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Historia sin fin

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Summary

Este relato trata sobre dos niños: Alejandro, conocido por todos como Alex, y Leyre. Todo comenzó en 5.º de Primaria. Un día, durante la fotografía de clase, Alex vio a Leyre por primera vez y pensó: “Qué guapa es”. Desde ese momento, no pudo dejar de pensar en ella. Con el paso de los meses, Alex fue conociéndola mejor. Descubrió que era una chica amable, educada y siempre correcta en su comportamiento. Cuanto más la conocía, más le gustaba y más interés tenía en hablar con ella. En el segundo trimestre, Emma, la mejor amiga de Leyre, se dio cuenta de que a Alex le gustaba Leyre. A partir de entonces, comenzó a bromear con él y a hacerle comentarios sobre el tema. Alex no quería que los demás supieran de sus sentimientos, por lo que intentaba mantenerlo en secreto. Decidido a hablar con Leyre, intentó conseguir su número de teléfono. Para ello, ideó una pequeña broma dirigida a Emma. Un amigo suyo, Georgo, tenía el número de Emma, y Alex pensó que, si lograba hablar con ella, quizá podría convencerla de que le facilitara el número de Leyre.

Genre
Romance
Author
Luis
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Historia sin fin

Historia sin fin

Capítulo 1: La foto de clase

El primer lunes de octubre amaneció con un cielo completamente azul. El patio del colegio estaba lleno de alumnos que hablaban, corrían y reían mientras esperaban a que sonara el timbre. Era un día especial porque tocaba hacerse la foto de clase.

Alejandro, al que todos llamaban Alex, caminaba con la mochila colgada de un solo hombro. Tenía diez años y acababa de empezar 5.º de Primaria. Era un chico tranquilo, aunque cuando estaba con sus amigos no paraba de bromear. Le gustaban mucho el fútbol, los videojuegos y dibujar cuando tenía tiempo libre.

Al entrar en el aula saludó a sus amigos.

—¡Buenos días! —dijo sonriendo.

—¡Hoy toca la foto! —respondió uno de ellos.

Alex se encogió de hombros.

—Pues otra foto más.

No le daba mucha importancia. Cada año era lo mismo: ponerse bien la camiseta, peinarse un poco y sonreír durante unos segundos.

Mientras tanto, en otra parte del aula, Leyre hablaba con su mejor amiga, Emma.

—¿Crees que saldré bien en la foto? —preguntó Leyre.

Emma sonrió.

—Seguro que sí. Siempre sales bien.

Las dos comenzaron a reír.

Cuando llegó el fotógrafo, todos salieron al patio. Los profesores colocaban a los alumnos por filas mientras intentaban que nadie hablara.

—Los altos detrás. Los bajos delante —repetía el profesor.

Después de varios intentos, todos quedaron colocados.

—¡Sonreíd! —dijo el fotógrafo.

¡Flash!

La foto quedó hecha.

Los alumnos volvieron a clase casi sin darle importancia. Para ellos solo era una foto más que acabaría en el anuario del colegio.

Pasaron unos días.

Una mañana, la profesora llegó con un sobre grande.

—Ya han llegado las fotografías de clase.

Toda la clase empezó a hablar emocionada.

La profesora fue repartiendo una a una.

Cuando Alex recibió la suya, empezó a observarla con curiosidad. Primero miró a sus amigos. Después buscó dónde estaba él.

Entonces, casi sin darse cuenta, sus ojos se detuvieron en Leyre.

No sabía muy bien por qué.

Simplemente siguió mirándola unos segundos más.

—Qué raro... —pensó.

Guardó la fotografía en la carpeta para seguir la clase.

Sin embargo, esa tarde, al llegar a casa, volvió a sacarla.

Se quedó observándola otra vez.

No entendía qué le pasaba.

Hasta ese momento nunca se había fijado especialmente en ninguna compañera.

—Será porque la foto ha salido bien —se dijo.

Pero al día siguiente ocurrió lo mismo.

Y al siguiente también.

Cada vez que veía la fotografía, sin querer, acababa mirando a Leyre.

Mientras tanto, ella seguía con su vida como siempre.

Jugaba en el recreo con Emma, hacía los deberes y hablaba con sus compañeros sin imaginar que alguien empezaba a pensar mucho en ella.

Un viernes, durante el recreo, Alex la vio reírse junto a Emma.

No fue una gran conversación.

Ni siquiera hablaron.

Solo la vio sonreír.

Y, sin saber por qué, él también sonrió un poco.

Uno de sus amigos lo miró extrañado.

—¿Qué te hace gracia?

Alex reaccionó enseguida.

—Nada... estaba pensando en otra cosa.

Su amigo no le dio importancia y siguieron jugando.

Aquella noche, antes de dormir, Alex volvió a pensar en el colegio.

No en los deberes.

No en el partido del recreo.

Pensó en aquella chica que casi no conocía.

Se preguntó cómo sería realmente.

Qué cosas le gustaban.

Si también le gustaban los videojuegos o prefería leer.

Si era tan divertida como parecía cuando estaba con Emma.

No tenía respuestas.

Solo preguntas.

Y, aunque intentó dejar de darle vueltas, no pudo.

Sin darse cuenta, algo había empezado a cambiar.

Algo muy pequeño.

Algo que apenas acababa de comenzar.

Y Alex todavía no imaginaba que aquella simple fotografía de clase iba a marcar el inicio de una historia que recordaría durante muchos años.

Fin del Capítulo 1.Historia sin fin

Capítulo 2: Un pensamiento que no desaparece

Después de aquel día, Alex intentó convencerse de que todo era una tontería.

—Seguro que en unos días se me pasa —se repetía.

Pero no fue así.

Cada mañana, al llegar al colegio, sin darse cuenta, miraba hacia la puerta esperando verla entrar. Cuando Leyre aparecía junto a Emma, hablando y riéndose, Alex volvía a sentir esa extraña curiosidad que no sabía explicar.

Las clases continuaban con normalidad. Matemáticas, Lengua, Ciencias... Sin embargo, había momentos en los que Alex se distraía unos segundos mirando hacia la otra parte del aula.

—Alex, ¿puedes leer el siguiente párrafo? —preguntó la profesora.

Él dio un pequeño salto.

—Sí... claro.

Sus amigos se rieron por lo bajo.

—Estás en las nubes —le dijo uno de ellos al terminar la clase.

—Solo estaba pensando.

—Pues piensa menos y presta más atención.

Los dos acabaron riéndose.

Mientras tanto, Leyre no se daba cuenta de nada. Para ella, Alex era simplemente un compañero más de la clase.

Durante el recreo, Emma y Leyre se sentaron en un banco mientras compartían un bocadillo.

—¿Has visto que hoy casi se equivoca Alex al leer? —comentó Emma.

—Sí, pero eso nos pasa a todos alguna vez.

Emma miró de reojo hacia el otro lado del patio.

—Creo que últimamente mira mucho hacia aquí.

Leyre levantó la vista.

—¿Quién?

—Alex.

Leyre volvió a mirar, pero en ese momento Alex ya estaba jugando con sus amigos.

—Seguro que no.

—Puede ser imaginación mía.

Las dos cambiaron de tema y siguieron hablando sobre el examen de Ciencias que tendrían la semana siguiente.

Aquella tarde, el profesor anunció un trabajo por parejas.

Todos comenzaron a hablar emocionados.

—Voy con Marcos.

—Yo con Carla.

—¡Yo con Pablo!

Alex esperaba en silencio.

El profesor empezó a leer la lista.

Cuando llegó el turno de Leyre, le tocó con otra compañera.

Alex sintió una pequeña decepción, aunque ni él mismo entendía por qué.

—Bueno... será para otra vez —pensó.

Pasaron los días.

Una mañana lluviosa, muchos alumnos no pudieron salir al patio y el recreo fue dentro de clase.

Algunos jugaban a las cartas.

Otros dibujaban.

Emma sacó un cuaderno para hacer pasatiempos.

Leyre empezó a colorear un dibujo.

Alex estaba hablando con sus amigos cuando uno de ellos lanzó una pelota de papel sin querer.

La pelota cayó justo encima de la mesa de Leyre.

—Perdón —dijo Alex rápidamente mientras iba a recogerla.

Leyre sonrió.

—No pasa nada.

Solo fueron dos palabras.

Pero para Alex parecieron una conversación muchísimo más larga.

Al volver con sus amigos, uno de ellos le preguntó:

—¿Qué tal?

—¿Qué tal qué?

—Nada, nada...

Todos comenzaron a reír.

Alex también se rió, aunque intentó disimular un poco.

Ese mismo día, al salir del colegio, coincidieron unos segundos en la puerta.

—Adiós —dijo Leyre educadamente.

—Adiós.

Cada uno siguió su camino.

Aquella noche, Alex se dio cuenta de que cada vez conocía más pequeños detalles sobre ella.

Sabía que casi siempre llevaba un libro para leer durante algunos recreos.

Sabía que le gustaba dibujar.

Y también sabía que Emma era la persona con la que más tiempo pasaba.

Pero había algo que todavía no sabía.

¿Cómo sería hablar con ella durante más de un minuto?

Al día siguiente ocurrió algo inesperado.

La profesora anunció que, durante las siguientes semanas, algunos alumnos cambiarían de sitio para trabajar con compañeros diferentes.

Cuando terminó de decir todos los nombres, Alex levantó la cabeza.

No podía creerlo.

Su nueva mesa estaba solo una fila detrás de la de Leyre.

No estaban juntos.

Pero por primera vez iban a estar bastante cerca durante todas las clases.

Alex respiró hondo.

Sin saberlo, acababa de empezar una etapa completamente distinta.

Y Emma, desde su asiento, volvió a mirar de reojo a Alex.

Aquella vez ya no estaba tan segura de que todo fuera una simple casualidad...

Fin del Capítulo 2.

Historia sin fin

Capítulo 3: Una amistad inesperada

El lunes siguiente, Alex llegó al colegio unos minutos antes de que sonara el timbre. Se sentó en su mesa y dejó la mochila en el suelo. Levantó la vista y vio que, unas filas delante, Leyre y Emma estaban hablando mientras preparaban los libros.

La profesora entró en clase.

—Buenos días, chicos.

—¡Buenos días! —respondieron todos.

Las primeras horas pasaron deprisa. En Lengua hicieron una lectura y, después, la profesora anunció una actividad.

—Hoy vais a hacer un trabajo en grupos de cuatro.

Los alumnos empezaron a hablar emocionados.

—Los grupos ya están hechos —añadió la profesora.

Alex esperó con curiosidad.

Cuando la profesora leyó los nombres, sonrió por dentro.

Su grupo estaba formado por él, Leyre, Emma y otro compañero llamado Diego.

Los cuatro juntaron las mesas.

—Tenemos que hacer un mural sobre los animales —explicó la profesora.

Emma fue la primera en hablar.

—¿Quién quiere escribir?

—Yo puedo —respondió Leyre.

—Entonces yo dibujo —dijo Diego.

Todos miraron a Alex.

—¿Y tú?

—Puedo buscar información en el libro.

—Perfecto —contestó Leyre con una sonrisa.

Durante casi una hora trabajaron juntos.

Al principio, Alex estaba un poco nervioso. No sabía muy bien qué decir. Pero poco a poco empezó a hablar con más naturalidad.

—Este animal vive en África —comentó mientras enseñaba una página del libro.

—Pues lo ponemos aquí —respondió Leyre.

Emma observaba la escena sin decir nada.

Cuando terminó la clase, los cuatro habían hecho casi todo el trabajo.

—Nos ha quedado bastante bien —dijo Diego.

—Sí —respondió Leyre.

Antes de irse al recreo, miró a Alex.

—Gracias por ayudar.

—De nada.

Solo fueron unas pocas palabras, pero Alex salió al patio con una enorme sonrisa.

Mientras caminaban, uno de sus amigos le dio un pequeño codazo.

—Hoy has hablado bastante con Leyre.

Alex intentó disimular.

—Era por el trabajo.

—Claro... por el trabajo.

Los dos se echaron a reír.

Mientras tanto, Emma y Leyre caminaban hacia el banco de siempre.

—Oye... —empezó Emma.

—¿Qué pasa?

—¿No has notado a Alex un poco diferente?

Leyre frunció el ceño.

—No.

—Creo que intenta hablar más contigo.

Leyre se quedó pensando unos segundos.

—Pues si es así, será porque ahora estamos en el mismo grupo. Es un chico simpático.

Emma sonrió.

—Puede ser.

Aunque seguía teniendo la sensación de que había algo más.

Los días siguientes fueron tranquilos.

Cada vez que hacían algún ejercicio en grupo, Alex y Leyre hablaban un poco más.

Descubrieron que a los dos les gustaba dibujar.

También que los dos preferían Educación Física antes que Matemáticas.

Y, para sorpresa de ambos, los dos eran muy competitivos cuando jugaban en clase.

Un viernes, el profesor organizó un concurso de preguntas.

Alex y Leyre acabaron en el mismo equipo.

—¡Vamos, que podemos ganar! —dijo Leyre.

Alex sonrió.

—Seguro.

Después de varias rondas muy igualadas, su equipo consiguió la victoria por un solo punto.

Todos levantaron las manos celebrándolo.

—¡Lo conseguimos!

Al terminar, Leyre chocó la mano con Alex.

—Buen trabajo.

—Igualmente.

Aquello fue un gesto muy pequeño.

Pero Alex volvió a casa recordándolo una y otra vez.

Esa noche, mientras hacía los deberes, pensó que ya no veía a Leyre como una simple compañera de clase.

Ahora empezaba a conocer cómo era de verdad.

Era amable.

Divertida.

Y siempre intentaba ayudar a los demás.

Sin darse cuenta, cada conversación hacía que quisiera seguir conociéndola un poco más.

Sin embargo, todavía quedaba mucho por descubrir.

Y ninguno de los dos imaginaba que, muy pronto, un simple malentendido pondría a prueba aquella amistad que apenas acababa de empezar.

Fin del Capítulo 3.Pasaron varios días desde aquel trabajo en clase, pero para Alex todo era diferente.

Cada mañana llegaba unos minutos antes al colegio. No era porque le gustara madrugar, sino porque esperaba verla entrar por la puerta.

Cuando Leyre aparecía junto a Emma, él intentaba actuar con normalidad, aunque por dentro estaba muy nervioso.

Un viernes, mientras guardaban los libros en la mochila, un compañero le preguntó a Alex:

—Oye... ¿Te gusta alguien de la clase?

Alex se quedó congelado.

—¿Qué? ¡No! Claro que no.

Su respuesta fue tan rápida que todos empezaron a reír.

—Vale, vale... Solo preguntaba.

Aunque nadie insistió más, Alex sintió un gran alivio cuando sonó el timbre.

Mientras caminaba hacia casa, pensaba una y otra vez lo mismo:

"No puede enterarse nadie."

No le preocupaba que su familia lo supiera algún día.

Lo que de verdad le daba miedo era que todo el colegio empezara a hablar de ello. Imaginaba los rumores, las bromas y a todos preguntándole si era verdad.

Eso era justo lo que quería evitar.

Al día siguiente, en el recreo, vio a Leyre y Emma hablando cerca del patio. Estuvo a punto de acercarse para saludarlas, pero al ver que había más compañeros con ellas, cambió de idea.

—Mejor otro día... —susurró.

Leyre ni siquiera se dio cuenta. Seguía hablando tranquilamente con Emma, sin imaginar que Alex llevaba días pensando en ella.

Cuando terminó la jornada, Alex tomó una decisión.

Guardaría ese secreto para él.

Nadie lo sabría.

O, al menos... eso era lo que él creía.

Las semanas pasaban y Alex seguía pensando en Leyre cada día. En clase intentaba prestar atención al profesor, pero, sin darse cuenta, siempre acababa mirándola unos segundos.

Un recreo, Emma se acercó a él.

—¿Te pasa algo? Últimamente estás muy callado.

Alex sonrió con nervios.

—No... estoy bien.

Pero Emma no le creyó. Había visto muchas veces cómo Alex miraba a Leyre.

Aquella tarde, mientras todos jugaban un partido de fútbol, Leyre se sentó en un banco para descansar. Alex estuvo a punto de acercarse varias veces, pero siempre se echaba atrás.

—¿Qué hago...? —pensó.

No quería que toda la clase empezara a decir cosas. Le daba igual que su familia lo supiera, pero no quería que todo el colegio se enterara.

Cuando sonó el timbre para volver a clase, Alex y Leyre caminaron unos metros uno al lado del otro.

—Has jugado muy bien hoy —dijo Leyre con una sonrisa.

Alex se quedó sorprendido.

—Gracias... tú también.

Fue una conversación muy corta, pero para él significó muchísimo. Esa noche no dejaba de pensar en aquellas palabras.

Mientras tanto, Leyre seguía viendo a Alex como un compañero más. No imaginaba todo lo que él estaba sintiendo.

Sin que nadie lo supiera, Alex tomó una decisión: iba a guardar su secreto hasta estar completamente seguro de que era el momento adecuado.

Pero no sabía que alguien ya empezaba a sospechar lo que ocurría...Los días seguían pasando y cada vez que Alex veía a Leyre, sentía los mismos nervios que el primer día.

En clase, la profesora anunció que pronto habría un trabajo por parejas. Todos empezaron a hablar emocionados, preguntándose con quién les tocaría.

Alex solo pensaba en una cosa.

—Ojalá me toque con Leyre...

Llegó el momento de hacer las parejas. La profesora fue diciendo los nombres uno por uno.

—Emma con Sofía.

—Mario con Pablo.

El corazón de Alex iba cada vez más rápido.

Entonces la profesora dijo:

—Alex... con Leyre.

Los dos se miraron y sonrieron.

—Hola, compañero —dijo Leyre.

—Hola... —respondió Alex, intentando que no se notaran los nervios.

Durante los días siguientes quedaron en el recreo para hablar del trabajo. Poco a poco empezaron a conocerse mejor. Hablaban de sus asignaturas favoritas, de los deportes que les gustaban y de algunas anécdotas divertidas.

Por primera vez, Alex sintió que hablar con Leyre era mucho más fácil de lo que había imaginado.

Sin embargo, mientras guardaban los libros al terminar la clase, dos compañeros los vieron riéndose juntos.

—¿Pasa algo entre vosotros? —preguntó uno de ellos con una sonrisa traviesa.

Alex se quedó completamente quieto. Era justo lo que más miedo le daba: que toda la clase empezara a inventar cosas.

Leyre solo respondió riéndose:

—¡Claro que no! Solo estamos haciendo el trabajo.

Pero Alex no sabía si aquello bastaría para que los rumores terminaran.

Aquella tarde, al llegar a casa, no podía dejar de pensar en una pregunta:

¿Y si a partir de ahora todo cambiaba?Al día siguiente, Alex llegó al colegio un poco nervioso. Después de lo que había pasado el día anterior, pensó que toda la clase hablaría de él y de Leyre.

Pero no fue así.

Todos estaban ocupados preparando la presentación del trabajo. Alex respiró aliviado.

Cuando terminó la exposición, la profesora felicitó a Alex y a Leyre.

—Habéis hecho un gran trabajo. Se nota que habéis colaborado muy bien.

Los dos sonrieron.

En el recreo, Leyre se acercó a Alex.

—¿Sabes? Me ha gustado hacer este trabajo contigo.

Alex sonrió.

—A mí también.

Durante unos segundos se quedaron en silencio, pero era un silencio cómodo.

Entonces sonó el timbre para volver a clase.

Antes de entrar, Leyre le dijo:

—Seguro que el próximo curso nos pasan un montón de cosas.

Alex la miró y respondió:

—Eso espero.

Mientras caminaban hacia el aula, Alex pensó que quizá no hacía falta correr. A veces, las mejores historias empiezan poco a poco.

Lo que ninguno de los dos sabía era que el próximo curso les esperaba una sorpresa que cambiaría muchas cosas.

FIN DEL LIBRO 1

La historia de Alex y Leyre acaba de empezar.

Muchas preguntas siguen sin respuesta, nuevos amigos aparecerán y también nuevos retos.

Continuará en el próximo libro: La Sonrisa Imposible 2.

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