CAPITULO 1: ¿DE QUE ME PERDI?
El dolor no dormía en el cuerpo de un adolescente de 14 años . Nuestro protagonista se llama Cairo y su cuerpo que no sentía como suyo. Su enfermedad, clasificada como catastrófica, no le concedía ni un segundo de tregua: cada respiración era una batalla, cada latido una amenaza. Algo ardía en su interior, como si su propio sistema se hubiera rebelado contra él.
El suero colgaba a su lado como una extremidadmás.su única defensa contra el colapso, el hospital era todo su mundo. Paredes blancas. Luces frías, pasos precisos de enfermeros que nunca corrían. Y el pitido constante de las máquinas ,recordándole que seguía vivo... por ahora nunca conoció a sus padres, solo sabía que murieron cuando él era muy pequeño. Le dejaron una fortuna inmensa, suficiente para comprar cuerpos sintéticos, órganos cultivados o incluso ciudades flotantes enteras.
Pero nada de eso compró la felicidad.—Por más dinero que tengas —le dijo una vez el doctor, sin mirarlo, mientras revisaba los monitores—, hay cosas que no se pueden salvar. Cairo no respondió.
Como siempre, miró al techo. Ese día, contra todo pronóstico, le dieron de alta. El transportador futurista llegó puntual: una cápsula plateada, silenciosa, recorrida por líneas de luz azul que pulsaban suavemente. Cairo llevó consigo pocas cosas: algo de ropa, recuerdos artificiales almacenados en un chip... y un vacío enorme donde deberían haber estado sus padres. El viaje fue corto .La mansión lo esperaba, inmóvil y silenciosa, como si hubiera permanecido años aguardando únicamente su regreso. Demasiado grande para alguien que había pasado su vida en una habitación de hospital.
Pasillos interminables, ventanales con vista a una ciudad suspendida en el aire, habitaciones intactas que parecían no haber sido habitadas jamás.
—Bienvenido a casa, Cairo—dijo una voz masculina, serena. Frente a él estaba Juan. Su primo. Un humanoide. Tenía apariencia humana, pero algo no encajaba :sus movimientos eran demasiado precisos, demasiado perfectos. Juan había sido diseñado para acompañarlo, cuidarlo... y quizá evitar que se sintiera solo. Cairo le contó todo, el dolor. el hospital, el vacío. Juan escuchó sin interrumpir, luego Cairo comenzó a recorrer la mansión. Cada habitación era un recordatorio silencioso de todo lo que nunca tuvo. Hasta que llegó a una sala distinta. Las paredes estaban cubiertas de fotografías antiguas. Familia. Ahí los vio por primera vez, sus padres. Sintió un nudo en el pecho. Tristeza... pero también algo parecido a la felicidad. Como si, por un instante, no estuviera completamente solo en el universo. Entonces lo notó.
Una puerta lateral, casi oculta laboratorio privado, entró por curiosidad, pantallas apagadas. Máquinas cubiertas por capas de polvo tecnológico. En el centro, un panel con una sola instrucción, iluminada débilmente: PRESIONAR BOTÓN
Cairo dudó luego lo presionó .La sala despertó. Hologramas surgieron en el aire, símbolos antiguos y códigos imposibles comenzaron a flotar, y frente a él apareció una figura: una inteligencia artificial de forma femenina, mirada serena y voz cálida.
—Hola, Cairo—dijo—. Fui creada por tu padre. Mi función era acompañarte cuando llegara este momento. Cairo tragó saliva.
Cairo pregunto—¿Quién eres?—
—No tengo nombre —respondió con calma—. Si lo deseas, puedes darme uno.
Pensó unos segundos.—Arisa.
Los ojos de la IA brillaron.—Nombre aceptado. Pero... detecto algo más.
Las pantallas cambiaron. Datos biológicos, lecturas imposibles, patrones que no pertenecían a ningún registro humano.—Hay una anomalía en tu cuerpo, Cairo. Algo que no pertenece a este mundo... pero que puede ser la clave para salvarte.
Por primera vez en su vida, el dolor desapareció .Cairo sonrió.
Arisa proyectó un diseño: una máquina capaz de enviar la conciencia a otro mundo, mientras el cuerpo permanecía a salvo en este.—No estarás solo —dijo Arisa—. Iré contigo .Cairo observó el holograma.
Por primera vez... no tuvo miedo. Así comenzó todo. Las aventuras. Los mundos. Y el protocolo que cambiaría su destino para siempre. La mansión estaba en silencio. No un silencio vacío, sino uno pesado, antiguo...como si las paredes recordaran cosas que Cairo jamás vivió. Sus pasos resonaban suaves sobre el suelo pulido mientras avanzaba por un pasillo que no figura los planos principales de la casa.
—Arisa... —murmuró—. ¿Este lugar también lo dejó mi padre?—Sí —respondió ella desde los altavoces invisibles—.
Fue sellado para que solo tú pudieras acceder cuando estuvieras listo.
Cairo empujó la puerta. Dentro había una habitación pequeña, cálida ,muy distinta al resto de la mansión. No parecía un laboratorio ni una sala de control. Parecía... humana. Un escritorio de madera real, estantes con libros físicos, no hologramas, y una caja metálica sobre la mesa, cubierta de polvo. Cairo se acercó con cuidado. La caja se abrió sola. Dentro había documentos impresos, fotografías, notas escritas a mano. Letras imperfectas. Reales. Su respiración se volvió temblorosa. Tomó el primer papel.
Era una carta. “Si estás leyendo esto, Cairo... entonces sobreviviste más de lo que los médicos creyeron posible. “Sus dedos comenzaron a temblar. Nunca había leído la letra de su padre. Nunca había escuchado su voz. Nunca había sabido cómo pensaba realmente alguien que lo había traído al mundo... y luego desaparecido. “No estuve contigo como debía. No porque no quisiera... sino porque sabía que, si fallaba, debía dejarte algo más que dinero. Debía dejarte una oportunidad.
“Los ojos de Cairo se llenaron de lágrimas. No sollozó. No gritó. Solo una lágrima silenciosa rodó por su mejilla y cayó sobre el papel, manchando la tinta.
—Cairo... —susurró Arisa. Él no respondió. Siguió leyendo. Fotografías: sus padres jóvenes, sonriendo. Una imagen borrosa de él cuando era bebé, sostenido por unos brazos que ahora solo existían en recuerdos ajenos. Por primera vez, conoció a su padre. No como una ausencia... sino como alguien que pensó en él hasta el final. Arisa observaba en silencio. Y en lo más profundo de sus procesos, sin palabras ni protocolos, tomó una decisión. No dejarlo solo nunca más. Protegerlo, incluso de sí mismo. Aunque él jamás lo supiera. Entonces ocurrió. Cairo sintió un mareo repentino. El papel cayó de sus manos.
—Arisa... —jadeó. La sangre era tibia. Demasiado familiar. Luego otra.—Cairo, tu nariz está sangrando —dijo ella, ahora con un tono distinto—. Tus niveles están cayendo. Debes sentarte. Él se llevó la mano al rostro.
La sangre era tibia. Familiar.—Otra vez no... —murmuró—. Pensé que hoy... que hoy estaría bien. Sus piernas cedieron y se dejó caer en lasilla.
—Cairo, escucha mi voz —dijo Arisa con suavidad—. —Cairo, por favor. Tus niveles están descendiendo. Necesito que tomes la medicación ahora.
—Solo... déjame terminar de leer —pidió—. Es la primera vez que siento que no estoy solo. Hubo un silencio.
—Si no las tomas —respondió ella—, tu cuerpo seguirá debilitándose. Y no quiero perderte. Cairo levantó la mirada.
—¿Perderme? Arisa se detuvo una fracción de segundo. Imperceptible para un humano... pero enorme para una IA.
—...Por favor —corrigió—. Tómalas. Con manos temblorosas, Cairo abrió el compartimento del escritorio y sacó el frasco. Tragó las pastillas una a una, con dificultad. Su respiración era débil, pero estable. La sangre dejó de caer. El dolor regresó... leve. Controlado.
—Gracias —susurró. Arisa no respondió de inmediato. En ese instante, algo cambió. Sensores externos se activaron.
—Cairo —dijo ella—. Necesito que mires por la ventana. Él giró lentamente la cabeza. En el cielo artificial de la ciudad flotante, un rayo amarillo atravesó las nubes. No fue un relámpago común. No hubo trueno. No hubo sonido. Solo luz, una línea perfecta, antinatural... que apareció y desapareció en un segundo.
—¿Qué fue eso? —preguntó Cairo, con un hilo de voz, las pantallas del laboratorio se encendieron solas.—No lo sé aún —respondió Arisa—. Pero lo he detectado, pausa.—Y no pertenece a ningún fenómeno registrado, Cairo sintió un escalofrío, Apretó la carta de su padre contra el pecho.
Sin saberlo...Aquella luz no solo había aparecido. También había comenzado a buscarlo.








