La Lágrima De La Luna Roja (Kookv) One Shot Story by Librakar at Inkitt
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La Lágrima De La Luna Roja (KOOKV) ONE SHOT STORY

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Summary

Para Taehyung Kim, el tráfico de antigüedades no es solo una pasión, sino un juego de alto riesgo. Adicto a los desafíos imposibles —y a las jugosas recompensas—, cae rendido ante la tentación cuando descubre el paradero de la Lágrima de la Luna Roja: una majestuosa mansión en Inglaterra. Pero allí no solo aguarda el tesoro, sino también Jungkook Jeon, su excéntrico y magnético propietario. Taehyung pronto entenderá que hay secretos que jamás debieron revelarse… y que la joya no es lo único que corre el riesgo de perder. ¿Qué precio estará dispuesto a pagar por obtenerla?

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18+

Capítulo Único

Seúl, Vecindario Euljiro.

Enero 2026



En Seúl existen lugares donde los secretos valen más que el oro.

No aparecen en los periódicos, no tienen anuncios luminosos ni puertas abiertas para cualquiera. Son habitaciones privadas detrás de bares exclusivos, salones donde hombres y mujeres con apellidos importantes intercambian objetos que pertenecieron a reyes, familias desaparecidas y civilizaciones que el mundo olvidó.

En uno de esos lugares, una noche de invierno, Taehyung Kim escucha por primera vez el nombre de la joya que cambiaría el rumbo de su vida.

El bar se encuentra oculto en una calle estrecha de Euljiro, detrás de una puerta negra sin ningún letrero que indique su existencia. La gente que entra allí no busca alcohol; busca historias.

Y Taehyung siempre ha sabido que las mejores historias suelen esconderse detrás de las cosas más antiguas.

Sentado en una esquina del salón, con una copa intacta frente a él, observa a los coleccionistas hablar sobre piezas que jamás estarán en museos. Escucha sus negociaciones, sus mentiras y sus exageraciones con la paciencia de alguien que conoce demasiado bien ese mundo.

Porque Taehyung no es un simple ladrón.

Es alguien que consigue lo imposible.

Nadie arriesga tanto por simples objetos. Taehyung lo sabe mejor que nadie. No busca solo dinero ni la emoción del peligro; cada pieza que consigue es una prueba de que todavía puede encontrar aquello que todos creen perdido. Incluso una parte de sí mismo que hace mucho tiempo dejó atrás.

Para algunos, es un intermediario; para otros, un hombre capaz de encontrar objetos perdidos durante siglos. Pero quienes conocen su verdadero trabajo saben que, cuando una pieza no puede comprarse, Taehyung encuentra otra forma... menos elegante de obtenerla.

Su cabello negro como la noche cae ligeramente sobre sus ojos color avellana mientras escucha una conversación en la mesa cercana.

—La pieza existe —dice un hombre mayor, bajando la voz—. No es una leyenda.

—Todos dicen eso cuando quieren vender una historia —responde otro.

—No esta vez.

Taehyung no parece interesado al principio. Ha escuchado cientos de rumores sobre tesoros ocultos y la mayoría son falsos.

Hasta que escucha un nombre.

La Lágrima de la Luna Roja.

Sus dedos se detienen sobre la copa.

Ese nombre no es nuevo para él.

Lo ha visto mencionado en documentos antiguos, en libros que pertenecieron a coleccionistas desaparecidos y en registros donde la información termina de forma misteriosa.

Una joya sin origen claro.

Una piedra que cambia de color bajo la luz de la luna.

Un objeto por el que muchas personas han pagado fortunas sin siquiera saber si realmente existe.

—¿Dónde está? —pregunta alguien.

El hombre sonríe antes de responder.

—En Inglaterra.

Taehyung levanta la mirada.

—En un risco, lejos de Londres. Hay una mansión construida hace más de trescientos años. La propiedad pertenece a un hombre llamado Jungkook Jeon.

El nombre queda suspendido en el aire.

—¿El excéntrico millonario? —pregunta otro coleccionista.

—El único.

Un silencio extraño cae sobre la mesa.

Porque incluso aquellos hombres, acostumbrados a comprar secretos, conocen ese apellido.

Jungkook Jeon.

El dueño de una mansión enorme junto al mar.

Un hombre que aparece en registros antiguos con el mismo rostro. Un hombre que parece no envejecer.

Pero Taehyung no cree en fantasmas ni leyendas.

Cree en objetos valiosos.

Y si una joya capaz de hacer que coleccionistas millonarios pierdan la razón está escondida dentro de esa mansión, entonces piensa encontrarla.

Lo que Taehyung todavía no sabe es que algunas puertas, una vez abiertas, nunca vuelven a cerrarse.

Y que aquella noche sellará su futuro.

Y su búsqueda terminará llamando la atención del hombre más peligroso que existe.

Un depredador...



Taehyung no toma decisiones impulsivas.

Esa es una de las razones por las que sigue vivo en un mundo donde muchos hombres con más dinero, más contactos y más poder han terminado arruinados por perseguir objetos que nunca debieron tocar.

Antes de viajar a Inglaterra, investiga.

Durante tres días enteros, la información sobre Jungkook Jeon llena las pantallas de su laptop.

No encuentra escándalos ni entrevistas; solo escasas fotografías. Pero sí encuentra jugosa información sobre su fortuna y su envidiable colección de antigüedades.

La escasa información personal es lo primero que le parece extraño.

Un hombre dueño de una propiedad tan antigua y valiosa debería tener algún tipo de presencia pública. Algún registro de eventos, reuniones, negocios.

Pero Jungkook es casi un fantasma. Y hay demasiados rumores fantasiosos alrededor de ese apellido.

La mansión ubicada en el risco de Cornwall pertenece a la familia Jeon desde hace generaciones. Los registros de propiedad mencionan diferentes nombres a lo largo de los siglos, pero hay algo que se repite.

El apellido.

Jeon.

Taehyung se detiene en una de las fotografías antiguas y amplía una de ellas. Es una imagen en blanco y negro tomada a finales del siglo XIX. Un grupo de hombres elegantes frente a la mansión.

En el centro, un joven de rostro serio, cabello oscuro y una mirada demasiado parecida a la de las fotografías más recientes que consigue encontrar. Se queda observándola durante varios segundos.

—Eso es imposible —murmura.

Pero la imposibilidad nunca ha sido un motivo suficiente para detenerlo, de hecho, suele ser exactamente lo contrario. Ha aprendido que las respuestas fáciles suelen esconder las preguntas equivocadas.

Una semana después, Taehyung está en un avión rumbo a Inglaterra. Viaja ligero, nunca lleva más de lo necesario.

Un reloj antiguo en su muñeca, un teléfono encriptado, algunas herramientas que podrían parecer inofensivas para cualquiera que no sepa usarlas y un folder con los planos de la propiedad.

Más de doce horas de vuelo le dan tiempo de sobra para analizar la situación.

Repasa la información:

La mansión Jeon no es una casa abandonada. Ese detalle es importante. Es una propiedad habitada, aunque casi nadie haya visto al dueño. Y puede confirmar que hay movimiento en la mansión.

Según sus investigaciones, hay empleados y mantenimiento constante. También vigilancia.

Taehyung se deleita pensando en los invaluables tesoros que debe albergar. Y eso despierta aún más su curiosidad.

Mientras observa las nubes desde la ventana del avión, piensa en la Lágrima de la Luna Roja.

No sabe exactamente qué espera encontrar.

Una joya, quizá una reliquia o una pieza histórica. Algo que pueda vender por una cantidad absurda de dinero a alguien dispuesto a pagar por poseer una leyenda.

Eso es todo o, al menos, eso cree.

Inglaterra lo recibe con un cielo gris.

Después de llegar a Londres, Taehyung recoge la camioneta alquilada y abandona la ciudad rumbo a Cornwall.

Las calles llenas de personas desaparecen poco a poco. Los edificios modernos quedan atrás, dando paso a un paisaje diferente.

Carreteras estrechas, campos cubiertos por una fina niebla y pueblos pintorescos donde parece que el tiempo avanza más lento.

Durante el trayecto, la mansión aparece varias veces en su mente. Taehyung siempre ha sido bueno leyendo lugares. Las personas dejan huellas y las casas también. Y la propiedad de Jeon Jungkook tiene demasiadas preguntas sin respuesta.

Cuando finalmente llega a Cornwall, el sol comienza a desaparecer.

El camino hacia el risco es privado.

Una larga carretera de piedra rodeada por árboles frondosos conduce hasta la entrada principal. A través de las ramas puede ver el océano. Escucha las olas golpear los acantilados con fuerza, creando un sonido profundo que acompaña el trayecto. Mira su reloj: son casi las siete de la noche. Entonces la ve.

La mansión.

Por un instante, incluso Taehyung se queda en silencio.

Es impresionante.

La construcción se eleva sobre el risco como si hubiera sido creada para desafiar al mundo. Piedra negra, enormes ventanales, torres elegantes y jardines perfectamente cuidados.

Hay luces encendidas en varias habitaciones. Como lo imaginó, el lugar tiene vida, se ríe para sí mismo.

—Esos viejos charlatanes... se crean cuentos de terror.

Taehyung apaga el motor del vehículo y observa la propiedad desde la distancia.

—Así que este es el escondite del excéntrico.

Muy lejos de allí, dentro de la mansión, un hombre permanece frente a uno de los grandes ventanales. Jungkook mira el vehículo detenido al final del camino.

Durante siglos ha aprendido a reconocer los cambios más pequeños en su territorio, desde el movimiento de los animales hasta el olor de la sangre.

Un humano ha cruzado sus límites.



Jungkook observa la silueta del intruso dentro del auto, con las luces apagadas. Un tonto mortal.

—Interesante —susurra, mientras una sonrisa se dibuja en sus labios.

Alguien llega a su puerta sin ser invitado y Jungkook decide no detenerlo... todavía no.

En cambio, utilizando sus influencias, logra descubrir quién es su inesperado visitante: Taehyung Kim.

Durante los siguientes tres días, Taehyung no se precipita. Fija su punto de observación en una zona elevada entre los árboles, protegido por la vegetación y la niebla constante de la costa.

A diferentes horas del día, con la paciencia que solo un profesional posee, ajusta sus binoculares y vigila la mansión. Observa el ir y venir rutinario de los empleados: los jardineros cuidando los terrenos por la mañana, los repartidores dejando provisiones al mediodía y el personal de limpieza cumpliendo sus tareas antes de que caiga el sol.

Sin embargo, hay una ausencia evidente. Por más que escudriña los grandes ventanales y los balcones, no ve un solo rastro del propietario. Ni una silueta, ni una sombra, ni un movimiento en los pisos superiores. Para Taehyung, la conclusión es simple y lógica: el millonario no está en casa.

Lo que Taehyung no imagina es que, desde la penumbra de las habitaciones superiores, Jungkook observa detenidamente a su perseverante visitante. Para un ser que ha vivido siglos en la monotonía, la terquedad del joven mortal es una distracción fascinante. Verlo resistir el frío de Cornwall con sus binoculares, anotando horarios y patrones, le resulta casi entretenido. Jungkook no solo sabe que está allí; disfruta de la anticipada intrusión.

Alrededor de las seis de la tarde del tercer día, el panorama cambia. Taehyung observa a través del lente cómo los últimos empleados abandonan la propiedad en sus vehículos, dejando la estructura sumida en un silencio solemne. Tras repasar sus notas, calcula que solo queda en la mansión una anciana a quien ha identificado como el ama de llaves.

Perfecto.

Taehyung sonríe con autosuficiencia en la oscuridad de su camioneta. Cree que su momento finalmente ha llegado, hoy entrará a la mansión.

Baja del automóvil cuando la noche cae por completo y la niebla se vuelve más densa. Guarda sus herramientas en la mochila, se la ajusta a la espalda, mira por última vez la silueta gótica de la edificación y empieza a caminar hacia ella.

Sin saber que, detrás de esas paredes de piedra, la criatura que todos temen ya lo espera con los brazos abiertos.

Taehyung nunca ha sido un hombre que subestime un objetivo.

Antes de entrar a una propiedad, conoce sus planos, sus puntos débiles y las rutinas de quienes viven dentro. La improvisación es para aquellos que no saben lo que hacen. Y él sabe exactamente lo que hace.

Por eso, mientras avanza por el sendero de piedra que lleva a la mansión Jeon, lo hace con expectativa.

La noche es fría y el viento del océano golpea con fuerza, levantando pequeñas gotas de agua que llegan hasta su rostro. A lo lejos, las olas chocan contra las rocas con un sonido profundo y constante.

La mansión parece aún más imponente de cerca, las paredes de piedra oscura se elevan varios metros sobre él. Las ventanas son enormes; algunas están iluminadas con una luz cálida que contradice la imagen solitaria que los rumores han creado.

Taehyung observa las cámaras de seguridad ocultas entre los árboles, las ha visto desde el automóvil. También ha notado que la seguridad es extrañamente discreta, no hay guardias visibles ni perros.

Eso debería preocuparlo. Pero, en lugar de detenerlo, despierta su curiosidad.

—Demasiado confiado —murmura.

No sabe si se refiere a Jungkook Jeon o a sí mismo.

Rodea la propiedad siguiendo la ruta que investigó, la entrada principal no es una opción, es demasiado obvia. Tampoco es un suicida.

Un ladrón inteligente nunca entra por donde esperan que entre.

Después de unos minutos, encuentra una puerta lateral en desuso que parece pertenecer al ala antigua de la mansión.

No está cerrada.

Taehyung frunce ligeramente el ceño.

Una puerta sin seguro en una propiedad como esta es una invitación, empuja lentamente y la puerta se abre sin hacer ruido.

Al entrar, un aire frío lo golpea de inmediato. El ambiente es tan gélido que se estremece. Taehyung avanza con cuidado recorriendo el enorme salón. El interior de la mansión es incluso más impresionante que el exterior.

Paredes cubiertas de pinturas antiguas y muebles elegantes. Todo está perfectamente cuidado.

Camina en silencio observando cada detalle. Como ladrón de antigüedades, no puede evitar analizar los objetos que lo rodean.

Un reloj francés del siglo XVIII. Un espejo con marco tallado a mano. Una colección de libros antiguos protegidos detrás de un cristal.

La fortuna dentro de esa mansión es absurda. Pero ninguno de esos objetos es lo que busca.

La Lágrima de la Luna Roja.

Según la información que consiguió —aunque bien pueden ser rumores —, la joya se encuentra en una sala privada del ala oeste. Una habitación a la que nadie ha podido acceder. Taehyung sonríe ligeramente. Las habitaciones prohibidas siempre son las más interesantes.

Avanza por el corredor. El largo pasillo está en penumbras, así que se dispone a encender su discreta linterna.

Hasta que algo cambia. Una lámpara se enciende. Después otra. Y otra. Frente a él, el pasillo comienza a iluminarse lentamente. Taehyung se queda quieto. Los vellos de sus brazos se erizan. Porque intenta encontrar una explicación. Debe existir una. Sensores. Algún sistema automático. Algo.

Entonces escucha una voz.



—Normalmente, los invitados anuncian su llegada.

La voz viene de detrás de él. Profunda. Tranquila. Demasiado tranquila para alguien que acaba de encontrar a un intruso dentro de su casa. Taehyung gira lentamente y ve a Jungkook Jeon.

Durante un instante, todas las teorías que había creado sobre él desaparecen. Porque ninguna fotografía le había hecho justicia. Jungkook es alto. Mucho más de lo que esperaba. Su figura domina el espacio sin necesidad de moverse. Lleva ropa oscura, elegante, perfectamente ajustada. Su piel es extremadamente blanca, casi irreal bajo la luz de las lámparas. Pero son sus ojos lo que más llama la atención: oscuros, profundos y enigmáticos.

Taehyung entiende inmediatamente por qué las personas hablan de él como si fuera una leyenda. Y es que hay algo en ese hombre que no encaja. Algo que su mente intenta identificar. Aunque, de hecho, es bastante más joven de lo que pensó.

—Y normalmente los dueños de una casa con una colección de millones de dólares no dejan las puertas abiertas, señor Jeon —responde Taehyung.

Una leve sonrisa aparece en los labios de Jungkook. Es la sonrisa de alguien que acaba de encontrar algo inesperado.

—Así que sabes quién soy.

Taehyung mete una mano en el bolsillo de su abrigo, sin apartar la mirada.

—Sé lo suficiente.

—¿Y aun así entraste?

—La curiosidad es una mala costumbre que me cuesta dominar.

Jungkook da un paso hacia él. No parece amenazante. Eso es lo extraño. Un hombre normal debería estar furioso. Debería llamar a la seguridad. Debería preguntar cómo logró entrar. Pero Jungkook simplemente lo observa como si Taehyung fuera una pieza nueva dentro de su colección.

—¿Qué buscas? —pregunta.

Taehyung guarda silencio, esa pregunta es demasiado directa. Y porque, por primera vez desde que llegó, tiene la sensación de que el hombre frente a él ya conoce la respuesta.

—Nada que sea suyo —miente.

Jungkook inclina ligeramente la cabeza, como si disfrutara escucharlo.

—Qué curioso.

—¿Qué?

—Que un ladrón sea tan malo mintiendo.

Taehyung entrecierra los ojos. Nadie suele descubrirlo tan rápido. Y eso le molesta.

—¿Siempre recibe así a sus visitantes?

—No tengo muchos visitantes.

Taehyung debería concentrarse en escapar. En terminar el trabajo. En encontrar la joya. Pero algo en Jungkook hace que quiera quedarse unos segundos más. Solo unos segundos. Lo suficiente para descubrir qué esconde. Sin saber que esa curiosidad puede convertirse en el error más peligroso que ha cometido en su vida.

Porque la curiosidad mató al gato, ¿no?

Porque Taehyung ha entrado a una mansión buscando un tesoro. Y acaba de encontrar algo mucho más antiguo. Algo que no debería existir.

Taehyung mantiene la mirada fija en Jungkook. Ha enfrentado hombres peligrosos antes. Coleccionistas obsesionados, traficantes de piezas antiguas, millonarios que creen que el dinero les da derecho sobre todo lo que desean. Pero este hombre es amenazante y tranquilo, lo cual es una peligrosa combinación. Tiene la sensación de que este tipo no está sorprendido de tener a un intruso en su casa.

—¿No vas a preguntar cómo entré? —dice Taehyung.

Jungkook permanece de pie al otro lado del pasillo.

—Ya lo sé.

La respuesta lo desconcierta. Taehyung analiza su rostro buscando una señal de arrogancia, una mentira, cualquier indicio de que solo intenta intimidarlo pero no encuentra nada.

—¿Ah, sí?

—La puerta lateral.

El silencio cae entre ambos. Taehyung no muestra sorpresa, pero por dentro calcula sus posibilidades. La puerta. Él la había elegido porque era el punto más vulnerable de la propiedad. O eso creía.

—Entonces sabes que debería haber una alarma.

—La hay.

Una ligera tensión recorre su cuerpo.

—No sonó.

—Porque yo no quise que sonara.

Taehyung siente algo parecido al temor. No porque Jungkook pueda atraparlo; eso sería lo más sencillo. Lo inquietante no es su fuerza, sino la forma en que reacciona. La mayoría de las personas, al descubrir a un intruso en su casa, gritarían, amenazarían o buscarían ayuda. Jungkook no hace nada de eso. Simplemente permanece allí, observándolo con una calma desconcertante, como si intentara descubrir qué clase de criatura tiene frente a él.

—¿Me viste por la cámara? —pregunta Taehyung.

Jungkook niega con la cabeza.

—No.

Kim entonces cambia de estrategia.

—Hay muchos rumores sobre ti. ¿Son ciertos?

La pregunta sale antes de que pueda detenerla. Jungkook parece divertido.

—Pensé que venías a robarme, no a conocerme.

—Puedo hacer ambas cosas.

La sonrisa de Jungkook se vuelve apenas más evidente. Una reacción mínima. Pero Taehyung la nota. Está acostumbrado a leer personas. Y ese hombre acaba de reaccionar por primera vez.

—Tienes mucha confianza para alguien que está solo en una casa ajena.

—Y tú tienes demasiada paciencia para alguien que encontró a un ladrón en su salón.

Jungkook guarda silencio. Durante siglos, los humanos que han estado frente a Jungkook han reaccionado de dos formas. Han sentido miedo. O han sentido admiración. Taehyung no siente ninguna de las dos.

El dueño de la mansión camina lentamente hacia una mesa cercana donde descansa una botella de vino y dos copas. Taehyung sigue cada movimiento. No sabe por qué, pero no puede apartar los ojos de él.

—¿Vas a ofrecerme una bebida? —pregunta Taehyung.

—Depende.

—¿De qué?

Jungkook toma una copa y sirve el vino con calma.

—De si sigues fingiendo que no viniste por algo en particular.

Taehyung no responde. Eso confirma más de lo que cualquier palabra podría hacerlo. Jungkook deja la copa sobre la mesa.

—La mayoría de las personas que entran aquí buscan dinero.

—¿Y crees que yo no?

—No.

La respuesta es inmediata. Taehyung frunce el ceño.

—¿Por qué?

Jungkook lo observa.

—Porque si solo quisieras dinero, habrías tomado cualquiera de las piezas que viste al entrar.

Eso lo deja en silencio. Porque es cierto. Había pasado frente a objetos capaces de hacerlo rico. Pero no los tocó. No eran el motivo de su llegada.

—Entonces sabe lo que busco.

—Sí.

La seguridad con la que responde empieza a irritarlo.

—¿La tiene?

Jungkook mira hacia el final del pasillo. Hacia el ala oeste. Hacia donde está escondida la razón por la que Taehyung ha cruzado medio mundo.

—La Lágrima de la Luna Roja.

Taehyung está eufórico.

—Así que es real.

Jungkook vuelve la mirada hacia él.

—Muchas cosas que los humanos llaman leyendas son reales.

La frase debería sonar normal, pero no lo hace. Taehyung siente un escalofrío recorrerle la espalda. Su instinto siempre ha sido lo que lo mantiene vivo y ahora le está diciendo algo importante: ese hombre frente a él no es como los demás.

—Quiero verla. Muéstramela.

Jungkook lo observa durante unos segundos.

—¿Solo verla?

Taehyung sabe que la pregunta tiene una segunda intención.

—Bueno, depende —murmura, tanteando su suerte.

—¿Ah, sí? ¿De qué?

Una sonrisa aparece en el rostro de Taehyung.

—De si vale la pena robarla.

Por primera vez en mucho tiempo, Jungkook siente algo parecido a una emoción olvidada, porque aquel humano no está suplicando, mucho menos está huyendo. Está desafiándolo y eso es algo que nadie se ha atrevido a hacer en siglos.

—Ven conmigo —dice Jungkook finalmente.



Taehyung no se mueve de inmediato. Duda.

—¿Así de fácil?

—No.

Jungkook pasa junto a él, dejando una distancia mínima entre ambos. Su cuerpo se paraliza; Taehyung no sabe explicar por qué. Solo siente que, durante un segundo, la temperatura a su alrededor baja.

—Nada en esta casa es fácil, Taehyung.

El corazón de Taehyung da un pequeño golpe porque él nunca le dijo su nombre. Jungkook continúa caminando sin mirar atrás. Y, por primera vez desde que entró a la mansión, Taehyung duda. Ahora tiene una nueva pregunta. No es: ¿Dónde está la Lágrima de la Luna Roja? Es: ¿Qué demonios es Jungkook Jeon?

Taehyung permanece inmóvil durante unos segundos. Un hombre normal no sabe el nombre de un intruso que acaba de entrar en su propiedad. Un hombre normal no apaga una alarma de seguridad antes de que suene. Un hombre normal no observa a un ladrón como si fuera una pieza extraña de una colección. Y, definitivamente, un hombre normal no tiene esa mirada.

A este punto, su instinto emite una alarma roja. Le dicen que Jungkook Jeon es peligroso. Pero también le dicen algo más: que él no es el único que está intentando descubrir al otro.

—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —pregunta Jungkook desde el extremo del pasillo.

Taehyung alza la barbilla.

—Estoy pensando si seguir a un desconocido dentro de una mansión aislada es una buena decisión.

Jungkook lo observa por encima del hombro.

—Es curioso. Hace unos minutos no tuviste problema en entrar a la fuerza.

—Entrar a una casa es diferente a seguir al dueño.

Una pequeña sonrisa aparece en el rostro de Jungkook.

—Por fin dices algo inteligente.

Taehyung entrecierra los ojos. Cualquier otra persona habría interpretado esas palabras como una provocación. Él también. Y, aun así, hay algo extraño en la forma en que Jungkook habla. No parece estar intentando humillarlo. Parece estar probándolo. Como si quisiera saber hasta dónde puede llegar.

Taehyung comienza a caminar detrás de él. Al fin y al cabo, es consciente del riesgo que corre cada vez que realiza un trabajo.

El ala oeste de la mansión es diferente al resto. Mientras las otras habitaciones muestran riqueza y elegancia, esta parte parece pertenecer a otra época. Los pasillos son más estrechos. Las paredes están cubiertas de retratos antiguos. Familias enteras miran desde los cuadros con expresiones serias, como si hubieran quedado atrapadas en el tiempo. Taehyung se detiene frente a uno. Una pintura de un hombre joven vestido completamente de negro. El rostro le resulta familiar. Demasiado familiar.

Jungkook continúa caminando, pero nota que Taehyung se ha detenido.

—¿Qué ocurre?

Taehyung señala el retrato.

—Él.

Jungkook no responde. Y ese silencio confirma más de lo que cualquier explicación podría hacerlo.

—¿Qué pasa con él?

—¿Quién es?

—Alguien que vivió hace mucho tiempo.

Taehyung vuelve la mirada hacia la pintura.

—Se parece a ti.

—Muchas personas se parecen entre sí.

Taehyung sonríe ligeramente.

—No tanto.

Jungkook lo observa. Durante siglos, muchas personas han notado cosas extrañas sobre él. Pero casi ninguna ha tenido el valor de decirlas en voz alta.

Al final del corredor hay una puerta. Está hecha de madera oscura con detalles tallados a mano y no tiene cerradura visible. Taehyung se acerca.

—¿Está ahí?

Jungkook se queda detrás de él.

—Sí.

—¿Y no vas a detenerme?

—Ya estás dentro de mi casa.

La respuesta lo desconcierta.

—Eso no responde mi pregunta.

Jungkook baja la mirada hacia él.

—Porque la respuesta no te gustaría.

Taehyung sostiene su mirada.

—Inténtalo.

El rostro de Jungkook muestra un cansancio demasiado antiguo para alguien que aparenta veintisiete años.

—La mayoría de las personas buscan esta joya porque creen que les dará poder.

—¿Y no es así?

Jungkook mira la puerta.

—No.

Un silencio cae entre los dos.

—Entonces, ¿qué es?

Jungkook tarda unos segundos en responder.

—Una promesa.

Taehyung frunce el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tendrá cuando conozcas la historia completa.



Jungkook acerca una mano a la puerta; no toca la madera. Solo la observa.

—La Lágrima de la Luna Roja no pertenece a quien la encuentra.

—Entonces, ¿a quién pertenece?

Jungkook finalmente lo mira.

—A quien está dispuesto a pagar el precio.

La puerta se abre lentamente.

Jungkook entra primero. Taehyung duda solo un segundo antes de seguirlo. Dentro de la habitación, la oscuridad es casi absoluta. Hasta que una luz roja aparece al fondo. Una luz tenue. Hipnotizante.

La joya está allí. Suspendida dentro de una caja de cristal. La Lágrima de la Luna Roja. Taehyung se queda quieto. Después de semanas de investigación. Después de cruzar un continente. Después de arriesgarse entrando en la propiedad de un hombre desconocido. Finalmente la tiene frente a él.

A lo lejos, se ve la joya brillar con intensidad, como si tuviera vida propia. Y Jungkook, observándolo desde la sombra, sabe algo que Taehyung todavía desconoce. La Lágrima de la Luna Roja no ha reaccionado ante un humano en más de trescientos años. Hasta esa noche.

Taehyung está embelesado. Durante años ha visto objetos que otros consideran imposibles de conseguir. Ha tenido en sus manos piezas pertenecientes a familias reales, reliquias escondidas durante guerras y antigüedades por las que hombres poderosos han perdido la razón. Pero nunca ha sentido algo como esto.

La Lágrima de la Luna Roja parece contener algo imposible de explicar. La piedra guarda en su interior un brillo profundo, como si un fragmento de la noche hubiera quedado atrapado bajo el cristal, cambiando de tonalidad con cada movimiento de la luz. Cambia con cada movimiento, reflejando tonos que Taehyung nunca había visto en ningún mineral.

En este momento, no piensa en cuánto dinero podría obtener. Y eso lo inquieta. Porque Taehyung siempre piensa en el valor de las cosas. Es la razón por la que ha sobrevivido.

—Ahora entiendes por qué tantos la buscan —dice Jungkook detrás de él.

Su voz rompe el silencio de la habitación. Taehyung no aparta la mirada de la joya.

—Entiendo por qué creen que vale una fortuna.

—No.

Jungkook se acerca lentamente.

—Todavía no entiendes nada.

Taehyung gira el rostro hacia él.

—Entonces explícame.

Durante un instante, Jungkook parece considerar la posibilidad de hacerlo. Pero al final solo observa la joya.

—Fue creada antes de que mi familia tuviera un nombre.

Taehyung guarda silencio.

—¿Tu familia?

—Los Jeon.

—¿Y qué tiene de especial?

Jungkook mira la piedra.

—Depende de a quién le preguntes.

—Te pregunto a ti.

Los ojos de Jungkook se encuentran con los suyos.

—Para algunos, es una llave.

—¿Una llave para qué?

Jungkook no responde. Y esa falta de respuesta le confirma a Taehyung que hay mucho más detrás de esa mansión y de ese hombre.

Sin darse cuenta, Taehyung da un paso hacia la vitrina. Su intención inicial era observar. Nada más. Pero cuando está lo suficientemente cerca, la luz de la joya cambia. El brillo rojo se intensifica. La habitación queda bañada por una luz tenue.

Jungkook se queda completamente inmóvil. Porque él conoce esa reacción. La conoce demasiado bien. Durante siglos, la Lágrima de la Luna Roja ha permanecido dormida. Ha rechazado manos de reyes. Ha ignorado a vampiros antiguos. Ha permanecido intacta frente a aquellos que intentaron reclamarla. Pero ahora responde. A un mortal. A Taehyung.

—¿Qué ocurre? —pregunta Taehyung al notar el silencio.

Jungkook no contesta inmediatamente. Algo parecido a la sorpresa se dibuja en su rostro.

—Aléjate.

La orden es firme. Taehyung frunce el ceño.

—Hace un segundo querías enseñármela.

—He cambiado de opinión.

—No pareces alguien que cambie de opinión fácilmente.

Jungkook aprieta la mandíbula. Porque tiene razón. Pero Taehyung no sabe que esa reacción no es por la joya. Es por él.

Jungkook ha vivido demasiado tiempo para sorprenderse. Ha visto imperios caer. Ha visto generaciones enteras desaparecer. Ha aprendido a no esperar nada del mundo mortal. Y, aun así, ese hombre que entró en su casa para robarle algo ha conseguido alterar una reliquia que ni siquiera los inmortales pueden tocar.

—¿Qué eres? —pregunta Jungkook en voz baja.

Taehyung arquea una ceja.

—Creí que esa pregunta debía hacerla yo.

La respuesta provoca diversión en Jungkook.

—No eres normal.

Taehyung sonríe apenas.

—Eso suena a un cumplido.

—No lo es.

—Entonces deberías elegir mejor tus palabras.

Jungkook lo observa. Y en ese instante comprende algo peligroso. Taehyung no sabe quién está frente a él. No sabe qué es. No sabe por qué la joya ha reaccionado. Y, aun así, permanece allí. Desafiándolo.

Muy lejos de la seguridad de su propia mente, Taehyung también entiende algo. Esta no es una simple joya.

Jungkook aparta la mirada de él y observa la piedra dentro de la vitrina. Durante unos segundos, ninguno de los dos habla. Dos hombres de mundos completamente diferentes permanecen frente a frente. Uno que ha vivido demasiado tiempo. Otro que todavía no sabe cuánto está a punto de cambiar su vida.

—Deberías irte —dice Jungkook finalmente.

Taehyung lo mira con sorpresa. No esperaba esa respuesta.

—¿Me estás dejando marchar?

—Sí.

—Después de entrar en tu casa.

—Sí.

—Después de intentar robarte.

Jungkook vuelve a mirarlo.

—Especialmente después de eso.

Taehyung entrecierra los ojos. Algo no encaja. Un hombre como Jungkook no deja ir a alguien que conoce su secreto. O, al menos, algo que se acerca demasiado a él.

—¿Por qué?

La pregunta queda suspendida entre ambos. Jungkook no responde de inmediato, porque la verdadera respuesta es algo que ni él mismo comprende.

—Porque no sabes en qué te estás metiendo, Taehyung.

El tono de su voz cambia. Ya no suena como una amenaza. Suena como una advertencia. Pero Taehyung no retrocede. Nunca lo hace.

—Quiero saber.

Jungkook permanece en silencio. Y en ese momento ambos entienden algo. La noche que comenzó como un robo acaba de convertirse en un pacto. Uno que ninguno de los dos ha elegido todavía. Pero que la Luna Roja ya parece haber decidido por ellos.

Eso es lo que más desconcierta a Jungkook. No la intrusión. No la Lágrima de la Luna Roja. Él ha visto hombres intentar robarle antes. Ha visto ambición, codicia y desesperación en los ojos de cientos de personas. Pero Taehyung no mira la joya como un hombre que quiere poseerla. La mira como alguien que quiere entenderla. Y esa diferencia lo vuelve peligroso.

—¿Qué ocurre si no me voy? —pregunta Taehyung.

La pregunta rompe el silencio. Jungkook dirige sus ojos hacia él.

—Entonces descubrirás cosas que quizás no quieras saber.

Taehyung sonríe ligeramente.

—Eso suena como una amenaza.

—Es una advertencia.

La respuesta hace que Taehyung lo observe con más atención. Jungkook habla como alguien que ha aprendido demasiado sobre la pérdida. Como alguien que no amenaza porque disfruta del poder, sino porque conoce exactamente las consecuencias. Pero eso no cambia la realidad. Taehyung sigue siendo un ladrón dentro de su casa. Y Jungkook sigue siendo un hombre que guarda demasiados secretos.

Jungkook Jeon gira lentamente hacia la vitrina. La luz roja de la piedra continúa brillando con intensidad. Demasiada. No debería hacerlo. La Lágrima de la Luna Roja reconoce la sangre. La esencia. El vínculo. Durante demasiado tiempo ha permanecido dormida porque nadie posee aquello que busca. Hasta ahora.

Jungkook recuerda la última vez que la joya reaccionó de esa manera. Una noche que intenta olvidar. Una noche que marca el inicio de una maldición que lleva demasiado tiempo cargando. Pero Taehyung no sabe nada de eso. Para él, solo existe una joya extraña y un hombre aún más extraño.

—¿Qué eres realmente? —pregunta.

Jungkook vuelve la mirada hacia él.

Taehyung sostiene sus ojos.

El silencio que sigue es más pesado que antes. Jungkook parece perder la ventaja.

¿Qué es Jeon Jungkook?

Para el mundo, es un empresario reservado. Un hombre rico. Un heredero misterioso. Para aquellos que conocen las historias antiguas, es una leyenda. Para los pocos que han visto su verdadera naturaleza, es algo que debería permanecer en las sombras. Pero para Taehyung... todavía no lo sabe. Y Jungkook no está seguro de querer que lo descubra.

—Deberías irte —repite.

Esta vez su voz suena más baja. Más seria. Taehyung nota el cambio.

—¿Cómo supiste mi nombre? —dice Taehyung.

Jungkook lo mira.

—Eso no importa..

Una respuesta simple. Pero suficiente. Taehyung frunce el ceño.

En otra parte de la mansión, los antiguos relojes comienzan a marcar la medianoche. El sonido viaja por los pasillos vacíos. Cada campanada recuerda que el tiempo continúa avanzando. Para Taehyung, una noche más. Para Jungkook, apenas otro instante dentro de una existencia demasiado larga.

Pero algo ha cambiado.

La mansión, que durante años permanece en silencio, ahora tiene una presencia diferente. Un humano camina por sus habitaciones. Un humano que despierta una reliquia antigua. Un humano que mira al monstruo sin verlo todavía. Y Jungkook, siente curiosidad. Y la curiosidad siempre ha sido el primer paso hacia el peligro.



El silencio en la habitación se vuelve denso, pesado, cortado únicamente por el brillo carmesí que emana de la vitrina.

Taehyung siente el peso de la mirada de Jungkook sobre él; un peso helado, pero abrumadoramente magnético. Sus miradas se cruzan en un duelo silencioso donde la lógica de Taehyung empieza a caerse a pedazos ante lo que tiene enfrente.

No piensa quedarse con la duda, así que rompe el aire frío con un susurro:

—¿Vas a decirme qué eres?

Su voz intenta sonar firme, pero las pupilas dilatadas delatan el ritmo salvaje de su pecho.

Jungkook no pestañea. Avanza un paso lento, acortando la distancia hasta que su sola presencia rodea por completo al menor.

—Sé que ya lo adivinaste —responde el dueño de la mansión. Su tono es grave, bajo, con un matiz aterciopelado que le produce un escalofrío en la espalda.

Taehyung suelta un leve jadeo, entre la incredulidad y la fascinación. Ladea apenas el rostro y esboza una sonrisa a media luz para disfrazar los latidos desbocados de su corazón.

—Tengo una teoría absurda... De la que te vas a reír si la digo en voz alta.

—Dilo —ordena Jungkook, sin quitar la vista de sus labios.

Taehyung entreabre la boca y murmura, rozando el aire entre los dos:

—Creo que eres un vampiro.

La confesión flota en la penumbra. Jungkook no se ríe. En su lugar, una sonrisa oscura le curva la comisura de los labios, confirmando el secreto guardado durante siglos.

El gesto cae sobre Taehyung como una descarga. El instinto le pide dar un paso atrás, pero la curiosidad lo deja clavado al suelo. Respira agitado; el aire gélido le llena los pulmones mientras intenta asimilar lo imposible: las fotos del siglo XIX, la palidez irreal, la velocidad con la que se mueve y esa aura imponente que parece abarcarlo todo. Tiene a una criatura de leyenda a centímetros del rostro.

—¿Vas a matarme? —suelta sin rodeos, entrecerrando los ojos para buscar algún rasgo de agresividad en las facciones perfectas de Jungkook.

Él solo inclina la cabeza, tranquilo, dominante.

—Si quisiera matarte, lo habría hecho antes de que pisaras este pasillo —contesta, dando medio paso más hasta que el calor de Taehyung choca contra el frío que sale de su cuerpo—. Tuviste el descaro de entrar a mi casa a robarme, Taehyung. Si buscara un cadáver, no perdería el tiempo hablando contigo.

Taehyung traga saliva. Siente un nudo en la garganta. Aunque sabe que está en peligro, la forma en que el hombre pronuncia su nombre le provoca una sacudida distinta en el vientre.

—¿Entonces qué quieres? Dijiste que podía irme —insiste, sosteniéndole la mirada—. Nadie deja ir a un intruso que acaba de descubrir su secreto.

—Los secretos solo importan cuando caen en manos de alguien que puede usarlos en mi contra —murmura Jungkook, bajando la vista a sus labios antes de volver a sus ojos—. Y tú no estás en posición de amenazarme. Al contrario... Estás fascinado.

A Taehyung se le aprieta el pecho porque sabe que tiene razón. Su mente le exige buscar una salida de emergencia, pero hay algo en ese hombre que lo arrastra hacia abajo.

Jungkook quiere comprobar si la Lágrima de la Luna Roja ha reaccionado por el vínculo de sangre. Entonces, una oscura propuesta viene a su mente.

Jungkook se detiene frente a una de las ventanas que dan al océano. Durante unos segundos observa las olas golpeando el risco antes de hablar.

—Quieres la Lágrima de la Luna Roja.

Taehyung cruza los brazos.

—Vine hasta Inglaterra por ella. Creo que eso es bastante obvio.

Jungkook gira lentamente hacia él.

—Entonces hagamos un trato.

La palabra llama inmediatamente la atención de Taehyung. Un trato. Eso significa reglas. Y Taehyung siempre prefiere las reglas claras antes que las sorpresas.

—Te escucho.

Jungkook se acerca a la mesa donde descansa la caja de cristal.

—Puedo darte la joya.

Taehyung guarda silencio. Demasiado fácil. Y ambos lo saben.

—¿Qué quieres a cambio?

La mirada de Jungkook baja lentamente hasta él.



—Si me das tu sangre, te doy la joya —dice Jungkook, poniéndose aún más cerca.

Al escuchar la propuesta, la fachada confiada y bravucona de Taehyung se desmorona por completo. Da dos pasos instintivos hacia atrás, abriendo los ojos de par en par mientras el pánico cruza su rostro. El instinto de supervivencia aplasta cualquier atisbo de altanería.

—¿Mi sangre? —retrocede Taehyung, alzando las manos en señal de protesta, con la voz quebrándose levemente antes de forzarla a sonar firme—. Ni lo sueñes. Ni loco voy a dejar que me muerdas. No soy el alimento de nadie. Te quedas con tu joya y yo me voy.

Jungkook no se altera. Mantiene una compostura fría y elegante, dando un paso hacia un lado y haciendo un gesto despectivo con la mano hacia la salida.

—Como quieras —responde Jungkook con voz pausada, sin un solo rasgo de emoción en el rostro—. Tienes treinta minutos para salir de mi propiedad. Si al terminar ese tiempo sigues dentro de mis tierras, asumiré que cambiaste de opinión y te cazaré sin contemplaciones. La puerta está abierta.

La amenaza calculada y la indiferencia de Jungkook congelan a Taehyung en su sitio. Sabe que salir con las manos vacías no es una opción después de todo lo que arriesgó. Además, la mirada helada del vampiro lo desafía en lo más profundo de su orgullo.

Su mente práctica de negociador empieza a buscar una salida desesperada, imaginando una extracción limpia, una pequeña incisión en el brazo o una jeringa estilo transfusión rápida; algo controlado donde no tenga que sentir unos colmillos en el cuerpo ni irse con la derrota a cuestas.

—Espera... —suelta Taehyung tras un silencio tenso, apretando los puños para disimular el temblor de sus manos—. De acuerdo... pero bajo mis términos. Un corte en el brazo, algo rápido y limpio. Nada de locuras ni de mordidas en el cuello. Solo lo justo para cerrar el trato y me voy.

—De acuerdo —concede Jungkook, aunque la chispa en sus ojos oscuros promete algo completamente diferente.

Con una lentitud casi ritual, Jungkook deja que el silencio se instale entre ambos. La habitación permanece inmóvil, envuelta por el resplandor escarlata de la Lágrima de la Luna Roja, cuyo brillo parece respirar al mismo ritmo que el océano detrás de los ventanales.

Taehyung no aparta la vista de él.

Hay algo inquietante en aquella calma.

Siempre imagina que un depredador ataca con violencia, con un estallido de fuerza imposible de detener. Jungkook, en cambio, no da un solo paso que no parezca meditado. Su serenidad resulta mucho más peligrosa que cualquier amenaza.

—No tienes por qué hacerlo —dice el vampiro con una voz tan baja que casi se confunde con el viento golpeando los cristales—. La puerta sigue abierta.

Taehyung dirige la mirada hacia la joya suspendida en la vitrina. Ha cruzado un continente entero por ella. Ha arriesgado su reputación, su libertad y, probablemente, la vida. Marcharse ahora significaría aceptar la derrota. La quiere.

Exhala despacio.

—Los tratos solo tienen valor cuando ambas partes cumplen su palabra.

Jungkook lo observa unos segundos. En un ser que ha visto pasar siglos enteros, la paciencia deja de ser una virtud para convertirse en una forma de existir. Sin embargo, algo en aquel mortal consigue alterar ese equilibrio antiguo.

—Acércate.

Taehyung obedece.

La distancia que los separa desaparece poco a poco, hasta que apenas queda el espacio suficiente para que sus respiraciones no se mezclen. Entonces Jungkook extiende una mano.

No hay brusquedad.

Sus dedos envuelven con delicadeza la muñeca de Taehyung.

La piel bronceada del ladrón contrasta con la blancura casi marmórea de la mano que la sostiene. Es un contraste tan marcado que, por un instante, parecen pertenecer a dos mundos incapaces de tocarse.

Y, sin embargo, allí están.

El pulgar de Jungkook descansa justo sobre el interior de la muñeca.

Debajo de la piel siente el pulso.

Un latido, luego otro, constante y cálido.

Inconfundiblemente humano.

Durante siglos, ese sonido significó alimento, supervivencia y un instinto al que jamás pudo renunciar del todo.

Pero esta vez ocurre algo distinto.

No escucha únicamente la sangre.

Escucha a Taehyung.

Su vida latiendo bajo sus dedos.

El vampiro permanece inmóvil más tiempo del necesario, como si quisiera memorizar aquel ritmo antes de romper el silencio.

Taehyung percibe la vacilación.

—¿Qué ocurre? —pregunta con una media sonrisa que intenta ocultar la tensión—. Empiezo a pensar que soy yo quien te intimida.

Una sombra de diversión cruza el rostro de Jungkook.

La respuesta llega casi en un susurro.

—No eres como esperaba.

El ladrón sostiene su mirada. Quiere hacer otra pregunta, pero la curiosidad vence a las palabras.

Jungkook eleva lentamente la muñeca hasta la altura de su rostro.

No hay prisa.

Como si aquel gesto obedeciera a un antiguo protocolo olvidado por el tiempo.

Sus ojos permanecen fijos en la fina línea azulada que atraviesa la piel de Taehyung. El aroma de su sangre se vuelve más intenso con cada segundo, cálido y profundo, despertando recuerdos que el vampiro creía enterrados.

Durante un instante cierra los ojos y contiene el impulso.

Respira, aunque ya no necesite hacerlo.

Cuando vuelve a abrirlos, en las pupilas de Jungkook aparece un destello carmesí.

—Confía en mí —dice con una serenidad inesperada.

Taehyung duda apenas un segundo.

Después asiente.

Jungkook inclina la cabeza y acerca los labios a la muñeca expuesta.

—Beber de la muñeca es un acto de confianza, Taehyung... —murmura contra su piel—. Reservo el cuello para marcar a quienes me pertenecen y la entrepierna para cuando el deseo supera al hambre. Quizá, en otra ocasión, compruebes lo bien que se siente esta última.

Taehyung parpadea y, justo en ese instante, los colmillos de Jungkook aparecen, afilados.

La primera sensación no es dolor.

Es el roce frío de una boca que apenas toca la piel, casi una reverencia antes de quebrar el silencio.

Entonces, con la precisión de quien ha repetido aquel gesto incontables veces a lo largo de la eternidad, el vampiro deja que sus colmillos atraviesen apenas la superficie.

El mundo parece detenerse mientras Jungkook succiona la sangre del ladrón.

La Lágrima de la Luna Roja responde de inmediato.

Su resplandor inunda la habitación con una luz roja, antigua y viva.

Taehyung jadea. La mordida duele, una punzada breve y aguda que atraviesa su piel, pero casi de inmediato esa sensación se transforma en un calor extraño que recorre lentamente todo su cuerpo, estremeciéndolo de una forma que no alcanza a comprender.

Jungkook, en cambio, permanece inmóvil, completamente embriagado. Cada gota que desciende por su garganta despierta algo antiguo, una necesidad que trasciende el hambre. Es como si la sangre de Taehyung hubiera estado destinada a encontrarlo desde mucho antes de que sus caminos se cruzaran, reclamando un lugar que siempre le perteneció.

El carmesí de la Lágrima de la Luna Roja se vuelve frenético, proyectando destellos violentos sobre las paredes de piedra. La joya late en una frecuencia salvaje, respondiendo al flujo sagrado que une a la criatura y al mortal.

Jungkook succiona una gota más. Luego otra. El sabor de la sangre de Taehyung no es simple alimento; es un elixir denso, embriagador, que amenaza con arrastrar siglos de autocontrol al abismo. En la mente de Jungkook, la sed se transforma en un rugido primario. Siente el impulso abrasador de hundir los colmillos más profundo, de clavar las garras en la carne cálida del intruso y beber hasta dejarlo vacío.

Bajo la presión de la boca helada, Taehyung suelta un gemido sofocado. El suelo bajo sus pies parece ceder. Un mareo denso y cálido le nubla la vista, y sus rodillas se doblan. Se tambalea de forma peligrosa, apoyando la mano libre contra el pecho de Jungkook para no caer. La vibración del corazón mortal retumba contra la palma de Taehyung, desordenada y débil.

Ese contacto rompe el trance del inmortal.

Con un esfuerzo sobrehumano que le hace apretar los dientes, Jungkook se arranca de la muñeca de Taehyung. Su boca, manchada con un hilo escarlata, jadea en la oscuridad. Siente la tentación viva, quemándole la garganta, instándolo a volver. Pero se fuerza a retroceder un paso, tomando distancia mientras sus pupilas brillan con un fuego peligroso.

—Vete —ordena Jungkook. Su voz es un rasguño grave, rota por el esfuerzo de dominarse.

Taehyung se sostiene del brazo del sillón, aturdido, intentando procesar el choque térmico entre la quemadura de su piel y la debilidad que le recorre las venas. Su pulso retumba en sus oídos. Lo mira, confundido, incapaz de articular palabra alguna.

—Sal por la puerta principal —continúa el vampiro, dándole la espalda para no mirarlo—. Hazlo ahora.

Jungkook camina a pasos veloces hacia la vitrina. Abre el compartimento de cristal con extrema cautela. Toma la Lágrima de la Luna Roja, cuya luz aún tiembla frenética, y la desliza dentro de una pequeña bolsa de terciopelo negro. Deposita el paquete dentro de una pequeña caja de madera antigua, tallada con runas olvidadas. Cierra la tapa con un golpe seco.

Se gira y le extiende la caja a Taehyung.

El pelinegro extiende la mano temblorosa y la toma. El contacto de la madera está frío, pero el contenido parece emitir una calidez irreal. Taehyung aprieta la caja contra su pecho, mira a Jungkook una última vez —buscando en sus facciones perfectas alguna respuesta que no llega— y, sin decir una sola palabra más, se da la vuelta y abandona la habitación.

El eco de los pasos de Taehyung se pierde por los majestuosos pasillos de la mansión hasta que la puerta principal se cierra a lo lejos.

En el ala oeste, el silencio regresa, pero es un silencio contaminado. Jungkook se apoya sobre la mesa de cristal, respirando con dificultad. El sabor de esa sangre sigue vivo en sus papilas gustativas, despertando recuerdos, emociones y un deseo inquietante que creía extinto tras siglos de soledad. La convulsión interna lo tambalea.

A kilómetros de allí, dentro del vehículo alquilado que se aleja por la carretera costera de Cornwall, Taehyung sostiene el volante con una sola mano. La izquierda permanece fija en la quemadura de su muñeca. La zona lastimada no le duele de forma convencional; emite un cosquilleo magnético, una vibración intrínseca que le acelera el pecho. Se siente profundamente alterado, dividido entre el triunfo de haber conseguido el tesoro y la perturbadora certeza de que algo en él ha cambiado para siempre.



Busan. Abril, 2026.

El murmullo tenue de la tarde se cuela suavemente dentro de un exclusivo bar en Busan.

Taehyung está sentado con un vaso de whisky frente a él, observando a las personas a su alrededor mientras espera a un cliente importante. Su mano derecha sube instintivamente hasta su muñeca izquierda. Sus dedos frotan suavemente la piel cubierta por la manga de su camisa, buscando el punto exacto donde aún puede sentir la huella invisible de unos colmillos.

Han pasado tres meses desde Cornwall, pero la sensación no se ha desvanecido ni un solo día.

La figura del cliente se aproxima a su mesa.

Un hombre de mediana edad, impecablemente vestido con un traje a la medida y portando un portafolios de piel de cocodrilo, se acomoda frente a él. Es un cliente adinerado, de esos que solo buscan objetos que no deberían existir en los catálogos oficiales.

—Señor Kim —saluda el hombre con una inclinación respetuosa—. Gracias por recibirme con tan poco tiempo.

—Diga de qué se trata —responde Taehyung, girándose despacio sin soltar su muñeca.

El cliente sonríe y coloca un expediente sobre la mesa.

—Tengo un encargo especial. Un manuscrito del siglo XV que reapareció en una subasta privada. Necesito a alguien con su habilidad para asegurar la pieza antes de que cambie de manos.

Taehyung acerca la mirada a la mesa y echa una revisión superficial a los documentos.

—¿Dónde se encuentra la pieza? —pregunta.

—En Inglaterra —contesta el empresario—. Debe viajar a Londres este mismo fin de semana.

La palabra Inglaterra resuena en el aire como una campanada.

De manera instintiva, Taehyung cierra los ojos.

En la absoluta penumbra de su mente, la niebla de la costa, la gélida temperatura del ala oeste y las pupilas carmesí de Jungkook Jeon emergen con una nitidez abrumadora. Puede escuchar de nuevo su voz grave, la advertencia contenida, la orden susurrada contra su piel.

Abre los ojos despacio. Su respiración se vuelve ligeramente más profunda. Desliza una vez más la yema de sus dedos sobre la cicatriz invisible de su muñeca izquierda, sintiendo ese tirón eléctrico recorrerle el brazo.

El cliente lo observa en silencio, esperando una confirmación.

—Señor Kim, ¿acepta el trabajo? —insiste el hombre.

Taehyung aprieta ligeramente los dedos alrededor de su muñeca, esboza una sonrisa indescifrable y asiente lentamente.

—Sí —dice con voz tranquila pero firme—. Iré a Londres.


FIN... ¿o quizá no?



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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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author

Dios estuvo re bueno, ocupo está joya completa para ver qué pasaaaa

10 hours
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¿Qué? Quiero más. Esto no puede quedar así. le falto 🔥 completo... jejejjej

9 hours
1
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Siiii, necesito historia completa. Hermosa la forma en como la relatas. 🥰🥰🥰

6 hours
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