Los Juegos Del Destino by Army love at Inkitt
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LOS JUEGOS DEL DESTINO

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Summary

Los juegos de un destino que no deja nada al azar, uniendo en una línea perfecta la vida de dos personas con diferentes caminos

Genre
Drama
Author
Army love
Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Inició

Las diferentes clases sociales pueden parecer mundos completamente distintos, separados por enormes barreras que nadie cree capaces de atravesar. Sin embargo, al final, todos somos iguales cuando se trata de amar, sufrir y luchar por aquello que más deseamos

La vida tiene una manera extraña de darnos cosas que jamás esperamos y, al mismo tiempo, quitarnos aquello que más amamos. Y en esta historia, dos mundos completamente diferentes terminarán uniéndose por una sola razón

Solo que, al final de ese largo túnel, las circunstancias harán que aquellas líneas que alguna vez los dividieron comiencen a desaparecer

Esta es la historia de Jeon Jungkook, un empresario multimillonario que llevaba varios años casado con una mujer que alguna vez había sido reconocida como una de las modelos y actrices más famosas

Su esposa, Anabell Zaes, lo tenía todo, belleza, fama, dinero y al hombre que amaba a su lado. Pero la vida, en ocasiones, puede ser demasiado injusta

Justo cuando ambos comenzaban a disfrutar plenamente de su vida como matrimonio, una terrible noticia llegó para cambiarlo todo. Anabell había sido diagnosticada con cáncer de mama

Aquello la devastó por completo

No solamente tenía que enfrentarse a una enfermedad que amenazaba con arrebatarle su vida, sino también a uno de sus mayores temores, no poder darle hijos al hombre que amaba. Los tratamientos habían afectado su cuerpo y, con el paso del tiempo, Anabell comprendió que probablemente nunca podría convertirse en madre

Pero había algo que le dolía todavía más. Tenía miedo de dejar a Jungkook completamente solo

Por eso, mientras luchaba contra su enfermedad, comenzó a visitar la iglesia todos los días. Se arrodillaba frente al altar y le pedía a Dios un milagro. No pedía recuperar su fama, no pedía riquezas ni siquiera pedía una vida perfecta

Solo quería tener la oportunidad de dejarle a Jungkook algo que permaneciera con él cuando ella ya no estuviera. Un hijo

Y una noche, después de pasar varias horas en medio de la soledad y sus propios pensamientos, Anabell reunió el valor suficiente para hablar con su esposo. Jungkook se encontraba sentado en la habitación cuando ella se acercó lentamente

—Jungkook... —el hombre levantó la mirada

—¿Qué sucede, mi amor? —Anabell respiró profundamente antes de hacerle aquella pregunta que llevaba tanto tiempo guardando dentro de su corazón

—¿Podemos buscar un vientre de alquiler? —Jungkook se tensó de pies a cabeza. Por unos segundos, fue incapaz de responder

—No creo que sea necesario —dijo finalmente, intentando dejar el tema de lado, pero Anabell negó con la cabeza

—Yo quiero dejarte un hijo, mi amor

—Anabell...

—Por favor —insistió ella, tomando su mano— Quiero que tengas una parte de mí contigo cuando llegue el momento en que yo ya no pueda estar a tu lado

Jungkook bajó la mirada, no quería pensar en la posibilidad de perderla. Mucho menos quería imaginar su vida sin ella

—No quiero que hables como si fueras a morir

—Yo tampoco quiero morir —respondió Anabell con una pequeña sonrisa triste— Pero tampoco quiero que algún día te quedes completamente solo

Jungkook guardó silencio, pensó una y otra vez en sus palabras. Y aunque al principio se negó, finalmente terminó aceptando

—Está bien —susurró— Lo intentaremos

Aquellas palabras fueron suficientes para que Anabell sonriera y así comenzó la búsqueda. Durante un año, Jungkook y Anabell buscaron a la mujer que pudiera convertirse en la madre gestante de su futuro hijo

Sin embargo, cada vez que encontraban a una posible candidata, Anabell encontraba algún motivo para rechazarla...

Una era demasiado joven

Otra no le inspiraba confianza

Otra tenía una vida que no consideraba adecuada

Y otra simplemente no era, según ella, la persona correcta. Jungkook comenzó a desesperarse

—Anabell, llevamos un año buscando

—Lo sé

—Entonces, ¿qué estás esperando?

Ella lo miró en silencio

—A la persona correcta

—¿Y cómo sabrás quién es?

Anabell bajó la mirada

—Cuando la vea, lo sabré

Jungkook no podía entenderla

Pero Anabell estaba convencida de que aquella mujer debía ser especial. No quería que cualquiera llevara dentro de su vientre al hijo que algún día sería la única parte de ella que permanecería junto a Jungkook

Lo que ninguno de los dos sabía era que aquella búsqueda estaba a punto de llevarlos hasta una persona que jamás habrían imaginado. Una persona proveniente de un mundo completamente diferente al suyo

Un mundo donde el dinero no sobraba, donde sobrevivir cada día era una batalla y donde las oportunidades parecían estar reservadas únicamente para quienes habían nacido en la clase social correcta

Y cuando sus caminos se cruzaran, las diferencias entre ambos mundos comenzarían a desaparecer. Porque algunas historias de amor no comienzan con un beso

Algunas comienzan con una decisión y aquella decisión cambiaría sus vidas para siempre

(...)

Al otro lado de la ciudad, donde todo hacía falta y si tenías algo, podían robártelo de la manera más descarada, vivía Park Jimin. Jimin había nacido siendo el único hijo doncel de una familia que, desde hacía muchos años, conocía más las dificultades que las comodidades

Pero aquello no era lo peor

Lo peor era haber nacido siendo hijo de un padre alcohólico que era capaz de hacer cualquier cosa con tal de conseguir dinero. Desde que tenía uso de razón, Jimin había conocido los golpes como muestras de cariño y los insultos como palabras de consuelo

Nada bonito para alguien como él, a pesar de todo, Jimin siempre había deseado tener algo más en la vida. No para ayudar a su padre, ese hombre había dejado de ser su padre muchos años atrás

Para Jimin, aquel hombre ya no era más que un desconocido. Uno de los peores, lo único que deseaba era encontrar la manera de salir de aquella casa y comenzar una vida lejos de él

Su situación había sido tan terrible que, incluso después de terminar sus estudios, no había tenido muchas oportunidades

Por suerte, el padre Tomás y la iglesia habían estado allí para ayudarlo

Jimin había logrado terminar sus estudios gracias a la ayuda de aquella iglesia y de la Fundación Anabell, una fundación que había nacido cinco años atrás para ayudar a jóvenes de escasos recursos

Todo aquello era posible gracias a las personas que tenían más de lo que necesitaban y decidían compartir un poco con quienes, como Jimin, apenas tenían lo necesario para sobrevivir. Pero después de terminar sus estudios, nada parecía mejorar

Hasta que encontró un pequeño empleo. Una anciana del barrio necesitaba ayuda para cuidar su tienda y Jimin aceptó trabajar con ella, ya llevaba dos años en aquel lugar

Era dedicado, responsable y jamás gastaba más de lo necesario. Cada centavo que podía ahorrar terminaba escondido en un pequeño lugar que solamente él conocía

No porque fuera ambicioso, sino porque estaba reuniendo dinero para marcharse. Y, sobre todo, porque debía esconderlo de su padre, Jimin sabía perfectamente que, si aquel hombre descubría que tenía ahorros, no tardaría en quitárselos

Pero aquella noche todo estaba a punto de empeorar

Una tormenta había cubierto la ciudad, la lluvia caía torrencialmente mientras los truenos y relámpagos iluminaban las calles oscuras. Como si el cielo estuviera anunciando que algo terrible estaba a punto de suceder

Jimin había salido demasiado tarde de la tienda porque había llegado nueva mercancía y se había quedado ayudando a acomodarla. Cuando finalmente emprendió el camino hacia su casa, la lluvia ya había empapado completamente su ropa

Caminaba apresuradamente por aquellas calles sin ningún lujo, intentando protegerse del frío de la noche, solo quería llegar a casa. Aunque aquella palabra ya ni siquiera significará un lugar seguro para él

Cuando estaba a pocos metros de entrar en su calle, una mano apareció de repente y le cubrió la boca. Jimin abrió los ojos con terror, el desconocido lo sujetó con fuerza y acercó los labios a su oído

—Cállate —Jimin intentó forcejear hasta que reconoció aquella voz

—¿Jimin? Soy yo

—¿Toya? —susurró mientras temblaba de frío y miedo— ¿Qué haces...?

—Cállate —repitió su amigo, mirando nerviosamente hacia la casa— Tu padre te vendió al diablo

Jimin dejó de respirar por un instante. Sus ojos se abrieron completamente

—¿Qué...?

—No hay tiempo para explicarte —Toya sacó algo del bolsillo y se lo puso en la mano. Era dinero, no demasiado, pero suficiente para que Jimin pudiera comenzar a alejarse de aquel lugar

—Debes irte lejos de aquí —Jimin miró el dinero y después a su amigo

—Toya...

—No es mucho, pero tiene que ayudarte

—¿Qué hiciste?

—Nada que importe ahora

Toya lo tomó del brazo y comenzó a alejarlo de la casa, procurando que nadie los viera. Jimin apenas podía procesar lo que estaba sucediendo

—Toya...

Esta vez su voz salió rota y las lágrimas comenzaron a mezclarse con el agua que recorría su rostro

—No te detengas, Jimin —Toya lo miró directamente a los ojos —Corre

Jimin retrocedió unos pasos, pero justo cuando estaba a punto de echar a correr, la puerta de la casa se abrió. Su padre salió

Probablemente había salido para comprobar por qué Jimin todavía no había llegado. El hombre miró hacia la calle y entonces lo vio

—¡JIMIN! —el corazón de Jimin se detuvo y su padre comenzó a correr detrás de él —¡Vuelve aquí!

Jimin no lo pensó, corrió, corrió con todas las fuerzas que le quedaban. Pero antes de que su padre pudiera alcanzarlo, Toya apareció detrás de él y lo golpeó con fuerza

El hombre cayó al suelo sin siquiera darse cuenta de lo que había sucedido

—¡Corre, Jimin!

Jimin no necesitó que se lo dijera dos veces, corrió hasta que sus piernas comenzaron a dolerle. Sus pulmones parecían arder, mientras la lluvia continuaba golpeando su rostro y sus zapatos se hundían en los charcos de las calles

Pero no se detuvo

Por primera vez en mucho tiempo, Jimin corría hacia algo, hacia una oportunidad, hacia la posibilidad de sobrevivir y mientras corría, solo pudo pensar en un lugar. La iglesia

El único sitio donde alguna vez se había sentido protegido, el único lugar donde sabía que alguien podía ayudarlo, el padre Tomás. Si alguien podía salvarlo, era él

Mientras tanto, dentro de la iglesia, el padre Tomás estaba terminando de hablar con Anabell

—Debemos irnos —dijo ella mientras miraba la hora

—Sí. Ya es bastante tarde

El sacerdote tomó algunas cosas y se dispuso a cerrar las puertas. Anabell estaba a punto de salir cuando un fuerte ruido hizo que ambos se girarán. Las puertas de la iglesia se abrieron de golpe, Jimin apareció en el interior y estaba completamente empapado

Su cabello se pegaba a su frente, su ropa chorreaba agua y apenas podía respirar. Parecía haber corrido hasta allí con el último aliento que le quedaba

—¡Padre! —su voz resonó por toda la iglesia y el padre Tomás se quedó inmóvil —¡Padre, ayúdeme, por favor!

Jimin dio unos pasos hacia él, pero sus piernas finalmente comenzaron a fallarle. El sacerdote corrió para sostenerlo

—¡Jimin! ¿Qué sucedió? —Jimin intentaba respirar, mientras su corazón parecía querer salirse de su pecho —Mi padre...

No pudo continuar y el padre Tomás lo sostuvo con fuerza. Estaba por morir al verlo tan indefenso ya que Jimin siempre le pareció una cosita frágil a cuidar

—Tranquilo. Estás a salvo aquí —pero Jimin negó desesperadamente con la cabeza

—No... no estoy a salvo

Anabell observaba la escena sin poder apartar los ojos de aquel joven, había algo en él, algo en la desesperación de sus ojos, algo en la manera en que temblaba mientras intentaba mantenerse de pie

Jimin levantó la mirada y sus ojos se encontraron por primera vez con los de Anabell. Ninguno de los dos sabía quién era el otro, ninguno podía imaginar lo que aquella mirada significaría para sus vidas

Anabell había pasado un año buscando a la persona correcta

Jimin llevaba toda su vida buscando una salida

Y aquella noche, en medio de una tormenta, sus caminos acababan de cruzarse. El destino había decidido hacer su entrada y, como casi siempre, lo había hecho de la peor manera posible

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