My Faithful Butler by Miri at Inkitt
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My faithful butler

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Summary

Jimin es un noble que fue encerrado en una mansión por un encanto vive solo con su fiel mayordomo jungkook pero no están malo...

Genre
Erotica
Author
Miri
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Catulo único

Capítulo único:

En lo profundo de un bosque denso y antiguo, se erigía una mansión imponente. Esta era la residencia de Jimin, un joven de alta alcurnia conocido por su belleza etérea, inteligencia afilada y una elegancia que dejaba a todos boquiabiertos.

Su vida, sin embargo, estaba marcada por un aislamiento profundo, viviendo alejado de la sociedad y de sus intrigas.

La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas de encaje, llenando la habitación de un resplandor cálido. El pelirubio se incorporó lentamente, disfrutando del silencio matutino.

Su bata de seda rozaba su piel con suavidad mientras se dirigía hacia el gran ventanal que dominaba su dormitorio.

Desde allí, podía ver el vasto bosque que rodeaba la mansión, respiró profundamente, dejando que el aire fresco de la mañana llenara sus pulmones. Era un recordatorio de su confinamiento, pero también de su refugio seguro.

Jimin no estaba solo en este vasto palacio. A su lado estaba Jeon Jungkook, su fiel mayordomo.

Jungkook era la definición misma de la perfección masculina, apuesto, reservado, impecable en sus modales y vestido siempre con la elegancia de un verdadero caballero.

Pese a su apariencia conservadora, había una conexión especial entre amo y sirviente que iba más allá de lo profesional, desde su juventud, Jungkook había servido a Jimin con una devoción inquebrantable, protegiéndolo de los peligros que acechaban en las sombras.

En la planta baja, ya estaba despierto y en plena actividad, el joven mayordomo se movía con la eficiencia de un reloj suizo, asegurándose de que todo estuviera en su lugar antes de que su amo descendiera.

Vestido con un traje negro impecable, Jungkook exudaba una elegancia austera y una compostura que pocos podían igualar, sus ojos oscuros observaban cada detalle con atención, asegurándose de que la perfección reinara en cada rincón de la mansión.

Jimin bajó las escaleras con la gracia de un felino, su bata de seda ondeando detrás de él. Cuando entró en el comedor, encontró a Jungkook esperando junto a la mesa, donde un desayuno exquisito estaba dispuesto, frutas frescas, pasteles recién horneados y una selección de tés aromáticos.

-Buenos días, kook.- saludó Jimin, con una voz suave como la de un ángel.

-Buenos días, amo Jimin. Espero que el desayuno sea de su agrado.- respondió inclinando ligeramente la cabeza.

El peli rubio tomó asiento y comenzó a desayunar, sus movimientos precisos y elegantes.

A medida que comía, sus ojos se posaron en Jungkook, estudiando al joven mayordomo con una mezcla de curiosidad y admiración. Aunque habían pasado años desde que fue encerrado en la mansión, Jimin nunca dejaba de maravillarse ante la devoción y la lealtad de Jungkook.

La relación entre ellos era compleja y llena de matices. A simple vista, Jungkook era un mayordomo más, pero la verdad era que él era un protector letal, entrenado para eliminar cualquier amenaza contra Jimin.

En la superficie, su vida era una rutina tranquila y predecible, pero ambos sabían que bajo esa fachada se ocultaban peligros mortales.

Park Jimin, el joven duque destinado por una antigua maldición a vivir aislado del mundo.

Jimin después de limpiar sus labios delicadamente con un pañuelo de seda se levanto del comedor.

-¿Cómo te encuentras hoy, kook?- preguntó, deteniéndose junto a una ventana que ofrecía una vista panorámica del bosque.

Su fiel mayordomo, le siguió con pasos ligeros y una expresión imperturbable en el rostro.

-Todo en orden, mi señor. La mansión está tranquila esta mañana.

Jimin sonrió con ironía mientras jugueteaba con los pliegues de su bata. -Tranquila hasta el mediodía, cuando nuestros visitantes no deseados hacen su aparición.

El mayordomo asintió con solemnidad. -No tiene de que preocuparse amo no los dejare acercarse tanto.

El duque se volvió hacia él, sus ojos Azules brillando con una mezcla de aburrimiento y anticipación. -¿Cuántos crees que serán hoy?

Jungkook frunció el ceño, evaluando la pregunta con una seriedad propia de alguien que había visto mucho más de lo que los ojos de Jimin podían ver. -Al menos una docena, parece que se están organizando mejor cada día.

-Bien. Entonces, asegúrate de ser rápido como siempre- ordenó Jimin con firmeza, su voz resonando en el pasillo vacío.

El mayordomo asintió una vez más, su mandíbula tensándose ligeramente bajo la piel bronceada. -Lo haré, mi señor, puedes confiar en mí.

Jimin le lanzó una mirada de complicidad, sus ojos centelleando con una chispa de algo más que simple gratitud. -Siempre confío en ti, kook, eres más que un simple sirviente para mí.

Un silencio tenso descendió entre ellos, cargado con la intensidad de años de complicidad y secreto compartido.

El sirviente rompió el silencio primero, su voz suave -Y tú eres más que un simple señor para mí, amo jimin.

El duque se giró hacia la ventana una vez más, observando cómo los rayos de sol se filtraban a través de las hojas verdes y doradas del bosque. -Es irónico, ¿no crees? Estoy comprometido con el príncipe heredero, pero aquí estoy, prefiriendo la compañía de mi fiel mayordomo.

Jungkook se acercó lentamente por detrás, su presencia cálida y magnética envolviendo a Jimin. Con un movimiento ágil y suave atrajo al duque hacia sí, su mano firme deslizándose por la cintura de Jimin mientras su aliento cálido rozaba el cuello expuesto del duque.

-Kook... - susurró Jimin, sintiendo la erección del mayordomo presionando contra él, una muestra clara de deseo.

Con un gesto dominante, Jungkook mordió suavemente el lóbulo de la oreja de Jimin, enviando un estremecimiento de placer a través de su cuerpo. -No me importa su compromiso, amo- susurró con voz ronca

-Eres mío aquí, y en cualquier parte que estés.

Jimin dejó escapar un suspiro ahogado, sus manos agarrando las manos fuertes que lo rodeban de la cintura mostrando esas venas tan calientes, con una necesidad repentina. La tensión entre ellos era palpable, cargada con la pasión reprimida y la urgencia de un amor prohibido.

Antes de que pudieran continuar, el sonido de pasos pesados resonó desde el extremo del pasillo, ambos hombres se separaron, pero la mirada entre ellos era complicidad que no podía ocultarse.

-Ya están aquí- murmuró Jungkook, su voz un gruñido ronco de advertencia.

Jimin beso suavemente la mejilla de Jungkook diciendo unas hermosas palabras -No sé qué haría sin ti, Jungkook-ah- susurró Jimin, sus ojos fijos en los de su mayordomo.

-Nunca tendrás que averiguarlo, amo- respondió el mayordomo, su voz firme y segura.

Con esas palabras, el fiel sirviente se dirigio hacia la amenaza que se aproximaba.

Desde la habitación, Jimin escuchó los sonidos de la confrontación: el choque de metal, los gritos apagados y el ruido sordo de cuerpos cayendo. A pesar de la preocupación que sentía, confiaba en las habilidades de Jungkook. Los minutos pasaron como horas hasta que finalmente el sonido cesó.

La puerta se abrió lentamente y Jungkook entró, su traje impecable, sin una sola mancha. Su expresión era de calma absoluta, como si nada hubiera pasado.

-Todo está bajo control- dijo el pelinegro, cerrando la puerta detrás de él.

El duque se levantó rápidamente, acercándose a Jungkook. -¿Cuántos eran esta vez?

-Una docena, como le había mencionado-respondió el sirviente con una sonrisa ladina, sus ojos brillando con una mezcla de malicia y confianza.

Después del enfrentamiento, Jimin y Jungkook decidieron pasar la tarde en la biblioteca, un refugio de tranquilidad en medio del caos. Jimin tomó un libro de poesía antigua, mientras Jungkook se dedicaba a organizar algunos estantes, sus movimientos calmados y meticulosos.

La luz del sol se filtraba por las ventanas, bañando la habitación en un cálido resplandor dorado.

De vez en cuando, intercambiaban miradas y sonrisas, una conexión silenciosa que hablaba de la confianza y el amor que compartían. La amenaza de los intrusos y la maldición parecían lejanas en ese momento, eclipsadas por la tranquilidad de estar juntos.

Mientras leía, Jimin dejó escapar un suspiro nostálgico y cerró el libro. -¿Recuerdas cuando descubrimos la maldición por primera vez?- preguntó, su voz suave y reflexiva.

El contrario asintió, acomodando un libro en el estante. -Sí, fue hace años. Pensábamos que era solo una leyenda hasta que empezaron a suceder cosas extrañas.

Jimin suspiro con melancolía. -Nunca olvidaré la noche en que supimos que era real. Y luego justo después mi compromiso...

Jungkook se acercó, arrodillandose junto a su amo y tomando su delicada mano para besarla -Hemos pasado por tanto desde entonces, Pero no cambiaría nada, por qué lo seguiré amando amo.

Jimin asintió, sus ojos brillando con lágrimas contenidas. -Es verdad. Y aunque hemos enfrentado peligros, siempre has estado, con que estés tu me basta.

El sirviente tomó la mano de su amo, apretándola con cariño. -Lo hago porque lo amo, Mi señor. Nada ni nadie cambiará eso.

La tarde pasó en un remanso de paz, con Jimin y Jungkook disfrutando de la compañía del otro. Mientras el sol comenzaba a ponerse, Jimin volvió a abrir su libro, y Jungkook continuó acomodando los estantes.

La luz de la luna del llenó la biblioteca, creando un ambiente cálido y acogedor, Jimin se sumergió de nuevo en su lectura.

Jungkook, por su parte, observaba a a su amo de reojo. La suave crepitar del fuego en la chimenea, la tensión entre ellos era palpable, un juego sutil de miradas y gestos que hablaban más que las palabras.

Jimin había estado observando al joven pelinegro mientras este ordenaba algunos libros en una estantería cercana, admirando la forma en que la luz de la chimenea jugaba con los músculos de sus brazos y la curva de su cuello. Era difícil ignorar la atracción que sentía hacia su mayordomo, una atracción que iba más allá de las normas y expectativas impuestas por su posición social.

Finalmente, Jungkook se volvió hacia él, su mirada intensa encontrando la de Jimin con una expresión que dejaba claro que había algo más que servidumbre en su devoción.

-¿Puedo ayudarte en algo más, mi señor?-preguntó, su voz grave resonando en el tranquilo ambiente de la biblioteca.

Jimin se levantó lentamente, acercándose a él con una deliberada lentitud que solo aumentaba la tensión entre ellos. Sus ojos se encontraron, comunicando más de lo que las palabras podrían expresar.

-¿Qué es lo que realmente deseas, Jungkook? -susurró Jimin, sus labios rozando apenas los de su mayordomo.

Jungkook se quedó sin aliento por un momento, sintiendo el calor de la proximidad de Jimin como una llama que amenazaba con consumirlo. Sin decir una palabra, se inclinó hacia adelante y capturó los labios del duque en un beso ardiente y lleno de anhelo reprimido.

Los labios de Jimin respondieron de inmediato, su mente y su cuerpo cediendo a la pasión que había estado conteniendo durante tanto tiempo. Sus manos encontraron el cabello de Jungkook, enredándose en los mechones oscuros mientras profundizaban el beso, explorándose mutuamente con una urgencia creciente.

Los susurros de deseo llenaban el aire mientras se movían más cerca de la chimenea, las llamas reflejándose en sus ojos entrelazados. Jungkook empujó a Jimin suavemente contra la pared cercana, su cuerpo presionándose contra el del duque con una necesidad palpable.

-Jimin...- murmuró Jungkook entre besos, sus manos explorando el cuerpo del duque con una devoción que no se podía ocultar.

El duque gimió suavemente en respuesta, su mente nublada por la sensación abrumadora de Jungkook y sus besos, Cada toque, cada beso, era una promesa silenciosa de un deseo compartido que se negaban a ignorar.

De repente, el sonido de pasos resonó desde el pasillo exterior, rompiendo la burbuja íntima en la que se encontraban. Jimin y Jungkook se separaron dejando una línea de saliva entre sus labios, sus corazones latiendo con una mezcla de excitación a ser descubiertos en el íntimo momento de pasión.

-Debemos ser más cuidadosos- susurró Jimin, su aliento aún entrecortado por el deseo no cumplido y los besos húmedos.

Jungkook asintió, su mandíbula tensa mientras luchaba por recuperar el control sobre sus emociones. -Lo sé, mi señor. Pero es cada vez más difícil resistirse...

Antes de que pudieran decir más, la puerta se abrió de golpe y un hombre entró en la biblioteca. Era el príncipe.

Tenía una presencia imponente. Su cabello era negro como la noche, liso y caía con elegancia hasta sus hombros. Sus ojos, de un profundo color gris, observaban la habitación con una frialdad calculadora. Su piel era pálida, casi translúcida bajo la luz suave del atardecer, dándole un aire etéreo y distante.

Vestía un traje oscuro, perfectamente ajustado, que acentuaba su figura esbelta pero fuerte. En su pecho, llevaba un broche de plata con el emblema de su familia, un dragón enroscado, símbolo de su linaje, sus labios finamente curvados, mantenían una expresión de desdén contenida.

Al entrar, sus ojos recorrieron la biblioteca, tomando nota de cada detalle antes de detenerse en Jimin y Jungkook. -Veo que han tenido una tarde ocupada - dijo Yoongi con un tono gélido, su mirada fija en Jungkook.

Los ojos de Jungkook se oscurecieron con una mezcla de celos mientras saludaba al príncipe con una inclinación formal.

-Príncipe Yoongi - saludó Jungkook con una voz que apenas ocultaba su resentimiento.

-¿Qué lo trae por aquí esta noche?

El principe sonrió con una suavidad calculada, su mirada fija en Jimin con una intensidad que no pasó desapercibida para el duque.

-¿Acaso no puedo venir a ver a mi prometido? Además de asegurarme de que todo estuviera en orden, especialmente con la proximidad de la fecha límite.

Jimin asintió educadamente, su mente aún zumbando con el recuerdo del beso ardiente de unos momentos antes. Sabía que su compromiso con el príncipe Yoongi era una obligación impuesta por su maldición, pero sus sentimientos hacia Jungkook eran reales y cada vez más difíciles de ignorar.

Los tres hombres permanecieron en la biblioteca, cada uno sumido en sus propios pensamientos y emociones.

Yoongi rompió el silencio, su tono cargado de sarcasmo. -¿No es adorable? El sirviente preparando la cena para su amo y el príncipe. ¿Te consideras afortunado, Jungkook?.

Jungkook mantuvo la calma, su mirada fija en el principe -Mi deber es servir a mi amo, Príncipe, Y lo hago con orgullo.

El ojogris soltó una carcajada. -Qué humilde. Jimin, ¿no crees que deberías enseñarle a tu sirviente a no hablar de esa manera a un miembro imperial?

Jimin miró a Jungkook, sus ojos llenos de disculpas. Sabía que tenía que mantener la fachada para proteger su relación secreta. -Tienes razón. Jungkook, guarda silencio y sigue sirviendo. Eres mi mayordomo sirveme como se merece.

Mientras continuaban con la cena, Yoongi no dejaba pasar ninguna oportunidad para criticar a Jungkook. -Esta sopa está fría. Supongo que no se puede esperar mucho de un sirviente sin talento.

Jungkook apretó los dientes, pero no respondió. Jimin sintió la tensión y supo que debía intervenir. -Lo siento por la sopa, Príncipe. Haré que mi sirviente la mejore. Jungkook, recoge los platos y vuelve a la cocina.

Jungkook obedeció, su orgullo herido pero su determinación intacta. Mientras se alejaba, Yoongi sonrió con satisfacción. -Debes tener más cuidado con tus sirvientes, Jimin. Un hombre de tu estatus no puede permitirse empleados incompetentes.

Jimin asintió, fingiendo estar de acuerdo.

-Tienes razón. Me aseguraré de que no vuelva a suceder.

La cena terminó en un incómodo silencio, y Jimin se levantó. -Es hora de descansar, Jungkook, guía al Príncipe Yoongi a la habitación de invitados.

Antes de que pudiera llevarlo fuera de la biblioteca, Yoongi se detuvo frente a Jimin. Con un gesto inesperado, tomó la mano de Jimin, para dejar un beso suave en la comisura de sus labios, el duque se apartó ligeramente, asegurándose de que Jungkook viera el gesto, antes de retirar su mano con gracia.

-Descansa mi noble doncel.

-Buenas noches, Príncipe- respondió Jimin, con una sonrisa forzada.

Jungkook hizo una reverencia y se dirigió a Yoongi. -Por aquí, Príncipe.

Mientras caminaban por los pasillos, el ojogris aprovechó la oportunidad para hacer una advertencia. -Sé lo que estás haciendo, Jungkook. No te creas tan listo. Jimin es mío, y si intentas interponerte, lo pagarás caro.

El joven se detuvo y lo miró fijamente. -Lo único que me importa es la felicidad de mi amo. No tienes nada que temer de mí, Príncipe.

Yoongi se acercó más, su voz baja y peligrosa. -Veremos cuánto tiempo puedes mantener esa fachada. Jeon Jungkook, sé lo que eres para Jimin. No dejes que la pasión nuble tu juicio. Recuerda tu lugar- dijo el ojogris con voz suave pero llena de advertencia.

El mayordomo mantuvo la compostura, su mandíbula tensa mientras respondía con firmeza. -Entiendo perfectamente mi posición, Su Alteza. Y sé cuáles son mis deberes.

"Lo se perfectamente" penso el sirviente.

El ojogris entró a su habitación, y el pelinegro cerró la puerta detrás de él. Antes de regresar con Jimin, yoongi lanzó una última advertencia. -Recuerda lo que te dije, esclavo.

Jungkook asintió sin decir una palabra

—porsupuesto en un momento te enseñare—susurro regresando a la biblioteca donde Jimin lo esperaba, quien se acercó a él, con la intención de consolarlo. —Lo siento, kook, no tenía otra opción.

Jungkook negó con la cabeza, forzando una sonrisa. -Está bien, Jimin. Sé cuál es mi lugar.

Jimin lo miró con tristeza, sabiendo que las palabras no podían aliviar el dolor que había causado. -Te prometo que todo esto terminará pronto.

Jungkook la abrazó,con una sonrisa ladina mientras Jimin con su rostro reflejando preocupación por lo ocurrido con Yoongi. Jungkook se puso de pie con una mirada decidida en sus ojos oscuros. —claro que terminará pronto.

El duque sintiendo el peso de la noche sobre sus hombros. -Lo siento, kook, no quería que las cosas se...

Jungkook levantó una mano para detenerlo, su sonrisa ahora teñida de malicia. -No te preocupes, Amor mío. Yo sé cuál es mi deber.

Con decisión, Jungkook tomó a Jimin en brazos como si fuera una presa deseosa de ser dominada, y comenzó a subir las escaleras hacia su habitación jimin se sobresalto al ser levantado sin previo aviso. -Primero, debo disciplinar a mi joven amo por su comportamiento- murmuró el sirviente con voz grave, su respiración rozando el cuello de su amo.

El pelirubio sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras la cercanía de Jungkook le hacía perder el aliento. -Jungkook, por favor, no... Yoongi está cerca.

Al llegar a la habitación, Jungkook cerró la puerta con un chasquido, asegurando su privacidad para lo que vendría a continuación. Sin soltar a Jimin, lo condujo hacia el centro de la habitación, su mirada ahora llena de una determinación feroz.

-Debes aprender a respetarme, Joven Park -susurró, su tono mezclando deseo con una promesa de castigo.

Empujó a Jimin contra la cama con un gesto firme pero posesivo, obligándolo a rendirse bajo su dominio -Mi amo merece un castigo.

El corazón de Jimin latía con fuerza mientras el cuerpo de su sirviente se inclinaba sobre él, su presencia llenando la habitación con una energía intensa y cargada de anticipación.

-kook, por favor...-balbuceó, sus palabras atrapadas entre el deseo y el temor.

-Hoy seré un poco rudo contigo amó, estoy muy enojado y no seré suave- el pelinegro sonrió con satisfacción, su mirada ardiente prometiendo una noche de dominación y redención a través del placer compartido. Lentamente, comenzó a despojarse de sus ropas, quedando solo en pantalones.

La amenaza de Jungkook hizo que la entrada de Jimin palpitara, y se mordió el labio inferior con fuerza. Era sucio, pero no le importaba; quería que lo hiciera duro. El mayordomo llevó sus manos a la boca del duque con dos dedos levantados.

-Chupa.

El abrió la boca de buena gana, y el pelinegro deslizó sus dedos dentro. Los metía y los sacaba de una manera completamente inapropiada, y el rubio se volvió atrevido para entrar en su juego. Lo miró fijamente mientras pasaba su lengua por los dedos del mayordomo como si fueran el enorme bulto de su erección, y le dio una pequeña mordida al final de la punta que hizo que los retirara inmediatamente.

-Amo travieso- dijo, deslizando uno de sus dedos por el labio del pelirubio apreciativamente, luego llevó sus manos al borde de las bragas. -Es hora de hacerte gritar.

El pelinegro deslizó las bragas del duque por sus piernas y las lanzó detrás de él sin despegar la mirada de él. Ahora Jimin estaba completamente desnudo frente a él y a su merced. El mayordomo abrió sus piernas, y su mirada quedó fija en la rosada y mojada entrada de su amo. Maldijo en voz baja, y los escalofríos en el cuerpo del más bajo eran casi incontrolables, pero no podía evitarlo; cuando el sirviente lo tocaba, era como si una corriente eléctrica lo envolviera.

La mirada hambrienta de Jungkook hizo que la respiración del rubio se acelerara y comenzara a jadear grandes bocanadas de aire. Nunca antes se había sentido más deseado. Jungkook lo quería tanto como él, y descubrirlo seguía dejándolo sin aliento. Esperó expectante mientras el mayordomo tomaba su pierna derecha y la subía sobre su hombro desnudo. Luego, muy lentamente, comenzó a repartir pequeños besos por la piel que tenía a su alcance. El simple contacto de sus labios estremecía a Jimin por completo.

Sabía que su reacción no le pasaba desapercibida porque los besos de kook se volvían más hambrientos, y su lengua se unía al espectáculo, lamiendo todo a su paso mientras comenzaba a llegar peligrosamente a su entrepierna. Jimin gimió en alto y se preparó mentalmente para lo que venía, sabía que cuando Jungkook llegara a su entrada, moriría de placer.

-¿Listo para disculparte?-susurró el sirviente, su aliento haciendo cosquillas en la piel de Jimin.

Jimin necesitaba que su mayordomo lo hiciera ya, pero estaba siendo torturado con la espera. Maldito engreído quería demostrarle quién tenía el control, y lo estaba haciendo demasiado bien.

-No- consiguió decir entre jadeos, y entonces Jungkook bajó la boca.

-¡Ah! ¡kook! -gritó Jimin, arqueándose. Se dejó caer y lanzó un jadeo ruidoso cuando la lengua de su sirviente tocó su entrada aún más profundamente.

El duque gimió al borde del orgasmo mientras la lengua de su sirviente atrapaba su pequeño agujero y le daba una mordida suave antes de deslizarse hacia abajo y encontrar su punto G.

-¡No te detengas!- gritó el rubio, tomando un puñado del cabello negro de su hombre para mantenerlo ahí. Justo en ese lugar era donde su placer se concentraba. Era demasiado bueno para dejar que se detuviera. La reacción de Jimin hizo que Jungkook gruñera, pero la vibración de su garganta chocó contra la piel, aumentando el placer que su boca le estaba dando. El rubio cerró los ojos con fuerza. Joder, iba a morirse de placer. No iba a aguantar mucho antes de correrse.

Entonces rotó sus caderas al mismo tiempo que la lengua de su mayordomo se movía para aumentar la fricción, y subió una mano atrapándolo por la cintura para detenerlo.

-Alguien quiere correrse- dijo en voz baja.

El mayordomo reanudó su tarea con más intensidad que antes, metiendo su lengua en la pequeña abertura húmeda de su amo y sus gemidos aumentaron de intensidad hasta que la única lógica que existía era que debía correrse ahora. Toda la presión se acumuló dentro de su pene con rapidez, lista para explotar en cualquier momento.

-¡Mírame, amo!- ordenó el pelinegro, y dos de sus dedos penetraron a a su amo al instante, haciéndolo soltar un grito agudo, metía y sacaba los dedos con fuerza mientras Jimin hacía lo que se le pedía.

-Eso es - gruñó-Mira quién está haciendo que te corras.

Jimin jadeó con fuerza y sostuvo la mirada de Jungkook lo mejor que pudo. Estaba a punto. Sus jadeos y el sonido de los dedos entrando y saliendo hacían eco en la habitación, aumentando su temperatura.

-¿Quieres correrte?

Jungkook no necesitaba preguntarlo; ya debía saber la respuesta. Jimin solo esperaba que no lo dejara.

-¡Sí!

El mayordomo lucía complacido de hacerlo gritar, Bajó su boca y se apoderó de los pezones de Jimin, aumentando la velocidad de sus dedos, la presión en el pene de su amante explotó, y sus músculos se contrajeron contra los dedos de Jungkook mientras chispas de placer recorrían todo su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás y gimió en alto mientras se corría en su pecho.

Jimin gimió descontroladamente mientras su espalda se arqueaba, y soltó su corrida, su sirviente siguió metiendo y sacando sus dedos más suavemente mientras jimin se relajaba, y le dio un último lametón a su pecho antes de liberarlo con un sonido corto.

La respiración de su amo comenzó a disminuir mientras lentamente regresaba a la realidad. Su cuerpo se sentía tan liviano, y aún tenía la mente en blanco. Era demasiado bueno, como siempre.

Escuchó el gruñido de satisfacción del sirviente y volvió a mirarlo, tenía la mano dentro de la boca, saboreando el semen de Jimin con una mueca que hacía que quisiera apretar las piernas. Esa sola imagen era muy pervertida.

-Delicioso-dijo el mayordomo descaradamente, chupando todo lo que tenía.

Jimin tragó saliva con la garganta seca. Este hombre era irresistible y tan sucio, su fiel sirviente. Una vez que dejó de probar el semen, llevó la mano al único botón de su pantalón y lo desabrochó.

Jungkook bajó el cierre muy lentamente, estudiando la reacción de su amo con cada movimiento, Lo estaba haciendo a propósito, tentándolo y torturándolo al mismo tiempo. Jimin se incorporó y apoyó su peso sobre sus manos mientras esperaba. La mirada de Jungkook bajó un segundo a su vientre antes de terminar su trabajo. Deslizó el pantalón por sus gruesas piernas, dejando a la vista su piel suave. Jimin se quedó sin aliento al ver el enorme bulto que se marcaba perfectamente dentro de sus bóxer negros. Aunque lo había sentido muchas veces, aún no se acostumbraba a su tamaño.

La espera lo estaba matando. Jungkook sonrió de lado con suficiencia y deslizó también su bóxer hasta sus tobillos. Jimin ahogó un jadeo. Jungkook estaba duro y largo como siempre. La cabeza rozada del glande estaba húmeda y apuntando hacia él, como si supiera lo que quería. La sonrisa de Jungkook se ensanchó, pero apenas prestó atención.

Jimin salió de su inicial ensoñación y fue a tocarla. Como siempre, su mano no pudo envolver el grosor del miembro de Jungkook. En cuanto sus manos tocaron el pedazo de carne caliente, el cuerpo de Jungkook dio una sacudida apenas perceptible. Jimin lo miró con satisfacción. Se mordió el labio inferior y con una sonrisa mental lo tomó por la base, haciéndolo gruñir, y comenzó a acariciarlo de arriba hacia abajo, pasando sus dedos por el glande y masajeándolo. Mierda, qué caliente estaba.

Un gemido quedó atorado en la garganta de Jungkook, y antes de que Jimin pudiera seguir disfrutando de la reacción de su cuerpo a su toque, Jungkook lo tomó de los muslos, haciéndolo soltar el miembro de inmediato, y lo levantó contra él.

-Recuerda que no puedes hablar tan fuerte ya que tu prometido está cerca -dijo Jungkook.

Jimin se quedó sin aliento por la rapidez con la que Jungkook lo levantó de la cama, y se agarró a sus hombros duros para no caerse. Jungkook caminó hacia la puerta y en dos zancadas lo empotró contra una de las paredes más cercanas. Su polla quedó encajada en la entrada de Jimin, y este gimió en alto.

-¿Sigo siendo un mal sirviente? -preguntó Jungkook, tomando a Jimin de los glúteos y presionando la punta de su miembro contra la entrada de Jimin.

Jimin jadeó y lo miró con desafío.

-Sí -susurró, sus manos aferrándose a los hombros de Jungkook con fuerza.

Jungkook gruñó, una chispa de desafío en sus ojos. Con un movimiento rápido y decidido, empujó su miembro dentro de Jimin, haciéndolo gemir en voz alta.

-¡Ah, Jungkook! -gritó Jimin, su cabeza cayendo hacia atrás mientras sentía el dolor y el placer mezclarse en una tormenta abrumadora.

Jungkook no le dio tiempo a adaptarse. Empezó a moverse con fuerza, entrando y saliendo de Jimin con embestidas rápidas y profundas. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, y Jimin se aferraba a Jungkook como si su vida dependiera de ello.

-Te voy a hacer gritar mi nombre hasta que no puedas más -gruñó Jungkook, sus manos apretando los glúteos de Jimin con fuerza.

Jimin solo podía gemir en respuesta, su mente nublada por el placer. Cada embestida de Jungkook lo llevaba más cerca del borde, y no podía hacer nada para detenerlo. Su cuerpo temblaba, y sentía que se iba a romper en mil pedazos.

-¡Más, más! -jadeó Jimin, moviendo sus caderas para encontrarse con las embestidas de Jungkook.

Jungkook aumentó la velocidad, sus movimientos volviéndose casi frenéticos. El placer en el cuerpo de Jimin era insoportable, y sabía que no iba a durar mucho más. Jungkook lo sabía también y decidió llevarlo al límite.

-Córrete para mí, amó- ordenó Jungkook, su voz baja y ronca.

Las palabras de Jungkook fueron la gota que colmó el vaso. Con un grito ahogado, Jimin se dejó llevar por el orgasmo, su cuerpo temblando y sus músculos contrayéndose alrededor del miembro de Jungkook. Se aferró a los hombros de Jungkook, su respiración irregular y sus gemidos llenando la habitación.

Jungkook siguió moviéndose dentro de él, sus propias respiraciones entrecortadas. Con un último empujón profundo, se dejó llevar por su propio orgasmo, llenando a Jimin con su semilla mientras gemía su nombre.

Ambos quedaron jadeando, sus cuerpos temblando por el esfuerzo. Jungkook sostuvo a Jimin con cuidado, sus manos suavizando el agarre en sus glúteos mientras lo ayudaba a deslizarse suavemente por la pared hasta quedar de pie. Jimin se dejó caer contra el pecho de Jungkook, su respiración aún irregular.

Jimin trata de regular su respiración asimilando que es lo que acaba de pasar.

-¿Esta bien amo? - pregunta el pelinegro haciendo levantar la cabeza de su señor y

el movimiento hace que su polla se salga

un poco haciéndole soltar un pequeño

gemido.

Asiente y se alejan de la pared. Jimin Deja

caer su cabeza sobre su hombro mientras

Lo carga hasta la enorme cama con

sabanas de seda. Lo deposita y esconde su cara en la almohada con un suspiro

satisfecho arqueando la espalda.

La entrada del más bajo está machacada por esa gran polla, teniendo las piernas tensas y oliendo a sexo. Jimin sonrie satisfecho.

No haga eso amó, no sonrías de esa manera-advierte el mayordomo con voz grave -Quiero darte un descanso antes de follarte otra vez.

-Fuiste demasiado rudo está vez.― responde el pelinegro a medias. Jimin se acomodó en la cama, intentando dormir después del agotador encuentro que acababan de tener. Sin embargo, su mente y cuerpo estaban demasiado estimulados para encontrar el descanso. Apenas había cerrado los ojos cuando sintió el toque firme de Jungkook sobre su corbata.

-¿Qué estás haciendo? -preguntó Jimin, su voz temblando de curiosidad y expectación.

Jungkook no respondió, en lugar de eso, usó su corbata para cubrir sus ojos, privándolo de la vista. Jimin sintió un escalofrío recorrer su espalda al ser empujado suavemente hasta ponerse en cuatro sobre la cama. La respiración de Jungkook rozó su oído, y Jimin se estremeció.

-Esto aún no ha terminado -susurró Jungkook con una sonrisa ladina-. No hagas ruido si no quieres despertar a tu prometido.

Jimin apenas tuvo tiempo de procesar sus palabras cuando sintió la embestida de Jungkook entrando de golpe en su interior. El gemido que escapó de sus labios fue casi un grito, silenciado apenas por la mano rápida de Jungkook que cubrió su boca.

-Silencio -ordenó Jungkook, moviéndose con fuerza y determinación.

Jimin solo pudo balbucear cosas incoherentes, sus pensamientos desordenados por la mezcla de dolor y placer. Cada embestida de Jungkook lo llevaba al límite, su cuerpo temblando y sus músculos contrayéndose alrededor del miembro de su amante.

Afuera, se escuchaban pasos en el pasillo. El sonido solo sirvió para aumentar la adrenalina en Jimin, su corazón latiendo a mil por hora. Jungkook, lejos de detenerse, intensificó sus movimientos, arremetiendo con más fuerza y profundidad. La cama rechinaba bajo ellos, el sonido amortiguado por las embestidas constantes.

-Te ves tan hermoso así, Jimin -murmuró Jungkook, observando el cuerpo desnudo de su amante.

Los labios de Jimin estaban entreabiertos, dejando escapar gemidos ahogados por la mano de Jungkook. Su saliva se deslizaba por la comisura de sus labios, mezclándose con las lágrimas que mojaban la corbata. Su piel brillaba con una fina capa de sudor, haciendo que su cuerpo tembloroso se viera aún más vulnerable y deseable.

Jungkook se inclinó hacia atrás, manteniendo sus embestidas mientras admiraba la visión frente a él. Sus manos aferraban las caderas de Jimin con fuerza, dejando marcas rojizas en su piel. El sudor caía en gotas por su frente y espalda, resbalando por sus músculos definidos. Jungkook se pasó una mano por el cabello, empapado de sudor, haciendo que se pegara a su frente.

La imagen de Jungkook era pura seducción. Sus músculos se tensaban y relajaban con cada movimiento, sus pectorales y abdominales marcados brillando bajo la luz tenue de la habitación. Sus jadeos eran profundos y rítmicos, y cada vez que se inclinaba hacia atrás, el placer se reflejaba en su rostro, haciendo que sus facciones se vieran aún más atractivas.

Jimin gemía, su cuerpo a merced de Jungkook, cada embestida llevándolo más cerca del límite. Jungkook, notando la proximidad del clímax de ambos, aumentó la intensidad, su propio placer creciendo con cada movimiento. La cama crujía bajo ellos, el sonido mezclándose con sus jadeos y gemidos.

-Jimin, mírame -dijo Jungkook con voz ronca, su mano liberando la boca de Jimin para sujetar su rostro.

Jimin levantó la cabeza, sus ojos aún cubiertos por la corbata, pero sus labios buscando desesperadamente el contacto de Jungkook. Este se inclinó hacia adelante, atrapando los labios de Jimin en un beso profundo y hambriento, mientras seguía moviéndose dentro de él.

Jimin sintió cómo el placer lo invadía de nuevo, su cuerpo estremeciéndose mientras alcanzaba otro clímax. Justo en ese momento, un golpe en la puerta lo sacó de su trance. La voz de Yoongi se escuchó al otro lado.

-¿Jimin? ¿Estás despierto? Escuché ruidos raros. ¿Estás bien?

Jungkook sonrió de manera ladina mientras jugaba con la cordura de Jimin. Se inclinó hacia él, susurrándole al oído con una voz cargada de malicia.

-¿No le vas a contestar a tu prometido? Eso es muy maleducado de tu parte, duque.

Jimin intentó hablar, pero Jungkook le dio una embestida tan profunda que tocó su punto dulce, arrancándole un gemido alto y prolongado. Jungkook gruñó de placer, su mirada fija en Jimin mientras este se corría de nuevo, su cuerpo temblando.

Los golpes en la puerta se intensificaron.

-¿Qué sucede ahí? ¡Jimin, abre la puerta!-Yoongi comenzó a golpear sin parar, la preocupación evidente en su voz.

A pesar de la sensibilidad de Jimin tras su liberación, y con Yoongi tocando y gritando del otro lado, Jungkook no mostró signos de detenerse. De hecho, se volvió aún más rudo y salvaje, arremetiendo contra Jimin con una fuerza implacable.

-Gime mi nombre- ordenó Jungkook, su voz baja y dominante. -Quiero que tu prometido escuche cómo te hago mío, cómo te hago gritar de placer.

Jimin intentó contener sus gemidos, pero la fuerza y la precisión de las embestidas de su amante hicieron que fuera imposible. Cada movimiento arrancaba gemidos y jadeos involuntarios de sus labios, su cuerpo arqueándose y temblando.

-¡Jungkook!- gimió Jimin, su voz llena de desesperación y placer.

-Eso es, bebé. Dilo más fuerte. Que sepa que esto es algo que él nunca podrá darte- dijo, sus palabras cargadas de desafío, si el principe yoongi pensó que siempre lo dejaría humillarlo estaba muy equivocado el que recibiria la peor humillación de su vida sería él.

La cama crujía bajo ellos, el sonido amplificado por la fuerza de las embestidas de Jungkook. Con cada movimiento, la cama parecía al borde de romperse, los postes de la cabecera golpeando contra la pared con un ritmo frenético.

-¡Jimin, abre la puerta!-gritó Yoongi, su voz ahora llena de furia. -¡Jungkook, eres un desgraciado!

-Derríbala si puede principe- gritó el mayordomo en respuesta, su voz resonando con una confianza arrogante llena de burla. -No voy a detenerme.

Con un último empuje salvaje, Jungkook llevó a Jimin al borde del éxtasis una vez más se corrió con un grito, su cuerpo convulsionando mientras el placer lo invadía. Jungkook no se quedó atrás, liberándose dentro de él con un gruñido profundo, su cuerpo temblando de satisfacción.

La cama, incapaz de soportar la intensidad, finalmente cedió, rompiéndose bajo ellos con un crujido fuerte. El mayordomo sonrió con satisfacción, como si hubiera conquistado el mundo.

-Mira lo que haces, Jimin- dijo el sirviente, su voz suave pero cargada de dominio -Todo lo que provoca joven park.

-¡Jungkook!- gritó Yoongi desde el otro lado de la puerta. -¡Te juro que pagarás por esto!

Jungkook solo rió, su mirada fija en Jimin, quien estaba completamente agotado y satisfecho.

-Déjalo que grite- dijo, acariciando la espalda de su amado. -Nadie puede separarme de ti, mi amor.

Jimin, jadeando y con la mente nublada por el placer, solo pudo asentir. Sabía que, a pesar de todo, no podría estar en ningún otro lugar que no fuera en los brazos de su fiel mayordomo.

El sol apenas empezaba a asomar en el horizonte cuando Jimin despertó, envuelto en las sábanas de seda de su cama. Los eventos de la noche anterior aún pesaban en su mente. Había pasado una noche intensa con su mayordomo, y las consecuencias de sus acciones habían estallado cuando el príncipe Yoongi se había enterado, marchándose furioso.

El duque se incorporó lentamente, sus pensamientos aún nublados por el sueño. Miró hacia su piel, viendo las marcas que Jungkook había dejado. Con un toque suave, recordó cada momento de la noche pasada, sus dedos recorriendo las huellas que su amante había dejado en su cuerpo. Una risita lo sacó de sus pensamientos.

Al girarse, vio a su sirviente sentado elegantemente en una silla, su uniforme impecable y una pipa en su mano. Sus piernas cruzadas y su expresión serena le daban un aire de autoridad y calma.

-Buenos días, joven amo -dijo con una sonrisa.

Jungkook se levantó y caminó hacia la cama, pasando delicadamente su mano por la mejilla de su amo, Luego, besó suavemente sus labios, su cuello y nuevamente su mejilla.

-El baño está listo, con aceites y todo lo necesario para su comodidad -anunció

- Permítame ayudarlo.

Jungkook ayudó al duque a levantarse y lo guió hasta la bañera. Con elegancia y cuidado, lo ayudó a sumergirse en el agua perfumada. Después, le sirvió el desayuno, cada movimiento lleno de la misma gracia y dedicación.

Mientras desayunaban, Jimin tomó una decisión firme.

-Jungkook, he decidido romper mi compromiso con Yoongi. No me importa si no podemos acabar con la maldición. No me casaré con alguien a quien no amo.

El sirviente asintió, su mirada llena de comprensión y apoyo. Sin embargo, el momento fue interrumpido por el sonido violento de las puertas de la mansión abriéndose de golpe. El marqués Park, el padre de Jimin, entró furioso.

-¡Jimin! -gritó el marqués, su voz llena de ira.

Jimin bajó, vestido y acompañado por Jungkook, quien caminaba detrás de él con una calma impresionante. Al ver a su padre, Jimin sintió un nudo en el estómago.

-¿Cómo te atreves a humillar al príncipe heredero de esta manera? -gritó el marqués, levantando una mano para golpear a Jimin.

Antes de que pudiera hacerlo, Jungkook lo detuvo, ajustándose los lentes con tranquilidad.

-Marqués Park, le pido que se calme. No permitiré que toque al joven amo.

-¡Tú! -bramó el marqués, girando su furia hacia Jungkook-. ¡Eres un maldito traidor! Te aprovechaste de nuestra confianza. Deberías ser ejecutado.

En ese momento, Yoongi entró en la sala, su presencia imponente.

-No hay necesidad de tanta violencia, marqués. No cancelaré el compromiso si Jungkook es ejecutado.

Jungkook se mantuvo en calma, su mirada fija en Yoongi. El marqués Park asintió, su expresión suavizándose ligeramente.

-Claro que acepto. Finalmente romperemos con la maldición.

Jimin, sin embargo, explotó de ira.

-¡No me casaré con Yoongi! -gritó-. Y menos por una maldición que tú mismo creaste, padre.

La maldición había sido lanzada por el propio Marqués Park, un hombre desesperado por asegurar el poder y la estabilidad de su familia. Había hecho un pacto oscuro, sacrificando la libertad de su hijo para garantizar la prosperidad y el control sobre el reino. La maldición aseguraba que la familia del príncipe Yoongi jamás encontraría la felicidad completa hasta que alguien de la sangre de Park se sacrificara para unirse a ellos en matrimonio.

Yoongi había sido una pieza en el juego del marqués, manipulado para creer que el matrimonio con Jimin era su única esperanza. Pero ahora, todo había salido a la luz.

El marqués Park miró a su hijo, su rostro una mezcla de furia y desesperación.

-¡No sabes lo que dices, Jimin! -gritó-. Hice lo que tenía que hacer para protegernos.

-¿Protegernos? -respondió Jimin, su voz llena de incredulidad y dolor-. ¿Cómo crees que esto nos protege? Me has vendido, padre. Me has usado como un peón.

-¡No! -exclamó el marqués-. Lo hice por ti, por nuestra familia. Sin la maldición, todo lo que hemos construido se desmoronará.

Yoongi observaba en silencio, su mirada alternando entre Jimin y el marqués. Finalmente, habló.

-Jimin, entiendo tu dolor. Pero la maldición no es solo tu carga. También es mía. Si hay otra forma de romperla, debemos encontrarla juntos.

-No, Yoongi -dijo Jimin con firmeza-. No voy a sacrificar mi vida y mi felicidad por algo que no causé. La maldición debe ser rota, pero no a costa de mi libertad.

Jungkook, que había permanecido en silencio, intervino.

-Marqués Park, hay formas de resolver esto sin recurrir al sacrificio de Jimin. Permítanos buscar una solución diferente.

El marqués Park se desplomó en una silla cercana, su rostro agotado.

-No lo entienden. La maldición está atada a la sangre de nuestra familia. Sin el sacrificio de Jimin, estamos condenados.

Jimin se arrodilló frente a su padre, tomando sus manos.

-Padre, encontraremos otra forma. Pero no puedo vivir una vida de mentira. No puedo casarme con alguien a quien no amo. Por favor, confía en mí.

El marqués Park miró a su hijo, las lágrimas empezando a brotar de sus ojos.

-Jimin, lo siento tanto. No quería esto para ti. Solo quería protegerte.

-Lo sé, padre. Y te perdono. Pero debemos encontrar una nueva manera de romper la maldición.

Pero el marqués Park, lejos de aceptar la decisión de Jimin, se levantó de la silla con renovada furia.

-¡Esto es inaceptable! -gritó-. Si te niegas a cumplir tu deber, entonces ya no eres mi hijo.

Jimin, herido por las palabras de su padre, se enderezó con determinación.

-Entonces, padre, así será. No necesito a alguien que me vea como un simple peón. No quiero tener nada que ver contigo ni con esta maldición.

Yoongi, viendo la determinación en los ojos de Jimin, intentó acercarse.

-Jimin, por favor, reconsidera. No podemos resolver esto si te alejas.

-No, Yoongi. Nuestra relación ha sido manipulada y manchada por esta maldición y las intrigas de mi padre, no puedo continuar con esto, necesito liberarme para encontrar mi propia felicidad.

Jungkook dio un paso adelante, colocándose junto a Jimin como un apoyo inquebrantable.

-El joven amo ha tomado su decisión. No habrá más discusiones. Jimin ha elegido su camino, y yo estaré a su lado.

El marqués Park, rojo de ira, señaló a Jungkook.

-¡Tú pagarás por esto! ¡Eres una deshonra para nuestra familia!

Jungkook, con calma y dignidad, respondió:

-Acepto su odio, marqués. Pero no permitiré que dañe a Jimin.

Con un último vistazo de odio, el marqués Park se dio la vuelta y salió de la mansión, llevándose con él las promesas rotas y los sueños destruidos. Yoongi lo siguió, una sombra de tristeza en sus ojos, sabiendo que su oportunidad de redención y amor con Jimin se había desvanecido.

Jimin, viendo a los dos hombres salir de su vida, sintió una mezcla de alivio y tristeza. Pero sabía que había hecho lo correcto. Con Jungkook a su lado, estaba listo para enfrentar cualquier desafío y buscar una nueva forma de romper la maldición sin sacrificar su felicidad.

La mansión, ahora libre de las sombras del pasado, se llenó de una nueva esperanza. Jimin y Jungkook, unidos por el amor y la determinación, comenzaron un nuevo capítulo, decididos a encontrar la verdadera libertad y felicidad.

La tarde estaba en su apogeo y la mansión se encontraba envuelta en un silencio pacífico. Jimin, vestido con una bata de seda que acariciaba su piel, se encontraba sentado en el invernadero, rodeado de las plantas exóticas que tanto le gustaban. El sol se filtraba a través de los cristales, bañando el lugar con una luz dorada. En su mano sostenía una delicada taza de té, inhalando el aroma floral antes de tomar un sorbo.

A pesar de la calma, Jimin sabía que la paz no duraría mucho. Los atacantes siempre llegaban a medio día, como un reloj siniestro que nunca fallaba. No obstante, la certeza de la protección de Jungkook lo mantenía sereno. Sabía que su fiel mayordomo estaría allí, como siempre, para encargarse de ellos.

No pasó mucho tiempo antes de que el familiar sonido de pasos apresurados rompiera el silencio. Jimin no se inmutó, continuó bebiendo su té con una tranquilidad que contrastaba con la tensión creciente en el aire.

La puerta del invernadero se abrió de golpe y un grupo de hombres vestidos de negro irrumpió en el lugar. Sus miradas eran feroces, cargadas de intenciones asesinas. Jimin levantó la vista con una expresión de aburrida indiferencia, dejando que sus palabras salieran con una frialdad cortante.

-¿Otra vez? -dijo, su voz tranquila pero mordaz-. ¿Nunca se cansan de este juego tan aburrido?

Los hombres intercambiaron miradas confusas por un momento, antes de que uno de ellos avanzara con un cuchillo en la mano. Sin embargo, antes de que pudiera acercarse más, un sonido sordo resonó en el invernadero. Jungkook apareció como una sombra letal, moviéndose con una velocidad y precisión aterradoras.

En un abrir y cerrar de ojos, Jungkook se encargó del primer hombre, su cuerpo cayendo al suelo sin vida. Los demás atacantes intentaron reaccionar, pero Jungkook ya estaba sobre ellos. Sus movimientos eran un ballet mortal, cada golpe preciso y eficiente. La violencia de la escena contrastaba con la serenidad de Jimin, que observaba todo con una calma casi irreal.

Uno por uno, los hombres cayeron ante la letalidad de Jungkook. En cuestión de minutos, el invernadero volvió a sumirse en un silencio sepulcral, interrumpido solo por la respiración agitada de los atacantes caídos. Jungkook se acercó a Jimin, su ropa manchada de sangre pero su expresión tranquila.

-Están muertos, amo. -informó Jungkook con su habitual voz calmada.

Jimin asintió, tomando otro sorbo de su té.

-Excelente trabajo, Jungkook. -dijo, dejando la taza a un lado y levantándose lentamente-. Ahora, ven aquí.

Jungkook obedeció sin dudar, acercándose a Jimin. Este último lo miró con una mezcla de gratitud y deseo, sus dedos acariciando suavemente la mejilla de Jungkook.

-Siempre te ocupas de ellos con tanta eficacia... -murmuró Jimin, su voz bajando a un susurro cargado de insinuación-. Creo que mereces una recompensa.

Los ojos de Jungkook se oscurecieron con deseo, y antes de que pudiera responder, Jimin lo tomó de la mano, guiándolo hacia un diván cercano. Jimin se sentó y tiró suavemente de Jungkook hacia él, sus labios encontrándose en un beso profundo y apasionado. La adrenalina del combate aún corría por las venas de Jungkook, intensificando cada sensación.

-Quítate la camisa. -ordenó Jimin con un tono suave pero con sensualidad.

Jungkook obedeció rápidamente, sus manos moviéndose con prisa para desabrochar su camisa y dejarla caer al suelo. Jimin recorrió con su mirada el torso desnudo de Jungkook, sus dedos trazando los músculos definidos con una admiración evidente.

-Eres perfecto, Jungkook. -murmuró Jimin antes de inclinarse y dejar una serie de besos ardientes sobre el pecho de su mayordomo.

Jungkook cerró los ojos, disfrutando de cada toque, de cada caricia. Jimin continuó explorando su cuerpo, sus manos y labios moviéndose con una mezcla de ternura y pasión. Cada beso, cada roce de piel contra piel, hacía que la tensión entre ellos aumentara.

Jungkook dejó escapar un gemido cuando Jimin comenzó a bajar sus labios hacia su abdomen, sus dedos desabrochando los pantalones de su amante con una destreza rápida. Jimin tiró de los pantalones de Jungkook, dejándolos caer al suelo, y se inclinó para besar la línea del vello que llevaba hacia su erección.

-Te necesito, Jimin. -gruñó Jungkook, su voz cargada de deseo.

Jimin sonrió contra la piel de Jungkook antes de tomarlo en su boca, sus movimientos lentos y provocativos. Jungkook arqueó la espalda, su respiración volviéndose errática mientras Jimin lo trabajaba con su lengua y labios.

-Dios, Jimin... -murmuró Jungkook, sus manos enredándose en el cabello de Jimin.

Jimin continuó su atención, alternando entre lamer y succionar, llevando a Jungkook al borde del éxtasis antes de detenerse abruptamente. Se levantó, sus ojos llenos de deseo y determinación.

-Ahora tú. -dijo Jimin con una sonrisa traviesa.

Jungkook no necesitó más indicaciones. Con un movimiento rápido, hizo que Jimin se tumbara de espaldas en el diván, sus manos tirando de la bata de seda para descubrir el cuerpo desnudo y tentador de su amante. Se inclinó, besando y mordiendo los muslos de Jimin, provocando gemidos de placer con cada mordisco.

-Jungkook... -susurró Jimin, sus manos aferrándose a los hombros de su amante.

Jungkook subió lentamente, besando el interior de los muslos de Jimin antes de llegar a su centro. Usando su lengua con habilidad, comenzó a trabajar en Jimin, arrancándole gemidos y suspiros de placer. Jimin arqueó la espalda, sus manos aferrándose al diván mientras Jungkook lo llevaba al borde.

-Mi fiel mayordomo... -murmuró Jimin entre gemidos.

Jungkook sonrió contra la piel de Jimin antes de levantar sus piernas, colocándolas sobre sus hombros. Con un movimiento lento pero firme, se deslizó dentro de Jimin, ambos soltando un gemido de satisfacción. Jungkook comenzó a moverse, sus embestidas fuertes y precisas, llevando a Jimin al límite de la resistencia.

-Te amo, Jungkook... -balbuceó Jimin, su voz temblando de placer.

-Yo también te amo, Jimin. -respondió Jungkook, su voz un ronco susurro.

Jungkook continuó moviéndose, cada embestida más intensa que la anterior. La sala se llenó de susurros y gemidos, el sonido de la pasión resonando en las paredes. Jimin se aferraba a Jungkook, sus cuerpos moviéndose al unísono en una danza de deseo y amor.

Finalmente, Jungkook tiró suavemente de Jimin, haciéndolo sentarse a horcajadas sobre él. Jimin comenzó a cabalgarlo, sus movimientos lentos al principio, pero aumentando en intensidad. Los dos se miraron a los ojos, sus labios encontrándose en un beso profundo mientras Jimin se dejaba caer de golpe una y otra vez, llevándolos a ambos al clímax.

Y así el encierro perpetuo fue perfecto gracias a la compañía de un atractivo mayordomo que se casó connun duque maldito que le pasó su inmortalidad.

La leyenda de la mansión maldita comenzó a tejerse entre las personas del reino. Se decía que el joven duque y su mayordomo habían encontrado una forma de vivir juntos, desafiando las expectativas y la maldición. Aunque nunca lograron romper completamente el hechizo, se rumoreaba que habían encontrado una especie de inmortalidad.

Se decía que la pareja jamás envejeció, y que sus hijos, nacidos de un amor prohibido, heredaron habilidades oscuras y mortales. La mansión se convirtió en un lugar de misterio y temor, un hogar para una familia que vivía al margen de la sociedad, pero llena de un amor profundo y peligroso.

Los viajeros que se atrevían a acercarse a la mansión hablaban de visiones extrañas. Podían ver a un joven duque, siempre delicado y hermoso, tomando el té en el jardín. A su lado, un apuesto joven tocaba el violín, su música llenando el aire con una belleza melancólica. Y, sentados en el regazo del joven duque, dos hermosos niños escuchaban atentamente, sus ojos brillando con una inteligencia que parecía demasiado antigua para su edad.

Esta es la historia del joven duque y su mayordomo, una historia de amor, traición y redención. Una familia maldita, pero unida por un amor que desafiaba todas las las reglas y expectativas de su tiempo.La leyenda de la mansión maldita se transmitió de generación en generación, susurros en las noches oscuras y frías cuando el viento aullaba alrededor de la antigua propiedad. La gente hablaba de cómo la familia había sobrevivido durante siglos, resistiendo el paso del tiempo y las amenazas externas, gracias a su unión indestructible y a los poderes oscuros que poseían.

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