En Un Mundo Distinto Al Mío by Astrobrine at Inkitt
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En un Mundo Distinto al Mío

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Summary

Una chica de preparatoria es asesinada una tarde cuando iba de vuelta a su hogar. Ella, de un momento a otro, despierta recostada a un árbol en medio de un campo de flores. ¿Qué tipo de aventuras y enemigos se encontrará?

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un Mundo Distinto al Mío

El sol se ocultaba tras una ladera y el crepúsculo incendiaba el cielo con tonos rojos y anaranjados. En una ciudad cualquiera, en algún lugar de Japón, la vida cotidiana continuaba como siempre, indiferente a lo que estaba por ocurrir.

Una joven de cabello oscuro y poco arreglado caminaba junto a un chico de cabello marrón, de regreso a casa después de un largo día de clases. Sus pasos eran tranquilos, acompañados por una conversación ligera que rompía el cansancio del día.

—Oye, oye, amor... —dijo ella con una sonrisa—. ¿Qué harías si tuvieras mil millones de yenes ahora mismo?

El chico la miró de reojo, pensativo, y luego sonrió con suavidad.

—Mmm... te compraría todos los coleccionables de tus mangas y animes favoritos.

Todos.

Ella rió por lo bajo.

—Qué desperdicio de dinero... Aunque suena tentador, también podrías comprarle juguetes a mi gatita Sakuya, jeje.

El camino se bifurcaba un poco más adelante.

—Creo que sería mejor tomar un atajo —comentó ella, señalando un callejón estrecho—. Llegaríamos más rápido.

El chico observó el lugar durante unos segundos. La luz apenas alcanzaba a entrar.

—No creo que pase nada —respondió al final.

Entraron.

El callejón estaba casi a oscuras. La luna comenzaba a asomarse entre los edificios, proyectando sombras alargadas sobre el suelo. Sus pasos resonaban con un eco incómodo. Todo parecía normal... demasiado normal.

Entonces, el aire cambió.

De entre las sombras surgieron varias siluetas. Demasiado cerca. Demasiado rápido.

El corazón de la joven comenzó a latir con fuerza.

—Mierda... —murmuró, tragando saliva—. ¿Qué quieren?

El chico reaccionó de inmediato, colocándose frente a ella sin pensarlo.

—Ponte detrás de mí.

—Denos sus celulares y las bolsas —dijo uno de los delincuentes—, y no les haremos daño.

—¿Por qué deberíamos hacerlo? —respondió el chico. Su voz temblaba, pero no retrocedió.

Fue un error.

En un impulso desesperado por proteger lo poco que tenían —y a la persona que amaba—, dio un paso al frente. El mundo pareció ralentizarse.

Desde atrás, ella lo vio todo.

Uno de los delincuentes sacó un arma.

El brillo metálico fue lo último que vio con claridad.

El disparo rompió la noche.

—¡Estúpido! ¿Por qué le disparaste? —gritó el mayor de ellos—. Olvídense de los celulares. ¡Hay que huir!

La bala no iba dirigida al chico.

La bala la alcanzó a ella.

Un dolor abrasador le atravesó el pecho. El aire abandonó sus pulmones de golpe. Sus piernas fallaron. Al llevarse la mano al pecho, la sensación húmeda y caliente la devolvió a la realidad.

Sangre.

El mundo comenzó a inclinarse, a perder forma.

—¡Hi...! ¡Hijos de pu...! —gritó, agarrándose el pecho para intentar evitar perder demasiada sangre.

Y se desplomó.

El chico reaccionó como pudo. Con manos temblorosas, llamó a emergencias, dio su ubicación y suplicó ayuda. Luego cayó de rodillas junto a ella y la sostuvo entre sus brazos.

—Por favor... no te mueras... —sollozó—. No me dejes... por favor...

Su respiración era débil. Lejana.

—No te mueras... —repitió, con la voz rota—. Katsuki, no te mueras...

Sus ojos se encontraron por última vez.

—Nos... ve...mos... del otro la...do, te... amo... —susurró ella, sobándole el rostro con las pocas fuerzas que le quedaban, apenas audible.

El latido se detuvo.

La oscuridad la envolvió por completo.

Entonces, una voz cálida y reconfortante rompió el vacío.

—Despierta... bienvenida a tu nuevo mundo.

No provenía de ningún lugar en particular y, aun así, resonó en lo más profundo de su mente. Antes de que pudiera reaccionar o formular una pregunta, la voz se desvaneció.

Entonces, una luz comenzó a filtrarse a través de la oscuridad, envolviéndola con suavidad. Katsuki abrió los ojos y se encontró recostada contra un árbol, en medio de un vasto campo de flores que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

En la distancia, un lago reflejaba el cielo. Intrigada, se acercó y, al asomarse al agua, su reflejo le devolvió la mirada. Se observó en silencio, notando que seguía siendo ella. Sin embargo, al examinar con más atención su entorno, quedó asombrada por la belleza que la rodeaba.

Katsuki regresó al árbol donde había despertado y se sentó con cuidado, sintiendo la frescura del césped bajo sus manos. La luz del sol atravesaba las hojas, creando un suave juego de sombras a su alrededor.

—Creo que estoy en el cielo —murmuró con voz temblorosa.

Mientras contemplaba el paisaje, el sonido de pasos resonó en el suelo cercano. Un hombre apareció entre los árboles, vestido con una armadura de malla y una túnica blanca con una gran cruz roja cosida en el pecho. Su mirada era firme, pero había en sus ojos una bondad que transmitía confianza.

Katsuki retrocedió un poco, aún desorientada.

—¡No temas, joven! —dijo el hombre con voz autoritaria pero cálida—. Soy Ezequiel, un templario al servicio de la Iglesia de la Luz. Observé una enorme columna de energía a lo lejos y decidí dirigirme al lugar de impacto. Allí te encontré. Es un milagro que estés aquí.

Ezequiel dio un paso al frente, observando la expresión de confusión en el rostro de la joven.

—Desde hace tiempo buscamos señales de la heroína legendaria. Existe una profecía que habla de una joven que descenderá a estas tierras envuelta en una columna de luz, trayendo esperanza en tiempos oscuros. A lo largo de los años hemos avistado varios pilares de luz, pero cuando llegábamos al lugar nunca había nadie. Hoy tuvimos la suerte de que, por fin, la profecía se cumpliera —dijo con voz firme—. Te llevaré a la capital real. El emperador querrá verte.

Sin poder articular una respuesta, Katsuki asintió débilmente. Ezequiel extendió su mano para ayudarla a levantarse, y ella la tomó con cautela. Juntos, comenzaron el camino hacia la capital real.

El viaje fue largo y, mientras caminaban, Katsuki no podía dejar de pensar en si todo aquello no sería un sueño provocado por haber leído demasiados mangas del género isekai. Sin embargo, al rato, una sensación de tristeza comenzó a surgir. Si lo que estaba viviendo era real... ¿qué será de su gatita?¿su amado la seguirá recordando? Además, ni siquiera había podido leer el final de su manga favorito. Aun así, no permitió que ese sentimiento la abrumara.

Al llegar a la ciudad, Katsuki quedó completamente impactada por lo que veía.

—¡WOAAH! ¡Un reino occidental medieval de fantasía! —exclamó emocionada.

El lugar era vibrante, lleno de colores, comerciantes y aventureros. Las calles estaban atestadas de personas que iban y venían, pero lo que más llamaba su atención era la enorme catedral en el centro de la ciudad, cuyas torres parecían rozar las nubes.

Ezequiel la condujo ante el emperador, quien se encontraba en el palacio real, ubicado detrás de la enorme catedral que había observado antes. Era un hombre de porte majestuoso, sentado en un trono adornado con oro y joyas. Al ver a Katsuki, su mirada se llenó de dudas.

—No recuerdo haber pedido una mujer el día de hoy —dijo—. No esperaba que un templario me trajera una ofrenda de tal calidad, Sir Ezequiel. ¿Tan bien le caigo?

—Ella es la joven de la profecía, majestad —interrumpió Ezequiel, algo irritado.

El emperador, sorprendido, recobró la compostura.

—Ugh... ugh. Bienvenida, heroína enviada por Dios. Mi nombre es Leopold von Falkenhayn. Soy el emperador de este continente, al que nuestro Dios nombró Sanctus, y actualmente te encuentras en la capital real, Sancta Regia. Eres la luz que hemos estado esperando en esta era de oscuridad.

—Qué viejo más asqueroso... no sé tú, pero ese Santa Claus no me inspira confianza —murmuró Katsuki, apenas audible.

El emperador tomó una espada resplandeciente de la mesa que tenía a su lado.

—Recibe esta espada. Con ella combatirás a las fuerzas que amenazan nuestro continente. Además, te entrego esta bolsa con quinientas monedas de platino para que puedas cubrir tus necesidades durante el viaje. Por cierto, para que entiendas el sistema monetario del imperio: cada moneda de platino equivale a diez mil monedas de oro; cada moneda de oro equivale a mil monedas de plata, y cada moneda de plata equivale a cien monedas de bronce.

—¡Es demasiado dinero...! ¡Por fin soy rica!

Después de que se le pasara la emoción, Katsuki tomó la espada con manos temblorosas, sintiendo el peso de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros. Luego sujetó la bolsa de monedas con una enorme sonrisa.

Miró a Ezequiel buscando alguna señal de duda sobre si ella era digna de ser la Heroína de aquel continente, pero solo encontró confianza en su mirada.

—Dejaré tu entrenamiento a cargo del templario de la Orden Santa de la Iglesia de la Luz, Ezequiel D'Auxerre —continuó el emperador.

—Eh, peliblanco... así que te apellidas D'Auxerre. Suena a que eres francés —dijo Katsuki con una sonrisa ligera—. Un gusto, soy Iwamoto Katsuki, aunque puedes llamarme Katsuki si quieres. Aunque supongo que en occidente es normal llamarse por el nombre, así que da igual.

Tiempo después de iniciado su entrenamiento, Katsuki se ajustó al peso de la espada sobre el hombro mientras trataba de igualar el ritmo de Ezequiel. Cada mañana comenzaban a entrenar antes del amanecer y, mientras Katsuki soñaba con un día de descanso, Ezequiel ya estaba listo.

—Otra vez, Katsuki. La postura, la respiración. Un verdadero guerrero no deja lugar para los errores —le indicaba en cada sesión de espada, con una voz firme pero sin rastro de irritación.

Cada vez que Ezequiel corregía sus movimientos, había un interés genuino en que ella mejorara. En los primeros días, la intensidad de los entrenamientos le parecía inhumana, pero pronto comprendió que la rigurosidad de Ezequiel no provenía de la crueldad, sino de su deseo de prepararla lo mejor posible.

A medida que los días avanzaban, Katsuki comenzó a ver otro lado de su maestro. Cada noche, cuando terminaba el último ejercicio del día completamente exhausta, Ezequiel le preparaba una infusión de hierbas locales para calmar el dolor muscular.

—Tómala —decía él, entregándole la infusión.

Entre tragos, Katsuki se atrevió a hacerle algunas preguntas, interesándose por su vida.

—¿Qué edad tienes, Ezequiel?

—Aunque no lo parezca y me vea bastante joven... tengo un milenio y algo de existencia. Perdí la cuenta después de los quinientos años.

—¡ESO NO TE LO CREES NI TÚ!... Espera, viendo cómo es este mundo, capaz sí sea verdad. A ver... ¿qué apodo podría ponerte? Mmm... ¡Ya sé! De ahora en adelante te llamaré viejo —respondió Katsuki, todavía llena de dudas.

El templario no hizo más que sonreír ante la reacción de la joven.

Qué poco creativa es... —pensó.

—Ya... da igual.

—¿Ahora qué te pasa, viejo? —dijo Katsuki.

En el último mes de entrenamiento, Ezequiel decidió iniciar una nueva fase.

—Hoy aprenderás algo diferente, Katsuki. Te enseñaré magia sagrada.

Katsuki lo miró, sorprendida. Nunca imaginó que alguien como ella pudiera aprender magia.

—¿A poco yo puedo aprender magia sagrada?

—Normalmente, la magia sagrada se obtiene mediante la bendición de la Iglesia después de años de aprendizaje en la Escuela Principal de Magia. Sin embargo, tú eres una excepción. Bueno, los templarios santos también lo son. Nosotros recibimos directamente la bendición de la Iglesia en reconocimiento a nuestro servicio y misión.—explicó Ezequiel.

Día tras día, el entrenamiento avanzó.

Al principio, Ezequiel le enseñó a concentrarse y a percibir su energía de una manera distinta a como lo hacía en combate. En lugar de depender de su fuerza física, debía concentrarse en su espíritu.

Era un proceso agotador, tanto para el cuerpo como para la mente. Había noches en las que Katsuki terminaba completamente exhausta. Sin embargo, Ezequiel siempre estaba allí: paciente, atento, guiándola con palabras simples y ayudándola a encontrar la calma necesaria para controlar la magia sagrada.

—No te desesperes, Katsuki —repetía una y otra vez—. Esta magia no responde a la fuerza bruta ni a la impaciencia, sino a la tranquilidad.

Ella dejó escapar un suspiro.

—Perdón, viejo... es que realmente no puedo dejar de pensar en algo.

Ezequiel la observó con curiosidad.

—¿Qué es lo que te atormenta, Katsuki?

Ella sostuvo su mirada durante unos segundos, como dudando si debía hablar.

Finalmente, se decidió.

—No sé si me creas, pero... yo no provengo de este mundo. Nací y me crié en un lugar donde no existía la magia, solo armas y algo que llamábamos tecnología. Era un mundo bastante distinto a este. Por una mala decisión, yo... morí. No hubo nada más que oscuridad. Luego escuché una voz y desperté bajo ese árbol. Supongo que Dios me eligió y reencarné..., aunque todavía no comprendo por qué me eligió a mí.

Hizo una breve pausa.

—Aunque eso no es lo que de verdad me atormenta... Tenía una pareja desde hacía varios años. Estábamos juntos el día que morí. Ojalá no le haya ocurrido nada...

Bajó un poco la voz.

—Aunque, si no le pasó nada, quizás... con el tiempo ya me haya olvidado... Aunque también me dolería que él siga apegado a mí y eso le perjudique. Sé que es mucho lo que le digo, y no me molestaría que no me creyera —dijo con la mirada cargada de tristeza, a punto de quebrarse.

Ezequiel permaneció en silencio unos instantes, pensativo.

—Lo que dices podría ser cierto —respondió finalmente—. Además, llegaste mediante un rayo de luz. Existen relatos sobre un antiguo héroe de este continente, uno que vivió hace más de mil años. Nunca lo conocí, pero se decía que provenía de otro mundo, de un lugar llamado "Japón", y que tenía un nombre extraño, al igual que tú.

Bajó un poco la voz.

—Lamentablemente, fue asesinado por un demonio.

Katsuki abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio...?

—En cuanto a tu querido —continuó Ezequiel—, no sobrepienses las cosas. Si realmente te amaba, no te olvidará jamás, aunque lo mejor para él es que siga con su vida. Así que no cargues con ese miedo.

Bajó la mirada, con los ojos aguados, mientras un nudo le oprimía el pecho.

—Es cierto... espero que esté bien.

Luego levantó la vista y, tras secarse las lágrimas, un brillo nuevo apareció en sus ojos.

—Así que hubo un héroe antes que yo, y también venía de Japón... Tendré que investigar más sobre él, aunque me pregunto por qué todos los héroes invocados vienen de Japón.

—Cuando termines tu entrenamiento, ve a alguna biblioteca —asintió Ezequiel—. Allí debería haber información sobre ese antiguo héroe.

Las semanas siguieron pasando, y con el tiempo Katsuki comenzó a sentir algo diferente dentro de ella. Una energía cálida y reconfortante fluía en su interior. Al principio era apenas una chispa, casi imperceptible, pero con la guía de Ezequiel aprendió a concentrarla en sus manos y proyectarla hacia el exterior.

Un día, al lograr canalizarla correctamente, sus manos comenzaron a brillar con una luz dorada y suave.

Ezequiel, que observaba en silencio, asintió con aprobación.

—Bien hecho, Katsuki. Esta energía se llama maná; más específicamente, es una proyección de magia sagrada. Puedes usarla tanto para sanar como para purificar. —explicó con un orgullo sutil, pero evidente.

Finalmente, en su último día de entrenamiento, Ezequiel decidió ponerla a prueba.

—Conjura la magia sagrada una vez más, pero esta vez recita lo que dice aquí —le pidió mientras le mostraba un pergamino—. Luego, imbuye tu espada con ella.

Katsuki respiró hondo, cerró los ojos... y comenzó a recitar:

—Benedictio Lucis.

Un aura dorada envolvió la espada, firme y estable.

Cuando todo terminó, Ezequiel la observó con una sonrisa tranquila.

—Ahora, Katsuki, queda en tus manos dominar por completo la magia sagrada. Por cierto, quédate con el pergamino; contiene los conjuros de algunos hechizos para que puedas aprenderlos.

Hizo una breve pausa y le entregó un anillo, junto con una pequeña bolsa que contenía monedas de oro, plata y bronce.

—Por cierto, toma esto. Y el dinero es para que no tengas problemas al usar las monedas de platino, dado su alto valor.

—¿Un anillo de graduación para mí? ¿Y también te preocupas por mi bolsillo? —dijo ella, sonriendo—. Gracias, viejo.

A la mañana siguiente, Katsuki se despidió de Ezequiel con un abrazo.

—Gracias por entrenarme. Ahora me siento más fuerte que nunca.

—No hay de qué, Katsuki —respondió él, sobándole la cabeza—. Cuídate... y cuidado con los demonios nobles.

Katsuki partió de la capital y pasó semanas viajando de pueblo en pueblo, enfrentándose a monstruos y demonios menores, probando hechizos y fortaleciendo su cuerpo. En cada aldea que visitaba, la gente la recibía con admiración, pues se había ganado la fama de ayudar a los pueblos que estaban en problemas. Le agradecían su valentía y el haberles salvado la vida.

Aquella tarde, mientras comía sola en la taberna de una pequeña aldea, comenzó a notar conversaciones inquietantes entre los habitantes. Las voces eran bajas, cargadas de temor, y no tardó en darse cuenta de que algo los mantenía en constante tensión. Un anciano con una cicatriz que le cruzaba el rostro se acercó con pasos inseguros.

—¿Eres la heroína de la que habló el emperador en el consejo de los reinos del imperio? —preguntó, con la voz temblorosa—. En la mazmorra de la colina hay algo que aterra a todos. Los aventureros que entran... nunca regresan.

¿El viejo verde que parece Santa Claus habló de mí por todo el continente? Qué miedito. Aunque esto suena exactamente como el inicio de la misión principal de un RPG...

—Acepto —dijo, con una sonrisa nerviosa pero emocionada.

—La colina está al oeste de la aldea, heroína. Le deseo la mejor de las suertes.

Si algo amenazaba a la aldea, debía enfrentarlo, aunque decirlo fuera mucho más fácil que hacerlo. Con la espada en mano y el estómago hecho un nudo, se dirigió hacia la mazmorra al caer la noche.

—Creo que soy medio estúpida... —murmuró, tirándose del cabello—. Primero no sé por qué acepté esto y, segundo, ¿por qué no esperé a que fuera de día?

La entrada de la mazmorra era oscura y opresiva, y por un instante pensó en darse la vuelta, pero no lo hizo. Conjuró sin canto una esfera de luz con magia y avanzó, internándose en el lugar mientras el aire húmedo y rancio se le pegaba a la garganta. Las paredes cubiertas de musgo parecían cerrarse a su alrededor y cada paso resonaba con demasiada fuerza en el silencio.

Llegó finalmente a una cámara amplia. En el centro, una criatura grotesca se alzaba sobre una pila de cadáveres putrefactos.

—Los aventureros... —susurró, sintiendo cómo el estómago se le revolvía mientras retrocedía instintivamente.

Una rama seca crujió bajo su bota. La criatura giró la cabeza, rugió, y el suelo tembló cuando comenzó a cargar hacia ella.

—Probaré esto que he estado aprendiendo... —murmuró, apretando la empuñadura de la espada—. ¡Benedictio Lucis!

La espada de Katsuki se envolvió en un resplandor dorado justo antes del impacto. Levantó el arma para bloquear, pero la fuerza del monstruo era descomunal. Salió despedida varios metros y rodó por el suelo de piedra mohosa.

—¡Agh...!

Se puso de pie como pudo, sujetándose el costado. Apenas había comenzado el combate y ya sentía que le faltaba el aire.

La criatura volvió a cargar.

Katsuki logró esquivar por muy poco una de sus garras y respondió con un tajo dirigido al brazo. La espada atravesó la piel, pero la herida fue superficial.

—¿Eso fue todo...?

El monstruo ni siquiera pareció sentir dolor.

—¿En serio esto era un monstruo inferior?

Retrocedió mientras buscaba una oportunidad. Recordó cada una de las correcciones de Ezequiel, la postura, la respiración, la calma. Sin embargo, el miedo hacía que todo se desordenara.

Intentó reunir magia sagrada en la hoja.

No ocurrió nada.

—¡Concéntrate...!

La criatura volvió a alcanzarla de un zarpazo. Katsuki salió despedida otra vez y se estrelló contra una columna de piedra.

Sintió un fuerte dolor recorrerle la espalda.

Le temblaban las piernas.

Apenas podía mantenerse en pie.

—No... todavía no...

Apretó la empuñadura con fuerza.

Entonces recordó la voz de Ezequiel.

"No te desesperes, Katsuki. Esta magia no responde a la fuerza bruta ni a la impaciencia, sino a la tranquilidad."

Respiró profundamente.

Una vez.

Dos veces.

El miedo seguía allí, pero dejó de luchar contra él.

La luz comenzó a envolver lentamente la espada.

—Esta vez... sí.

La criatura rugió por última vez y se lanzó de frente.

Katsuki dio un paso al frente en lugar de retroceder.

—¡¡TOMA ESTO, BICHO ASQUEROSO!!

La espada atravesó el pecho del monstruo.

Un inmenso destello dorado inundó toda la cámara.

El rugido se apagó.

Cuando la luz desapareció, la criatura ya no existía.

Katsuki dio un par de pasos tambaleantes.

La espada cayó de su mano.

—Lo... logré...

Sus piernas dejaron de responder.

Todo se volvió negro.

...

No supo cuánto tiempo había pasado.

Cuando abrió los ojos, la tenue luz del amanecer se filtraba por la entrada de la mazmorra.

—Qué... dolor de cabeza...

Se incorporó lentamente, aún con el cuerpo entumecido. Miró el lugar donde había estado la criatura y comprobó que no quedaba rastro de ella.

Entonces vio la montaña de cadáveres.

Su sonrisa desapareció por un instante.

—Pobres familias...

Guardó unos segundos de silencio y luego infló el pecho con una sonrisa nerviosa.

—¡Y así termina la primera gran victoria de la heroína legendaria Katsuki Iwamoto! ¿Qué le deparará el futuro a esta hermosa y poderosa chica?

Salió de la mazmorra con el cuerpo magullado y la mente hecha un caos. Cuando regresó a la aldea, el amanecer comenzaba a teñir el cielo.

—¡Volvió la heroína! —gritó alguien.

—Ya pueden revisar la mazmorra —dijo Katsuki—, pero solo los que tengan buen estómago. Hay una pila de cadáveres.

—¿Cómo podemos recompensarte? —preguntó el anciano de la cicatriz.

—Con un caballo está bien....

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Strong Dialog

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