Capitulo : 1 PERDIDO
La noche era horrible.
Necesito saber como está el clima en las calles en Madrid…
Agarro el control remoto y enciendo la televisión.
La pantalla se iluminó.
—En el clima de hoy se reportan fuertes lluvias en las calles de Madrid. Se
recomienda a los ciudadanos salir con paraguas y evitar desplazarse
innecesariamente.
Suspiré.
Entonces, mi teléfono vibró.
Una nueva notificación.
Tomó el móvil.
—¿Qué es esto?
Abro el mensaje.
"Señor Matt, le recomiendo que huya. Lo buscaré y lo torturaré. Le cortaré el dedo,
como hice con su madre."Apreté los dientes.
—Ah, qué fastidio... Allan.
Dejé el teléfono a un lado y miró hacia mi pequeña gata que se encontraba cerca.
—Ven a comer, Miko.
El animal se acercó rápidamente al plato de comida que había dejado en el suelo.
Observé a la gata durante unos segundos antes de hablar en voz baja.
—Tenemos que irnos. Nos encontraron otra vez.
Me pasé una mano por el rostro, frustrado.
—Maldita sea... justo cuando encuentro este estúpido sofá, y está lleno de
cucarachas e insectos.
Miro a mi alrededor. Aquel lugar estaba lejos de ser un hogar, pero al menos
habíamos conseguido refugiarse allí durante unos días.
—Ni modo, Miko. Tendremos que dormir en la calle por un tiempo.
La gata continuó comiendo, ajena a sus palabras.
Matt bajó la mirada.—Desde que murió mamá, nada ha sido fácil. Tenemos que sobrevivir con las
sobras de los restaurantes... o con lo que encontramos en la basura.
De pronto, unos fuertes golpes sacudieron la puerta.
Me quedé inmóvil.
Otro golpe.
Y otro.
—Carajo...
Me levanté rápidamente.
—Tenemos que salir.
Corrí hacia la parte trasera del lugar junto a Miko. Apenas habían conseguido
escapar cuando la puerta principal se abrió bruscamente.
—¡Busquenlo!
Corrí bajo la lluvia, sosteniendo a Miko entre mis brazos.
Por suerte, había logrado salir por la parte de atrás.
—Menos mal que pudimos escapar, ¿verdad, Miko?
Pero una voz detrás de mi hizo que me detuviera en seco.—Vaya, vaya, vaya...
Me giro lentamente.
Allan estaba allí.
—Supongo que creíste que ibas a huir de nuevo, maldita rata.
Retrocedí.
—Allan...
—Eres igual de escoria que tu madre. Ella era débil... igual que tú.
Antes de que pudiera reaccionar, Allan se abalanzó sobre mi y me golpeó con
fuerza, haciéndome caer al suelo.
—¡Por favor! ¡No le hagas nada a Miko!
Intenté levantarme, pero el dolor apenas me lo permitía.
—Es lo único que me queda. Por favor, Allan. No le hagas daño. Es lo único que mi
madre me dejó.
Allan miró a la gata con desprecio.
—¿Lo único que te dejó es esta maldita rata llena de pelo?Soltó una carcajada.
—No me hagas reír. Espero que esto te enseñe una lección.
Abrí los ojos con horror.
—No...
Allan tomó a Miko.
—¡Basta! ¡Por favor!
El grito de la gata desgarró la noche.
—¡Es mi familia!
Traté de arrastrar mi cuerpo hacia ella, pero Allan no se detuvo.
—Creo que con esto aprenderás la lección.
—¡No! ¡Por favor, Allan!
Pero ya era demasiado tarde.
Cuando todo terminó, Allan dejó caer a Miko frente a mi.
Me quedé completamente inmóvil.—Miko...?
No hubo respuesta.
—¿Miko?
Con manos temblorosas, intenté acercarme a ella.
—No puedo sentirte...
La lluvia continuaba cayendo sobre nosotros.
Bajé la cabeza.
—No...
Entonces escucho algo.
Pasos.
Se acercaban lentamente.
Levanté mi mirada.
Una figura se encontraba frente a mi.
—¿Y esa chica...? —preguntó Allan, confundido—. ¿Quién eres tú?La desconocida lo observó en silencio durante unos segundos.
—Puedes llamarme Miranda








