Customize readability
Aa

(Próximamente) ???

All Rights Reserved ©

Summary

Dos desconocidos. Demasiadas heridas. Un vínculo que llega en el peor momento. Milena y Alejandro no empiezan con buen pie. Entre miradas tensas, comentarios que duelen más de lo que deberían y un pasado que ninguno está dispuesto a contar, lo único que comparten es una asignatura: Biología. Pero hay cosas que no se pueden evitar. Lo que empieza como una obligación se convierte en algo que ninguno sabe cómo frenar. Porque cuando dos personas rotas se encuentran, no siempre se salvan… a veces se reconocen en el dolor del otro. Alejandro sonríe, bromea, hace reír. Nadie sospecha que todo es una máscara. Nadie ve que, cuando se queda solo, lo único que quiere es desaparecer. Milena, en cambio, siente demasiado. Confía demasiado. Quiere ayudar incluso cuando no sabe cómo salvarse a sí misma. Y ahí es donde todo se complica. Porque querer a alguien como Alejandro no es fácil. Porque acercarse a alguien como Milena es peligroso. Entre silencios que asfixian, verdades a medias y decisiones que llegan demasiado pronto, ambos tendrán que enfrentarse a algo para lo que nadie les ha preparado: querer a alguien puede salvarte… o terminar de romperte del todo.

Status
Excerpt
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1 - Las manías con los macarrones


Empiezo mi día como siempre. Con el ruido del maldito despertador. ¿Por qué

tiene que tener un ruido tan molesto? Lo apago y sigo durmiendo porque,

sinceramente, me da mucha pereza ir a clase. ¿En qué momento era buena idea ir a

clase cinco días a la semana? Encima tan temprano. Es horrible. Sobre todo hoy, me

toca biología con niños de cuarto de la ESO. Niños a los que se lo harán todo sus

madres. No los soporto.

25 minutos después entra mi padre y enciende la luz.

—Alejandro, ¿has visto la hora que es? Vas a llegar tarde.

—Cinco minutos más, porfa —digo mientras apago la luz y me doy la vuelta en la

cama.

—Ni cinco ni diez. Levántate ya. Hazle el desayuno a Estrella, por favor. Me tengo

que duchar, hoy tengo una reunión muy importante.

—Joder.

—La boca, Alejandro.

—Perdón, en cinco minutos voy.

—No, te quiero levantado ya de la cama —exige mi padre.

—Que sí…

Aparté la sábana y me siento en la cama. Me quedo cinco minutos mirando al

armario sentado en la cama sin hacer nada, solo contemplándolo. Hasta que por fin

decidí levantarme.

Cuando estoy a punto de entrar al baño, Valentina, mi hermana mediana de 8 años,

aparece delante de mí.

—¿A qué me dejas a mí primero? —me dice con cara de pena.

Odio esa cara porque nunca puedo decirle que no.

—Uff… sí, pero no tardes.

El “no tardes” para ella es “tarda todo lo que quieras que no pasa nada”.

Diez minutos después sale con la camiseta del revés.

—Mi Val… la camiseta está del revés —digo. —A ver, déjame que te ayude —la ayudó

a ponérsela bien—. Lista, mi niña, estás guapísima.

Le doy un beso en la cabeza. Entro al baño. De fondo se escucha a mi padre discutir

con Estrella, mi hermana pequeña de 5 años. Nunca quiere desayunar algo sano,

siempre dice que quiere macarrones. No entiendo cómo puede apetecerle tanto unos

macarrones por la mañana. Solo de pensarlo se me revuelve el estómago.

—Alejandro, ven ya, tengo que ducharme —me dice mi padre desde la cocina.

—Voy, estoy en el baño.

Cierro la puerta, me doy una ducha rápida y me cambio de ropa. Después me quedo

un par de minutos mirando el espejo, mentalizándome de que abajo me espera otra

pelea con mi hermana porque solo quiere desayunar macarrones.

Cuando bajo a la cocina, estaba llorando sentada en la isla de la cocina.

—Estrella, no te voy a hacer macarrones —le dice mi padre, agobiado, preparando los

almuerzos.

—Eres malo, quiero macarrones.

—Ya puedes ducharte, les hago yo los almuerzos —intervengo en esa mini discusión.

—Perfecto, gracias hijo —dice—. Cuando se va a la ducha, sin querer, tira la botella de

agua de Valentina—. Joder, todo mal hoy, no me puede salir nada bien.

—No te preocupes, lo recojo yo. Arréglate anda.

—Muchísimas gracias, te quiero.

—Y yo.

En cuanto se va, preparo los bocadillos pensando en lo cansado que está siempre mi

padre. Trabajo, mil llamadas al día, la casa, llevar a mis hermanas a sus actividades

extraescolares, ayudarlas con los deberes… lleva demasiadas cosas encima. Tiene que

sacar a una familia adelante, eso no es nada fácil. A veces no sé cómo consigue

hacerlo todo solo.

La mirada que me ha puesto cuando le he dicho que yo me encargaba de los

almuerzos me ha partido el alma. Se le nota muchísimo lo cansado que está.

Todo por culpa de mi madre. Aunque, en realidad, no la considero como tal… Una

madre nunca abandona a sus hijos.

Esa mujer, que por desgracia es mi madre, nos abandonó cuando yo tenía doce años,

justo después de que naciera Estrella. Una noche salí a beber agua y la vi en la

puerta. Me dijo que no era feliz con nosotros. Desde entonces, no volví a saber nada

de ella. Ni una llamada, ni una carta por cumpleaños, Navidad o verano… nada.

En cambio, fotos con su nueva pareja, todas las que quieras. Sube una casi cada día.

En algunas aparece un niño rubio de unos tres años. No sé si es su hijo, ni quiero

saberlo. Solo me pregunto por qué con esa familia sí quiere estar y con la nuestra no.

Con doce años tuve que consolar a mi padre, hacerme fuerte por él, por mis

hermanas. Aprender a vivir con la idea de que probablemente no volvería a verla

nunca.

De repente, una voz interrumpe mis pensamientos.

Es mi hermana pequeña.

—¿Tú sí me vas a hacer macarrones?

—Emm… no, no puedes desayunar macarrones. ¿Quieres fruta?

—No —se cruza de brazos enfadada—. Macarrones. Quiero macarrones.

—Sí, y yo quiero que me toque la lotería y no me pongo así porque no me toque — le

vacilo.

—Cállate, malo.

—Habla bien, Estrella. Te corto un plátano, ¿vale?

—No.

— No voy a discutir contigo, ¿eh? Un plátano y punto.

—¡Que no! —grita con todas sus ganas.

Ahí estaba el grito que tanto odio. Cuando se pone así me duele la cabeza durante

todo el día. Es una voz tan aguda, tan chillona, que no sé de dónde sale.

—Vamos a ver. No sé cómo explicártelo Estrellita, te lo explico todas las mañanas.

Los macarrones no se pueden tomar para desayunar porque es comida para el

mediodía. Para desayunar hay que comer algo que te dé energía.

—Pero yo quiero macarrones —dice entre lágrimas.

—Vale, no llores. Mira, hacemos una cosa. Este mediodía comemos macarrones,

¿vale? No llores, hermanita —le doy un beso en la cabeza y le seco las lágrimas.

—¡Siii! Gracias, hermano, te quiero. Entonces sí quiero plátano.

Me da un abrazo y cuando la miro, está sonriendo de oreja a oreja. Hoy la pelea ha

sido corta, menos mal.

Siempre que la veo sonreír me encanta. Todo el mundo dice que se parece mucho a

mí, pero en versión chica. Yo no veo el parecido, solo sé que me encanta cuando

sonríe. Es la persona más mona y bonita del mundo.

—Yo también te quiero, mi luz.

Sí, ese es su apodo, porque no hay otra cosa que la describa más. Ella es mi luz.

Primero le preparo el desayuno y mientras ella desayuna, me pongo a preparar los

almuerzos. Fregó el agua que ha tirado mi padre, recojo un poco la cocina y a los

minutos él baja vestido con su traje negro. Le queda muy bien.

—¿Voy bien? —me pregunta con la voz temblando.

—Vas genial. ¿Estás nervioso?

—Un poco. Si este plan sale bien, la empresa de abogados va a mejorar muchísimo a

nivel mundial.

—Va a salir genial, ya verás —le doy ánimos.

—Gracias. He hablado con la vecina. Dice que ella va a llevar a Valentina y Estrella al

colegio.

—¿No las llevas tú?

—No puedo, tengo que irme ya. Son las 7:50 y la reunión es a las 8:15.

—Ah… pero esa mujer no está bien de la cabeza, ¿lo sabes? El otro día en vez de ir al

colegio, las llevó a la carnicería.

—Ya —se ríe—, pero eso pasó ese día porque se despistó. Tampoco es que haya otra

opción mejor, Alejandro.

—Bueno, vale. Antes de irme a clase las dejo con la vecina. Adiós, mucha suerte.

—Adiós, gracias —me da un beso en la mejilla y un abrazo. Después le da un beso en

la cabeza a cada una de mis hermanas—. Adiós, chicas, portaos bien con la vecina,

¿eh?

—Siii —contestan las dos al unísono.

En cuanto mi padre se va por la puerta, yo ya estoy pensando en la bronca que me va

a echar el profesor de matemáticas por llegar tarde. Porque claramente no voy a dejar

a mis hermanas con esa mujer. Nunca me ha inspirado buena confianza. Aparte, no

sé si mi padre lo sabe, pero no es la primera vez que la veo bebiendo alcohol. No me

da buena espina.

—Chicas, hoy os llevo yo al cole.

—¡Bien! —contestan las dos.

—Pero no se lo digáis a papá, es un secreto, ¿vale?

—Vale —dice Estrella—, pero a cambio quiero macarrones.

—Que sí, este mediodía tendrás tus macarrones.

En cuanto se hace la hora, cojo las mochilas: me cuelgo la mía al hombro y las de mis

hermanas en el brazo.

En cuanto salimos de casa, le doy a cada una la mano y empezamos a andar.

Vivimos en La Manga, una estrecha franja de tierra rodeada por el Mediterráneo a un

lado y el Mar Menor al otro. Aquí el mar forma parte del día a día. El aire siempre

huele a sal, las gaviotas sobrevuelan las calles desde primera hora de la mañana y

casi siempre corre una ligera brisa que hace más llevaderos incluso los días de más

calor. En verano todo se llena de vida: turistas paseando, bicicletas recorriendo el

paseo marítimo, gente entrando y saliendo de la playa con sombrillas y toallas al

hombro. Cuando has nacido aquí, acabas acostumbrándote a ese ambiente y dejas de

darle importancia.

Nuestra urbanización está a apenas unos metros de la playa. Es tranquila, con calles

anchas, palmeras, jardines muy cuidados y casas prácticamente iguales entre sí,

aunque cada familia les da su propio toque. Desde la puerta de casa se ve el paseo

marítimo, y por las noches es habitual escuchar el sonido de las olas mezclado con las

conversaciones de la gente que sale a caminar.

Nuestra casa es bastante grande, de dos plantas. Nada más entrar están las escaleras

que llevan al piso de arriba y un salón enorme donde solemos pasar la mayor parte

del tiempo cuando estamos todos juntos. Al fondo está la cocina, muy luminosa, con

una gran puerta corredera de cristal que da directamente al jardín.

Siempre me ha gustado esa parte de la casa. La piscina ocupa casi todo el espacio y

alrededor hay varias hamacas, un sofá de exterior, una mesa donde solemos comer

en verano y un jacuzzi que mis hermanas aprovechan siempre que pueden. Mi padre

también se pasa bastante tiempo cuidando las plantas y las flores del jardín, así que

casi siempre está todo impecable. Arriba están nuestras habitaciones y el baño

principal. No voy a mentir, vivir tan cerca del mar tiene bastantes ventajas.

Pasados unos minutos, llegamos al colegio. Tampoco está muy lejos de casa.

Las dejo justo a las 8:30, la hora a la que entran.

Me voy corriendo lo más rápido posible al instituto. Llego a las 9:00, veinte minutos

antes de que acabe la clase, y treinta y cinco minutos después de que empezara.

Toco a la puerta y cuando escucho el “adelante” entro.

—Alejandro, ¿ves normal llegar más de media hora tarde?

—Ya… lo siento mucho, es que…

—No, no me pongas más excusas, siempre tienes alguna —me interrumpe el profesor.

—Tenía que llevar a mis hermanas al colegio.

—Pues que las lleven tus padres. Tus hermanas no son responsabilidad tuya.

—No podían ninguno, te prometo que no va a pasar más.

—Claro que no va a pasar más. Porque a la próxima te pongo un parte. Esta tarde voy

a hablar muy seriamente con tu padre. No es la primera vez que pasa esto —dice muy

molesto.

—No, por favor, no hables con él.

—Alejandro, no interrumpas más la clase. Siéntate en tu sitio.

— Vale, perdón — me siento en mi sitio y cojo algunos apuntes.

***

La mañana pasa.

Es muy aburrida, para qué mentir.

En el recreo hemos estado jugando al fútbol. Eso ha sido lo único divertido de toda la

mañana. Y ahora mismo estamos esperando a que llegue la profesora de biología.

Siempre llega tarde.

Justo en ese momento, la profesora entra cansada de subir los tres pisos corriendo.

—Lo siento mucho, chicos. Estaba terminando un examen con los de la otra clase.

Deja sus cosas, pasa lista y se pone a explicar las partes de la célula. A ver para qué

quiero saber eso. Es súper aburrido.

—Chicos, prestad atención porque os explico la dinámica de este tema. Al ser un

tema tan complicado lo vamos a dividir en dos partes. Una de ellas entrará para el

examen y la otra la vamos a hacer en trabajos en grupo.

—Yo quiero ir con Lucas —dice Marcos.

—Los grupos los hago yo.

—Joder, vaya mierda.

—Esa boca, Marcos, no te lo digo más —le regaña la profesora.

—Escuchad —continúa—. El trabajo va a ir sobre las células: tendréis que explicar

qué son, sus partes principales y sus funciones. Cada grupo será de cuatro personas.

Tendréis que repartiros el trabajo. Podéis hacerlo como queráis: presentación,

maqueta, mural… lo que prefiráis, pero quiero que se entienda bien y que todos

participéis. Además, cada uno tendrá que exponer una parte, ¿vale?

La profesora empieza a repartir los grupos, pero yo me quedo mirando por la ventana

ya que me duele la cabeza un montonazo. No puedo dejar de pensar en la llamada

que el profesor de matemáticas va a tener con mi padre. Seguro que se enfada.

¿Cómo no va a hacerlo? Siento un nudo en el estómago porque no quiero

decepcionarlo. No puedo fallarle… como hizo mi madre. Solo intento ayudarlo, estar

a su lado en todo lo que puedo. Con todo lo que hace por nosotros, no sé cómo

devolverle ni una parte de eso.

Una lágrima me cae por la mejilla, pero no la limpio. La dejo ahí.

Solo quiero pensar que me va a entender. Que va a comprender que no podía dejar a

mis hermanas con esa mujer. No era de fiar.

De repente, una voz me saca de mis pensamientos.

—Alejandro, ¿estás bien? ¿Me estás escuchando?

Era la profesora. Estaba al lado de mi mesa mirándome preocupada.

—Sí, gracias. Estoy bien, no te preocupes. Perdón, no te había escuchado. ¿Qué me

habías dicho?

—Te había dicho que tu grupo es con Nora, Milena y Lucas. Alejandro, ¿seguro que

estás bien? Tu cara no dice lo mismo.

—Sí, sí, estoy bien —me seco las lágrimas—. Yo siempre estoy bien —le sonrío y me

siento con los de mi grupo.

“Yo siempre estoy bien”, típica frase que decía una cantidad enorme de veces al día.

Siempre que estoy mal, hago como que no lo estoy porque, aparte de que así no

preocupó a los demás. Me engaño a mí mismo y me autoconvenzo de que estoy bien.

Saludo a Lucas porque ya lo conocía desde primero de la ESO. No éramos súper

mejores amigos, pero sí buenos amigos. Suele jugar con nosotros al fútbol en los

recreos y es bastante bueno. Es de esos que casi siempre están, aunque no digan

mucho.

Lleva una sudadera negra con capucha, simple, sin dibujos ni nada llamativo. El tipo

de ropa que parece elegida para no destacar. Tiene el pelo castaño oscuro, algo

desordenado, cayéndole hacia delante con un flequillo denso que a veces le tapa parte

de la mirada. Sus ojos, claros, destacan bastante cuando te fijas, como si no

encajaran del todo con el resto de su apariencia. Su expresión es tranquila, casi

neutra, como si nunca se alterara demasiado.

Al lado está Nora.

No la conocía mucho, solo la había visto alguna vez por clase. Es de esas personas

que parecen tenerlo todo bajo control sin esfuerzo.

Tiene el pelo largo, castaño, con reflejos más claros cuando le da la luz, cayendo en

ondas suaves con bastante volumen. Su cara es muy equilibrada, con cejas definidas,

labios con brillo suave y una expresión segura, casi misteriosa, aunque no esté

intentando llamar la atención.

Lleva una camiseta negra básica de cuello redondo, sin nada que destaque

demasiado, pero combina con dos cadenas finas plateadas que lleva en el cuello. Una

de ellas tiene un pequeño colgante y la otra un símbolo más llamativo, como un

planeta estilizado que le da un toque distinto. Completa el conjunto con pendientes

de aro que enmarcan su rostro.

Tiene la cabeza ligeramente ladeada mientras mira, como si estuviera pensando

siempre un paso por delante. No parece nerviosa. Más bien segura, incluso cuando

no habla mucho.

—Bueno, primero hay que elegir un tema del que hablar en el trabajo —empieza a

decir Nora.

—Llevas razón, podemos hacerlo sobre… —sigue diciendo Lucas.

No sé qué dicen. No los estoy escuchando. Porque a mí solo me preocupa mi padre.

¿Le habrá ido bien la reunión? ¿Se enfadará conmigo? No quiero decepcionarlo. Me

da miedo que no confíe en mí. Que no quiera que cuide más de mis hermanas.

—¿Te parece bien, Alejandro? —pregunta él.

—¿Qué? Ah… eh… sí, sí, me parece genial —contesto aunque no sé ni de lo que han

hablado.

La otra chica… no tenía ni idea. No sabía su nombre todavía.

Cuando la miro mejor, es muy distinta a los demás del grupo.

Tiene el pelo rubio claro, largo y completamente liso, cayéndole con una raya en

medio muy marcada que le divide el rostro de forma casi perfecta. Sus rasgos son

finos, delicados, como si estuvieran trazados con cuidado. La piel es muy clara y en

sus mejillas se nota un ligero rubor rosado que le da un aspecto aún más frágil.

Sus ojos son claros, azules, pero no miran con seguridad. Más bien parece que evitan

el contacto directo, como si le costara sostener la mirada de los demás demasiado

tiempo. Lleva los labios pintados de un rosa suave, casi natural, que contrasta con lo

tímida que parece.

No destaca por hablar ni por moverse mucho. De hecho, está quieta, como si

intentara ocupar el mínimo espacio posible dentro de la mesa.

—¿Tú cómo te llamas? —le pregunto.

—¿Yo? Milena —dice tan flojo que me cuesta oírla. Parecía nerviosa.

—Es un poco tímida —informa— le cuesta socializar —añade Lucas.

—Bueno, pero no pasa nada, cada persona es como es —la defiende Nora.

—No lo entiendo, ¿le cuesta hablar con gente? —digo yo, sin entenderlo.

—Pues sí, ¿algún problema? —dice otra vez Nora a la defensiva.

—No… solo que es raro. Normalmente todo el mundo se lleva genial con todos. No

hablar con nadie, no tener amigos… Es extraño la verdad.

Milena le pregunta a la profesora si puede ir al baño y se va. Yo sigo sin entender por

qué le cuesta. ¿Cómo vive su vida? Mira que yo salgo poco a la calle, pero cada vez

que salgo hablo hasta con las farolas. ¿Cómo le va a dar vergüenza hablar con los

demás? No lo entiendo. Por más que lo intente, no lo entiendo.

Cuando vuelve, Nora le comenta a Lucas que tenemos que quedar en alguna casa

para avanzar con el trabajo.

—Tenemos que organizarnos. Uno puede hacer la parte de qué es la célula, otro las

partes, otro las funciones… Y luego juntamos todo para la presentación.

—Alguien puede hacer la maqueta o el mural —añade Lucas—. Así queda mejor.

Pasaron unos pocos minutos y Milena volvió del baño.

—¿De qué estabais hablando?— dijo otra vez con esa voz que apenas parecía un

murmullo.

—Simplemente estábamos repartiendo las partes de cada uno. El problema… es que

no sé dónde vamos a quedar para hacerlo — le informa Lucas.

—Pues… podemos quedar en mi casa.— La voz le temblaba, como si tuviera miedo a

hablar o a decir algo mal.

Todos estaban de acuerdo. Así que quedamos en su casa a las 17:30.

Pereza total.

Let Loli Valeria know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Silvia: Sehr schön geschrieben, mit Spannung von Anfang bis Ende. Tolle Geschichte .

Read Now
Ein Kuss für den CEO

phelix21: Gesucht, leichte Kost für zwischendurchGefunden, viel Wahrheit in jedem Kapitel!Jedes Kapitel mit einem Tagebucheintrag zu beenden ist ein schöner schreibtechnischer Kniff.

Read Now
Luna de Verano - Die Gefährtin des Alphas (Band 1)

C.: Ich habe so oft herzhaft gelacht. Was für eine tolle Geschichte. So schön geschrieben. So schön, flüssig lesbar. Ich lieb‘s. Mir tun die Herren in der Geschichte fast leid, die Frauen sind reine Naturgewalten. Lustig, verschmitzt, offen, direkt. So schön. Danke für diese Geschichte und das wir sie l...

Read Now
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Read Now
Stripped Shadows

Pfefferwinz: Richtig gut geschrieben und spannend bis zum Schluss.Ich kann es nur absolut empfehlen und bin auch schon bei der Fortsetzung, ... soweit wie sie eben schon fertig gestellt ist. Ich bin sehr gespannt was noch kommt ♥️Danke für die Bereicherung meiner Freizeit. Für mich der perfekte Ausgleich zumArbe...

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

Janet: Very heart warning, shows what a kindness will be rewarded. Good reading.

Read Now
Silver's Second Chance

natstarr: Druid? That’s so interesting. Love these little surprises you give

Read Now