Chapter 1
Hay un montón de cajas por todas partes, y eso que tan solo me he recorrido la primera planta de está estúpida mansión. Hay gente entrando y saliendo de cada ala de la casa
— Annalisse cariño — oigo los tacones de mi madre repiquetear sobre el suelo de mármol blanco a mi espalda. — Mira quien ha venido a darnos la bienvenida.
Giro sobre mis zapatos, y veo a mi madre demasiado sonriente acompañada por dos elegantes hombres. Uno de unos cuarenta años y otro chico más joven que parece de mi edad.
— Señor Carlton le presento a mi hija Annalisse. Annalisse te presento ha Dominic Carlton y su hijo Shawn.
Nos presenta sin desvanecer la sonrisa en ningún momento y yo me temo lo peor porque cuando mi madre no deja de sonreír de esa manera es que algo no va bien y normalmente es algo que no me va hacer gracia.
— Un placer señorita Queenland — asiento y ofrezco una de las mejores sonrisas que mi carácter me permite. — Vuestra madre me ha estado comentando que sois una amante de la naturaleza y he pensado que no hay mejor persona en estas tierras que Shawn para enseñaros la belleza de Inglaterra. Si a usted le parece bien, Por supuesto.
Miro a Shawn que mantiene la cabeza gacha y se coloca las gafas de pasta negra para centrar la vista en el suelo. Cuando vuelvo a mirar a mi madre, abre los ojos de par en par advirtiéndome de que conteste de inmediato y seguro que su mirada va acompañada de un “mas te vale que digas que si”
— Pues … la verdad es que … yo … — Un hombre pasa a mi lado dándome por accidente en el hombro, y es entonces cuando se enciende la bombilla de mi cabeza. — Tengo que ayudar con la mudanza, Si me disculpan.
Salgo de la casa todo lo rápido que los tacones me permiten, hasta el camino de grava de la parte delantera. Me acerco hasta la parte trasera de uno de los camiones, que en ese momento está sin nadie a su alrededor. Hay un cinco o seis cajas al filo del vehículo. Alargo los brazos para coger una de ellas, cuando una enorme mano me agarra del brazo y me lo impide.
— ¿Qué crees qué estás haciendo? — Los ojos azules de Joseph me miran con el mismo odio que hace ocho años, cuando mi madre nos presentó por primera vez.
— Creo que es bastante obvio, ayudar con la mudanza. — Pongo los ojos en blanco y suspiro.
Me escruta de arriba abajo, y cuando sus ojos vuelven a mirar los míos su sonrisa se ensancha con la habitual malicia que habita en él.
— ¿Con esa ropa y ese calzado? No, no lo creo. Ademas estas cosas las hacen hombres, hombres a los que por cierto reciben una gran suma de dinero por hacer esto. — señala con la cabeza al interior del camión medio vacio. — Asique no lizzy, no vas a hacer otra cosa que no sea entrar en casa de nuevo y aceptar muy amablemente la oferta del señor Clayton. ¿Entendido?
Aparto mi brazo con brusquedad para que me suelte de una vez. La ira me corroe por todo el cuerpo y lo empujo para que se aparte aún más de mi lado.
— Ni se te ocurra llamarme así, la única persona que tenía derecho a hacerlo era mi padre y tú jamás serás él. Y no se porque tenía la corazonada de que tú estabas detrás de que mi madre me presentase a un nuevo pretendiente tan pronto.
— ¿Qué puedo decir Lizzy? — vuelve a haciendo énfasis en mi mote de niña. Cruza los brazos por encima del pecho y vuelve acercarse a mí. Poco a poco.— La fortuna de la familia Clayton cuadriplica la mía, por lo que si tengo cualquier oportunidad de acceder a ella. Lo haré. Cueste lo que cueste.
Lo dice cerca de mi cara y con mirada desafiante.
Algo dentro de mi esta a punto de hacer algo de lo que estoy segura me arrepentiré en un futuro no muy lejano, pero necesito quitarle esa sonrisa de arrogante de la cara. Levanto la mano para soltarle con toda la fuerza que puedo una bofetada en toda la cara. Pero unos pasos a su espalda me detienen.
— Aléjate de mi nieta Jo jo. — me pongo de puntillas y veo el canoso pelo de mi abuela detrás de él.
Lo rodeo y me dirijo hasta ella y la abrazo con todas mis fuerzas. Hacía tiempo que no la veía y justo cuando más la necesito aparece, como si fuera mi ángel de la guarda.
— Lía, siempre es un placer verte. — me aparto de mi abuela que me dedica una cálida sonrisa antes de volver a centrar su atención en Joseph.
— Estoy segura de que hasta tú mismo te envenenas solo obligándote a decir esas palabras.
Sonrío al ver la cara de rabia de Joseph su mirada pasa de mí hacía mi abuela. Varias personas se acercan para seguir descargando el camión, y es entonces cuando se aleja con las manos cruzadas a la espalda y sin despedirse de ninguna de nosotras.
— Cada vez que lo miro siempre me pregunto lo mismo. — dice mi abuela en un tono bajo sin llegar a susurrar.
— ¿Por qué es una persona tan desagradable y maligna para la sociedad?
— Esa sería la segunda, la primera es, sí tu madre tuvo un accidente mientras montaba a caballo y cuando se despertó solo estaba el para ayudarla, porque de lo contrario. No encuentro el motivo de su enamoramiento tan repentino.
Me aguanto la risa mientras observamos como Joseph desaparece de nuestra vista.
— ¿Quieres que te muestre el lugar donde se crio tú madre y tú abuela?
— Me encantaría.
Dejamos atrás el bullicio de la gente entrando y saliendo de la enorme mansión. Y nos dirigimos con tranquilidad a la calma de los verdes prados de Greenfield. Oigo a mi madre llamarme, pero noto el apretón de mi abuela en el brazo y se que eso es una advertencia para que no mire atrás. Y eso es exactamente lo que hago.








