la voz de la verdad de la juventud
El camino no fue fácil. Volvieron a llover los "no vas a poder", "eres muy joven", "el Congreso no es para soñadores". Pero ella ya sabía cómo ecualizar el ruido exterior para escuchar su propia melodía interior.
Un día, las puertas de cristal templado bajo el imponente mural de bronce del Palacio Legislativo de San Lázaro se abrieron para ella. El gran águila esculpida en la fachada parecía darle la bienvenida. Al entrar a la Cámara de Diputados, y posteriormente al Senado, el silencio del Pleno la sobrecogió.
Frente a la enorme bandera tricolor y la tribuna donde se toman las decisiones más grandes del país, entendió que legislar era la composición más compleja y hermosa que jamás podría crear. No necesitaba un tornamesas; su voz era el instrumento.
Se paró frente al micrófono del parlamento juvenil, miró a la asamblea llena de rostros que, al igual que ella, alguna vez fueron llamados "locos", y pronunció el lema que definiría su movimiento:
"Tu voz es mi ilusión. Mi voz es tu silencio... porque cuando yo hablo, hablo por todos aquellos a quienes les han apagado la voz, y cuando el sistema calla, nosotros nos unimos para hacernos escuchar."
En ese instante, el aplauso que resonó en el Pleno del Congreso fue idéntico al que alguna vez soñó recibir en un escenario musical. Comprendió que la ilusión más grande no era brillar sola bajo los reflectores, sino encender la luz para que todos los demás pudieran creer juntos.








