Prólogo
La anatomía de una caída...
El frío de Londres tiene una forma particular de calar en los huesos, especialmente cuando el acero de una Glock 17 presiona la base de tu cráneo. En ese instante, comprendí que las leyes del hombre, esas que yo había estudiado con devoción académica, no son más que sugerencias elegantes en un mundo gobernado por el plomo y la pólvora.
Mi nombre es Alice Miller, y hasta hace poco, mi mayor preocupación era que el nudo de mi corbata de seda estuviera perfectamente simétrico frente al espejo de mi vestidor.
Crecí en una burbuja de privilegio donde el peligro era algo que solo ocurría en las noticias de las diez o en las películas de acción que mi hermano James solía ver a escondidas. Para mí, el poder se medía en la influencia de un apellido y en la capacidad de ganar un juicio sin despeinarme. Creía que el mundo era un tablero de ajedrez ordenado, predecible, donde las piezas blancas siempre tenían la ventaja moral.
Qué estúpida fui.
El día que puse mi firma en la auditoría de los astilleros Volkov, no solo firmé un documento legal. Firmé mi sentencia de muerte y, sin saberlo, mi liberación. Desenterré una red de corrupción que llegaba hasta las raíces mismas de mi propia casa, y en el proceso, desperté a los monstruos que duermen bajo el pavimento de la ciudad.
Pero los monstruos no fueron lo peor. Lo peor fue darme cuenta de que, para sobrevivir a ellos, necesitaba a otro monstruo. Uno con ojos de tormenta, manos curtidas en mil batallas y una boca llena de groserías que cortan más que cualquier insulto de la alta sociedad.
Dante.
Él no es un caballero andante. No vino a rescatarme en un caballo blanco, sino en un coche blindado, tratándome con una arrogancia que me hizo odiarlo desde el primer segundo. Él es el caos que mi vida ordenada necesitaba. Es la mano ruda que me sacó de mi torre de cristal para lanzarme al barro, enseñándome que el deseo y el miedo caminan de la mano.
Esta no es una historia de amor convencional. Es la crónica de una guerra. Una guerra contra los Volkov, contra la traición de mi propia sangre y, sobre todo, contra la atracción prohibida por un hombre que representa todo lo que me enseñaron a despreciar.
Mi Penthouse esta rodeado, La noche oculta a los hombres que quieren mi cabeza. Y mientras escucho el clic del arma de Dante asegurando la habitación, solo tengo una certeza: la Alice Miller de Oxford ha muerto. La que queda ahora... está dispuesta a todo por el hombre que le enseñó a arder.








