El chico de el parque
Capítulo 1: El chico del parque
Principios de mayo de 2026
Mientras la mayoría de las personas iban al parque a caminar, correr o hacerse veinte selfies para subir una sola, Samantha estaba sentada bajo un árbol con un libro entre las manos.
Cuando leía, el mundo desaparecía.
Ni los niños gritando, ni los perros ladrando, ni los vendedores de helados lograban distraerla.
—Cinco páginas más y me voy... —murmuró.
Justo cuando estaba por descubrir un secreto importante de la novela, escuchó una voz.
—No sabía que te gustaba leer libros.
Levantó la vista rápidamente.
Era Josh.
Lo conocía de vista desde hacía tiempo, pero nunca habían hablado.
—Sí... me gusta mucho leer.
Josh sonrió con sorpresa.
—¡Qué padre! Nunca había visto a alguien tan concentrada leyendo en un parque.
Samantha soltó una pequeña risa.
—Bueno... nunca digas nunca. Ya me viste a mí.
Por unos segundos ambos se quedaron en silencio.
Josh la miró fijamente.
"¿Por qué me está viendo tanto? ¿Traigo un chicle pegado en la cara? Ay, no...", pensó Samantha mientras sentía que sus mejillas comenzaban a calentarse.
Josh desvió la mirada y sonrió.
—Bueno, ya me tengo que ir.
Samantha solo asintió.
—A ver cuándo nos volvemos a encontrar.
—No lo sé... casi nunca salgo.
—¿En serio?
—Sí... mi cama y yo tenemos una relación muy estable.
Josh soltó una carcajada.
—Entonces tendré suerte si vuelvo a verte.
—Supongo...
—Nos vemos, Samantha.
—Adiós... que te vaya bien.
Ella esperó hasta que él desapareció para dejar escapar un largo suspiro.
—¿Amor a primera vista?... Ay, Samantha, deja de inventar cosas.
Pero el resto del día solo hubo una persona ocupando sus pensamientos.
Josh QUÉ CANCIÓN EN INGLÉS.
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Esa noche Samantha intentó leer.
No pudo.
Intentó escuchar música.
Tampoco.
Intentó dormir.
Mucho menos.
Cada cinco minutos recordaba la sonrisa de Josh.
—¿Y por qué decidió hablarme precisamente a mí?
Se cubrió la cara con la almohada.
—Ya duérmete, Samantha.
Los días pasaron.
Una tarde, mientras caminaba rumbo a casa de su abuela, escuchó una voz conocida.
—¡Samantha!
Volteó.
Ahí estaba Josh, apoyado junto a un árbol.
—Hace tiempo que no te veía.
—Voy a visitar a mi abuela. Hace mucho que no la veo.
—Seguro se pondrá feliz.
Comenzaron a caminar mientras hablaban.
Descubrieron que a ambos les gustaban las películas, la música tranquila y reírse por cualquier tontería.
—Oye... ¿también hablas con las plantas? —preguntó Josh en tono serio.
Samantha abrió los ojos.
—¿Qué?
Josh empezó a reír.
—Era broma.
—¡Qué susto! Ya te iba a recomendar un psicólogo.
Los dos terminaron riéndose.
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Desde ese día comenzaron a encontrarse de vez en cuando.
Después...
Las reuniones se hicieron casi diarias.
Siempre era por las noches.
No porque estuvieran haciendo algo malo.
Simplemente Samantha prefería evitar los rumores.
Su familia paterna era demasiado protectora.
Demasiado.
Del tipo que preguntaba:
"¿Con quién hablas?"
"¿A dónde vas?"
"¿A qué hora regresas?"
"¿Por qué respiraste tan fuerte?"
Así que verse en secreto parecía la mejor opción.
Cada noche hablaban durante horas.
De sueños.
De libros.
De música.
Incluso discutían cuál era el mejor sabor de helado.
—Chocolate.
—Vainilla.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Bueno... mejor empate.
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Aquella noche parecía igual que las demás.
Hasta que un automóvil se detuvo frente a ellos.
Samantha sintió que el corazón se le fue al estómago.
Del carro bajó Heidi.
Su prima.
La misma que siempre estaba enterada de todo.
Y cuando decimos de todo...
Era de todo.
—¿Samantha?
—Hola...
—¿Qué haces aquí tan noche... y con Josh?
Heidi conocía a Josh porque entrenaban en el mismo gimnasio.
—Solo estamos platicando.
Heidi cruzó los brazos.
—Ajá...
—Es la verdad.
—Pues yo creo que tu mamá debería saberlo.
Samantha abrió los ojos.
—¿Pero por qué? No estoy haciendo nada malo.
Heidi solo sonrió.
Esa sonrisa que anunciaba problemas.
Después volvió a subir al carro.
Y se fue.
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Los dos permanecieron en silencio.
—Creo que esto no terminó bien... —dijo Samantha.
Josh suspiró.
—La verdad... tu prima tiene un poco de razón.
—¿Cómo?
—Ya es muy tarde. Deberías irte a casa.
Samantha bajó la mirada.
—Sí... tienes razón.
Se despidieron.
Mientras caminaba hacia su casa, Samantha no podía dejar de pensar.
"¿Y si sí le gusto?"
Cinco segundos después.
"¿Y si solo es amable conmigo?"
Otros cinco segundos.
"Ay, Samantha... ya deja de hacer películas en tu cabeza."
Entró a su cuarto.
Se dejó caer sobre la cama.
—¡Ya duérmete de una vez!
Y, sorprendentemente...
Esa vez sí logró dormir.
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A la mañana siguiente toda la familia estaba reunida en el patio.
El ambiente era tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Hasta que apareció Heidi.
Con una sonrisa que no prometía nada bueno.
—Glenda...
La mamá de Samantha levantó la vista.
—¿Sí?
—Anoche vi a Samantha...
Todos voltearon a verla.
—...a la una de la mañana con Josh.
El silencio invadió el patio.
Samantha sintió un nudo en la garganta.
Glenda conocía a Josh desde hacía mucho tiempo.
Respiró profundo.
Sabía perfectamente que esa conversación no terminaría bien.
Y sin imaginarlo...
Aquel pequeño encuentro en el parque acababa de convertirse en el inicio de una historia llena de secretos, mentiras, decisiones difíciles y corazones rotos.








