Atascado En La Pared [Bl] by Ariels at Inkitt
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Atascado en la pared [BL]

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Summary

Se quedó atascado a la pared y fue follado por Ganters.

Genre
Erotica
Author
Ariels
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Unico


Abvertencia de contenido:

Esta historia contiene violación explícita en pantalla, gangbang, humillación. Contenido extremadamente oscuro y gráfico. Leer bajo tu propia responsabilidad.


Mientras más empujaba hacia adelante, más parecía quedarme atascado. Mi torso ya había pasado al otro lado de la pared, pero mi tracero se habían quedado firme en aquel estrecho hueco.

Estaba seguro de que lograría cruzarlo. Había puesto todo mi esfuerzo en ello. Era eso o dejar que esos cabrones me encontraran. Tenía que atravesarlo en algún momento, ¿no?

—¿Has encontrado a ese bastado?

—Ugh… —gemí sin poder evitarlo.

Mierda.

Me tapé la boca tan pronto como solte ese gemido. Por suerte, las voces se oían débiles en la distancia.

—¿Has oído eso? —preguntó uno de ellos.

—¿Qué? Yo no he oído nada…

De pronto, todo quedó en silencio, lo cual me provoco una fuerte sensación de inquietud. Eso significaba que o bien me habían encontrado o bien se habían marchado, pero no iba a averiguarlo.

Apoyé las manos contra la pared y empujé con todas mis fuerzas. Una. Dos. Tres veces.

—Asi que aqui estabas pequeña rata —la voz grave detras de mí me dejo paralizado.

Volvi a raccioné por instinto: moví las caderas hacia delante con desesperación. Como no funcionó, intenté empujar hacia atrás para alejarme de la pared.

En cuanto saliera, podría darles un golpe y escapar. Mi cuerpo solo se deslizó hasta los hombros, lo único que conseguí fue que mi cuerpo se frotara inútilmente contra las paredes.

Oí risas.

—No eres tan valiente como hace un momento, ¿eh? —se burló el hombre—. Mira cómo intentas escapar… como una rata acorralada.

Estos cabrones se están riendo de mí.

—Ire a llamar a los demás —dijó el segundo— este bastardo deberia aprender una buena lección.

Tragué saliva.

—¿Qué debería hacer con el bastardo que nos insultó? —preguntó el de la voz grave, casi pensativo.

Morir. Que me golpeen… definitivamente no.

—¿Quizás debería romperle los dedos uno a uno? ¿O cortarle la lengua para que no vuelva a ladrar?

Cerré los ojos con fuerza, imaginando las posibles torturas que vendrían. Cosas peores que la muerte. Mucho peores.

Entonces sentí un calor extraño presionando detrás de mí. El tipo se había acercado tanto que podía percibir el calor de su cuerpo.

—Perdóname la vida… o lleguemos a un acuerdo —me apresuré a decir, la voz temblorosa—. Seré tu… perro más fiel.

No puedo creer que esté diciendo esto.

Una risita profunda y oscura resonó de nuevo.

—¿Por qué no mueves ese trasero como hace un rato y te conviertes en mi perra?

Un golpe fuerte y sonoro aterrizó en mi nalga derecha, haciendo que mi cuerpo se sacudiera dentro del hueco.

Gemí de dolor.

—¿Qué… qué? —balbuceé, desconcertado.

El hombre no esperó. Sus manos grandes bajaron mis pantalones hasta los tobillos de un tirón, dejándome completamente expuesto. Sentí algo grueso, caliente y duro presionándose contra mi entrada, frotándose deliberadamente.

No, no, no.

—Te voy a follar el agujero —anuncio, con tal determinación que me dió miedo —, y vas a tomar hasta la última gota que deje dentro de ti.

—No, no, no —gemí en total pánico, moviendo el cuerpo con desesperación.

Cuanto más me movía, peor se ponía. En vez de alejarlo, la punta resbaladiza de su polla rozó mi entrada y luego se deslizó por mi nalga. Intenté girarme hacia la izquierda, pero solo logré que su grosor caliente se frotara con más fuerza contra mi piel. Podía sentir cada detalle: su textura venosa, cómo se hinchaba y palpitaba contra mí, cada vez más duro mientras yo forcejeaba inútilmente.

El hombre soltó una risa baja y oscura antes de sujetarme firmemente de las caderas con ambas manos, inmovilizando mi mitad inferior.

—Me gusta cómo te mueves… pero se sentiría mucho mejor si lo haces con mi polla bien adentro.

Acto seguido, embistió con fuerza.

Solté un grito ahogado.

Mis paredes internas se abrieron de golpe para recibirlo. Era demasiado grande.

—No… sácalo… se va a romper —jadeé, temblando.

—¿Qué? Esto es apenas la mitad —respondió con una mezcla de burla y excitación.

Me horroricé al escucharlo.

—Será mejor que cooperes —Aviso, empujando con lentitud—. Por que sera una larga noche para ti.

—¡Maldito cabrón! ¡Sácalo! —grité, desesperado.

Otro golpe fuerte cayó sobre mi nalga izquierda, dejando un ardor punzante.

—Escucha bien —dijo presionando su agarre en mi cadera —. Puedo hacerlo tan doloroso… o tan placentero como yo quiera.

Sentí que aquel hombre perdería el control en cualquier momento, me embestiría como una bestia y no pararia.

Apreté los labios con fuerza.

—No… no la metas del todo —solté en voz baja, resignado—. Yo lo haré.

—Así me gusta —ronroneó el hombre con satisfacción —. Que empieces a aceptar y a comportarte como una perra por mi polla.

Quise darle un golpe, pero me contuve. En cambio, me obligué a separar un poco más las piernas. La posición era humillante: mitad de mi cuerpo atrapado al otro lado del muro, el culo expuesto y ofrecido, con su polla gruesa aún parcialmente dentro de mí.

Respiré hondo, temblando, e intenté relajarme lo mejor que pude. Lentamente comencé a deslizarme hacia atrás, tragando su polla centímetro a centímetro hasta que la mitad de su longitud estuviera enterrado en mí.

El hombre soltó un gruñido bajo de aprobación.

Permaneci asi por unos segundos, jadeando, adaptándome a esa invasión. Poco a poco, la ardiente presión se volvió más soportable. Su grosor seguía siendo abrumador, pero ya no se sentía como si me fuera a partir en dos.

Él también empezó a moverse con movimientos mas rápidos, al principio solo sentía incomodidad y un calor extraño. Pero cuando él ajustó el ángulo y embistió con un movimiento más profundo y preciso, senti una oleada de placer.

—Ah… —se me escapó un gemido ahogado, imposible de contener.

Intenté morderme el labio con fuerza para silenciarme, pero ya era tarde.

—Así… sigue gimiendo de esa forma —murmuró él con voz satisfecha, sin dejar de follarme al mismo ritmo.

Cada vez que su polla rozaba ese punto en específico dentro de mí, un calor dulce y eléctrico me subía por la espalda y se concentraba en mi polla, que comenzaba a endurecerse. Se sentía… bien. Demasiado bien.

De pronto, él se detuvo por completo. Su miembro palpitante permaneció enterrado en lo más profundo de mí, pero no se movió.

Debi sentirme aliviado de que parara, pero no. Esperé, confundido y ansioso, a que continuara o dijera algo. Sin embargo, solo se quedó quieto, como si estuviera esperando algo.

Sin darme cuenta, me encontraba moviendo las caderas, buscando esa deliciosa fricción que me había hecho gemir antes. Mis caderas se mecían en pequeños círculos, haciendo que su polla entrara y saliera apenas unos centímetros, frotándose una y otra vez contra esa zona sensible.

—Mmm… —gemí bajito, casi sin querer.

—Mira cómo te mueves solo… ¿Te gusta mi polla, no es asi, bastardo?

Quise negarlo, pero otro roce profundo me arrancó un jadeo entrecortado. Mi cuerpo parecía haber dejado de obedecerme.

—Joder… qué estrecho y caliente estás —gruñó él, la voz cargada de deseo.

Me sujetó con fuerza por los muslos y levantó mis piernas, separándolas aún más. Mis pies ya no tocaban el suelo. Por puro instinto, apoyé las manos contra el suelo, intentando mantener el equilibrio mientras mi cuerpo quedaba suspendido, completamente a su disposición.

Entonces sus caderas golpearon contra mi trasero con fuerza, haciendo que su polla llegara más hondo hasta mi limite. Podia sentir como un bulto se formaba en mi abdomen bajo.

—Para… para… —supliqué con voz deformada.

Mi propia polla goteaba y se balanceaba con rapidez. Las lágrimas empezaron a salir. Cada vez que me perforaba golpeaba ese punto.

Cerré las manos en puños, arrancando puñados de hierba y tierra del suelo, buscando algo a lo que aferrarme.

—¡Ah! ¡Ahh! ¡Detente…!

Los sonidos humedos y obscenos de la piel chocando, junto con mis suplicas llenaron el lugar. Sentía que me volvería loco.

—Me voy a venir dentro de ti —Declaro él con voz grave—. Me vengo dentro de tu culo codicioso.

El hombre me embistió una vez más, y descargo su semilla. Sentí cómo su semen caliente me llenaba por completo, chorro tras chorro, inundando mis entrañas. Mis paredes internas se contrajeron con fuerza alrededor de él y el orgasmo me golpeó.

El semen salio disparado manchando mi abdomen. Mi respiración era un desastre. Las lágrimas y humillación me nublaban la vista, mientras mi cuerpo temblaba.

Cuando finalmente salió de mí, su semen espeso se derramó inevitablemente de mi agujero y  resbalo por mis muslos.

—¿Ya… ya se acabó? —pregunté con voz temblorosa.

Él me dio una nalgada. Gemi ante la sencibilidad de mi cuerpo.

—Te dije que lo tomaras todo —gruñó—. Es un desperdicio derramar tanto semen.

Sus dedos entraron de golpe, empujando su semilla de nuevo hacia adentro.

—Ah… basta…

—Pero tienes suerte —dijo, sacando sus dedos—. Tu culo es tan bueno que ya hay toda una fila esperando recuperar lo que desperdiciaste.

Mis ojos se agrandaron. Recién entonces recordé a los demás. Hasta ese momento no había oído nada; el sonido de sus embestidas y mis propios gemidos me habían aislado por completo. Había insultado a toda una pandilla de gánsteres rudos y algunos corpulentos. De seguro ya se habian masturbado, con la escena, con mi culo al aire mientras su jefe me follaba y, ahora estaban esperando su turno.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—¡No! ¡No se atrevan! —grité, pateando con desesperación.

Mis piernas no lograron nada. Alguien me agarró de los tobillos y me empujó hacia adelante, obligándome a doblar las rodillas en forma de W contra la pared. Era mucho más fuerte que yo.

—Ahora es mi turno —Hablo con voz ansiosa.

No hubo preámbulos. Empujó su polla de un solo movimiento, deslizándose fácilmente gracias al semen que actuaba como lubricante. Este segundo hombre era más impaciente. Empujo tan rápido y profundo como pudo, haciendo que mi cuerpo se sacudiera y mis palabras salieran deformadas.

—Joder… qué agujero tan bueno —jadeó en pleno éxtasis.

Pronto se corrió dentro de mí. Ni siquiera hubo tiempo de que su semilla empezara a derramarse cuando el tercero ya me embestía. Este era mucho más corpulento; sentí todo su peso cuando se hundió en mí de un solo empujón.

—Vamos a ver qué tan flexible es este bastardo.

Tomó una de mis piernas y la colocó sobre su hombro, abriéndome por completo. Empezó a moverse con un ritmo rápido y profundo, haciendo que el bulto en mi abdomen reapareciera con cada embestida.

—Mgh… déjame ir… —apenas logré formular.

—¿Dejarte ir? —se rio, sin detenerse—. Cada vez que la meto, tu culo me succiona como si no quisiera que la sacara.

Las embestidas se volvieron salvajes. Y así continuó hasta quedar completamente satisfecho.

Sentía mi cuerpo al límite, temblando, lleno y usado.

Uno tras otro me usaban sin piedad, castigando mi interior, golpeando ese punto sensible. Mi propio miembro, traicionero, volvió a endurecerse entre mis piernas, goteando mientras me usaban como un juguete.

Terminé corriéndome una vez más, temblando violentamente, mientras ellos seguían embistiéndome sin detenerse.

—Mierda… quisiera ver la cara que está poniendo esta zorra —gruñó uno de ellos—, pero tendré que conformarme con esto.

De repente, por el pequeño espacio que quedaba entre mi cuerpo y el muro, se filtró más luz de lo normal. Un teléfono se había asomado.

Me asusté de inmediato.

—Genial, ¿cómo no se me había ocurrido antes? —comentó otro con molestia—. Se me pasó el turno… pásame luego el vídeo, ¿sí?

—No… no lo hagas —supliqué con miedo.

Mis pedidos fueron completamente ignorados. La cámara seguía grabando mientras él embestía con más fuerza. Cada vez que empujaba, tocaba ese punto preciso. Las lágrimas volvieron a caer, pero esta vez ya no luchaba. Me dejé llevar por el placer que me consumía.

Sentí que pronto me correría otra vez.

¡A la mierda con lo que pueda ocurrir!

El semen salió disparado de mi polla, salpicando el suelo y mi propio abdomen. Segundos después, él también se corrió dentro de mí.

Algunos tomaron una segunda ronda. Mientras me follaban, uno de ellos sacó un marcador y comenzó a escribir en mi trasero aún rojo y sensible. Sentí el trazo frío de la tinta sobre mi piel:

“Usado”

“Gratis”

“Culo público”

“Siguiente, por favor”

“Agujero libre"

Cuando por fin se detuvieron, mi cuerpo ya no respondía. Estaba temblando, mientras el semen salia a borbones recorriendo por los muslos, con las piernas aún abiertas y el agujero hinchado e insensible.

El último hombre me dio una nalgada final y se alejó riéndose.

—Dejenlo ahí. Que aprenda la lección.

Me quedé solo, atrapado en el hueco de la pared, respirando con dificultad. El silencio regresó poco a poco. Solo se oía mi respiración irregular y el goteo lento del semen que aún salía de mí.

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Good Writing

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Strong Dialog

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