00 - Prologo
«Dios ha muerto».
Eso dijo un hombre alguna vez. Nadie sabe hace cuánto, o al menos nadie está seguro. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es su reputación: en algún momento tuvo el título de genio, docto, incluso había quienes lo llamaban visionario. Pero no importa, al menos no ahora. Su intención de fue buena, siempre lo fue. Él no mentía, todo lo contrario, lo afirmaba; pero que no mintiera no afirmaba nada.
Durante siglos, la humanidad siempre ha buscado la expansión, el poder, la ruina de sus contrarios. Pocos habrán sido los sabios que buscaron la armonía, la paz sobre sí mismos, la empatía con los vivos. Incluso con los muertos. Nunca avanzó más allá de lo que soñaron los llamados “profetas”. Siempre se estancaban en las mismas trivialidades de siempre: la familia, amigos, propiedades. Interés propio, al fin de cuentas.
Hayan sido las que sean sus intenciones, ya no lo son más. Al menos para la mayoría. Aquellos quienes no han caído en la agonizante tarea de consolar su propia mente de la siempre tediosa desesperación humana. Sabios, magnates, famosos bardos y actores... Sean quien hayan sido esos hombres y mujeres de nombres olvidados, ahora, al igual que todos, no son más que infortunadas almas que vagan por sobrevivir de los dos mayores contrincantes que haya tenido el más poderoso ejército de ciudad capital: «Ellos» y «Él».








