Capítulo 1 - La chica de la carretera,
La primera vez que vi a Eva Llorente llevaba tres años muerta.
O eso era lo que decía todo el mundo.
No fue una aparición ni nada parecido. No hubo luces que se apagaran, ni una voz susurrando mi nombre desde el bosque, ni ninguna de esas cosas que, contadas después, hacen que una historia parezca más interesante de lo que fue.
Fue una chica esperando el autobús.
Eso es todo.
La vi a las dos y diecisiete de la madrugada, bajo una marquesina oxidada a la entrada de Valdemora. Llevaba una sudadera gris, vaqueros oscuros y el pelo pegado a la cara por la lluvia. Estaba sentada con las piernas cruzadas, mirando la carretera.
Mi madre conducía.
Yo iba en el asiento del copiloto con la frente apoyada contra el cristal, intentando convencerme de que aquel lugar no iba a ser tan horrible como parecía.
-¿Quieres que paremos? -preguntó ella.
-¿Para qué?
-Tienes cara de mareado.
-Tengo cara de estar despierto a las dos de la mañana.
Sonrió un poco.
-También.
La carretera estaba prácticamente vacía. Los limpiaparabrisas se movían de un lado a otro con ese ruido monótono que termina metiéndose en la cabeza. A nuestra derecha aparecieron las primeras casas de Valdemora: bloques bajos, algunos chalés y negocios cerrados con carteles viejos pegados a los cristales.
No parecía una ciudad.
Parecía un sitio que se había quedado a medio camino de convertirse en una.
Entonces la vi.
-Mamá.
-¿Qué?
-¿Puedes ir un poco más despacio?
Frunció el ceño.
-¿Por?
No contesté.
La marquesina pasó a nuestro lado.
Giré la cabeza.
La chica seguía allí.
Durante un segundo nuestras miradas se encontraron.
No sé explicar qué fue lo que me hizo fijarme en ella. Quizá que no parecía tener frío. Quizá que estaba demasiado quieta.
O quizá fue porque, cuando el coche pasó frente a ella, sonrió.
No una sonrisa grande.
Apenas una pequeña curva en los labios.
Como si me conociera.
Me giré para seguir mirándola por la luna trasera.
-¿Qué pasa? -preguntó mi madre.
-Nada.
La chica se había levantado.
Ya no estaba bajo la marquesina.
Estaba en medio de la acera, observando cómo nos alejábamos.
Y entonces ocurrió algo que todavía hoy me cuesta admitir.
Levantó una mano.
No para despedirse.
Para señalarme.
-Mamá, para.
Ella me miró rápidamente.
-¿Qué?
-Para el coche.
-Gael...
-He visto a alguien.
-Hay una chica en la parada. ¿Y?
No dije nada.
Porque en ese momento la carretera dobló y la perdimos de vista.
Mi madre soltó el aire.
-Llevas todo el día sin dormir. Mañana tienes que descansar.
-No estoy cansado.
-Claro.
Volví a mirar por la ventana.
La marquesina había desaparecido detrás de los árboles.
Intenté convencerme de que no había pasado nada.
Una chica.
Una carretera.
Una noche de lluvia.
Nada más.
Llegamos a casa veinte minutos después.
Mi madre apagó el motor delante de una casa de dos plantas que llevaba demasiado tiempo vacía. La fachada estaba cubierta de humedad y las ventanas del piso superior tenían las persianas bajadas.
-Mañana compramos cortinas -dijo mientras sacaba las llaves.
-Mañana compramos una casa nueva.
-Muy gracioso.
Entramos.
Olía a polvo y pintura.
Había cajas por todas partes.
Mi habitación estaba en el piso de arriba. La cama estaba montada, aunque el colchón seguía cubierto con un plástico. Dejé la mochila en el suelo y me senté.
Mi madre apareció en la puerta.
-Intenta dormir.
-Sí.
-Y no pienses demasiado.
La miré.
-¿Sobre qué?
Tardó un segundo en responder.
-Sobre todo.
Después cerró.
Me quedé solo.
Abrí el móvil.
No tenía mensajes.
Nada de mis antiguos amigos. Nada de mi antiguo instituto. Ni siquiera una notificación.
Mejor.
Durante unos minutos estuve mirando la pantalla sin hacer nada.
Luego escuché un ruido.
Tres golpes.
Secos.
En la ventana.
Me quedé quieto.
Volvieron a sonar.
Me levanté.
Aparté la cortina.
No había nadie.
Solo el jardín trasero, oscuro y empapado por la lluvia.
Abrí un poco la ventana.
Entró aire frío.
Y entonces vi algo en el alféizar.
Una fotografía.
La cogí.
Era antigua.
La imagen mostraba a una chica sentada delante de una pared de ladrillo.
Tardé unos segundos en reconocerla.
La sudadera gris.
El pelo oscuro.
La misma cara.
La misma sonrisa.
Era la chica de la carretera.
Le di la vuelta.
Había algo escrito con bolígrafo negro.
Solo cinco palabras.
NO VUELVAS A MIRARLA.
Me quedé mirando la frase.
Después volví a mirar la fotografía.
No entendía nada.
Hasta que vi la fecha impresa en una esquina.
17/10/2023.
Tres años atrás.
La misma noche en la que, según descubriría al día siguiente, Eva Llorente desapareció.




![Fated to My Ex- Best Friend [Moving to Galatea]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_49edb1dbf9a28b50b9c4d68d8598359b.jpg)
![Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_76bbf380fa2e8dc2f70694197487ab81.jpg)


