Luna Mágica

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Summary

Nuestro pequeño amigo vivirá una aventura donde buscara conocer su pasado. Sin embargo su historia, su linaje y sus poderes le traerán problemas que lo obligarán a crecer.

Genre
Fantasy
Author
Faelin
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

De don a Part 1

No hay reino que se salve de gente que piensa que puede tomar lo que quiera cuando quiera, de derramar la sangre de inocentes en los actos más perversos que se puedan llegar a imaginar. Por eso aprendí que tienes que defenderte de la vida aun cuando te toque hacerlo solo, pues las personas que se supone puedes confiar, al final te abandonan o traicionan, ese es un hecho que nunca te dirán abiertamente.

Ahora mismo me encuentro en una habitación sentado en un rincón, pensando el por qué me ha sucedido todo esto a mi. Tome mis piernas para abrazarlas en un burdo intento por reconfortarme. La áspera piedra picaba mi piel, la tos no me daba tregua y la oscuridad… la maldita oscuridad solo tenía para mi miedo y pena.

Mi dolor exigía lágrimas que ya no tenía para llorar, porque incluso los sentimientos y la fortaleza tienen un límite, uno que ya había sobrepasado. Entre estás gruesas paredes testigos crueles y silenciosos, ni siquiera la compañía de Lupin ayudaba en estos momentos de abandono.


"¿Que acaso me lo merezco por nacer así?, ¿no es suficiente con estar en este lugar donde pasamos frío, maltratos y abusos?, no puedo creer que solo hace unos meses atrás estaba feliz en casa, con la que según yo era mi familia. Hoy me encuentro sin ellos, con los ojos opacos y el corazón hecho trizas ¿Cómo es que a los 7 años mi vida se volvió una película de terror donde el protagonista está puesto solo para sufrir?"

Maldita sea la hora en que me di cuenta que tenía un poder especial dentro de mí, porque incluso una habilidad como estás puede volverse maldición. La gran ilusión infantil se convirtió en mi más grande desgracia. Que ingenuo fuí al revelarlo a las personas que amo, solo me trajo problemas, incluso logré que me hayan mandado lejos. Solo me quedaba mi más leal amigo Lupín quien al final también se fue y ustedes tal vez lo hagan cuando les cuente quién soy y todo lo que pasó…


Un día me encontraba viendo mi programa favorito en la tele, este se trataba de un mago que hacía trucos para entretener a la audiencia. Mi héroe era fenomenal con su varita mágica y su sombrero hacía cosas que ante mis ojos eran increíbles: perros brincando por un aro para desaparecer del otro extremo, cartas que sacaba en un gran géiser de su sombrero y ratones que se transformaban en leones, ¡en leones! quién en el mundo puede convertir simples ratones en el rey de la selva. Se los juro por Lupín que, "Magisio" era alucinante.

Los trucos del gran hechicero, eran la atención y gran sorpresa de todos los niños y adultos que lo veían, pero lo mejor, lo que más admiraba de él. Es que a todos les sacaba una enorme sonrisa, incluso una vez vi como un bebé cambió su carita de enfado y completó aburrimiento después de que Magisio levitara desde el escenario hasta quedar frente a él, con un par de preguntas que el bebé se notaba ni siquiera quería responder, aún así aparecio para el asombro del pequeñito un globo con la forma de un conejito idéntico al amiguito de felpa color negro, que el asombrado bebé tenía entre sus manos.


Ver cómo la carita de amargado que tenía ese pequeño castaño, se iluminó de felicidad e incluso chillara de alegría cuando el globo se elevó en lo alto y estalló en un mágico momento llenó de luces, que dejaron escrito en el aire "para un conejito bebé", me dejó en claro que yo quería llegar a ser como mi héroe. Tener el poder para mantener hasta en los peores momentos la alegría de mis padres.


Pero claro, la vida lejos de tener para mí sonrisas y alegría, me dio de bofetadas que terminaron por tumbarme en el duro suelo llamado realidad.

Aún se me estruja el estómago solo de recordar la tarde que lo cambió todo.


El día era cálido y agradable. Acababa de despertarme de la siesta. Recuerdo lo bien que me sentí relajado al estirar mis bracitos para quitarme lo modorro. Los ojitos aún me pesaban y en tanto despertaba por completo, me quedé contemplando las paredes atiborradas de ositos y gatitos corriendo tras las estrellas. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, adoraba la decoración de mi habitación, la magia de sus figuras llenaba de luz el cuarto y mi corazón de valentía ante mis miedos infantiles. Casi lloré cuando papá sugirió quitarlo junto a mi cuna el día de mi cumpleaños, aunque sólo conservé mis dibujos.


—Hola, Lupín, ¿do'mite bien? —pregunte con gran interés por saber la respuesta de mi fiel amigo, que me veía con sus ojitos de botón—. Que gusto yo también do'mi bien g'acias. Sob'e todo por ésto… —retire mi cobija—,... ¡taran! —presumi mis calzoncillos de niño grande secó—, hoy tampoco tuve accidentes mami "segulo" se pon'da contenta cuando… o no, no, ¿qué hola es? —voltee a ver el reloj en mi pared marcaba doce a las siete, claro que eso no impidió que tomara a Lupín y saliera corriendo en calzoncillos a preguntarle a mamá qué hora era…; quiten esa cara de burla, estaba muy chiquito aún no sabía leer el reloj bien.


—¡Mami!, ¡mami! —mis gritos seguro debieron oírse desesperados pues mamá, salió corriendo de la ducha a verme cuando entré al baño.


—Vale, bebé que pasó, ¿qué sucede? —mamá se notaba asustada y tal vez eso fue lo que me congeló. Por más que me preguntaba un sinfín de cosas mientras me revisaba de pies a cabeza, yo no dije nada. No fue sino hasta que me bajó los calzoncillos y me preguntó—. ¿Te volviste a lastimar con la tapa del baño? — fue que reaccioné llevando mis manos a mi entrepierna por la pena de que pensara eso.


—No mami, no es eso solo, solo…

—¿Solo, que mi vida? —preguntó acongojada.


—Quiedo sabe' la hoda —la mire algo incómodo por preocuparla.


—¿La hoda?


—sí, sí, la hoda quiedo ve' a Magisio —mamá parpadeó, abrió la boca pero no dijo nada, inhalo fuerte y exhaló con la mano en la cien y entonces contestó.


—¿Solo querías saber la hora para ver tu programa? —preguntó mientras se acomodaba el cabello mojado. Yo asentí y ella solo resopló, antes de tomarme en brazos y llevarme al baño donde me contestó que aún faltaba más de una hora para mí show, me desnudo y terminó por bañarme junto con ella en el baño que yo interrumpi…


Ambos salimos del baño, Mamá con bata y yo sin pudor. Me sentó en el sillón donde Lupín me esperaba y no perdí tiempo en encender el televisor.


—¡Mamá ven a ved al Magisio Fantaiso! —la llamé un poco apresurado para que viniera y me acompañara junto con Lupin, mi amigo de peluche, a ver el programa.

—Ya voy cariño, además se llama Mago Fantástico —me sonrió tierna, se sentó y me puso sobre su regazo, donde mis nalguitas desnudas y mi espaldita, se acurrucaron en el cálido abrazo de mi madre. —¿Mami chichi? —probé mi suerte con la carita más tierna que tenía para ella.


—No, mi vida ya tienes siete, mamita ya no te puede dar chichi —contestó para mi gran desaire y puse una carita de tristeza —no hacen falta los pucheros, ¿que tal si mejor vamos por tu bibi? —ofreció y yo resignado asenti. Abrí mi boquita nada más sentir la mamila en mis labios y una gran sonrisa nació junto a mi sorpresa al saborear el mismo delicioso sabor de la lechita de mi mami, quien solo me guiñó el ojo.


Feliz me recosté en su pecho, ignorante de que ese iba a ser el último momento en los brazos de mamá,ojalá recordara bien ese calorcito además de su aroma pero todo eso se perdió. Yo solo me centré en tomar mi bibi emocionado por ver a mi héroe hacer lo imposible, una vez más.


Continuamos viendo la tele hasta el acto final del mago, donde tocó a un elefante con su varita para hacer que levitara, mientras la audiencia aplaudía emocionada. El estaba fascinado por ese acto y en cuanto terminó el show baje de las piernas de mamá para salir rumbo al cuarto para jugar con mi amigo Lupin. Ya que el último truco fue tan genial , no me aguante las estúpidas ganas de intentarlo.


Pase la puerta del cuarto que tenía en grandes letras de madera mi nombre "Valen", mismo que mi madre estuvo gritando antes de que yo parara en seco y terminará por caminar, al amenazarme con unos fuertes pam, pam por correr dentro de casa. Dentro se hallaba mi nueva cama de niño grande con la cobija de estrellas y lunas que tanto me gustaba.


"Todos mis juguetes serán mi público en cuanto haga mi truco", decidi vaciando el baúl de madera en la alfombra de color azul claro.


Antes de hacer mi show busque mis calzoncitos que tenían un color azul marino con detalles en dorado y una "M" en las pompis, la gran insignia de mi héroe. Me puse el equipo oficial del mago fantástico, que no era más que una capa negra con estrellas doradas, acompañadas por chispas que brillaban, una varita de plástico idéntica a la del mago y un sombrero que mis padres me regalaron por mi cumpleaños número siete, el cual habíamos celebrado hace unos días atrás. Terminé viéndome ante el espejo para encontrar que mi cabello blanco hacía contraste con el sombrero negro y mis ojitos azules con la capa que cubría mi espalda. Con mi atuendo completo me veía como todo un hechicero así que di un giro.


"No me habría imaginado nunca que aquel regalo que tanto amé, se convertiría en la cosa que más odio."

Comencé por intentar los trucos que venían en el estuche de magia, pero ninguno me salía bien ya que eran trucos con cartas o de ocultar cosas, así que busqué dentro del paquete para ver si tenía algo más sencillo o al menos el truco que había visto hoy en la tele. En el fondo del estuche venía un libro un poco viejo, me atrevo a decir que no lo había visto cuando abrí el regalo ese día; me imagino que tal vez mis padres lo guardaron dentro para darme la sorpresa o eso creí. Lo tomé entre mis manos para verlo mejor, pues la pasta de la cubierta parecía vieja y desgastada, pero pensando que tal vez era la intención del artículo para darle realismo no le di importancia. Girando mis manos le di vuelta para buscar algo en él pero se sentía como un pedazo de cuero, al menos hasta que lo abrí para intentar alguno de los trucos que venían ahí, este sí era diferente a los instructivos del resto de los juguetes.


Las letras para empezar estaban grabadas con tinta proveniente de algo que para mi no venía de una impresora, era más como cuando papá escribía en papel con plumas de tinta china, además las hojas parecían ser de un material grueso color café claro.

A pesar de la calidez que desprendían sus líneas, había muchas cosas que no entendía entre sus bellas letras; de por sí ya era difícil leer para mí debido a algo que un doctor decía que tenía en la vista, haciendo más complicada la lectura de los textos, pues en ese momento se me dificulto aún más entender lo que decían las páginas.


"Rayos, no puedo", reproché con molestia mientras me mordía la lengua y giraba el libro para tratar de ordenar mi torpe vista. Hasta que entrecerre mis ojos enfocado una sensación peculiar como cuando te soplan aire en los ojos apareció, las letras se ordenaron de a poco hasta que las pude comprender.


Hablaban de cosas como hacer rituales o invocaciones, aún hoy no sé muy bien a que se refieren en realidad pues era complicado; seguí ojeando las páginas hasta que llegue a una hoja donde estaba el truco que vi esa tarde en la tele. Se podía ver el dibujo de un animal levitando encima de una persona y ahí fue donde me detuve para intentar leer. Me acosté boca abajo en la alfombra viendo a Lupin con la intención de leerle lo mejor que podía concentrando mi vista en el texto.


—La livitacion, se loba con la sibiente evocacion —continúe leyendo en lo que a mi entender era la forma de hacer el hechizo. —, se dice ¡luvase levuni! —apunté la mano hacia mi osito como en el dibujo esperando que pasara algo, pero no hizo nada…


Frustrado por mi rotundo fracaso, pensé en ese momento que era una tontería y estaba por lanzar el libro a la caja, algo molesto por mi fallo, pero antes de eso respire profundo, lo revise una vez más y claro tenía que ser. Estaba leyendo mal como siempre. Lo intentaría de nuevo pero bien, solo tenía que centrar mi vista en el texto. En ese momento algo curioso pasó al mirar de nuevo el hechizo. Las letras se podían ver más claras, en ese momento se acomodaron para mi; era mi momento de intentarlo me dije ansioso.


—"Levite Livanium" —Exclamé levantando las manos hacia Lupin decidido en no errar en mi intento, ésa vez lo conseguiría.


Algo despertó en mi pecho, liviano, somnoliento, como un pequeño cachorro… un cachorro de dragón, su fuerza se desató dentro de mí, esa extraña sensación inundó cada parte de mi cuerpo haciendo que me sintiera imparable. En un solo pestañeo mi sangre se sintió más caliente que el mismo sol, mi aliento más fuerte que un huracán, mi piel más férrea que el más duro diamante y mi toque más puro que el agua. Todo junto y en armonía dio paso al primer escalón de lo que sería mi nueva vida, el mundo se puso a mis pies y terminó por aniquilar mi felicidad.


En el cuarto se desató una ligera rafaga de viento que levanto a mi querido amigo del suelo. Lo increíble había pasado, estaba haciendo magia, mi felpudo amiguito se mantenía flotando frente a mí y aún con mi muy activa imaginación, no me lo podía creer.

Se hallaba a escasos centímetros del suelo y después de unos segundos simplemente cayó; era increíble lo que estaba pasando y tenía que mostrarle a mi mamá; grave error el que cometí.


Salí corriendo a la sala para contarle a mamá mientras mi mano tallaba mis ojitos que se sentían extraños. Al llegar vía. Mamá pero me llevé una gran sorpresa cuando apareció papá.


—¡Papi llega'te! —no dude ni un segundo. Un salto catapultó mi cuerpecito hasta su pecho donde él me cogió entre sus brazos, que me rodearon cuando lo vi asomarse por la puerta de entrada.


—Hola pequeño latoso —me saludo sacudiendo mi cabello.


—Que bueno que llegaste temp'ano —lo abrace con más fuerza —Les quiedo enseñad un tuco de magia que apendí —dije poniendo mi capa en mi cara para imitar al mago de la tele en su show.


—O enserio wow, vamos pequeño —me bajo para darme la mano solo para guiarlo hasta mi cuarto mientras lo jalaba de un dedo.


Mis padres entraron a la habitación para sentarse en el suelo para ver mi acto acompañados por mis otros peluches, se les veía emocionados y con esa dulce mirada que tanto amaba y que ya nadie tiene para mí.

Con la mayor ilusión del mundo movía mis manitas que dejaban una tras otra mis cosas mágicas en una mesita para dar inicio al show.


—Dama y cabadello el gan Mago Supemo hará un acto nunca visto y mi asistente Lupin me ayudada —tome al oso para pararlo en la mesita de noche delante de mis padres que se acompañaban de mis otros peluches en un semicírculo —hadé que Lupin ¡vuele!


Mis padres aplaudieron entre risillas observando atentos, me puse delante de mi amigo para mostrarles el truco y levanté la mano mientras me concentraba en las palabras que aprendí.


Con toda mi atención en el objetivo, respire ondo y al soltar el aire —¡Levite Livanium! —conjure casi gritando. La energía brotó una vez más, la guíe fuera de mí, usando todo mi ser para que saliera como quería y con ello lograr impresionar a mis papis.