Prológo
El polvo flotaba en los rayos de luz anaranjada que atravesaban las ventanas del salón de literatura, como fragmentos de una realidad que se niega a ser recordada. Dicen que el cerebro humano bloquea los traumas para protegernos, pero yo lo llamo censura cósmica.
Mi nombre es Koshiba Kaname de diecisiete años, como pueden observar soy un punto vital en esta fogata de existencia.
Hace doce años, algo —o alguien— me sacó de las garras de la muerte, y desde entonces, mi vida se siente como un libro al que le arrancaron la página más importante.
Es por eso que cree este club sobrenatural con la fachada de un club de literatura común y corriente si mis sospechas son ciertas estaremos ante una profunda narrativa, puedo sentir a ese ser divino cerca.
—Kaname, ¿otra vez estás poniendo esa cara de que estás resolviendo el destino del universo? —La voz de Sorano Hasegawa rompió mi hilo de pensamientos.
Ella sonreía, radiante con el libro “Indigno de ser humano” de Ozamu Dazai en mano ignorando que el mundo es un lugar oscuro. A su lado, Yoru Satou bostezaba con un cinismo que casi podrías tocar mientras leía otro manga que no tenía nada que ver con el ocultismo o con la literatura, y al fondo, nuestro superior Touya Minami era poco más que una sombra pegada a un libro de tapas negras que si le perdidas los ojos de encima saldría de la sala.
Pobre gente. Tan normales, tan ajenos a lo sobrenatural que acecha en las sombras. No tienen idea de que estoy usando este club de fachada para encontrar a mi milagro. No tienen idea de que la verdadera respuesta está afuera, en alguien especial como Takano Aoi... y no en este salón lleno de silencio y literatura barata.








