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Diario de un duende

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Summary

La inocencia no es una excusa. Un pequeño duende tendrá que enfrentar un mundo que usa la magia para sembrar el terror y el poder para abusar de otros.

Genre
Horror
Author
Carmesí
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. La Creatura Psicópata del Bosque

—¡Mátenlo! —oí mientras escapaba de los aldeanos locos de un pueblo. Si quería sobrevivir, tenía que encontrar un lugar para esconderme en la neblina nocturna. Por suerte, conocía un viejo relato: La Criatura Psicópata del Bosque, una leyenda que relataba cómo un monstruo de aspecto imponente, mirada vacía y sueños rotos vivía en la Arboleda Maldita. Solo tenía que ir allí y nadie me seguiría.

Mi plan había dado frutos. Conforme me adentraba más en la imponente negrura del lugar, los gritos e insultos se desvanecieron como susurros entre los árboles.

Cuando entré, estaba totalmente convencido de que las historias eran mitos, entonces me pregunté: “¿Qué me está observando?“. El sentimiento de ser perseguido aumentaba con cada paso; una mirada densa que se escondía entre la noche y la niebla. Me detuve en seco al darme cuenta de la presencia de algo enfrente de mí.

Tal y como contaban las personas: grande, imponente, con gran cantidad de músculo, con una sed de sangre en su mirada, ropa destruida que solo marcaba su prolongada soledad y una espada oculta tras su espalda. Aquella cosa abrió la boca y con preocupación dijo:

—No es lugar para que un niño duende ande caminando, ven a mi cabaña, ahí hallarás comodidad por esta noche.

Decidí seguirlo. No noté en él ningún rastro de malicia, a pesar de casi triplicar mi tamaño. Mis sentidos se calmaron al estar cerca suyo. Aun así, seguía sintiéndome acosado por algo más, un ser inhumano.

En el camino, un gran ser hizo acto de presencia, por lo que el hombre con espada usó solo un ataque para matarlo: una elegancia increíble, un poder abrumador. No tuvo ni que usar magia para acabar con el rival, incluso cuando este parecía de alto rango.

Llegamos así a la cabaña del señor. Al entrar a su hogar, el señor me preguntó mi nombre. Al decirle que no tenía, noté una pizca de melancolía plasmarse en su rostro, seguido de un:

—Dominic... Mi nombre es Dominic. Aprovecha de dormir, en la mañana te encaminaré al final del bosque para que continúes tu viaje.

Me acosté en la cama de uno de los cuartos, traté de dormir, solo que la presencia de algo al otro lado de la pared de la cabaña perturbaba cada intento de descanso. Harto, decidí ir con Dominic, quien estaba al lado de la chimenea con un libro.

—Sabía que vendrías —dijo calmadamente mientras me señalaba un sillón donde sentarme.

Con mis pasos delicados me senté y esperé escuchar su relato.

—Verás —comenzó diciendo—, mi equipo y yo éramos unos aventureros, deseábamos marcar nuestros nombres en la historia, hasta que llegamos aquí, la Arboleda Maldita... —tomó aliento para continuar—. Nosotros éramos cuatro, nos hacíamos llamar El Cuarteto Poético, nombre puesto por Orla... Orla... Orla era nuestra curandera, fría pero alegre, calculadora pero cálida. También estaba Maude, jajaja —se rio al recordarla—, doncella sin igual, fuerte, ruda y con un gusto por las flores. Después estaba mi mejor amigo, Daegal, ágil, fuerte y con gran ingenio al esconderse. Todos nosotros nos adentramos a este lugar negando las advertencias de los mayores.

Me sentí más cómodo al verlo reaccionar con alegría y entusiasmo al relatar su pasado; pero triste al recordar su estado actual.

—Daegal estaba en contra de entrar aquí, se la pasaba diciendo que había algo superior a nosotros, un ser incontrolable, una criatura que solo podría ser vencida con guerreros del más alto nivel. El resto del equipo no tenía problema con ello, solo era una mejor manera de probar su potencial. Al instante de acceder, lo vimos: un conejo gigante con forma humana, colmillos desgarradores y una mirada mortífera. Maude utilizó un hechizo de fuerza potenciando su golpe devastador, el cual conectó completamente en el conejo, dejándolo “malherido” y huyendo...

Dominic vio a mi lado. No sabía cómo consolarlo, principalmente porque ya sospechaba el final de la historia.

—Seguimos el rastro de esa cosa por días mientras teníamos que defendernos de varias criaturas muy imponentes, hasta que la noche decidió atormentarnos con su presencia. Con una fogata cocinamos la carne de nuestras presas, todos estábamos felices, nuestras habilidades mejoraban día tras día. Aun así, me preocupaba no poder salir del bosque. Orla se acercó y preguntó por mi sentir. No quería abrumarla con mis emociones, no quería que supiera cómo lentamente me desesperaba, tantas preocupaciones en mi mente y, cuando me digné a separar los labios... Ella ya me estaba abrazando, repitiéndome que todo saldrá bien, que era su persona favorita en el mundo, que siempre estaría a mi lado. Ante tanta tranquilidad nos quedamos dormidos, incluso con el ruido del horrible canto de Daegal.

Dominic se paró, volteó hacia una ventana, se quedó pensando por un momento y luego decidió salir. Al volver, continuó:

—En esa noche, notamos a un conejito deambulando. Daegal no le quitó la mirada ni un segundo, estaba atento, expectante. Susurró que algo andaba mal con el animal, no era natural su andar. En esta ocasión Orla estuvo de acuerdo. Al momento de agarrar mi espada... —se detuvo un momento para tomar aire—. Esa maldita cosa se comenzó a retorcer, su tamaño aumentaba mientras cada hueso de su ser se destrozaba. ¡Crac y clac! retumbó el sonido. ¡Chuc y cruc! cada hueso, articulación, roto por completo. Cuando alcanzó su tamaño final, todo el equipo se lanzó contra él con su mejor hechizo. Esa cosa recibió mi espada con un corte de fuego, la flecha envenenada de Daegal y la maldición dorada de Orla. A pesar de sufrir nuestros tres mejores ataques, no se detuvo y, de un zarpazo, agarró a Maude, comiéndosela en el acto...

Dominic dejó de hablar, con una cara sombría y a punto de lagrimear, se levantó. Dominic, con voz intensa y fuerte, dijo:

—Sal de mi casa, ahora. No eres bienvenido.

Una risa intensa vino del cuarto en el que me encontraba. Él continuó:

—Te ordeno que salgas, por el poder que me concede Dios, te ordeno que te largues del lugar...

Un silencio habitó el área, hasta que el ser en el cuarto replicó con una voz tosca, grave, fuerte... pero hasta cierto punto, una voz de un niño riendo:

—En este lugar tu Dios no está, jajaja... ¡JAJAJAJA!

Su risa destruyó la tranquilidad del hogar, parecía un temblor, uno que se fue calmando lentamente. Cuando la “paz” volvió, me di cuenta del nuevo agujero en aquel cuarto. Me aterré al pensar que, si me hubiera quedado más tiempo allí, habría muerto. Al ver a Dominic, vislumbré su expresión de ira, una cara llena de rencor... La mirada que tenía cuando lo vi por primera vez. Por temor, decidí tomarlo de la mano. Este acto lo regresó a su estado de melancolía.

—Después de ver a Maude morir, decidimos que era momento de salir del bosque —continuó Dominic tras unos momentos—. Daegal estaba destrozado mientras veía cómo el conejo huía tras devorarse a Maude. Ellos dos estaban enamorados, todos pensábamos que iban a quedar juntos... Lástima que el destino decidió por ellos...

Pensé en cómo la vida cambia de maneras tan imprácticas, tan impactantes, tan... tan injustas...

—La vida suele ser injusta y hay muchas cosas impactantes, pero también hay demasiada belleza, no dejes que esos malos pensamientos inunden tu mente —dijo Dominic con una sonrisa.

Estaba sorprendido por el hecho de que hubiera sabido en qué pensaba, decidí terminar de escucharlo.

—Intentamos escapar siguiendo nuestro propio rastro. Daegal era un usuario de la Magia de Cazador, por lo que le resultaba fácil encontrar patrones de animales, humanos o cualquier objeto animado. Caminamos y caminamos, pero los pasos se repetían, no existía fin: una y otra vez volvimos al mismo lugar de partida. Cada paso producía un eco que calaba hasta el alma. Muchos pinos altos y verdes, una gran cantidad de humedad en el ambiente, lodo, hongos y esa niebla infernal...

Dominic guardó silencio al contemplar el amanecer. Me tomó de la mano para llevarme fuera del bosque.

—Bueno... este lugar es un laberinto, solo con un sexto sentido desarrollado puedes orientarte aquí —mencionó Dominic.

—¿Sexto sentido? —pregunté.

—Sí, el sexto sentido es una habilidad mágica que permite detectar el peligro, riquezas, la ubicación de criaturas y hasta incluso, solo si se entrena lo suficiente, los pensamientos ajenos... Jajaja... Cuando la noche volvió a caer, me puse histérico, con miedo de que el conejo volviera. Entre mi ira, terminé discutiendo gravemente con Daegal. Orla trató de detenerme, sin embargo, ya era tarde. Daegal comenzó a llorar, nos señaló como culpables de la muerte de Maude y nos renegó porque pensaba confesarle sus sentimientos al salir del bosque. Cuando dio un paso para alejarse de nosotros, cayó en una trampa para osos, una trampa con huellas frescas de conejo al lado. Por más que Orla trató de curarlo, su pierna tuvo que ser amputada, la mayor de las deshonras para un cazador ágil. El problema real vino con la presencia del conejo. Al verlo en su forma de bestia, decidimos atacar, con Daegal sin una pierna, huir no era opción.

—Eso atacó de manera desesperada, intentando atrapar su cena. Esquivé su ataque y corrí hacia él, conectándole un hechizo de perforación. Para mi desgracia, me agarró y a Orla también. Con ojos vacíos me miró mientras llevaba a Orla a su hocico. No pude hacer nada; Daegal logró atinar una flecha supercargada, con una potencia que jamás había visto, le atinó a su garra, haciendo que nos soltara a Orla y a mí, escapando en el proceso.

La historia fue interrumpida por los ruidos que hacía el conejo al perseguirnos. Se veía desesperado por comerme... Entonces Dominic alzó su espada y mandó un hechizo que hizo retroceder a la bestia, dejándonos solos con el silencio de nuevo. La verdad, me estaba desesperando, pues lo que decía Dominic no parecía tener final. Él, al darse cuenta de eso, se puso triste, pero siguió:

—La situación se tensaba más y más, cada noche era verlo de nuevo. Hasta que una vez, apareció nuevamente, se veía más retorcido, su cara por fin dejaba esa forma de conejo para aparentar una cara humana deformada. Tratamos de matarlo con nuestros mejores ataques, todo fue en vano... De un salto devoró a Daegal... Terminó marchándose... Y... luego... la situación... —Dominic comenzó a llorar. Solo podía hacerle compañía mientras caminábamos a la salida.

Tras unos momentos, Dominic recobró el aliento:

—Orla y yo buscamos desesperadamente una salida tras contemplar tal aberración, buscamos, pero la noche nos volvió a atrapar. Orla se durmió mientras yo hacía vigilancia, tambaleándome del miedo y el sueño. Fue en ese momento que lo vi. Lleno de rabia y con el miedo de que aquello le hiciera daño, utilicé un hechizo que ni yo sabía que poseía: lluvia de cortes. Al fin esa cosa había caído, la mejor parte era ver la salida del bosque, se veía el pueblo a la distancia, la libertad esperaba a unos pasos. Emocionado, corrí a donde dormía Orla, tapada con cobijas. Intenté despertarla... El problema fue que ella comenzó a reírse con una voz diferente, fue la primera vez que oí esa risa. El maldito conejo estaba recostado en las cobijas de Orla y a quien había rebanado era a ella. Al final, fui yo quien la terminó matando... Todos los habitantes del pueblo me vieron ensangrentado con los restos de Orla, el conejo se transformó en su versión pequeña y escapó... Desde ese momento fui bautizado por los aldeanos como La Criatura Psicópata del Bosque.

Aterrado por la historia, solo lo vi, su mirada estaba perdida en el plano de sus pensamientos. Antes de que pudiera decir algo, ya habíamos llegado al final del camino. Él me dejó para que continuara mi viaje, y como últimas palabras me dijo:

—Solo quería que alguien supiera la verdad, solo... cuídate.

Volvió al bosque y yo regresé a mi soledad.

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1. 1. La Creatura Psicópata del Bosque
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