CapĂtulo 1 -La Apuesta
Akira
Las luces brillantes, los murmullos y las miradas de reojo son comunes en este tipo de casinos. Grandes cantidades de dinero se ganan y pierden en juegos de azar… aunque algunos, quizás, no dependan tanto de esa suerte mágica de la que tanto se habla en Las Vegas.
Mis oponentes me juzgan de arriba a abajo nada más poner un pie cerca de la mesa. ¿Será porque soy mujer? ¿O por mi reputación? Cualquiera de las dos opciones es válida en este mundo de multimillonarios viejos y cascarrabias.
Me mantengo cerca, observando la partida. Algunos sueltan bufidos, otros se rĂen, unos cuantos ni siquiera me miran. No me importa lo más mĂnimo; lo que tengo planeado para hoy no tiene nada que ver con las apariencias ni con el pasado reciente, o al menos, eso finjo.
Una llamada vibrando en mi bolsito de mano me desconcentra. Leo el nombre en la pantalla y reprimo cualquier emoción. Con calma improvisada, marcho hasta una pequeña terraza para fumadores —aunque yo no fume— y contesto.
—¿SĂ? —Mi voz suena bastante serena, pese a lo nerviosa que me pone hablar con la persona al otro lado de la lĂnea.
Una voz frĂa e inquieta me pone los pelos de punta:
—Me acaban de llamar los de seguridad, Akira. QuĂ© narices haces aquĂ, en mi edificio.
Trago saliva.
—El edificio no es tuyo, Lucas, es de tus padres. Si he venido, será porque quiero ganar dinero.
Mi interlocutor suelta un suspiro; casi puedo verlo frotándose las sienes antes de responder, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura.
—Maldita sea, Akira, no habrá casinos en Las Vegas para escoger, tenĂas que ir a la empresa familiar de mis padres. Si querĂas verme, haber avisado, aunque dudo que a Helena le haga gracia.
Ahora soy yo la que tuerce el gesto. Qué estupidez de frase. Y yo que pensaba que iba a llamar a seguridad para que me lanzaran fuera del local… Hombres…
—Lucas, no quiero quedar contigo; menos cuando verte me hace apreciar la soledad. Es más, el casino de tus padres es el mejor que hay, Âżpor quĂ© deberĂa evitarlo? ÂżTe incomoda que sepan que tu exmujer está aquĂ?
De fondo, se escucha una voz femenina, seguida de un sonido ahogado y bajito de sorpresa. Luego, la llamada se corta.
Miedica… Aún temes por tu nueva novia…
Guardo el teléfono y regreso a la zona de las mesas de apuestas. Allà me espera uno de los camareros, que me pasa disimuladamente un pendrive.
Todo iba sobre ruedas. HabĂa llegado al casino, Lucas no podĂa echarme a patadas dado que yo habĂa conseguido más de cincuenta mil dĂłlares en una de las apuestas y, además, ya tenĂa el pendrive con esa informaciĂłn tan valiosa. Solo faltaba poner el plan en marcha; mi objetivo actual era solo el comienzo.
Jessica siempre me recuerda que esto no es legal… ni Ă©tico. Sobre todo lo segundo. Pero valĂa la pena. Joder si valĂa la pena.
La familia Wilson siempre ha gozado de un gran prestigio; su imperio del comercio electrĂłnico corona el primer puesto desde hace dĂ©cadas. Un negocio heredado generaciĂłn tras generaciĂłn, protegiendo el legado familiar a toda costa. Recientemente, habĂan firmado un acuerdo con los Dietrich, un gigante que gobierna el sector de los seguros y las finanzas. Una alianza con ellos suponĂa el nacimiento de una supergama de productos de primera calidad y el control total de ambos mercados. Pero todo se fue al garete cuando las mentiras, las traiciones y la falta de comunicaciĂłn provocaron la ruptura completa.
Yo tengo el encargo de solucionar este problema. Y lo harĂ© desde la raĂz.








