Manuela - capitulo 0
Capítulo 0
Siempre pensé que algunas personas nacían para pertenecer a algún lugar.
Yo no.
Nunca fui el más inteligente del salón. Tampoco el más gracioso, el más popular o el más interesante. Aprendí muy temprano que pasar desapercibido era más fácil que intentar ser visto.
Con el tiempo dejé de hacer el esfuerzo.
No porque estuviera bien.
Porque me acostumbré.
La gente suele confundir el silencio con tranquilidad.
Yo también lo hice durante mucho tiempo.
Pensaba que estaba en paz. Que simplemente era una persona callada. Que había personas hechas para hablar y otras hechas para escuchar.
Nunca imaginé que alguien llegaría a demostrarme que estaba equivocado.
Su nombre era Manuela.
Al principio no significaba nada para mí.
Era un nombre cualquiera.
Uno de esos que escuchas en los pasillos del colegio, en la lista de asistencia o en conversaciones ajenas, hasta que deja de llamar tu atención.
Curioso.
Hay nombres que parecen existir desde siempre y, aun así, un día terminan cambiándolo todo.
Manuela hablaba demasiado.
Decía exactamente lo que pensaba, sin detenerse a calcular si era el momento adecuado o si alguien podía juzgarla. A veces era imprudente. Otras veces simplemente era ella.
Yo la miraba y pensaba que nunca podría ser así.
Ella vivía hacia afuera.
Yo llevaba toda una vida viviendo hacia adentro.
Siempre decía que mi tranquilidad la desesperaba.
—¿Tú siempre eres así?
Asentía.
—No entiendo cómo puedes estar tan tranquilo todo el tiempo.
Nunca supe qué responder.
Porque la verdad era otra.
No era tranquilidad.
Era costumbre.
Había pasado tanto tiempo guardándome las cosas que el silencio terminó pareciéndose a la paz.
Ella fue la primera persona que sospechó que no eran lo mismo.
Mientras todos aceptaban mi forma de ser sin hacer preguntas, ella insistía.
Preguntaba por qué.
Preguntaba cómo.
Preguntaba qué estaba pensando.
Y, aunque muchas veces respondía con una sola palabra, ella nunca parecía darse por vencida.
Con el tiempo entendí algo.
No estaba intentando cambiarme.
Solo estaba intentando conocerme.
Y nadie había hecho eso antes.
No recuerdo exactamente cuándo empezó todo.
No hubo una canción.
No hubo un atardecer.
No hubo un momento perfecto en el que pensé: "Me estoy enamorando."
Solo recuerdo que, un día, esperaba verla sin darme cuenta.
Que las conversaciones más simples permanecían en mi cabeza durante horas.
Que empecé a notar su ausencia incluso cuando nunca había prestado atención a la presencia de nadie.
Y entonces ocurrió algo que jamás habría imaginado.
Lloré.
No porque ella me hiciera daño.
Todo lo contrario.
Lloré porque alguien, por primera vez, vio algo en mí que yo llevaba años intentando esconder.
No me pidió que dejara de sentir.
No me dijo que todo iba a estar bien.
Simplemente se quedó.
Y, a veces, quedarse es mucho más difícil que encontrar las palabras correctas.
Hoy, cuando pienso en Manuela, ya no pienso solamente en una persona.
Pienso en un antes y un después.
En la diferencia entre sobrevivir los días y empezar a vivirlos.
Esta historia no comienza cuando la conocí.
Comienza mucho antes.
Cuando todavía creía que mi silencio era parte de mi personalidad.
Y aún no sabía que un nombre cualquiera podía convertirse en el lugar donde, por primera vez, uno deja de sentirse completamente solo.








