CAPITULO 01
AURELIO
El mesero deja sobre la mesa el pastel en forma de corazón con veintidós velas de estrellas deslumbrando fuego, le canto el cumpleaños feliz a la chica frente a mi, sus sonrisa deslumbra, sus ojos azules brillan mirando las velas y luego a mi, no puedo evitar sonreír también.
Después de servir la copa de champán, el mesero se retira, continuo cantando mientras grabo el momento, la grabo a ella ser hermosa y complacida por mi.
—Pide un deseo— sonríe más, cierra los ojos, piensa unos segundos y después sopla para apagar las velas.
—¿Quieres saber que pedí?— dejo el celular sobre la mesa.
—Se supone que no tienes que decirlo si quieres que se cumpla— quita las velas del pastel sin dejar de sonreír.
Dejo frente a ella la caja de terciopelo negra que llevo guardando dentro del saco durante toda la cena, sus ojos se posan nuevamente en mi.
—¿Que es eso?
—Feliz cumpleaños hermanita— abre la caja, contempla unos segundos el collar que le compre y luego vuelve a mirarme.
—Ya me habías dado mi regalo.
—Quería darte esto también— tomo la caja y saco el collar —Te lo pondré.
Ambos nos ponemos de pie, se voltea y recoge su cabello, con delicadeza abrocho el collar, dejo un beso en su cabeza y ella se gira, con dos de mis dedos tomo el dije de corazón que cuelga de la cadena de oro, dentro de este, Justo de la punta del arco cuelga una A.
—Me gusta mucho— rodea mi cuello con sus brazos —Te amo Aurelio.
—Yo a ti Daniela— beso su frente —No puedo creer que ya tengas veintidós— nos sentamos nuevamente.
—Lo se, soy toda una mujer— dice quitando las velas restantes del pastel —Deberías darte cuenta.
Medio sonrío —Tu siempre serás mi niña.
—Y tu mi hombre— me mira a los ojos, no tarda mucho en desviar la mirada —¿Quieres pastel?
—No, gracias, estoy muy lleno, pero come tu.
—Tampoco tengo ganas, podemos guardarlo mejor, ¿vamos a dar un paseo?— propone.
—Haremos lo que tú quieras— sonríe.
—¿Lo que yo quiera?— alza ambas cejas mientras me mira a los ojos.
—Es tu cumpleaños hermosa, lo que sea que tengas en mente haremos— no me aparta la mirada —Pensándolo bien, hago siempre lo que quieres.
Ríe —Tengo un gran don.
—Lo tienes— le hago una seña sutil al mesero para que venga.
No tardo en pagar la cuenta, Daniela y yo salimos del restaurante hablando sobre lo agradable que estuvo la cena, antes de ir a pasear paso al hotel para dejar el pastel, al salir decidimos que caminaremos por las preciosas calles de Paris.
Mi hermana entrelaza nuestras manos a mitad del camino, bueno, no sabemos a donde vamos sólo caminamos disfrutando de la noche así que no puedo decir si estamos a la mitad o al final, solo disfruto de su compañía y se que ella de la mía.
Todos los años, desde que nuestro padre murió, ella prácticamente a estado siempre conmigo, no hay cumpleaños que no pasemos juntos, ya sea el de ella o el mío.
—¿No te aburres?— me mira.
—¿Por que lo haría?
—Tienes veintidós, estás aquí, solo caminando con tu hermano de treinta y ocho, tal vez pudieras estar en algún club o fiesta con tus amigos— me da una mirada divertida.
—Sabes que adoro tu compañía, me gusta la tranquilidad y también sabes que solo tengo una amiga, cuando regrese iré a un desayuno o iremos a un spa.
—Desayuno, spa, siento que escucho a mi madre.
—Pues que halago, tu madre es espectacular.
—Tu nunca pierdes, ¿cierto?— niega.
—Puedo dejarte ganar si quieres.
—No, algún día te ganaré, estoy seguro.
Su sonrisa se ensancha, no deja de mirarme y yo no puedo mirarla ya que soy el que nos guía para no caer mientras caminamos.
Quisiera saber que piensa pero se que no me lo dirá.
La caminata termina cuando Daniela comienza a quejarse de los tacones así que regresamos al hotel, es un hotel grande y clásico, construido hace muchos años, tenemos que subir un par de escalones para llegar a la entrada, justo a la mitad nos detenemos para admirar la torre Eiffel.
—Te tomaré una foto— saco mi celular —Sonríe.
—¿Así me veo bien?— acomoda su cabello con delicadeza.
—Hermosa— se acomoda para la foto, la sonrisa es imperceptible, capturo el momento de inmediato —Listo.
—La noche es maravillosa— admira el cielo —Me gusta el azul de la noche.
—Si, es Perfecto— asiente sin dejar de mirar hacia arriba, perdida con lo deslumbrante de la luna y las estrellas.
Siempre he querido meterme en su cabeza aunque sea una vez, saber que es lo que piensa, es mi hermana pero eso no hace que se abra conmigo, en realidad con nadie, es reservada con su vida personal.
Me gustaría saber que siente, ella no ha tenido una vida fácil, no tuvo a papá por mucho tiempo como yo y tampoco a su madre, mis hermanos no la quieren y soy el único que se interesa en ella, el único que la ama.
Daniela es hija del segundo matrimonio de mi padre, yo tenía dieciséis cuando ella nació, debo admitir que tampoco me agradaba la idea de una hermana, todos pensábamos que la madre de Daniela ya era amante de mi padre, por eso mis hermanos no la quieren, pero yo, yo la ame desde el día en que mire sus grandes y hermosos ojos, ni siquiera había hecho nada pero ella soltó una risa al verme, conectamos desde ese día.
Es una chica fuerte, a pesar de perder a mi padre a los diez y a su madre a los catorce, tener que ser “criada” por mi, ella está bien, o al menos es lo que demuestra.
—Quisiera saber lo que piensas— dice de la nada sin mirarme.
—¿Por que?
—Siempre te me quedas viendo así, no se si miras a un punto ciego o si realmente me miras mientras piensas algo.
—Yo quisiera saber lo que piensas— me mira —A veces te quedas pensativa mirando el cielo o cualquier cosa y quisiera saber que piensas.
Se endereza —En ti.
—¿En mi?
—Pienso en que soy tan dichosa y estoy tan agradecida de tenerte en mi vida— sonrío —No te cambiaría por nada Aurelio.
Poso mi mano en su suave mejilla, ella cierra los ojos ante mi calidez.
—Ni yo a ti, eres lo mejor de mi vida.
—¿Aunque me odiabas antes de nacer?— suelto una risa.
—Mejor entremos, tengo sueño— rueda los ojos negando pero aún así camina conmigo y toma mi brazo al comenzar a subir escalones otra vez.
Entramos al gran hotel y no hay tantas personas como en la mañana, esperamos el elevador mientras miramos el bar, ahí si hay unas cuantas personas, música en vivo, se ve ambientado.
—Vamos— miro a Daniela —Vamos al bar.
—Estoy cansado princesa, ve tu— hace un puchero.
—No quiero ir sola, anda, solo un trago— me mira con esos ojos a los que jamás les digo que no.
—No hagas eso— sonríe.
—Por favor— niego.
—Vamos— suelta una risa —No entiendo como siempre me convences.
—Es mi ternura— alzo ambas cejas.
—Eres tierna solo cuando quieres— entrelaza nuestras manos.
En el bar, nos sentamos en la barra, Daniela pide un Gin tonic y yo un vaso con Macallan, la observó beber mientras baila sutilmente la música, mueve sus hombros al ritmo.
—Esto está muy bueno— deja la copa en la barra.
—Esto también.
—No te ves muy animado, considerando que tu eres al que le gusta este ambiente más que a mi.
—Es que creo que necesito otro trago— le hago una seña al bar man.
Mientras me sirve, escucho que comienza a sonar Comment te dire adieu, una de las canciones favoritas de Daniela, desvío la mirada a ella, también me mira con una gran sonrisa de sorpresa.
—Una de mis canciones favoritas— sonrío.
—Ven— me bajo del taburete —Vamos a bailar.
Ella deja su bebida sobre la barra.
Vamos a la pequeña pista y comenzamos a bailar, la ayudo a dar vueltas, la abrazo por la espalda al bailar, nos la pasamos bien, reímos, ella repite la parte hablada y debo admitir que el francés siempre ha sonado sexy cuando lo habla.
Lo que habíamos dicho que solo sería poco tiempo, se convierte en dos horas, salimos del bar cuando ya es momento de que cierren, Daniela camina a mi lado, con su mano tomando la mía, incluso cuando subimos al elevador.
Ya en la suite, me sirvo un vaso con agua, ella se sienta en el sofá.
—Me la pase espectacular— la miro.
—Fue una excelente noche— bebo del agua.
—Ojalá se repita más seguido aunque no sea cumpleaños de alguien.
—Trataré de no estar tan ocupado— me acerco a ella para dejar un beso en su cabeza —Hasta mañana.
—¿A que hora nos vamos mañana?
—A las tres.
—Okay, te amo, hasta mañana.
—Te amo— me voy a mi habitación.
Tengo sueño, estoy cansado así que después de la ducha, en cuanto toco la cama caigo en un sueño profundo.
No puse el despertador, al abrir los ojos lo primero que hago es fijarme en la hora, son las doce, no me levanto tarde muy seguido, en Londres siempre me despierto a las cinco de la mañana, a mas tardar a las seis.
Rápidamente me aseo, alisto mis maletas y reviso unos correos en mi celular, cuando ya todo está listo, salgo de la habitación, Daniela está en el sofá, con sus cosas ya listas.
—Buenas tardes— bloquea su celular y me mira.
—No me levantaste— se pone de pie.
—Iba a preguntar como amaneció el hombre más guapo del mundo, pero ya me respondiste— medio sonrío.
—No estoy de malas— me acerco a ella y poso mis manos en sus hombros —Sabes que jamás estoy de malas a tu lado— dejo un beso en su frente.
—Sabes que odio los besos en la frente.
—¿Y el que se levantó de malas soy yo?— ríe.
—Pues dámelo en la mejilla, en la nariz, no se— ahora río yo.
—Mejor vamos, pasaremos a comer antes de ir al aeropuerto— tomo una de sus maletas.
Llegamos a uno de nuestros restaurantes favoritos para desayunos aquí en Paris, no alcanzamos a hacer nada más, terminando nos vamos directo al aeropuerto, nos llevan a la sección privada en donde esta el Jet, no tardamos en despegar.
Durante el vuelo me la paso checando algo del trabajo, al parecer mi hermana hace lo mismo, revisar su trabajo de la universidad.
No tardamos en llegar a Londres, aterrizamos en una hora con quince minutos, los mensajes comienzan a llegar y eso que es domingo, ya me imagino mañana cuando sea día laboral.
Cuando era niño pensaba que mi papá no tenía que hacer nada solo por ser el jefe, que podía ir y venir del trabajo cuando quisiera, pero eso es completamente falso, ya lo comprobé.
—¿Con quien hablas?— inquiero llamando la atención de Daniela.
—Con Nick y Hanna, quieren que vayamos a festejar mi cumpleaños.
—Pensé que ellos no se hablaban tanto.
—Obviamente me hablaron por separado, pero les dije que podíamos salir los tres, no tengo ánimos de salir tanto esta semana, ni tiempo.
—¿Y cuando saldrán?, ¿en la noche?
—No, quiero descansar, el viaje me dejó agotada.
—Me imagino, yo también descansaré un poco antes de ponerme a trabajar.
Me dedica una pequeña sonrisa.
Continúa moviendo los dedos hábilmente sobre la pantalla de su celular, al llegar a casa, voy directo a darme una ducha para después acostarme en la cama, contesto unos correos sencillos en mi celular, luego veo un poco de TV, no quiero dormir ahora.
Las horas pasan y en la noche decido ponerme a trabajar, al principio lo hago en mi despacho pero decido ir a la sala, trabajo mientras bebo una taza de té.
El sonido de unos tacones me distrae de lo que hago.
—¿Daniela?— no se para Que pregunto, solo ella y yo vivimos aquí.
Aparece por el pasillo, está arreglada, me dedica una sonrisa mientras se acerca a mi.
—No sabía que estabas aquí.
—¿Vas a salir?— asiente —Pensé que querías descansar, ¿con quien saldrás?
—Sola— responde —Dare un vuelta por ahí y beberé algo.
Alzo ambas cejas mientras asiento —¿Sola?, ¿o con algún pretendiente que me ocultes?
Suelta una risa, rodea el sofá para quedar detrás de mi, me abraza por los hombros.
—Claro que no, tú eres y siempre serás el único hombre en mi vida— recarga su barbilla en mi hombro.
—Eso lo dices porque no te has enamorado, pero cuando encuentres al amor de tu vida, te olvidaras de eso que dices.
—No— la miro, nuestros rostros están muy cerca, ella sonríe —Tu ya eres el amor de mi vida— deja un beso en mi mejilla.
—Ya te quiero ver— no Deja de sonreír.
—Me voy, antes de que se haga más noche.
—Cuídate, conduce con cuidado— me tira un beso mientras se va.
Esta noche decido no trabajar tanto, subo a mi habitación, me pongo la pijama y me recuesto un rato, no voy a dormir, no hasta que llegue mi hermana.
Desde que somos solo ella y yo en esta casa, espero a que llegue, cuando era adolescente, ahora, no importa, aunque jamás a sido de salir tanto, siempre prefiere estar conmigo.
Pasan las horas y el sueño está a punto de ganarme, hasta me duele la cabeza de tanto aguantar, miro la hora, son las dos de la mañana, suelto un suspiro y busco una pastilla en el cajón de mi mesa de noche, pero lo que encuentro es la foto que olvide tirar.
Más bien no quise hacerlo.
La detallo detenidamente, recordando lo feliz que era, detallo su sonrisa, mi mano sobre la suya encima de la mesa y...
—¿Que haces?— bajo la foto.
—No te escuche llegar— la guardo de nuevo en El Cajon.
Daniela se adentra en mi habitación, no deja de mirarme a los ojos, esos ojos hipnotizantes, su mirada siempre ha sido imponente cuando se lo propone, y esta noche lo es.
—Pensé que ya no tenías nada de esas cosas, me dijiste que tiraste todo.
—Esa debió quedarse por accidente.
—No existen los accidentes Aurelio— suelto una risa —No bromeo.
—No te quedar ser sería conmigo— alza una ceja, le pido la mano y cuando me la da, la ayudo a subirse a la cama —¿Como te fue?
—¿Me vas a evadir la conversación?
—Sabes que no me gusta hablar de eso, y a ti tampoco, así que mejor cuéntame, ¿a donde fuiste?
—Por ahí— suelta como si nada.
—Daniela...
—Pues fui a un lugar sin importancia, bebí dos tragos, mire a las personas bailar y me vine.
—¿Y para eso tardaste tanto?
—También me paseé por la ciudad— acomoda su cabello —Fue una buena noche, y ya estoy cansada así que me daré una ducha y me dormiré.
—Te amo, descansa— besa mi mejilla.
—Te amo más, descansa igual— se baja de la cama, me tira un beso antes de salir de la habitación.
Ya en la mañana, me levanto una hora antes de ir a trabajar, desvelarme afecto mi hora de despertar, y es que siempre he sido muy cumplido en mis horarios, solo en ovaciones especiales me duermo tarde.
Al parecer a mi hermana también le pegó dormirse tarde ya que no desayuna conmigo.
Ya en la empresa, me pongo a trabajar en todos los pendientes que me da mi secretaría, hago llamadas, reviso el nuevo proyecto, hago todo para que la empresa esté en línea.
En la tarde recibo la llamada de mi madre preguntando si estoy libre para cenar, no puedo decirle que no, cuelgo y sigo con mi trabajo.
—Señor, su hermana está aquí— me avisa mi secretaria.
—Hazla pasar por favor— continuo leyendo unas cláusulas.
—No puedo creer que tenga que anunciarme para pasar a verte— le doy una mirada rápida a Daniela.
—Ya hablamos de esto princesa— se sienta soltando un bufido.
—Si, pero soy yo, no necesito anunciarme, al menos yo lo considero así— medio sonrío.
Dejo el marca texto de lado y la miro.
—Ya sabes que a veces estoy en reuniones importantes, es por eso que necesitas anunciarte ya que podrías llegar e interrumpir, creo que no necesito explicártelo mejor, ¿o si?
—No soy una tonta Aurelio, si entiendo, ya, discúlpame, no vuelvo a molestar con esto.
—No me molestas, tú eres bienvenida a esta oficina cuando sea, incluso cuando no estoy, todo esto es tuyo también— sonríe.
—Pues sería espléndido que me dieras un puesto, en el area que domino.
—Ya que acabes la carrera, tenlo por seguro, aunque sabes que no necesitas trabajar.
—Pero quiero hacerlo— tamborilea sus uñas sobre el escritorio, observando toda la oficina, como si no la conociera —¿Cenamos juntos?, puedo reservar un restaurante maravilloso...
—No esta noche Daniela, cenare con mi madre.
—Ah...
—Puedes venir— suelta una risa sutil.
—No creo que a tu madre le agrade mucho, seguro solo quiere verte a ti, pero esta bien, me tomaré un copa de vino y haré tareas, un tiempo para mi sola, descansare de ti— alzo ambas cejas.
—¿Disculpa?— se pone de pie.
—Es broma— niego sonriendo —Entonces nos vemos en la noche, muy noche.
—Si, ¿saldrás?
—No, ya te lo dije, me quedaré a hacer mis deberes de la universidad, nos vemos más tarde.
—Me llamas cuando llegues a la casa— me tira un beso.
—Te amo— sale de la oficina.
Suelto un suspiro, ¿que haría sin sus visitas de imprevisto?, me gustan, me hacen sentirme querido y acompañado, con Daniela en mi vida, jamás me siento solo.
La cena con mi madre se pasa demasiado rápido, no hace mas que hablarme de mis hermanos, preguntarme cómo estoy y preguntarme por mi hermana, no es que le agrade mucho, como todos, piensa que la mamá de Daniela ya era amante de papá, pero aún así, puede convivir un poco con ella.
Al llegar a casa ya siento que descanso, fue un día pesado, de mucho trabajo.
—Buenas noches señor, ¿se le ofrece algo?— me pregunta la empleada de servicio.
—Buenas noches, no Laurens, gracias, ¿mi hermana ya se durmió?— niega.
—La señorita no está— frunzo el ceño.
—¿Como que no está?, ¿a que hora salió?
—Hace como dos horas que se fue— miro el reloj en mi muñeca.
Son las once de la noche.
—¿No te dijo a donde?
—No, solo dijo que ya volvía, ya sabe que es muy reservada con su vida privada— asiento lentamente.
—Gracias Laurens, ya puedes retirarte si gustas.
—Buenas noches señor.
Saco mi celular para llamarle a Daniela, en ninguno de los tres intentos me contesta así que opto por enviarle un mensaje.
Es extraño, ella siempre me avisa cuando va a salir, ademas, dijo que no lo haría, pero bueno, ya es adulta, aunque aún así, me preocupo.
Ella es la razón de mi vida.








