Capítulo 1: ¿Por qué los conejos huyen del zorro?
Si algún día, cuando el último rayo del sol se oculte, escuchas campanas invisibles doblar en la lejanía y frente a ti ves pasar una procesión de sombras encapuchadas cuyos pasos se ahogan en el murmullo misterioso de sus labios... no temas.
Solo son los Ecliptos, camino a la Noctiluna.
En la Abadía de Plata los cánticos hacen vibrar los cristales. Los noctívoros cantan con devoción en medio de la oscuridad, bañados únicamente por la luz proveniente del cielo: la luz de Nyxarí, Señora de la Noche, Guardiana de los Lobos y Soberana de las Sombras del dulce olvido.
El Eclipto Amodel sube hasta la peña del altar y levanta ambos brazos.
La congregación calla mientras la estertórea voz de Amodel retumba por la Abadía:
–Hermanos, nos hemos reunido aquí hoy para presentar un nuevo miembro a la manada.
Hace una discreta seña, a la que responden una pareja de nerviosos noctívoros jóvenes que cargan en brazos a un recién nacido.
–Aún no tiene nombre, mi señor –susurra el padre.
–Sería un honor para nosotros que lo marque usted -dice la madre.
Amodel levanta a la criatura en brazos y vocifera:
–Contemplen, hermanos, al pequeño Datelo.
Un murmullo sordo crece entre los creyentes y pronto dos palabras hacen eco. Todos dicen al unísono:
–A Nyxarí... A Nyxarí...
La pareja llora de felicidad.
Amodel avanza por en medio de la multitud con Datelo en brazos. Se detiene justo en el centro de la Abadía.
Las placas del techo comienzan a replegarse y deslizarse unas sobre otras. Poco a poco, todo un cielo nocturno aparece sobre la Abadía y un círculo de luz lunar los baña a ambos, como si Nyxarí hubiera posado su mirada sobre él.
La congregación vuelve a elevar sus cánticos.
El Eclipto levanta al bebé hacia Nyxarí:
–Desde esta noche llevarás el nombre de Datelo.
–Que Nyxarí te mire con agrado –susurra la multitud.
Amodel lo sostiene contra su pecho y lo mira a los ojos: ojos tan claros como la luna.
El Eclipto sonríe apenas y dice, casi para sí mismo:
–Serás un gran Eclipto cuando crezcas. Así lo ha determinado Nyxarí.








