Prólogo
Llegamos al de departamento de mi ex.
—Y recuerda, Vivi —susurró Susie, aunque estaba justo a mi lado—: En cuanto abra, ¡BANG! Lo que te enseñé.
Asentí, repasando mentalmente el plan. Me planté frente a la puerta y toqué varias veces; Susie se quedó un paso atrás, lista para lanzarse cuando fuera el momento. Respiré hondo, convirtiendo toda la ira acumulada en fuerza. «Le estás dando su merecido, Vivian. Eso haces» pensé.
Los pasos al otro lado cesaron. La puerta se abrió. Dando paso a un pecho ancho y piel bronceada.
Mi instinto me advirtió que algo estaba mal. Pero mi cerebro, cegado por la adrenalina y la coreografía ensayada, no procesó la información a tiempo.
—¿Quién…? —alcanzó a decir una voz profunda y confundida, pero no lo dejé terminar.
—¡Toma esto, idiota! —grité, soltando una patada directo a su espinilla.
El hombre se dobló al instante, emitiendo un gruñido ahogado mientras se llevaba las manos a la pierna. No me detuve allí.
—¡Esto es por terminarme por mensaje! —rematé, alzando la mano para darle una cachetada que se quedó en el aire.
Susie me haló del brazo, gritando estupefacta.
—¡Vivi, alto! ¡No es él!
Me quedé paralizada. Miré a mi amiga y luego al extraño, que me observaba con las cejas fruncidas.
Mis únicos pensamientos eran: «¡No me jodas! ¿Qué hiciste Vivian? ¿Cómo pudiste confundir a este hombre guapísimo con la escoria de Richard?».
Susie, aprovechó el caos para lanzarle al desconocido el fajo de poemas arrugados que llevaba en el bolsillo.
—¡Todo tuyos amigo! ¡Retiradaaa! —gritó, tirando de mi muñeca.
Salimos disparadas del lugar. Casi al doblar el pasillo, me frené un segundo para gritarle al hombre que seguía allí, estático y confundido:
—¡LO SIENTO!
Subimos al auto, casi sin aliento.
—¡Pisa el acelerador, Hannah! ¡Larguémonos! —ordenó Susie, antes de que Hannah pidiera decir nada.
—¡Jajaja! ¡Menudo desastre! —exclamó Susie, muerta de risa en el asiento trasero—. ¡Qué suerte la tuya!
—Cállate, Susie, ¡fue idea tuya patear en cuanto saliera! —reproché, enterrando mi cara entre las manos y maldiciendo la hora en que decidí escucharla.
—¿Ahora te arrepientes, Vivi? —preguntó Hannah, con esa voz que decía: «Te advertí que no escucharas a Susie».
—Calma, Hann —intervino Susie, secándose las lágrimas de risa—. No se arrepiente de la venganza, sino de pegarle al tipo incorrecto.
—¿Cómo dices? —gritó Hannah, dando un frenazo y mirándonos con los ojos abiertos de par a par— ¿A quién cojones golpearon?
—¿Cómo vamos a saberlo? — respondió Susie, encogiéndose de hombros—. Solo puedo afirmar que era guapo. ¿Cierto, Vivi?
—Susie, vete al diablo —dije, agotada—. Lastimé a alguien que no tenía nada que ver.
—Descuida, Vivi. Piénsalo por un momento ¿Qué posibilidades hay de volverlo a encontrar? Saint Johnson es una ciudad grande —me consoló Susie, dándome unas palmaditas en la espalda—. Además, te quedarás conmigo mientras encuentras nuevo departamento, así que no pasa nada si él va a tú antigua dirección a reclamar.
—Cierto, encontrárselo de nuevo solo le pasaría a alguien con muy mala suerte —añadió Hannah, ya arrancando el coche.
Me acomodé en el asiento y solté un suspiro. Quizás tengan razón. Las probabilidades son mínimas.
Y no podía tener peor suerte… ¿cierto?








