Reina Bajo El Cielo Estrellado by Lil Red Sheep at Inkitt
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Reina Bajo El Cielo Estrellado

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Summary

Bajo las lunas gemelas en el cielo estrellado, Ciara es arrastrada a comenzar una nueva vida en un mundo desconocido. Despojada de su rutina en la tierra, deberá sobrevivir a las consecuencias del particular sistema político del reino Der Zentrale: un paraíso con límites éticos que bailan entre lo cuestionable y lo austero. Junto al mago más habilidoso del reino, Syphon, y al astuto aristócrata, Cedrik, intentará retomar las riendas de su vida al enfrentarse a sí misma. Mientras tanto, una sombría mano se extiende sobre Zentrale para aprovecharse de la fe rota y la ambición de algunas estrellas caídas. Y es que cuando una estrella con la intensidad del sol resplandece en el vasto cielo nocturno, la esperanza envuelve el corazón y el camino hacia la verdad se ilumina.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I: Lunas Gemelas en el Cielo

Antes de que pisara nuestro mundo, Ciara caminaba entre muros de cristales, una extensa mesa pálida y carpetas llenas de documentos. Rodeada de rostros borrosos en aquella sala de reuniones se puso de pie, dió un suave golpe en la mesa y subió la voz: 

— La indiferencia hará de las suyas. Necesitamos estructura y mejorar la comunicación para…

No pudo continuar. Las frías miradas de los presentes la ahogaron en el silencio. Una cosa le quedó clara: estaba sola en esa mesa de tres metros.

— ¡Vamos bien así, no necesitamos más cambios! —intervino uno de los presentes, sacudiendo la mano.

Ciara quedó boquiabierta.

— Más bien, quería hablar sobre tu error de la semana. Nos costó un cliente y no se puede repetir…

En un instante, el silencio se apoderó de todo. No porque los presentes callaran, sino porque Ciara volvió a su asiento y sus oídos se desconectaron. Cada voz en la sala se perdió en la lejanía. Las pupilas nubladas de ella se dirigieron a la mesa. El aroma a café mezclado con cigarro también se desvaneció. Se acabó. Después de intentar encajar sin éxito —tantas veces— se dejó ahogar por la melancolía. Por su propia autocompasión. Y su ira.

Minutos después, cuando por fin alzó la mirada, encontró la sala vacía.

… Llegó la hora…

Caminó con paso vacilante hacia su cubículo. Ignorando el temblor en su mano, sacó un sobre guardado en una de las gavetas y la dejó en el escritorio. Al esbozar una suave sonrisa perturbada recogió sus cosas y dejó la oficina.

No volvería a ese sitio. Nunca más.

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

Horas más tarde, llegó a casa. Al monoambiente de luces apagadas, platos sin lavar, ropa sucia por doquier y sábanas hechas un nido. Y aunque cada día era el lugar donde podía respirar y relajarse a gusto…

¿Por qué de repente lucía tan frío y vacío?

Después de colgar el bolso en el perchero de la entrada, Ciara se quitó el uniforme para ponerse el pijama. Dejó las prendas esparcidas por el piso y se tambaleó hasta la cama. Exhausta, se dejó caer en las sábanas y cerró los ojos.

Había renunciado a su trabajo.

Apenas podía procesar que de verdad lo hizo. Que llegaron a su fin todos esos días de largas discusiones, reclamos incesantes, noches sin dormir y gastritis crónica.

“¡No necesitamos cambios!”

La voz de aquel hombre resonó en su cabeza una vez más.

Ella sí necesitaba un cambio. Con urgencia.

Pensando en ello, Ciara golpeó la pared con el puño cerrado. Despacio. Sin fuerzas. Como llamando a una puerta.

— Mañana descansaré —murmuró—. Dormiré y dormiré, sin desayunar o almorzar.

Forzó una frágil sonrisa.

— Viviré como quiera. Y luego de eso…

Incapaz de contener la desidia que afloró en su interior, sollozó:

— Volveré a esforzarme como una idiota. 

Con un sonido de su garganta, golpeó la pared una última vez.

Aunque no pertenezca a este lugar.

Sus propias palabras provocaron un par de lágrimas que la hundieron en su propia melancolía.

“Aunque mi felicidad se marchite en este mundo.”

… Excepto que eso no sucedería. La vida tenía planes muy diferentes para ella. Un par de horas más tarde, cuando por fin cayó inconsciente sobre la almohada, varias imágenes invadieron su mente:

Incontables puertas a su alrededor

Una silueta fantasmal observándola

Un misterioso portal acechando a sus espaldas

… Y una mano que se alzó para alcanzarla…

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

Al mismo tiempo, en el próspero reino Der Zentrale se celebraba la Ceremonia de Invocación. Yo, Syphon, Gran Mago y Guía del Soberano Invocado,  estaba en lo alto del altar ceremonial de la plaza cuando clavé la mirada en las lunas gemelas. Entre matices rosas y naranjas, ambas despedían al sol en silencio.

Era el momento.

Tenía la bendición de los tres.

— Oh, Thea, por favor, préstame tu voluntad —susurré, bajando la cabeza.

Desde lo alto de esa torre en el centro podía ver la multitud en los alrededores de la plaza de la capital. Sus gritos y expectativas enternecieron mi corazón.

… Y lo retorcieron.

Humanos, enanos, tiers, seres de Luz, seres de Oscuridad; todos a la espera del resultado de la invocación. Algunos incluso juntaron las palmas y rezaron en voz baja.

La presión era abrumadora. Aunque no lo suficiente para detenerme.

— Cincuenta y nueve años desde el último Soberano Invocado… —susurré al extender mis dedos hacia el cielo y abrazarlo con un suave movimiento de mi muñeca.— Es un largo tiempo.

Esbocé una suave sonrisa.

Después de tres intentos fallidos, tenía que cumplir la promesa que le hice a mi maestro: traer al próximo Soberano con el éxito de la ceremonia de Invocación.

— Thea, entréganos tu bendición esta vez.

Para empezar la ceremonia, fui hacia la estructura de piedra detrás de mí. En un rápido movimiento, arremangué mi brazo y aflojé las vendas. Ignoré las cicatrices de los días anteriores y acepté la daga que extendió uno de los dos caballeros que me acompañaba en el altar. Con firmeza apreté el mango.

Todo estaría bien.

Mis ojos grisáceos brillaron, y, en un rápido movimiento, el filo dibujó otra línea en mi piel. La herida comenzó a sangrar. Mis botas se mancharon en un color rojizo. No importó. Era momento de recitar:

— Tú que araste estas tierras, velaste por ellas y las amaste…

Después de ésas palabras, todo a mi alrededor dio vueltas. Mis dedos, como por instinto, se enterraron entre mis cabellos. 

Un par de imágenes vinieron a mi mente…

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

En una bizarra escena, incontables puertas se extendieron a mi alrededor. La oscura silueta de una mujer se presentó ante mí. Un misterioso portal acechó a sus espaldas.

La fascinación y la curiosidad pudieron más que el dolor.

Alcé una mano para alcanzarla.

Sin embargo, esa efímera felicidad se desvaneció y mi corazón sintió una profunda pena al recuperar la conciencia.

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

Aún adolorido, miré los dos caballeros a mi alrededor. Ellos se mantuvieron alertas, pero no había nadie más.

“Tal vez fue sólo una alucinación.

En silencio, el caballero a mi lado vendó mi herida. No le di importancia. Respiré profundo y seguí recitando:

— Oh, Thea, deja que las estrellas iluminen… —recité entredientes. Las punzadas en mi cabeza empeoraron—… presencia que trae… salvación para, nos…

No pude continuar. 

Cada fibra de mi ser se estremeció. Una fuerte tensión en el aire fue suficiente advertencia para que mis piernas reaccionaran.

¡Debía salir de ahí de inmediato!

Retrocedí a toda prisa. El caballero que me acompañaba tomó mi brazo y corrimos lejos del altar. En el borde de la torre, nos agachamos y él me protegió bajo su armadura.

Pocos segundos después, un rayo golpeó el altar.

Una estela de polvo que nos cegó. Así que usé la holgada manga de mi abrigo para cubrir mi rostro. Pero no pude contener la emoción. Eso no ocurrió los días anteriores. Solo podía significar una cosa:

— ¡Lo logré, maestro!

No fui el único que lo supo al instante. 

En diferentes rincones de Zentrale, los amuletos despertaron.

En la torre más alta del castillo, el colgante en la mesa resplandeció en la sombra. Iluminó el viejo sable que descansaba a su lado.

Muy cerca de la plaza, una taza de té cayó al suelo. Los fragmentos reflejaron la luz de la cinta de cabello de la mujer en la mesa.

Un hombre soltó la mano de su joven compañera de baile, pues bajo su guante el broche de su brazalete brilló.

Todos entendieron de qué se trataba.

El Soberano Invocado había llegado.

El cielo, las lunas y el sol se regocijaron en aquel hermoso ocaso teñido de rosa. Fuimos bendecidos con un nuevo Soberano Invocado. Por fin.

… Pero debimos ser más precavidos.

Pese a que quise acercarme al altar y verlo por mí mismo, mis párpados se cerraron por su cuenta. Caí en un sueño profundo.

¿Se suponía que fuera así…?

El silencio absoluto de los habitantes, la débil luz de los amuletos y la inexplicable sensación en los corazones de los Portadores; eran suficientes señales de que algo andaba mal.

¿Cómo es que nadie notó el suave destello?

Mientras todos en la plaza desfallecieron bajo los débiles rayos de sol, solo una figura permaneció de pie. Con una amplia sonrisa en su rostro, este individuo sin escrúpulos rió triunfante.

— ¿Te diviertes, Thea?

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

Poco tiempo después, recuperé la conciencia. La cortina de polvo se dispersó y pude ver a la mujer que yacía sobre el altar.

— ¡Ha llegado el Soberano que nos guiará hasta el día de su partida! —exclamó uno de los caballeros.

Sonreí de oreja a oreja.

Gritos de emoción resonaron en la plaza. En una sola voz. Pronto mi corazón se saltó un latido. Una delicada figura bajó del altar con dificultad. Su piel era tan blanca como un lirio, sus ojos tan naranjas como el ocaso y su cabellos tan radiantes como hilos plateados.

Eso sí, sus ropas eran extrañas.

Parecían muy cómodas y exponían sus piernas a la vista sin vergüenza alguna. Además, tenía un dibujo extraño en el centro de su camisa, ¿tal vez un arte malhecho de un animal?

Eso no importaba.

No cuando se acercó a mí con una sonrisa risueña y no pude ver ningún brillo en sus ojos.

Tuve un mal presentimiento.

Millones de veces imaginé cómo reaccionaría el Soberano durante su llegada. Al estar en un lugar desconocido y rodeado de extraños, se sentiría confundido, temeroso y hasta descontento.

¿Por qué esa mujer sonreía tan serena?

Enterrando mis dudas bajo una suave sonrisa, caminé hasta la mujer y la ayudé a bajar.

— Honorable señorita, ¿puede decirme su nombre?

— Edelina —respondió ella, peinando su largo cabello con ambas manos. Sin siquiera mirarme, sacudió el polvo de sus ropas.

— Edelina —repetí orgulloso—, nos honra con su presencia en este humilde reino. Le ruego que por favor, con su indudable fuerza y venerable sabiduría, guíe a Der Zentrale.

— Sí, sí. Lo haré.

Permanecí inmóvil. A pesar de mis palabras, ella aceptó con indiferencia y alzó una ceja.

— Ahora, ¿no deberían proclamarme como reina?

Enmudecí.

Y aunque debía proclamarla como Soberana Invocada ante los presentes, no pude hacerlo. Mi vista se nubló. Uno de los caballeros sostuvo mis hombros y perdí la conciencia una última vez ese día.

☆゜・。。・゜゜・。。・゜☆

Horas más tarde, las lunas en su máximo esplendor anunciaron que pronto iniciaría la reunión en el Salón del Trono. Edelina sería proclamada de manera oficial. Por eso, ya en mi habitación, cambié mi ropa por prendas limpias y comprobé mi reflejo en el espejo. Una vez listo, salí al pasillo sin siquiera sospechar la tormenta que se avecinaba.

… Edelina…

La sonrisa risueña de aquella mujer agitó algo en mi interior. Acabó con la ternura que sentí cuando supe que la ceremonia tuvo éxito, pues  un mal presentimiento me invadió.

Cumplí mi misión.

Entonces, ¿por qué mi corazón estaba inconsolable? ¿Mi ambición cambió? ¿O sólo me sentí así porque el tiempo se me acababa?

En un intento desesperado por evitar que la incertidumbre me consumiera, alisé las holgadas mangas de mi pesado abrigo, enderecé la espalda y mantuve una suave sonrisa grabada en mi rostro.

“Listo. Recompuesto.”

O eso pensé hasta que capté un movimiento por el rabillo del ojo y subí la mirada. Frente a mí, entre las elegantes paredes marfil, una dama observaba mis movimientos. Ella permaneció de pie sobre la costosa alfombra de terciopelo. Cuando nuestros ojos se encontraron, supo que no podría huir.

Miles de pensamientos abrumaron mi mente al observarla.

Pequeñas hojas y ramas parecían aferrarse a esos largos cabellos pelirrojos; manchas de polvo destacaban en el blanco vestido que alguna vez fascinó con su pureza; y aquellos ojos verdes azulados… ellos brillaban como los de una presa herida.

Quedé boquiabierto.

Mis párpados se abrieron de par en par ante tal escena, mientras el agotamiento pasó a segundo plano y me dominó una intensa curiosidad.

¿Quién era ella?

¿Qué hacía allí a esas horas de la noche?

… Y con tal aspecto…

Mis hombros se volvieron rígidos y mi expresión más cortés.

— Querida, disculpa… Estás en el área de descanso de los Portadores —dije despacio. En absoluto pretendía asustarla. Aún así, los hombros de aquella mujer se estremecieron de forma leve. Parpadeé varias veces, antes de recomponerme e insistir.— Verás, es un área restringida incluso para las doncellas. No puedes entrar sin permiso de la ama de llaves, ¿podrías…?

A pesar de que intenté ser simpático, no obtuve más respuesta que una mirada de desconfianza. Guardé silencio cuando la mujer preguntó:

— ¿De quién hablas? ¿Quiénes son?

No pude mencionar palabra alguna. Aún en aquella mirada afiliada era evidente su confusión. Por un segundo, mi corazón se detuvo y dio rienda suelta a mi mente.

¡Ésa reacción! 

¿No era eso lo que esperaba de la invocada?

Sí, sí, mucha desconfianza y confusión

Ya ni siquiera mantuve una expresión serena, pues la intriga me consumió por dentro. Asentí despacio. Debía mantener la calma y elegancia de la posición que ostentaba, así que hablé en un tono suave.

— Soy el Gran Mago del castillo, Syphon, querida. —sonreí.— ¿Has escuchado hablar de mí?

En silencio, esperé una reacción por su parte. Busqué una chispa de reconocimiento, disculpa o entendimiento en su lenguaje corporal. En vano.

“¿Acaso es una intrusa?”, pensé. Entrecerré mis ojos y dije en un tono suave:

— Si guardas silencio, no podré ayudarte. —aseguré.— ¿Estás perdida?

Al escuchar mis palabras, ella mantuvo su mirada sobre mí. De un momento a otro, su expresión se volvió más sombría. ¿Acaso mi intento de calmarla tuvo el efecto contrario? El ambiente se volvió más tenso. Aún así mantuve mi semblante relajado, hasta que por fin sus labios se movieron.

— En ése caso… —susurró con recelo.— Si no es molestia…

— ¿Cuál es tu nombre, querida? —pregunté al bajar la mano en mi pecho.

Sus ojos saltaron entre la alfombra y mi rostro como si le fuera imposible decidir qué quería observar.

— Ciara. 

Asentí al escuchar su nombre. Era uno muy bonito y acorde a la mujer frente a mí. Pero, ¿por qué? Verla agitó mi corazón. De una forma muy violenta. Incluso más que el momento en que conocí a Edelina. Tal vez fue por aquellas palabras que salieron de su boca en un tono firme:

— Yo… no podría ser reina de nadie.


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