Chapter 1: Una nueva oportunidad
Temporada 1 – Capítulo 1: Una nueva oportunidad
Era un viernes cualquiera. Uno de esos días que parecían destinados a desaparecer en la memoria apenas terminaban.
El cielo estaba completamente despejado y el sol de la tarde iluminaba la ciudad con una calidez agradable. Una suave brisa de primavera recorría las calles, meciendo las hojas de los árboles que rodeaban la preparatoria mientras las voces de cientos de estudiantes se mezclaban en un bullicio alegre y despreocupado. El aroma del pan recién horneado proveniente de una pequeña cafetería cercana se extendía por el ambiente, acompañado del olor del césped recién cortado del campo deportivo. Todo parecía sacado de una de esas escenas cotidianas que aparecen al inicio de los animes escolares.
Las clases habían terminado hace apenas unos minutos y los estudiantes comenzaban a abandonar los salones con expresiones llenas de emoción mientras hablaban sobre sus planes para el fin de semana.
Algunos discutían sobre el último episodio del anime de temporada, otros organizaban salidas al cine y unos cuantos corrían desesperadamente hacia las canchas deportivas para no llegar tarde a sus prácticas.
Era un día normal.
Demasiado normal.
Yo caminaba lentamente por el pasillo con la mochila colgando sobre mi hombro derecho mientras observaba distraídamente el paisaje que podía verse desde las ventanas del edificio principal.
—Eh, Bastian. ¿Hoy sí vas a la práctica?
Una voz familiar me hizo volver la mirada. Era Kaito, uno de mis compañeros de clase y probablemente una de las pocas personas que seguían insistiendo en hablar conmigo a diario.
Su uniforme estaba ligeramente desacomodado y llevaba una pelota de fútbol bajo el brazo mientras sonreía despreocupadamente.
Otra vez preguntando lo mismo... realmente no se rinde.
Negué ligeramente con la cabeza antes de responder.
—No... hoy paso.
—¿Otra vez? —preguntó mientras arqueaba una ceja—. Últimamente te la pasas rechazando todo.
—Supongo que me estoy volviendo un anciano antes de tiempo.
Kaito soltó una pequeña carcajada mientras se llevaba una mano detrás de la cabeza.
—Eso sería preocupante considerando que solo tienes diecisiete años.
Por unos segundos pareció querer decirme algo más. Sus labios se movieron ligeramente, pero al final simplemente suspiró con resignación.
Desde hace algunos meses ha estado así. Antes era el primero en llegar a las prácticas y ahora ni siquiera quiere salir con nosotros después de clases.
—Nos vemos el lunes, entonces.
—Nos vemos.
Observé cómo se alejaba mientras levantaba la mano para despedirse antes de reunirse con algunos compañeros que lo esperaban al final del pasillo.
Permanecí inmóvil durante unos segundos.
—¿Diecisiete años, eh? —murmuré para mí mismo.
A veces me parecía extraño escuchar mi propia edad. Sentía como si hubiera vivido demasiado tiempo para alguien tan joven y, al mismo tiempo, como si no hubiera hecho absolutamente nada importante con mi vida.
Finalmente decidí regresar al salón de clases.
El ruido del pasillo comenzaba a desaparecer poco a poco conforme los estudiantes abandonaban el edificio. Al entrar al salón me recibió la tranquilidad característica del lugar cuando todos se habían marchado.
Las cortinas blancas se movían lentamente debido al viento que entraba por las ventanas abiertas mientras los rayos dorados del sol comenzaban a teñir las paredes del aula con los colores anaranjados del atardecer.
Tomé asiento junto a la ventana y apoyé mi cabeza sobre una mano mientras observaba el patio principal de la escuela.
Desde ahí podía ver grupos de estudiantes riendo alegremente mientras compartían algunos bocadillos antes de volver a sus hogares. Incluso podía escuchar fragmentos de sus conversaciones.
—¡Dicen que el próximo capítulo estará increíble!
—¡Te dije que estudiar un día antes del examen era una mala idea!
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que ya no quedan panes de melón?!
Sonreí ligeramente al escuchar aquello.
Qué problema tan serio.
El sonido del silbato proveniente del campo deportivo anunció el inicio de las actividades extracurriculares mientras algunas aves cruzaban tranquilamente el cielo.
Todo parecía tan lejano.
Como si estuviera observando una fotografía en lugar de la realidad.
Suspiré lentamente.
—Otra vez...
Durante años había sido bueno en casi todo.
Sacaba buenas calificaciones sin demasiado esfuerzo. Los deportes eran divertidos y la música había sido una de las pocas cosas que realmente disfrutaba hacer.
Mis padres siempre parecían orgullosos de mí y los profesores solían decir que tenía un gran futuro por delante.
Era feliz.
O al menos eso creía.
Pero poco a poco...
Todo comenzó a desaparecer.
Mis calificaciones empezaron a bajar.
Perdí partidos que antes habría ganado sin demasiados problemas.
La música dejó de sonar igual.
Incluso sonreír comenzó a sentirse extraño.
No ocurrió de un día para otro.
Simplemente sucedió.
Como una pequeña grieta que lentamente termina por romper un enorme cristal.
—Bastian... ¿estás escuchando?
La voz de mi profesora me hizo volver a la realidad.
Parpadeé un par de veces antes de girar mi cabeza hacia el frente del salón.
—Sí... perdón.
Ella me observó durante algunos segundos con una expresión preocupada antes de suspirar ligeramente.
Otra vez tiene esa mirada. ¿Desde cuándo comenzó a verse tan cansado?
—Está bien. Solo procura prestar atención durante los últimos minutos de la clase.
—Lo haré.
Volví mi mirada hacia la ventana mientras las palabras de la profesora desaparecían entre el ruido distante del patio escolar.
Los rayos del sol seguían entrando por el cristal iluminando parcialmente mi rostro.
Pero ya no transmitían ninguna calidez.
Solo un vacío difícil de explicar.
Apreté ligeramente la correa de mi mochila mientras bajaba la mirada hacia el suelo.
—Tal vez... ya no sirvo para nada.
Una pequeña risa amarga escapó de mis labios.
¿Cuándo fue la última vez que me emocioné por algo?
No lo recordaba.
Cuando finalmente sonó la campana anunciando el final de las clases me levanté lentamente de mi asiento.
El sonido metálico parecía mucho más fuerte de lo habitual.
Tomé mi mochila y salí del salón sin despedirme de nadie.
Los pasillos seguían llenos de estudiantes felices que se preparaban para disfrutar del fin de semana.
Algunos corrían mientras otros se detenían frente a los casilleros para conversar durante algunos minutos más.
Yo simplemente caminaba.
Sin rumbo.
Sin ganas.
Mis pasos resonaban sobre el suelo del edificio mientras observaba distraídamente el cielo anaranjado del atardecer.
—¿Qué esperaba...? —pensé mientras atravesaba la puerta principal de la escuela—. ¿Que apareciera un portal mágico y me llevara a otro mundo?
Continué caminando mientras soltaba una pequeña sonrisa burlona.
—¿Convertirme en el héroe legendario rodeado de chicas bonitas y con poderes absurdamente rotos?
El silencio fue mi única respuesta.
—Sí... claro. Eso solo pasa en los animes.
Justo en ese instante...
El suelo tembló.
Al principio fue apenas un ligero movimiento que casi me hizo pensar que simplemente había sido mi imaginación.
Pero segundos después todo comenzó a estremecerse violentamente.
Las ventanas del edificio comenzaron a vibrar mientras los gritos de los estudiantes resonaban a mi alrededor.
—¡¿Qué está pasando?!
—¡¿Es un terremoto?!
Fruncí ligeramente el ceño mientras observaba mis alrededores.
—¿Un terremoto?
La respuesta nunca llegó.
El suelo comenzó a desaparecer bajo mis pies.
—¿Eh...?
Mis ojos se abrieron por la sorpresa.
Todo a mi alrededor comenzó a distorsionarse lentamente.
Los edificios parecían deformarse como si estuvieran hechos de agua.
El cielo comenzó a fragmentarse frente a mis ojos mientras innumerables destellos de luz aparecían en todas direcciones.
Era como si la propia realidad estuviera rompiéndose.
Los sonidos comenzaron a desaparecer uno tras otro hasta que el mundo quedó completamente sumido en un extraño silencio.
Sentí que mi cuerpo era arrastrado hacia un inmenso vacío imposible de describir.
Quise moverme.
Quise gritar.
Quise aferrarme a cualquier cosa.
Pero mi cuerpo no me respondió.
Lo último que pude ver fue aquella luz dorada del atardecer desapareciendo lentamente frente a mis ojos.
¿Qué está pasando...?
Y entonces...
Solo quedó oscuridad.
Cuando recuperé la conciencia, lo primero que escuché fue el suave sonido del viento acariciando la hierba.
Era un sonido extrañamente relajante.
Poco a poco fui abriendo los ojos mientras sentía una agradable brisa recorrer mi rostro. El aroma del aire era diferente al de la ciudad. Era fresco, limpio y tenía un ligero olor dulce que me recordaba al de las flores que florecen durante la primavera.
Durante algunos segundos permanecí inmóvil observando el cielo sobre mi cabeza.
Era de un azul tan intenso y brillante que parecía sacado de una ilustración de una novela ligera. Ni siquiera podía encontrar una sola nube ocultando la inmensidad que se extendía frente a mí.
—¿Eh...?
Parpadeé un par de veces mientras intentaba comprender lo que estaba ocurriendo.
Mi cabeza seguía dándome vueltas y sentía el cuerpo ligeramente pesado, como si hubiera estado dormido durante mucho tiempo.
—¿Dónde... estoy?
Me incorporé lentamente apoyando ambas manos sobre el suelo.
La sensación de la hierba rozando mis dedos me hizo abrir ligeramente los ojos por la sorpresa.
Era real.
Todo era demasiado real.
Miré a mi alrededor completamente confundido.
Ya no estaba en la ciudad.
No había edificios.
No había carreteras.
No había automóviles ni el ruido constante de las personas caminando apresuradamente de un lugar a otro.
Solo naturaleza.
Frente a mí se extendía una enorme pradera iluminada por la luz del sol mientras la hierba danzaba suavemente con la brisa. A lo lejos podía observar algunas montañas cubiertas por un ligero manto de niebla que les daba una apariencia casi fantástica.
Era como observar uno de esos escenarios que aparecen durante los primeros episodios de un anime isekai.
Un momento...
¿Isekai?
Mis ojos comenzaron a abrirse lentamente mientras una posibilidad completamente absurda aparecía en mi mente.
—No puede ser...
Me puse rápidamente de pie mientras observaba mis alrededores una vez más.
—No, no, no... espera un momento.
No me digas que...
A unos metros de distancia pude observar varios animales que jamás había visto en mi vida.
Parecían pequeños conejos blancos saltando tranquilamente sobre la pradera.
Bueno...
Eso pensaría si no fuera porque tenían enormes cuernos sobre sus cabezas.
—Definitivamente esos no son conejos normales.
Uno de ellos incluso me observó durante algunos segundos antes de alejarse dando un enorme salto de casi dos metros de altura.
—¡¿DESDE CUÁNDO LOS CONEJOS PUEDEN HACER ESO?!
Permanecí observando aquella escena con la boca ligeramente abierta.
Eso no era un conejo.
¡Era un conejo con DLC incluido!
Volví mi mirada hacia el cielo mientras sentía cómo mi corazón comenzaba a latir más rápido.
Mi respiración poco a poco empezó a acelerarse.
La emoción comenzaba a reemplazar aquella tristeza que me había acompañado durante tanto tiempo.
—No puede ser...
Una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse lentamente sobre mi rostro.
—¿Y si... realmente estoy en otro mundo?
El silencio fue mi única respuesta.
Pero, por alguna razón, sentía que era suficiente.
¿Un mundo de fantasía?
¿Magia?
¿Dragones?
¿Elfas?
¡¿Aventureros?!
Mi mente comenzó a imaginar decenas de escenarios absurdos mientras observaba aquella enorme pradera.
—Tal vez...
Bajé ligeramente la mirada mientras apretaba una mano sobre mi pecho.
—Tal vez este mundo me dé otra oportunidad.
Por primera vez en mucho tiempo me sentía emocionado.
No era tristeza.
No era vacío.
Era emoción.
Una emoción tan simple y tan infantil como la de un niño descubriendo algo maravilloso por primera vez.
Sin embargo, una pequeña duda apareció rápidamente en mi mente.
—Aunque... ¿cómo llegué aquí?
Me crucé de brazos mientras comenzaba a recordar todo lo ocurrido.
Había salido de la escuela.
Después ocurrió aquel extraño terremoto.
El mundo comenzó a romperse frente a mis ojos y...
—...
Un momento.
En los animes estas cosas suelen pasar cuando el protagonista muere.
Esperen...
¿Me habré muerto?
Permanecí completamente inmóvil durante algunos segundos mientras intentaba recordar si me había golpeado un camión antes de despertar aquí.
—No recuerdo haber visto un camión.
Eso es extraño.
¿Acaso fui invocado?
¿Transportado?
¿Secuestrado dimensionalmente?
—Bueno... ya qué.
Me encogí ligeramente de hombros antes de suspirar.
—Si estoy muerto tampoco puedo hacer mucho al respecto.
Al menos parecía haber muerto de una manera bastante interesante.
Era mucho mejor que morir por tropezarme bajando unas escaleras.
Tomé mi mochila del suelo y comprobé rápidamente que todas mis cosas seguían dentro.
—¡Mi teléfono también vino conmigo!
Saqué mi celular por unos segundos antes de observar la pantalla.
—Sin señal.
Volví a guardarlo con resignación.
—Bueno, era demasiado bueno para ser verdad.
Comencé a caminar tranquilamente hacia un pequeño bosque que podía observarse a unos cientos de metros de distancia mientras observaba todo con enorme curiosidad.
Algunas pequeñas aves de plumaje azul revoloteaban entre las ramas de los árboles mientras emitían dulces sonidos que jamás había escuchado anteriormente.
Era un paisaje hermoso.
Así que esto es un mundo de fantasía...
—Espero que exista la magia.
Una sonrisa emocionada apareció nuevamente sobre mi rostro.
—¡Magia de fuego sería genial!
Imaginé enormes llamaradas destruyendo montañas enteras mientras comenzaba a emocionarme cada vez más.
—¡O rayos!
Mis ojos comenzaron a brillar mientras levantaba ambos brazos hacia el cielo.
—¡¿Y si puedo usar ambas?!
¡Imagínate! ¡El archimago legendario Bastian!
¡No, eso suena demasiado común!
¡El gran sabio del trueno y las llamas!
...Eso tampoco suena tan mal.
Me detuve durante algunos segundos antes de extender una mano hacia el frente adoptando una pose tan vergonzosa como dramática.
—¡¡FUEGO!!
Nada ocurrió.
El viento continuó soplando tranquilamente sobre la pradera.
—...
—¡¡RAYO!!
Absolutamente nada.
—¡¡EXPLOSIÓN!!
Nada.
—¡¡EXPLOSIÓN MEGUMIN DEFINITIVA SUPREMA ULTRA LEGENDARIA!!
El único resultado obtenido fue que un pequeño pájaro salió volando asustado desde un árbol cercano.
—...
—Bueno, parece que esto no funciona como en los animes.
Justo cuando me encontraba reflexionando sobre la crueldad del destino, algo salió disparado desde unos arbustos cercanos.
Un pequeño ser azul aterrizó frente a mí rebotando ligeramente sobre la hierba.
Parpadeé un par de veces antes de observarlo atentamente.
Era redondo.
Era azul.
Tenía pequeños ojos negros y una sonrisa bastante adorable.
—¿Un slime?
Durante algunos segundos permanecimos observándonos mutuamente.
Entonces mis ojos comenzaron a brillar de emoción.
—¡¡MI PRIMER MONSTRUO!!
¡ES EL EVENTO OBLIGATORIO DE TODO PROTAGONISTA ISEKAI!
Rápidamente adopté una pose de combate bastante cuestionable mientras señalaba al pequeño monstruo.
—Esto será facilísimo.
Después de derrotarlo seguramente subiré veinte niveles y conseguiré una espada legendaria.
Cinco minutos después...
—¡¡¿POR QUÉ ERES TAN RÁPIDO?!!
El pequeño slime esquivaba todos mis ataques dando pequeños saltos en diferentes direcciones como si estuviera jugando conmigo.
—¡¡DEJA DE MOVERTE!!
El slime simplemente rebotó sobre mi cabeza antes de aterrizar algunos metros más adelante.
¡ME ESTÁ HUMILLANDO!
¡¿NO SE SUPONE QUE LOS SLIMES SON EL TUTORIAL DEL PROTAGONISTA?!
Incluso me atrevería a decir que aquel pequeño monstruo se estaba burlando de mí.
Después de tropezarme dos veces, caer sobre la hierba tres veces y recibir un pequeño golpe gelatinoso directamente sobre mi rostro, finalmente conseguí derrotarlo utilizando mi mochila como arma improvisada.
Caí sentado sobre la hierba mientras recuperaba el aliento.
—Carajo...
Miré hacia el cielo completamente agotado.
—Fue mucho más difícil de lo que imaginaba.
¿Qué clase de protagonista pierde contra un slime durante cinco minutos?
Si un simple slime ya me cuesta tanto trabajo, probablemente moriré instantáneamente si me encuentro con un dragón.
Mis sueños de convertirme en un héroe legendario tendrían que esperar un poco más.
Suspiré resignado antes de volver a ponerme de pie.
El sol comenzaba a ocultarse lentamente detrás de las montañas mientras el bosque cercano era teñido por los colores anaranjados del atardecer.
Era hermoso.
Pero también era un recordatorio de que estaba completamente solo en un mundo desconocido.
—Será mejor encontrar un lugar seguro antes de que anochezca.
Después de todo...
Mi aventura apenas acababa de comenzar.
Desde lo alto de una pequeña colina alcancé a distinguir enormes murallas de piedra que se extendían hasta donde alcanzaba mi vista.
Por unos segundos me quedé completamente inmóvil observando aquel paisaje.
Era gigantesca.
Los últimos rayos del sol iluminaban las murallas otorgándoles un hermoso tono dorado mientras numerosas banderas ondeaban sobre las torres de vigilancia. Incluso desde aquella distancia podía distinguir el ir y venir de las personas entrando y saliendo por las enormes puertas principales.
Una ciudad.
O quizá un reino.
Mis ojos comenzaron a brillar de emoción mientras una enorme sonrisa aparecía sobre mi rostro.
—¡Una ciudad de fantasía!
¡¿EN MI PRIMER DÍA YA ENCONTRÉ UNA CIUDAD?!
Sin pensarlo dos veces comencé a correr colina abajo mientras sujetaba mi mochila con ambas manos.
—¡Por favor que tenga magia!
¡Y aventureros!
—¡Y una academia de magia!
¡Y elfas!
—¡Y mi futuro harem!
Me detuve durante algunos segundos mientras reflexionaba seriamente sobre mis prioridades.
—Bueno... quizá debería conseguir algo de dinero primero.
Las prioridades son importantes.
Dos horas después...
—Uff...
—Creo... que voy a morir...
Caí de rodillas sobre el camino de piedra mientras intentaba recuperar el aliento.
—Parecía muchísimo más cerca desde la colina.
Malditas ilusiones ópticas medievales.
Comencé a preguntarme seriamente si aquel reino utilizaba algún tipo de magia espacial para verse más pequeño de lo que realmente era.
Finalmente conseguí ponerme nuevamente de pie mientras observaba las enormes puertas principales de la ciudad.
Dos caballeros con brillantes armaduras plateadas vigilaban la entrada mientras numerosos comerciantes ingresaban con grandes carretas llenas de mercancías. Algunos aventureros portaban enormes espadas sobre sus espaldas mientras otros llevaban extraños bastones decorados con pequeñas piedras preciosas que probablemente eran herramientas mágicas.
¡UN MAGO!
Mis ojos comenzaron a brillar inmediatamente.
¡VI UNO! ¡REALMENTE EXISTEN!
Aunque mi emoción desapareció algunos segundos después al recordar un pequeño detalle.
Yo sigo sin magia.
Después de atravesar las enormes puertas de la ciudad me encontré frente a un paisaje que parecía sacado directamente de una ilustración de una novela ligera.
Las calles estaban llenas de comerciantes ofreciendo toda clase de productos mientras numerosas personas caminaban alegremente de un lugar a otro. Algunas pequeñas tiendas exhibían coloridas frutas desconocidas para mí, mientras que otras vendían extraños accesorios mágicos cuyos usos era incapaz de imaginar.
Incluso podía escuchar a algunos músicos interpretando agradables melodías utilizando instrumentos que jamás había visto anteriormente.
Era un lugar lleno de vida.
Me quedé observándolo todo en silencio durante algunos segundos.
Era hermoso.
—Supongo que no es un mal lugar para comenzar mi aventura.
Bajé ligeramente la mirada mientras sonreía para mí mismo.
—Aunque todavía no consigo mi magia.
Hice una pequeña pausa antes de continuar.
—Ni mi harem.
Principalmente mi magia.
...Aunque ambas opciones serían bien recibidas.
Justo en ese momento un delicioso aroma llegó hasta mi nariz haciendo que mi estómago protestara inmediatamente.
—¡¿PAN RECIÉN HORNEADO?!
Giré mi cabeza tan rápido que incluso me sorprendí a mí mismo.
Algunos metros más adelante pude observar un pequeño puesto de madera donde un hombre de mediana edad colocaba sobre una mesa numerosos panes dorados recién salidos del horno. El vapor que escapaba de ellos los hacía lucir todavía más apetitosos.
Mi estómago volvió a rugir.
—Traidor.
No había comido absolutamente nada desde que había llegado a este mundo.
Me acerqué rápidamente hasta el puesto mientras observaba con lágrimas imaginarias aquellos gloriosos panes.
—¡Joven! ¿Le gustaría comprar pan recién salido del horno? —preguntó el hombre con una gran sonrisa.
Me rasqué ligeramente la cabeza con cierta vergüenza antes de responder.
—Me encantaría... pero no tengo dinero.
El hombre permaneció unos segundos en silencio antes de soltar una pequeña carcajada.
—Entonces me temo que el pan tendrá que esperar.
—Es una tragedia más grande de lo que imagina.
—Jajajaja. Entonces vuelve cuando tengas algunas monedas.
—Lo haré. Es una promesa.
¡ESPÉRAME PAN DE FANTASÍA! ¡VOLVERÉ POR TI!
Antes de alejarme recordé algo importante.
—Disculpe, ¿podría decirme dónde está el gremio de aventureros?
—¿El gremio? —preguntó el hombre mientras me observaba con curiosidad—. ¿Eres un aventurero novato?
—Bueno... técnicamente todavía no soy un aventurero. Estoy trabajando en ello.
El hombre sonrió divertido antes de señalar una de las calles principales.
—Sigue ese camino. No tiene pérdida.
—¡Muchas gracias!
—¡Y procura no aceptar ninguna misión peligrosa durante tu primer día!
—¡Lo intentaré!
Después de caminar durante algunos minutos finalmente pude observar un enorme edificio construido principalmente con piedra y madera oscura. Sobre su entrada se encontraba grabado un gran escudo acompañado por varias espadas cruzadas.
Las risas y conversaciones provenientes del interior podían escucharse incluso desde el exterior del edificio.
—Esto sí parece sacado de una novela ligera.
Por favor que nadie me pida derrotar al Rey Demonio durante mi primer día.
Al ingresar pude observar numerosos aventureros disfrutando de enormes jarras de madera mientras otros presumían orgullosamente las recompensas obtenidas durante sus misiones.
Un enorme hombre barbudo reía mientras relataba alguna de sus aventuras, mientras que algunos jóvenes magos discutían animadamente sobre la efectividad de ciertos hechizos.
Era exactamente como había imaginado un gremio de aventureros.
Me acerqué lentamente hasta el mostrador principal mientras intentaba ocultar mi emoción.
—Eh... hola.
Una joven de cabello oscuro levantó la mirada de algunos documentos antes de dedicarme una amable sonrisa.
—Bienvenido al Gremio de Aventureros. Mi nombre es Miriam. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Comida, bebida o buscas una misión?
Es amable.
Tomé una pequeña bocanada de aire antes de responder.
—En realidad quisiera registrarme como aventurero.
—Perfecto. Necesitaré algunos datos.
Tomó una pequeña pluma y comenzó a escribir sobre varios documentos mientras continuaba haciéndome algunas preguntas.
—Nombre.
—Bastian.
—¿Edad?
—Diecisiete años.
—¿Especialidad mágica?
Me quedé pensando durante algunos segundos antes de responder con cierta vergüenza.
—Creo que... ninguna.
—¿Alguna habilidad especial?
—Soy bueno sobreviviendo a mi mala suerte.
Por unos segundos Miriam permaneció completamente inmóvil antes de soltar una pequeña risa.
—Eso también puede ser útil.
Es un chico bastante extraño.
Finalmente terminó de escribir los documentos antes de entregarme una pequeña placa de identificación.
—Todos comienzan desde algún lugar. A partir de hoy eres oficialmente un aventurero.
Observé la pequeña placa entre mis manos durante algunos segundos.
Era sencilla.
No estaba hecha de oro ni poseía ninguna habilidad legendaria.
Era simplemente una pequeña placa con mi nombre grabado sobre ella.
Pero no pude evitar sonreír.
En mi antiguo mundo era solamente un estudiante que había perdido el rumbo.
Aquí...
Era un aventurero.
Quizá para cualquier otra persona aquello no significaba demasiado.
Para mí significaba mucho más de lo que podía expresar con palabras.
—Así que... ya soy un aventurero.
Una pequeña sonrisa apareció sobre mi rostro mientras observaba nuevamente aquella placa.
—Muchas gracias.
Entonces recordé un pequeño detalle bastante importante.
—Eh... una última cosa.
—¿Sí?
—No tengo dinero.
—Comprendo.
—Ni un lugar donde dormir.
—Comprendo...
—Y tampoco he comido desde hace bastante tiempo.
Miriam comenzó a masajearse ligeramente las sienes mientras me observaba con cierta preocupación.
¿De dónde salió este chico?
—¿Existe alguna posibilidad de que me presten una habitación solo por esta noche? Prometo pagarla cuando consiga mi primera recompensa.
Guardó silencio durante algunos segundos antes de sonreír con cierta compasión.
—Solo por esta vez.
—¡¡¿DE VERDAD?!!
—Habitación número cuatro.
Incliné inmediatamente la cabeza en señal de agradecimiento.
—¡Muchas gracias! ¡Prometo devolver el favor algún día!
Subí lentamente las escaleras hasta llegar a mi habitación.
Era pequeña y sencilla.
Una cama, una pequeña mesa de madera y una ventana desde la cual podía observarse parte de la ciudad iluminada por la luz de la luna.
Pero para mí era más que suficiente.
Me dejé caer sobre la cama mientras observaba silenciosamente el techo de madera.
El cansancio acumulado finalmente terminó por vencerme.
Había despertado en un mundo desconocido.
Había derrotado a un slime después de una batalla vergonzosamente complicada.
Me había registrado como aventurero.
Y había encontrado un lugar al que llamar hogar, aunque solo fuera por una noche.
Cerré lentamente los ojos mientras una pequeña sonrisa aparecía sobre mi rostro.
—Tal vez... este mundo realmente sea mi nueva oportunidad.
Por primera vez en mucho tiempo no me sentía vacío.
Por primera vez en mucho tiempo quería saber qué ocurriría mañana.
Y, por primera vez en mucho tiempo...
Sonreí antes de quedarme profundamente dormido.








