Chapter 1
Lizi
Todos los días eran iguales: despertarme por la mañana, vestirme, desayunar e ir a clases.
Todo era tan predecible... tan aburrido.
A veces me preguntaba si la vida tenía algo más que ofrecer. Quería sentir emoción, vivir aventuras, enamorarme, tener una razón para esperar con ilusión el día siguiente. Quería que mi rutina dejara de ser solo una lista de cosas por hacer y se convirtiera en una historia que valiera la pena recordar.
Pero, por ahora, todo seguía igual.
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Profesor
Ser profesor era algo completamente nuevo para mí.
El primer semestre había ido mejor de lo que esperaba. Tenía alumnos muy diferentes entre sí: algunos hablaban sin parar, otros siempre estaban rodeados de amigos y unos pocos preferían mantenerse en silencio.
Sin embargo, había una alumna que llamaba especialmente mi atención.
Lizi.
Nunca la veía conversar con nadie. Siempre estaba sentada junto a la ventana, con la mirada perdida, como si estuviera en otro mundo.
No parecía interesarle hacer amigos ni relacionarse con el resto de la clase.
Me preguntaba qué estaría pasando por su mente.
¿Cómo era posible que una chica tan amable y tan bonita estuviera siempre tan sola?
Quería ayudarla, pero sabía que debía mantener una distancia profesional. No podía involucrarme en la vida personal de mis alumnos.
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Al terminar las clases, fui a la biblioteca para buscar unos libros.
Mientras caminaba entre los estantes, vi una silueta femenina agachada en un rincón.
Era Lizi.
Respiraba con dificultad y tenía las manos temblando.
—¿Lizi? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Ella levantó la mirada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—No... no puedo respirar...
Comprendí de inmediato lo que estaba ocurriendo.
—Está bien. Creo que estás teniendo un ataque de ansiedad. Voy a llamar a alguien para que nos ayude.
Ella negó con la cabeza desesperadamente.
—¡No! No llame a nadie... Por favor... Nadie puede saberlo.
Me quedé inmóvil.
No sabía cómo ayudarla. Nunca había estado en una situación así.
Solo quería que dejara de sufrir.
Con mucho cuidado, me acerqué.
—Está bien... no llamaré a nadie por ahora. Solo intenta respirar conmigo.
Ella seguía temblando.
Sin saber qué más hacer y tratando de transmitirle calma, la abracé con suavidad, esperando que sintiera que no estaba sola.








