Capítulo 1
Era una tarde de llovizna y humedad terrible, uno de esos días donde nadie quiere salir y los que están trabajando solo quieren volver a casa. Para ser las 4 de la tarde, apenas había movimiento a pesar de que era un día laboral normal.
Eliza soltó un suspiro de aburrimiento, preguntándose por qué no había cancelado su turno de las 4:15 pm y quedado acostada mirando series. El estudio de tatuajes se sentía demasiado tranquilo, con el zumbido de pocas maquinas andando sonando alrededor.
— Eu, despertate que dentro de un rato llega tu nuevo turno, imaginate si entra y te ve dormida roncando en la silla. — Clara, su compañera tatuadora, le dijo mientras entraba por la puerta estirandose luego de estar encorvada haciendo un diseño por varias horas.
— Más le vale apurarse porque vivo a dos cuadras y la cama me está llamando, te aviso…
Eliza no llego a terminar de pronunciar la oración que una figura se asomó por la puerta, mirando dentro de la tienda.
— Hola, soy Marco Vitale, tengo turno para una consulta de tatuaje con Eliza Morales.
Eliza lo miró breve pero detenidamente y decidió que le gustaba lo que veía: alto, rozando 1.85 aproximadamente, una espalda ancha, postura relajada, rubio y con unos ojazos azules que llamaban a atención a pesar de que él esquivara la mirada. Pudo ver el destello de un aro en la nariz que le daba un toque interesante.
—Si, yo soy Eliza y ella es Clara, la que te tomó los datos para la consulta—Clara lo miró saludando con la mano y se alejó nuevamente por el pasillo de donde vino. —. Pasá, sentate donde quieras y decime, ¿qué tenías en mente para hoy?
— Permiso — dijo Marco, sentándose en la camilla frente a Eliza. — Traje este boceto como guía, es para continuar el tatuaje que tengo en la nuca, quiero añadirle varias cosas…
El chico observó como ella tomaba la hoja y la estudiaba, pensando. Él la miro con detalle, analizando inconscientemente su apariencia: remera negra básica de mangas cortas que dejaba ver los tatuajes que cubrían sus brazos, de los cuales reconoció varios, de diferentes mitologías y culturas. Ella era mas baja que él, se notaba a simple vista, de cabello negro azabache y ojos pardos. Un piercing brillaba en su labio inferior, haciendo juego con los de sus orejas; todo de ella le llamó la atención de inmediato.
— Mirá, te voy a ser honesta, estamos hablando de un proyecto grande en la espalda que va a tomar varias sesiones, sin contar que la columna y costillas duelen muchisimo, no sé cuan alto sea tu umbral de dolor, ¿seguro que querés hacer esto?
— Sí, seguro, ya tengo varios tatuajes y aguanto bastante bien, no te preocupes por las sesiones tampoco, ya sabía que esto tomaría tiempo.
— Bueno, dicho eso, sentate en la silla de espaldas a mí y sacate la remera, necesito ver qué tan grande es la zona y empezar unos bocetos mientras charlamos.
Eliza miró de reojo mientras Marcos se desvestía. “Ooh, mama likes” pensó internamente al ver que, efectivamente, tenia una espalda grande y maciza, con unos brazos bien trabajados y cubiertos de variedad de tatuajes diferentes. “Empezá el diseño y dejá de pensar en esas cosas, dale” se dijo a sí misma.
— Interesante boceto trajiste, hasta ahora no había tenido ningún cliente que quiera fusionar astronomía con código binario.
— ¿En serio? Hubiera pensado que al menos una o dos personas han tenido ideas similares —rió suavemente. — Soy programador y siempre me ha interesado la astronomía, así que pensé: ¿por qué no unirlas? — Marco giró la cabeza y miró los brazos de Eli. — Los que son interesantes son los tuyos, veo algunas mitologías y símbolos, ¿qué significan?
Eliza se sorprendió que alguien haya reconocido alguno de sus símbolos, la mayoría no los entendía o solo decía que eran lindos.
— Ah, son variados, pero la gran mayoría son protectores o de buen augurio, una nunca sabe si los necesitará.
Con un papel en las manos, Eli comenzó a dibujar el contorno de la espalda de Marco, para tener el espacio aproximado y poder empezar el diseño.
— Bueno, tengo las medidas y las ideas aunque el boceto que trajiste necesita un poquito de pulido, ¿confiás en mi para modificarlo un poco?
— Sí, confío en vos —dijo demasiado rápido, tan rápido que hasta él mismo se sorprendió de realmente pensar eso de alguien a quien recién conocía. Su amabilidad e interés suscitó algo en él que no comprendía.
— ¿Confianzudo, eh? —rió Eliza, y algo en ese sonido tan sincero le dio el coraje a Marco de mirarla a los ojos y sonreír.
— Usualmente no soy así, que conste, pero por alguna razón me diste confianza; y si te voy a dar permiso para que me hagas lo que quieras en la espalda, no está de mas, ¿no? — bromeó riendo con vergüenza.
— Bueno, tenés razón, en ésta no te discuto.
Él la miró mientras se vestía, observando cómo ella reía suavemente, dándose cuenta que cuando hacía eso, se le formaban dos hoyuelos diminutos que le daban un toque de ternura.
Eliza, ninguna tonta, se dio cuenta de cómo el chico la observaba y se sorprendió al sentirse halagada y cómoda con el hecho. Podía sentir su mirada sobre sus brazos y rostro, haciéndola sonrojar levemente. El leve aire de timidez que notó cuando él entró había mutado en calma y curiosidad.
— Una pregunta, ¿conocés alguna cafetería que esté abierta por acá? Estoy medio lejos de casa y el día amerita un café, pero no conozco la zona…
Ella dudó un segundo, desprevenida por el cambio de tema, pero captó que el café no era lo que el chico quería, sino su compañía, por la paciente forma en la que la miraba, sin apuro pero sin dudas. Él también sintió el interés de la chica.
— Por acá a tres cuadras hay uno con mucha variedad, si querés te acompaño, ya estaba por irme a casa y no tengo nada que hacer después.
— Dale, me gustaría mucho.
Ambos se abrigaron un poco y salieron sin prisas de local, hablando de cosas simples, sin saber que lo que ellos consideraban una salida por pura curiosidad mutaría a algo inimaginable.








