prologo
En este mundo existían todo tipo de seres que no podías imaginarte, existían dos seres completamente diferentes el uno al otro, hasta en su raza. Ella era un demonio fuerte, independiente y muy hermosa, se decía que sería la próxima líder de su raza. Mientras que él era un ángel que aún dependía de sus padres, los reyes; no era débil pero no sabía liderar ni tomar decisiones por sí mismo.
La época en la que se encontraban todas las razas no era la más difícil pero tampoco la más fácil, todos buscaban paz, un mundo donde todos fueran pacíficos; sin embargo, el clan de los demonios necesitaba tener un rey y una reina pero Lilian, la sucesora más fuerte, no tenía deseos de casarse.
—Eres mi única heredera, debes casarte para formar la paz.
El rey demonio solo pudo tener una hija, su esposa fue asesinada a sangre fría en la guerra de clanes hace miles de años atrás.
—Sabes bien que no quiero, debe existir otra manera de solucionarlo y seguiré buscando esa solución —dijo Lilian molesta y decidida.
Extendió sus alas y voló hacia los cielos donde podía sentirse libre, amaba esa sensación, solía hacerlo casi a diario por las noches, volaba a toda velocidad divirtiéndose sola, el aire golpeaba su rostro y su largo cabello rojo se enredaba por sí solo con el viento aunque seguía viéndose linda estando despeinada, sus ojos se fijaron en unas ruinas flotando por el cielo, era su lugar preferido, el lugar era inmensamente enorme, llevaba un mes yendo y aún no terminaba de explorarlo por completo.
Solo que esta vez se sorprendió al ver a un chico pelinegro caminando en las aguas de un pequeño lago.
—Debe ser otro demonio, está cerca del reino, no creo que pase nada si me acerco —añadió; emocionada, se acercó lentamente hacia él. Antes de tocar el suelo frenó en seco y sus ojos se abrieron como platos al ver que aquel chico se dio cuenta de su presencia; dejó ver un par de alas blancas que con tan solo verlas parecían ser muy suaves, eran preciosas. Un par de plumas cayeron al extenderlas; aquel chico dio media vuelta y al ver a Lilian quedó sorprendido también.
—¿Qué haces en estas ruinas? Es parte de nuestro clan —dijo, curioso y sin intenciones de tener una discusión.
—¿En serio? No lo sabía, hace un mes que vengo aquí y no había visto a ningún... ángel —confesó nerviosa. Lilian recordó lo mucho que su padre quiere una alianza con el clan de los ángeles; no quería tener un malentendido en este momento, justamente buscaba una solución y pensó que hacerse amiga de aquel chico sería la mejor opción.
—No sabía que los ángeles salieran tan de noche —Lilian soltó una risa mientras bajaba al suelo acercándose a él.
Él retrocedió con las alas completamente extendidas, preparado para defenderse. —No te preocupes, no vine buscando una pelea —Lilian caminó directo al lago para sentarse y meter sus pies al agua—. Vine aquí escapando de mi padre y para estar sola un momento. Aquel chico solo la observó en silencio; al ver que ella le dio la espalda, confiada en que él no le haría nada, se sintió más seguro, caminó hacia donde estaba ella y se sentó a un lado.
—Parece que ambos hicimos lo mismo—murmuro, ambos se vieron a los ojos solo que no existia ninguna chispa de odio.
—No deberías estar hablando conmigo —murmuró el chico pelinegro, viendo cómo las pequeñas olas del lago reflejaban la luz de la luna. Sus alas blancas rozaban ligeramente la hierba.
—Y tú no deberías estar huyendo de tus responsabilidades, pero aquí estás —respondió Lilian, dando un pequeño toque al agua con el pie—. Dime algo... ¿tus padres también sienten que son dueños de tu destino?
Él soltó un suspiro pesado, abrazando sus rodillas.
—Peor. Sienten que el destino de todos depende de lo que yo haga. Y me estoy ahogando.
Lilian lo miró de lado. Por primera vez, no vio a un ángel arrogante, sino a alguien tan cansado como ella.—Entonces hagamos un trato, chico de alas blancas —dijo ella con una sonrisa astuta—. Aquí no hay destinos, ni guerras, ni familias molestas. Aquí solo somos tú y yo. Sin nombres, sin títulos.
El ángel la miró a los ojos, sorprendido por la calidez de sus palabras. Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa sincera se dibujó en sus labios.
—Me parece el mejor trato que he hecho en mi vida.
Lilian sonrió al escucharlo y se puso de pie. —Bien... ¿qué te parece explorar este lugar conmigo? —preguntó y estiró su mano hacia él, el pelinegro asintió con la cabeza y al tomar la suave mano de Lilian se puso de pie. Esto pasó hace dos semanas, Darien y Lilian solían ir a las ruinas todas las noches desde que se conocieron, aquella ruina olvidada por todos la hicieron su lugar seguro, donde las órdenes de los padres no existen, ni presiones, solo dos seres curiosos por el lugar tan bello que habían descubierto.
—Dime una cosa, Darien, si este lugar es de tu clan ¿no deberías conocer todo el lugar?—curiosa. —De hecho, descubrí este lugar por un libro que encontré en el museo celestial. —Dices que hay más lugares como este ¿abandonados?—dijo sorprendida. —Desearía que en el inframundo existieran lugares así.
—Por el palacio de hielo hay un lugar que estoy seguro que te encantaría, ¿qué te parece si vamos mañana? —propuso Darien emocionado, sería la primera vez que también iría él pero no estaría solo, le agradaba la idea de ir acompañado por Lili que por uno de sus guardias.
—¿Es una cita entonces? —dijo Lili bromeando y soltando una pequeña risita, Darien no supo cómo reaccionar más que reír nervioso.
—Tómalo como quieras pero te veré aquí antes de que anochezca. Ambos se despidieron y volaron hacia sus hogares.
A lo lejos un pequeño ser con alas los observó, en realidad desde hace días que lo hace solo que no se ha podido acercar a ellos, no por miedo, sino por pena.








