El Experimento Del Heredero ( Sp#L6) by jeissyortiz18 at Inkitt
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El Experimento del Heredero ( sp#l6)

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Summary

Después de la caída silenciosa del laboratorio abandonado, nada vuelve a ser lo que era. El príncipe ha perdido algo más que el control de la operación: ha perdido la certeza de en quién puede confiar. Sira ha desaparecido en circunstancias que no encajan en ningún informe oficial, y Killian -el nombre que ahora se repite como una amenaza invisible- parece estar siempre un paso adelante, incluso cuando no está presente. El reino no está en guerra abierta... todavía. Pero las grietas ya están dentro del sistema... Mientras los guardias intentan contener lo incontrolable, el príncipe comienza a descubrir una red más antigua que el propio laboratorio: un conjunto de experimentos, pactos ocultos y traiciones que no empezaron con Sira... sino mucho antes de que él heredara su título. Cada pista sobre su paradero lo acerca más a la verdad, pero también más a una pregunta peligrosa: ¿Y si Sira no fue secuestrada... sino elegida? Killian, por su parte, deja de ser solo un enemigo visible. Se convierte en una sombra estratégica, alguien que no busca destruir el tablero, sino reescribir las reglas del juego desde dentro. En medio de persecuciones silenciosas, alianzas dudosas y recuerdos manipulados, el príncipe empieza a entender que su linaje no solo le dio poder... también lo convirtió en pieza central de un experimento mucho más grande de lo que imaginaba. Y cuando finalmente

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Epílogo

POV EL PRÍNCIPE

El laboratorio abandonado seguía ahí.

Como si nada hubiera pasado.

Como si no acabara de tragarse una decisión que lo iba a cambiar todo.

El viento movía las hojas alrededor del perímetro roto del edificio, y los guardias hablaban en voz baja a mi alrededor, esperando órdenes que no había terminado de dar.

Pero yo no los escuchaba.

Tenía la mirada fija en el bosque.

En la dirección en la que ella había desaparecido.

Sira.

El teléfono seguía en mi mano.

Silencio.

Llamada cortada.

Killian había desaparecido igual que ella.

Demasiado conveniente.

Demasiado calculado.

-Su Alteza -dijo uno de los guardias detrás de mí-. ¿La seguimos?

No respondí de inmediato.

Porque no era una decisión táctica.

Era algo peor.

Era entender que el tablero ya no estaba bajo control.

Me llevé una mano al rostro un segundo, respirando despacio.

Y entonces lo sentí.

Esa certeza incómoda que no venía de los informes ni de los enemigos visibles.

Venía de dentro.

Killian no solo estaba jugando conmigo.

Estaba jugando con ella.

Y lo peor...

era que yo no estaba seguro de quién estaba ganando.

Guardé el teléfono.

-Búsquenla -ordené al fin, firme.

Los guardias se movieron.

Pero yo no.

Me quedé mirando el laboratorio una vez más.

Como si las paredes pudieran darme la respuesta que nadie más iba a decir en voz alta.

"Alguien de los que te están protegiendo no es quien crees."

Tragué esa frase como si pesara.

Porque había una verdad más peligrosa escondida debajo de todo esto:

Si Sira empezaba a dudar de mí...

Killian no necesitaría ganarme.

Solo necesitaría esperar.

Y por primera vez desde que todo empezó...

no supe si yo era su protección.

o su error.

El sonido de las botas de los guardias se fue perdiendo entre los árboles, como si el bosque los estuviera tragando uno por uno.

Yo seguí quieto.

El laboratorio detrás de mí parecía más pequeño ahora, menos peligroso... o tal vez era yo el que ya no estaba en el mismo lugar mental que hace unos minutos.

Killian.

Su nombre seguía repitiéndose en mi cabeza con una calma irritante, como si no perteneciera a una amenaza sino a una pieza mal colocada en un tablero que él mismo había diseñado.

Di un paso hacia adelante.

Luego otro.

Me detuve justo en el borde donde el concreto del perímetro se rompía y daba paso a la tierra húmeda del bosque.

Ahí había pisadas.

Recientes.

No de guardias.

Más ligeras.

Sira

Me agaché, pasando los dedos apenas sobre la marca en el suelo. No era una huella clara, pero era suficiente. Suficiente para saber que no la habían arrastrado. No la habían llevado a la fuerza... o al menos no del todo.

Eso no era un alivio.

Era peor.

Porque significaba que había caminado con alguien.

Voluntariamente.

Me incorporé despacio, mirando hacia la línea de árboles.

-Divídanse -ordené sin girarme-. Perímetro amplio. Sin disparos sin confirmación visual.

-Entendido, Su Alteza.

Escuché cómo se alejaban.

Y entonces el silencio volvió.

Pero esta vez no era vacío.

Era espera.

Saqué el teléfono otra vez.

La pantalla seguía igual: ninguna señal de Killian. Ningún mensaje nuevo. Ninguna amenaza directa.

Eso también era parte del juego.

Los que controlan la información no necesitan gritar.

Guardé el dispositivo.

Y empecé a caminar.

El bosque estaba más frío de lo que recordaba. Las ramas se cerraban sobre mí como si intentaran empujarme hacia atrás, como si el mismo lugar supiera lo que estaba a punto de encontrar y no quisiera que llegara.

A cada paso, la idea se volvía más clara.

Sira no estaba siendo solo observada.

Estaba siendo guiada.

Y si Killian era lo suficientemente inteligente como para hacerla dudar...

entonces ya no necesitaba cadenas.

Solo palabras.

Me detuve de golpe cuando vi algo entre los árboles.

Una tela.

Clara.

Enganchada en una rama baja.

Me acerqué.

La toqué.

Y reconocí el material antes incluso de confirmarlo con la vista.

Era de ella.

El aire se me quedó un segundo más pesado.

-Sira... -murmuré, sin darme cuenta.

Y por primera vez desde que empezó todo esto, no pensé como príncipe.

Pensé como alguien que estaba llegando tarde.

~~~~~

Lo vi.

Vi cómo Killian la tomó.

No hubo advertencia real, no hubo tiempo de reacción... solo el instante en que su mano la alcanzó y el mundo decidió volverse lento para mí.

Su grito me atravesó antes de que pudiera moverme.

Después... silencio.

Un silencio que no era paz, sino error.

Di un paso. Luego otro. Pero ya era tarde. Killian ya se la llevaba lejos, como si el aire mismo le abriera paso. Y yo... yo estaba ahí, de pie, con todo el control que me han atribuido toda la vida, completamente inútil por primera vez.

-No... -la palabra salió rota, más para mí que para ellos.

Algo dentro de mí cambió en ese segundo.

No fue rabia común. No fue impulso.

Fue algo más frío.

Más claro.

Como si una parte de mí que siempre estuvo contenida finalmente hubiera dejado de obedecer.

Los guardias gritaban órdenes que no escuché. El mundo seguía funcionando como si nada se hubiera quebrado.

Pero yo sí lo sentí.

Porque en el momento en que Killian desapareció con ella, ya no estaba pensando en detenerlo.

Estaba pensando en terminarlo.

Y lo peor... es que por primera vez, no dudé.

Lo dije en voz baja.

-Lo voy a destruir.

Y no sonó como amenaza.

Sonó como una decisión tomada con una calma peligrosa, de esas que no necesitan testigos para volverse reales.

Sentí cómo el aire del palacio cambiaba a mi alrededor, como si incluso las paredes reconocieran lo que acababa de cruzar por mi mente. No era rabia descontrolada... era algo peor.

Era claridad.

Uno de los consejeros dio un paso atrás cuando me miró. No porque hubiera gritado. No porque hubiera perdido el control.

Sino porque no lo había perdido.

-Busquen a Killian -ordené, sin levantar la voz.

Nadie preguntó nada.

Y eso fue lo que más me dijo.

Porque todos entendieron lo mismo que yo acababa de aceptar:

Esto ya no era un rescate.

Esto era una cacería.

Pero mientras caminaba hacia la salida, algo seguía golpeando en el fondo de mi cabeza... más bajo, más persistente.

No era su imagen alejándose.

Era su grito.

Y esa parte... esa parte no sabía si la destrucción que planeaba iba dirigida solo a Killian.

O a todo lo que me dejó llegar demasiado tarde.

Vi cómo Killian se la llevó.

No fue una decisión rápida. No fue un impulso.

Fue planificación.

Sus manos fueron firmes, seguras... como si supiera exactamente que yo iba a quedarme congelado en ese segundo. Como si ya hubiera calculado mi reacción antes de ejecutarlo.

Y lo peor es que tenía razón.

-¡Suéltala! -grité.

Pero mi voz llegó tarde.

Siempre llega tarde cuando el daño ya está hecho.

El aire se rompió en mi pecho cuando la vi desaparecer detrás de él. No fue solo su cuerpo alejándose... fue algo más profundo. Como si arrancaran una parte del control que creí tener sobre todo.

Guardias corriendo.

Luces rojas encendiéndose.

Órdenes gritadas sin sentido.

Pero yo no me moví.

No porque no pudiera...

Sino porque algo dentro de mí se apagó en ese instante.

Y en su lugar nació otra cosa.

Más fría.

Más precisa.

Más peligrosa.

Killian no solo la había tomado a ella.

Me había quitado el equilibrio.

Y ahora entendía algo que nunca había querido aceptar:

Mientras yo intentaba proteger el orden... él lo había destruido en un segundo.

Apreté los puños hasta sentir el dolor real, físico. El único que no mentía.

-Encuéntrenla -dije al fin, con una calma que no reconocí como mía.

Nadie respondió de inmediato.

Porque mi voz ya no sonaba como la de un príncipe.

Sonaba como la de alguien que dejó de negociar.

Y en ese silencio, lo entendí con claridad absoluta:

Si Killian cruzó esa línea...

yo no iba a quedarme del otro lado de ninguna.

Esto no había sido una desaparición.

Había sido una transición

El príncipe permaneció inmóvil, con el informe aún entre las manos.

Por primera vez desde que todo comenzó, comprendió que no había llegado tarde a un rescate.

Había llegado al inicio de algo mucho peor.

Levantó lentamente la mirada hacia la ventana de su despacho.

El bosque se extendía a lo lejos, silencioso.

Como si ocultara respuestas que nadie estaba preparado para encontrar.

Y en algún lugar, entre los árboles, los recuerdos perdidos de Sira...

y los planes de Killian...

el verdadero juego acababa de empezar.

Antes de salir del despacho, miré una última vez el informe.

Había algo que no encajaba.

No en el plan de Killian.

En el mío.

Y por primera vez tuve que preguntarme cuánto de aquello había empezado realmente fuera de mi control.

Cerré el expediente.

Porque algunas verdades eran más peligrosas cuando todavía nadie sabía que existían.

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