Reflect Zerovoidenm by j at Inkitt
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REFLECT-ZEROVOIDENM-

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Summary

Cada capítulo cambiará de perspectiva. -mason de Ecuador -kevin de EEUU -javier de Brasil -3 diferentes personajes estan en diferentes paises confundidos y como llegaron,deberan sobrevivir ante una vida real completamente diferente.

Genre
Action/Drama
Author
j
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1:-ZERO-ECUADOR

Seam despertó con el pecho apretado y las sábanas pegadas a la espalda.

El ventilador del techo giraba lento, inútil. Marcó las 7:30 am en el despertador

Los números rojos del despertador titilaban lentamente. Desde hacía semanas sentía que los veía incluso en sueños, aunque al despertar nunca lograba recordar por qué le resultaban tan familiares.. Como una advertencia que no terminaba de entender.

Tomó la sertralina — cincuenta miligramos, una tableta cada mañana, desde hacía un año — y fue a la cocina. El ramen de la noche anterior seguía en la mesa, seco y duro. Lo tiró.

En la ducha dejó que el agua fría le clavara la espalda hasta que la imagen se disolvió: la figura con los ojos al revés, la esclerótica negra como tinta, las pupilas blancas fijas en él moviéndose de lado a lado como un flash rápido,solo recordaba el miedo. Todo lo demás se había borrado.

Seam apoyó la frente contra los azulejos. El agua se llevó el sudor de la noche y un poco del miedo. Solo un poco.

Después de bañarse se fue a la cocina. Preparó otro. Comió de pie, mirando la televisión con el volumen bajo.

Cambió de canal.

—...las lluvias continuarán durante la semana en la sierra—

Cambió de canal.

—...el rector de la universidad donde estudia Seam firmó un convenio académico con universidades de Brasil y Estados Unidos.

Seam se quedó con el tenedor en el aire.

El rector aparecía junto a varias autoridades académicas, estrechando manos y sonriendo para las cámaras. El mismo hombre que años atrás lo había recibido con un apretón seco y una mirada que ya entonces lo hacía sentirse pequeño.

La nota cambió. Seam apagó la televisión. Agarró las llaves. En el llavero, un plástico desgastado decía SEAM. Su mamá se lo había mandado desde España hacía tres años, junto con una tarjeta que decíapara que no se te pierdan, mi amor.

La tarjeta estaba en el cajón de la mesa de noche. La leyó anoche. La leía siempre que no podía dormir. Después se cambió de ropa para irse a la universidad.

Mientras salía, pensó en las tareas pendientes, en el turno que tendría el fin de semana y en esa pesadilla que seguía persiguiéndolo desde hacía semanas.

El bus iba lleno, como siempre. Seam se sentó al fondo, junto a la ventana, y apoyó la frente contra el vidrio. Las calles de Quito pasaban borrosas: vendedores ambulantes, paredes llenas de grafiti, un perro cruzando entre los carros.

Llegó a la universidad con diez minutos de retraso.

Entró al aula sin hacer ruido. La profesora —la de Historia del Arte, la que tenía voz de pizarra— ni siquiera levantó la vista. Seam se deslizó hacia un asiento vacío en la última fila, junto a la ventana. Sacó el cuaderno. Lo abrió. No escribió nada.

Los miraba a todos. Sus compañeros tomaban apuntes, reían en voz baja, pasaban notas. Vidas normales. Gente que no soñaba con ojos blancos en la oscuridad.

A la mitad de la clase sintió el golpe en la nuca.

Un papel arrugado. Cayó sobre su cuaderno. Lo reconoció sin mirar atrás: el grupo de siempre. Cuatro filas detrás. A la derecha. Los que reían más fuerte cuando alguien se caía.

Seam no se volteó. Metió el papel al bolsillo sin leerlo.

No pasa nada. Solo ignorarlos.

Se lo decía a sí mismo todos los días. Y todos los días funcionaba... hasta cierto punto.

El segundo golpe fue un chicle. Le pegó en el cuello y se quedó pegado al cabello.

—Seam —dijo la profesora sin dejar de escribir en la pizarra—. ¿Quiere compartir con la clase lo que tiene en la nuca?

Se llevó la mano al cuello. Sintió la masa pegajosa, tiró suavemente. Un mechón de cabello se arrancó con ella.

—Nada, profesora.

Risas bajas. Siempre bajas. Nunca lo suficientemente fuertes para que la profesora hiciera algo.

Seam se limpió los dedos en el pantalón y volvió a mirar por la ventana. Las nubes estaban grises. Iba a llover otra vez.

La salida fue un alivio. Seam caminó rápido entre la gente, con la mochila bien ajustada, los ojos al frente. No quería encontrárselos en la parada. A veces lo esperaban. A veces no.

Hoy sí.

Los vio antes de llegar a la esquina. Tres sombras apoyadas contra la pared del estacionamiento vacío. Y en medio, ella. Victoria. Brazos cruzados. Sonrisa fina.

Seam bajó la cabeza y siguió caminando. Como si no los hubiera visto. Como si el corazón no le estuviera golpeando las costillas.

—Oye, Seam.

La voz de Victoria le llegó por la espalda. No era un grito. Era un llamado. Casi suave.

Seam se detuvo.

Los pasos lo rodearon. Los dos matones de siempre: uno alto, otro más bajo pero más ancho. Caras de aburrimiento. Manos en los bolsillos. Victoria dio la vuelta y se paró frente a él.

—¿A dónde tan apresurado? —dijo, inclinando un poco la cabeza—. Si aún no terminamos contigo.

Seam forzó una sonrisa. Le salió torcida, nerviosa, como siempre le salía cuando intentaba calmar algo que ya estaba roto antes de empezar.

—Escuchen, no quiero problemas, ¿de acuerdo? Tengo algunas cosas que hacer.

Rió bajito. Un sonido seco. Inútil.

El matón alto dio un paso adelante.

—En serio, nos vale verga. Ya sabes cómo es la cosa. Dame el dinero.

Seam metió la mano al bolsillo. Sacó los billetes doblados. Se los tendió.

—Es todo lo que tengo. El resto es para el pasaje.

El matón ni siquiera miró el dinero. Lo agarró. Y luego volvió a extender la mano.

—No te lo voy a decir de nuevo. Todo. Dámelo.

Seam vació el otro bolsillo. Las monedas. El pasaje. Hasta el último centavo. Lo puso sobre la palma abierta del matón sin levantar la vista.

El otro matón soltó una risa corta.

—Bien. Algo es algo. Suficiente.

Victoria se movió.

Le arrebató los centavos al matón alto con un gesto rápido, casi automático. Luego se giró hacia Seam y le tendió la mano abierta. Un puñado de monedas. Las suficientes.

Seam la miró sin entender.

—Ten —dijo ella.

Él no se movió.

—Que las tomes, idiota.

Seam extendió la mano. Victoria dejó caer las monedas sobre su palma. Estaban calientes. Sus dedos rozaron los de él un segundo menos de lo necesario.

—Por esta vez te dejaremos pasar —dijo, y su voz ya no era la misma. Era más baja. Menos afilada—. Pero vas a traer más dinero. Siempre.

Seam levantó la vista.

Victoria no lo miraba a los ojos. Miraba al suelo. Tenía las mejillas encendidas, un rosa torpe que le subía por el cuello y le traicionaba toda la fachada de chica dura. Cuando se dio cuenta de que Seam la estaba viendo, parpadeó dos veces y se giró bruscamente hacia sus amigos.

—Por hoy no lo golpean —anunció, recuperando el tono de mando—. Tiene suerte de que yo esté aquí.

—Deberías estar agradeciéndome... Seam.

Se volvió hacia Seam por encima del hombro.

—Solo trae lo que te dije y no te pasará nada. Idiota.

Y se fue. Los matones la siguieron sin chistar.

Seam se quedó parado en la acera, con las monedas apretadas en el puño. El corazón todavía le latía en la garganta. Pero ya no era miedo. Era confusión.

No hubo pelea. No hubo golpes. Pero mientras caminaba hacia la parada del bus, no pudo sacarse de la cabeza la cara de Victoria. Esa chica no encajaba. Y eso le dio más miedo que cualquier puñetazo.

La lluvia había empezado de nuevo cuando Seam bajó del bus. Tres cuadras hasta su edificio bajo los toldos de las tiendas, esquivando charcos, con el cuello del abrigo subido hasta las orejas.

Fue al pasar frente al parque cuando lo vio.

Un bulto en el pasto. Algo blanco que no encajaba con el verde oscuro del césped mojado.

Seam se detuvo. El instinto le dijo sigue caminando, no es tu problema. Pero el bulto se movió. Una mano. Un brazo. Alguien intentaba incorporarse y no podía.

Sigue caminando, Seam.

Pero después vio que el bulto se movía otra vez. Seam se detuvo y en vez de seguir caminando, decidió acercarse.

—Ayúdame, por favor... —dijo el desconocido.

Seam se quedó pensando si ayudarlo o no. Tenía miedo de que le pasara algo,lo seguia mirando ,el bulto no se movia ya—temblaba como algo que intenta quedarse despierto y no puede

sigue caminando seam

No lo hizo. Cruzó la calle, se agachó junto al chico y lo ayudó a incorporarse despacio. Lo guió hasta la banca más cercana y lo dejó apoyado contra el respaldo.

Entonces lo vio bien.

Seam lo vio bien por primera vez. Pelo blanco — no canoso, no teñido, blanco de verdad, como si nunca hubiera sido de otro color. Ojos turquesa que desentonaban con todo lo demás: con la lluvia, con el parque, con Quito. Una chica que pasaba por el sendero lo miró dos veces sin querer. Un niño jaló a su madre del brazo señalando hacia allá.

—¿Estás bien? —preguntó Seam—. ¿Te pasó algo?

—Sí, estoy bien... solo quiero... saber... dónde estoy.

—Eh... en un parque. Pero no es tan bonito que digamos. —Seam lo observó con desconfianza—. Quiero hacerte una pregunta. ¿Qué hacías en el parque?

—Lo último que recuerdo es que estaba en mi casa.

—¿Y luego?

Mason frunció el ceño.

—No lo sé.

Hizo una pausa antes de responder.

—Después desperté aquí.

—Claro, se nota... ajá... —Seam entrecerró los ojos—. Déjame adivinar: eres cosplayer.

—¿Qué? ¿Qué es eso?

—En serio, ya deja de actuar. ¿Cuántos años tienes?

—Mira, escucha... solo quiero saber cómo volver, ¿de acuerdo?...No conozco este lugar.

—Dime, ¿tomas drogas?

—Claro que no. ¿Por quién me tomas?

—Es difícil de creer. Decir esas cosas no tiene sentido, sabes.

—Lo sé... sé que suena loco y todo... ya lo sé...pero ayudame te lo pido

Seam suspiró.

No parecía un delincuente.

No parecía un actor.

Ni siquiera parecía un loco.

Solo parecía completamente perdido.

—Y bien, dime cómo te llamas.

—Me llamo Mason.

—¿Mason qué? ¿Tu segundo nombre o tu apellido?

El chico bajó la mirada, se quedó callado durante unos segundos.

—no lo recuerdo...

Por primera vez desde que lo encontró, parecía tener miedo de una simple pregunta.

Seam guardó silencio.

Y eso...

Le daba más miedo que cualquier otra respuesta.

FIN DEL CAPÍTULO 1

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que viva Ecuador xd

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