolor y oscuridad.

Los encapuchados no perdieron tiempo.

Agarraron el cuerpo inconsciente del ex-curaca y, con una eficiencia aterradora, lo arrastraron fuera de la chakra.

Se perdieron por un sendero estrecho, alejándose lentamente bajo la mirada indiferente de las estrellas de Vilcabamba...

Busca en Inkitt los capítulos de Hayactar: Inquisición...y sígueme para saber que pasará con Hayactar...


EN EL PROXIMO CAPITULO...

—No sería raro, considerando vuestra torpeza —provocó Hayactar, sintiendo el último lazo ceder—. Pero decidme... si sois tan “especiales” en esta empresa... ¿Cómo es que no os habéis dado cuenta de que vuestro prisionero... ¡PODÍA ESCAPAR!?

El sonido de las manos libres cortando el aire fue como el chasquido de un látigo.

Hayactar saltó de la silla, el cuerpo cargado de una adrenalina que quemaba más que la vela.

—¿Qué es ese ruido? —gritó uno de ellos, retrocediendo—. ¡Imposible! ¡Las cuerdas eran de cáñamo reforzado!

—¡Sentid el miedo, españoles! —rugió Hayactar… mientras se lanzaba sobre ellos —. ¡Porque vuestra “protección”…

se acaba de convertir en vuestra derrota!

En menos de un minuto, el estrépito de cuerpos cayendo y huesos chocando contra la piedra llenó el cuarto.

Hayactar los tenía en el suelo, gimiendo bajo su fuerza.

Se dirigió a la puerta, pero se detuvo en seco…

Tenía que saberlo...

Let JAIR RAMOS know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Read Now
Luna auf der Flucht

Grazia: Wirklich tolle Geschichte mit Klasse Charakter 👍🏻

Read Now
My Blacksmith Savior

MoonlightN🌕: I absolutely love Sully. He's such a mature, patient, and understanding character—a complete green forest. 💚I love Sorsha too. She's strong, resilient, and easy to admire. They're a perfect match, and watching their relationship grow with patience, trust, and love was beautiful.The way their bond d...

Read Now
Half-Claimed

AlyKeller: I like this story, the cold hands stick with me. She wasn't that cold she was warm on her heart.She and her sister problems start in child hood her parents where not careful, one twins got it all.it's probalable the reason she was treat bad by her boyfriend and sister. I really like this story, espe...

Read Now
Mystic Wolf

Akthea: Fantastica

Read Now
Stadt der Alphas

schellerlinda: Ich würde dieses Buch erwachsen empfehlen und es ist wirklich spannend.

Read Now
Bear Roberts

Tiny Grubb: I really love this book

Read Now
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Read Now