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Cartas para ¿Quien?

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Summary

«Voy a redactar cada momento nuestro, plasmando en cada oración un vistazo del amor que te tengo» Lunes 1 de Diciembre del 2023 Para: Destino desconocido. Dicen que cuando las miradas se encuentran es porque están buscando algo. ¿No es así? Las miradas pueden ser incómodas o cálidas; cada persona les da un toque distinto. En ellas se nota la agonía, la felicidad, la ternura. A través de una mirada se adivina más de lo que uno se atreve a decir. Las suyas eran diferentes. Tenían algo familiar, como si lo hubiera conocido desde siempre. Pero que una mirada se sienta así no significa que sea verdad. También pueden ocultar lo que realmente hay detrás: ese doble pensar, ese detalle diminuto que te hace creer que estás construyendo un mundo entero por algo que quizá no significa nada. O, en el menor de los casos, esas miradas pueden ser un reflejo del alma; una especie de llamada que capta lo que sientes y te hace ver lo que no existe… o lo que no quieres admitir. Daniel reflejaba ternura. Su mirada era libre, segura. Me observaba con una suavidad que se sentía. Podías verlo: el amor que él me tenía. Todo con él era calmado; no había necesidad de cuestionar nada. Pero el verdadero golpe llegó al verlo a él… a Erick. La mirada de Erick no era incómoda ni cálida, tampoco familiar. Era normal. Tan normal que justamente por eso me intrigó. Había algo escondido, algo que me empujaba a querer saber más. Mientras más me acercaba, más nerviosa me sentía. Su presencia alteraba mi sistema, me hacía temblar como si estuviera hecha de gelatina. Jugaba con mi paciencia: miraba mis labios, luego mis ojos, como si lo hiciera adrede. Ese era su juego. Y yo estaba más que dispuesta a jugar también. El tiempo no ayudaba, y a veces me hacía enojar, pero aun así había algo reconfortante en saber que volvería a verlo… y a sentir esa mirada clavada en mí. Entonces supe que no era una fantasía creada por mí. No era de una sola persona. Era de dos. O, quizás, de tres.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Carta l

Ottawa, Canadá.

Martes 12 Octubre del 2021.

Para: Destino Desconocido

“Mi nombre es Celine Allen, Celi para los conocidos. En aquel tiempo de mi vida iba en segundo año en la facultad de Leyes y vivía en Canadá.

Dado los momentos tan impredecibles de mi vida decidí plasmar mis verdades, para solo aquellos que pudieron mentir sobre mi realidad. Todo se remonta a aquel Martes donde mi vida dio un giro drásticamente.

Durante todo este tiempo he estado escribiendo para “olvidar”, o al menos de eso me convencí. Trazando letras, formando palabras y escupiendo oraciones que pasaban a ser selladas por mis lágrimas.

Probablemente esto no salga a la luz, pero si lo hace, puede que sepas que es sobre tí al leerlo, capaz hasta te haga sentir elevar tú ego. Ojalá pudiera ver tú cara en ese momento, aún así encontrarás un ” Para: Destino Desconocido” en la esquina, y un lárgate de mi vida como adiós.”

—Vamos tarde—la brisa del otoño intenta llevarse mi bufanda mientras camino con pasos acelerados.

Mi estómago ruge y mis pies arden,pero para mí queridísima amiga Valeria caminar ocho cuadras por una reservación en un restaurante, no es la gran cosa.

Aprovechamos que la universidad canceló las clases para poder tener una salida de chicas. El clima es perfecto tal y como me gusta;otoño.

Las hojas secas gruñen bajo mis botas rojas, dándole un ambiente frío y vintage a la vez, el querer combinar mis atuendos con las estaciones del año es algo que me resulta fascinante. Para mi salida traigo una mini falda marrón, mis piernas largas están cubiertas por unas mallas negras. Y un top blanco que cubre lo necesario.

Las botas me llegan hasta los tobillos, son lo bastante bajitas como para no verme más alta de lo que ya soy. Para mi desgracia y fortuna mido 1.75cm, es tedioso poder llevar una vida tranquila si que me miren como una jirafa humana.

Mi cabello castaño esta atado en una coleta alta, no llevo tanto maquillaje, pero si delineado en mis ojos verdes.

Valeria lleva un vestido largo, asustado y negro, el cual hace victoria a su hermosa figura. Su cabello negro ondulado le llega hasta los hombros haciendo más llamativo la jadeíta de plata que carga en el pecho.

Mis pies descansaron cuando tomé asiento en Pervel uno de los restaurantes más prestigiosos de la cuidad.

La mesa es para dos, hay un gran ventanal a nuestra izquierda, a la derecha se ve un mini bar, aunque con pocas personas, ya que es algo deprimente tomar alcohol a las 4 de la tarde.

—Como te venía diciendo, la universidad me tiene cansada.

A veces me gusta ser la mejor. Es algo que mis padres me inculcaron.

—Ya te he dicho que tomes un descanso, crees que todo tiene que ser tan a la fuerza, apenas vas iniciando.

Ruedo los ojos, ella no entiende.

—No lo entiendes.

—¿De verdad te gusta?

Dudo.

—Si, me encanta.

Me sonríe de oreja a oreja, sus ojos se vuelven pequeños cada que lo hace—Esta bien, espero y te haga feliz.

Lo dudo, cambiemos de conversación mejor.

—¿Cómo te va con tú carrera?—estudiamos en la misma universidad, diferente facultades así que es muy díficil que nos topemos por ahí.

—Bien, me cuesta seguir los patrones, pero creo que casi termino de coser mi diseño.

—¡Ah si!. ¿Qué es?

—Un vestido, me gustaría que te lo pruebes.

Segundos después unos meseros nos atendieron, ella ordenó una pasta blanca, y no realmente no tengo ganas de comer algo pesado, solo pedí un café con brownie.

—Val—digo en cuanto el mesero se va con nuestra orden—no somos de la misma talla.

Aparte es más pequeña que yo.

—Cariño, recuerda que uso las tuyas como molde—dice con una dulce sonrisa.

—Lo cuál encuentro innecesario, pero esta bien llévalo a mi apartamento.

—Todavia no puedo creer que vives sola.

—Yo tampoco, ¿te dije que está a mi nombre?—abre la boca en señal de sorpresa—mi padre no mentía cuando dijo que no quiere que trabaje hasta terminar la carrera.

—Me lo esperaba, el señor Allen es muy estricto—entierra los ojos como si acabara de tener un deja vu—tú no fuiste una adolescente bien portada.

Sonrío, no, de hecho fui todo lo contrario. Ella también.

—Tenia que ser un poquito diferente—encojo los hombros con sutileza.

—Entonces, me dijiste que tenías algo importante que decirme.

Ayer me escribió diciendo que hizo una reservación para ambas, en sus palabras, hay algo que tengo que contarte, trate de sacarle aunque sea un dato previo. Un spoiler, pero mi amiga dijo, que necesitaba mi reacción.

Esto solo me dejó en la posición de estar en mi cama a las tres de la madrugada pensando en lo que mi amiga me diría.

Respira profundo, como si trata de pensar bien sus palabras. Me toma de las manos y veo como tiemblan.

Por favor Dios, que no esté embarazada.

—Creo que mi novio me es infiel—responde Valeria casi susurrando.

Bajo la mirada hacia la mesa mientras suelto todo aire que tengo acumulado, que alivio no hay un bebé ahí adentro.

Espera ¿Qué?

Valeria era esa amiga con la que podrías contar siempre, nunca ponía peros, es más, te daba más ideas. Ella era alegría, amor, risas, cariño, halagos, nada de envidia y felicitaciones a medias.

Nos conocimos gracias a nuestros padres, mi padre era abogado del suyo, Val iba a mi casa cuando su este se metía en problemas legales, lo que era casi siempre.

Una tarde en Mayo una muy tímida Celine invito a su habitación desordenada a la muy extrovertida Valeria, ella se emocionó a ver mi habitación tristemente yo tenía más juguetes que ella, así que sin dudarlo le di unos cuantos.

Al igual que su padre, Valeria era una niña muy orgullosa, así que se negó aceptarlos por caridad, así que la convencí de que eran prestados y que podría devolverlos cuando ella quisiera, cada vez que la veía Valeria traía una bolsa con mis juguetes, yo muy tranquila le decía que todavía no los necesitaba, así continuamos hasta Navidad.

Mi padre me preguntó que porque le había pedido dos cocinas de juguete a Santa Claus, le dije que para mí amiga Valeria, ya que ella me había dicho que Santa no tiene su dirección de casa y que nunca ha ido a llevarle sus regalos.

Desde ese entonces, no hay un solo recuerdo de mi infancia y adolescencia en donde no esté mi amiga.

Ella era como mi otra hermana, así que cuando vi todo lo que sufrió ese año, fue como si me arrancarán los órganos uno por uno, lo peor de todo es que no estaba en una de las mejores posiciones para ayudarla.”

Pruebo mi café mientras escucho las razones de Valeria para sospechar la infidelidad.

—El jueves me dejó plantada en una cita porque tenía mucho trabajo en el taller, tuve que regresarme a casa luego de un par de tragos, claro está, y cuando estoy a punto de dormirme veo su carro estacionarse, sale y cuando llega la habitación me hago la dormida.

Mi amiga se lleva parte de su negro cabello hasta su boca, esta en pánico.

—¿Qué pasó?

—No traía el uniforme del taller.

—¿Fue sin uniforme al trabajo?

—Más bien nunca fue, traía puesto ropa de gimnasio.

—Tal vez llevó la ropa a su auto y luego del trabajo fue directo al gimnasio…

Me mira mal inmediatamente. Quizás solo está delirando y tomo la primera versión que le dió su cabeza al sobrepensar.

—Él no va al gimnasio los días de semana, dice que hace mucha fuerza en el trabajo y llegaría cansado luego de la rutina.

—¿Haciendo fuerza en qué? Moviendo tuercas?

—O cogiendose a la dueña de cualquier carro.

Se lleva un puñado de maní a su boca mientras en su rostro se esparce una capa ligera de labial.

Está nerviosa, en parte es comprensible lleva años conviviendo en el mismo espacio con una persona, el hecho de deshacerse de tal comodidad podría hacerla perder su propia estabilidad.

—Y si solo tal vez estás tomando una opción precipitada.

—Yo no decido las cosas tan a la ligera, estoy segura de que me engaña.

—Irte a vivir con él sin conocerlo del todo, eso sí fue a la ligera—alza las cejas cuando terminó de hablar, el temita de su huida romántica no es algo que se haya tocado todavía, aún teniendo dos años de ese suceso.

—Es diferente, ¡eso fue por amor!.

—Ahora es delirio solo porque no dejas que te explique las cosas!.

Elevo la voz solo un poco, generando que la señora de cabello blanco del lado, me observe detalladamente.

Desvío la mirada.

—Explicarme qué según tú…?—se calla de golpe, él mesero trae su pasta y mi brownie, trata de ser lo más eficaz posible ya que vio que estábamos alteradas.

Mi amiga no pierde el tiempo, toma el tenedor y se lo lleva a la boca, como si eso va a resolver sus problemas.

—Solo digo que quizás estás viendo cosas donde no las hay. La comunicación es la clave.

—Hola amor,¿ cómo te va? Es para preguntarte si me eres infiel, tengo mis sospechas pero no está de más preguntar!

—Eso es exactamente lo que tienes que hacer.—respondo—no me gusta del todo esa relación, pero si te soy sincera, no está de más darle el beneficio de la duda.

—Siento una corazonada Celi.

Esta desesperada, pero no puedo dejar que haga cosas a la ligera.

—Habla con él, no vayas a terminar por una “corazonada” que puede que sea falsa.

—Está bien—Aunque puedo ver la duda en su rostro.

—Gracias, es bueno hacerte ver un poco más de cordura.

Estoy mirando hacia el pasado, y podría hacer una lista de 100 cosas que extraño. Pero eso, ese momento de hablar con mi amiga sobre algo importante, cualquier porquería.

La nostalgia es lo que más habita en mi cuerpo. ”

—Tienes que probar esto—me extiende el tenedor, niego con cuidado, pero su mirada me obliga abrir mi boca, dejando que el sabor invada mi paladar.

—Está bueno—añado cuando termino de tragar, ayudándome del vino, es algo muy de nosotras compartir bebidas.

—¿Viste el mesero?

—Pues sí.

—Y? No te pareció lindo?

Volteo a mirarlo, es rubio, algo alto, lleva una camisa rojo vino, pantalón negro y un deltal en la cintura del mismo color. Es, simple.

—Si, por qué te gusta?

—No tontita, se ve lindo para ti.

Rodeo los ojos, molesta.

—Que hablamos de eso?

—Te vendría bien un novio. ¿O es que sigues pensando en Charles?

—Claro que no, eso ya es pasado.

—Te dolió que se fuera, ¿verdad?

—Era lo mejor, no voy a impedir los sueños de nadie—las palabras se me atascan en la garganta, necesito decirle la verdad—Siendo totalmente sincera, nunca me sentí completamente feliz con él.

—Tesoro, por qué no me contaste?

—No lo sé, pero no estaba enamorada, no lo quería, tampoco me sentía bien a su lado.

Toma mis manos con cuidado.

—Entonces me alegra saber que no estás más ahí, te mereces todo lo bueno en esta vida Celi.

—Gracias..pero por lo menos habla con Omar,¿puedes?

—Está bien, una llamada y listo.

Al terminar de nuestros platos y de las quinientas fotos que tomo mi amiga, me levanto de la silla caminando con cuidado hasta la barra mientras que Valeria habla abiertamente con su hombre por teléfono.

“La primera vez que lo ví estaba muy nerviosa,ya que no solía entrar mucho a esos lugares, pero era algo normal no tendría porque sentir tanta ansiedad. Con el paso del tiempo entendí que no fue gracias al lugar, si no a las personas que lo habitaban.

Su presencia era cálida, podía quedarme horas a su lado hablando de cualquier tema en concreto. Pero en el fondo me sentía desconectada,y no sabía muy bien porque.”

A mí izquierda tengo dos hombres conversando,uno de ellos me mira una que otra vez. Mientras en qué a mí derecha espera un hombre con la cabeza recostada en la barra sus brazos están bajo su barbilla. Y sus ojos se mantienen cerrados a medida que su cuerpo sube y baja. “Pensé que estaba borracho”.

Ignoró su presencia mirando al frente dándole golpecitos a la campana. Logro atraer la atención del mesero. Una Margarita sale de mis labios,recibo un asentamiento con la cabeza y vuelve a perderse entre las puertas del bar.

Me acomodo en la silla esperando mi bebida,los dos hombres de mi izquierda ya se han ido. Pero el ¿borracho? Ese sigue ahí.

Juego con los maní haciendo sonidos que coaccionan con mis zapatos.

“Tenía mucho sin el contacto masculino en mi vida, no tenía idea de las cosas que podría aprender de ellos, de las cosas que podían hacer, hacerme, hacerme que me gusten o duelan.

¿Físicamente? Fue un sarpullido de emociones luego de levantarme de una larga siesta.¿Mentalmente? Bueno que te digo.”

—Puedes dejar de hacer tanto ruido—dice el hombre a mi lado. Su voz suena neutral y no hay olor a alcohol en su aliento.

Sigue con la cabeza recostada,le echó una Ojeda a las puertas del bar y nadie es visto.

—Lo siento.

—Ujun.

—¿Mal día?

Levanta la cabeza observandome, su cabello se mantiene estable en su forma de peinado,sus brazos cubren su nariz y boca. Dejando solo visibles sus hermosos ojos cafés.

“Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que lo ví. Recostado en la barra con aspecto despreocupante, sus ojos me miraban como si fuera una obra de arte. Podía encogerme con solo sentir su mirada sobre mí.”

—Un poco, pero no es importante—responde luego de unos segundos volviendo a dejar su cabeza donde estaba.

—Puedes contarme…soy buena escuchando—digo llegando a mi boca la bebida.

—Tengo una reunión de trabajo.

Me muevo un tanto incómoda dejando la copa en la mesa.

—Y eso que tiene de malo?

—No me gusta mucho convivir con esas personas. Con las personas en sí.

—Yo también tengo una reunión.

Levanta la cabeza un tanto interesado por lo que acabo de decir, mientras suelto una sonrisita.

“¿Una de las cosas que más odio de mi misma en ese momento? La confianza que le daba a las personas tan de prisa. Era algo que me convertía en un ser tan vulnerable,detestaba eso. Pero en su momento no era consciente del lío que podía ocasionar.

Por ende solté cada cosa que creía irrelevante en mi vida, evitando mi nombre y apellido. Pero para mí desafortunadamente cada detalle,aunque sea pequeño, cuenta como arma blanca. ”

—Se podría decir que a mi padre le gusta presumir demasiado, cosa que considero estúpida—suelto sin más luego de comentarle el motivo de la reunión, sin mencionar el factor sorpresa.

—Adivinare, tú padre es él gobernador.

—Obvio no¿Por qué piensas eso?

—Porque tienes cara de serlo, hija de un ricachón, presumida y mandona. Toda una jodida rubia.

—Ok, para tú información no soy rubia, soy castaña.

Vuelve a colocar su cabeza en el mismo lugar mientras flexiona la espalda.

Una horda de emociones indescriptibles pasaron por mi cuerpo, quiero aventarme, pero no lo conozco. Que más da, una cosita del momento y ya.

—¿Cuánto quieres apostar que no soy todo lo que dijiste?

Logró que deje a la vista sus ojos, veo su sorpresa en ellos ya que me he bajado de la silla y mi rostro solo está a centímetros de su cuerpo.

“Su presencia se sintió enriquecedora,tal y como la imagine. Sabía que la vida me traería amor de sobra, pero al tenerlos. No sabía que hacer con tanto.”

—Uhm ahora te gusta apostar.

—¿Cuando dije que no me gusta?

—De acuerdo, apostemos que no eres como supongo. ¿Cuál sería mi premio?

Me muevo un poco más hasta llegar al mismo nivel que su rostro logrando que él se acomode un poco más en su posición ,y aún con sus ojos sobre mí le respondo: —¿Quién más? Yo.

“En ese momento podría jurar que él había sonreído, pero mi yo del pasado solo podía sentir las jodidas emociones de una simple mujer sin historial romántico. No sabría diferenciar entre sadismo y éxtasis. Obviamente no podría leerlos en una sonrisa.

No voy a decirles que él es malo, porque realmente no lo es.

Había algo que me hacia suspirar, amaba a ese hombre, era una calma a la tempestad de mi vida, era el refugio de mi alma, ese hombre fue el inicio de estás cartas, ya verán si será el final. ”

Besos y abrazos.

C.A

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