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Tócame como si no fuéramos un desastre

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Summary

La nueva cláusula que acababa de introducirse en Corporación Aeon es clara; Artículo 3.1 : Queda estrictamente prohibido establecer relaciones románticas con compañeros de trabajo, clientes, superiores o proveedores. ¿Pero a que se debía esta nueva cláusula? Mara. Ambiciosa, brillante, traumada en el amor. Un tanto alocada, y no acepta órdenes. Dante, enigmático, aparentemente frío. Pero con una mirada que la desarma. El jefe. No acepta un como respuesta. Todo en él dice problemas. Todo en ella grita "no debo". Pero la conexión es inevitable. Y así comenzó una historia, que quizás no debería haber existido nunca...

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Un nuevo comienzo


Capítulo 1: MARA

Mi vida no es perfecta, eso está claro. He acumulado tantas cagadas que el karma parece habérselas ensañado conmigo.

Soy un desastre, y para colmo, ahora tengo que subirme a un avión. Genial.

Y aquí estoy yo. Poniendo rumbo a Oía, Santorini. Y no son precisamente unas vacaciones, si no más bien por trabajo. He conseguido un empleo en una de las editoriales más prestigiosas, Corporación Aeon. Pero para ello debo subirme a este dichoso aparato, mi pánico por las alturas comienza a pasarme factura.

Me quedo completamente hipnótica justo a unos pasos de acceder al avión. Observo mi billete con determinación, pero mi cuerpo no está preparado.

—Perdona. ¿Puede moverse? —Añade una voz misteriosa por detrás.

—Si, disculpe.

Intento girarme para dirigirme a esa persona, pero tan rápido como me doy cuenta, la voz de la azafata hace que vuelva rápidamente a mirar hacia delante.

—Déjeme ver su billete. —Apunta. —Por aquí señorita, asiento 24A, le toca en business. Que tenga un buen vuelo.

—Gracias, muy amable. —Le agradezco.

Avanzó lentamente buscando el número veinticuatro. Descuelgo el asa de mi hombro, y dejo caer mi pequeña mochila entre mis pies.

Un hombre corpulento se para justo enfrente de mis asientos. Se inclina agarrando su equipaje, mientras lo eleva hasta los compartimentos superiores, dejando así parte de sus pectorales al descubierto.

(Menudas vistas...)

Se deja caer lentamente sobre el asiento. Reclinado la bandeja, y colocando en ella su ordenador, móvil y libreta a medidas exactas, sin decir absolutamente nada.

Abróchense los cinturones, despegamos en unos instantes.

Una azafata se acerca.

—¿Les gustaría tomar una copa? —Pregunta, mostrando la bandeja que lleva dos copas de vino.

El hombre no dice nada. Ni siquiera ha sido capaz de levantar la mirada de lo que sea, que esté haciendo.

—Si, por favor. —Desasosiego moviendo mi pierna de arriba a abajo. Este movimiento me produce serenidad en todo este maldito caos.

Me las tomo de un trago sin prensarlo, en consecuencia al ver que el avión ya está en marcha. Avanzando lentamente, comienzo a cerrar los ojos y mantener la calma, pero es casi imposible.

Abro un ojo intentando ver algo, pero la pista cada vez está más lejos y se contempla borrosa.

De repente, sin darme cuenta. Mi mano está agarrada a la suya.

—¡Perdona! Lo he hecho sin pensar. —Le confieso con los ojos bien abiertos. Sin saber cómo ha llegado mi mano ahí.

Me lanza una mirada inexpresiva. Es como si tuviera un maniquí justo al lado. Serio.

Apoyo mis codos en mis rodillas, aguantándome las mejillas con las manos. Exhausta entre sollozos. Una desilusión enorme mientras casi termino mi película favorita.

El dedo índice del hombre misterioso, toca mi hombro con descaro en repetidas ocasiones. Utilizo mi mano para mover uno de mis cascos, dejando mi oreja al descubierto y lanzándo una mirada un tanto agresiva.

—Te agradecería si dejaras de lloriquear.

Está bastante claro que es un idiota.

—¿Acaso eres el dueño del avión? —Discrepó con claridad. Sin dejarme pisotear.

Su traje seguramente está hecho a medida. Sus zapatos Gaziano & Girling que ni en muchos meses podría permitirme comprar hace que descubra la clase de persona que es.

Un arrogante y prepotente.

Su mirada fulminante se clava en mí, como si estuviera agarrado con todas sus fuerzas un rosal.

—El amor no existe pelirrojita. Deja de llorar viendo esas porquerías y déjame trabajar en silencio de una vez por todas. —Replica creyéndose que sus palabras repercuten en mí.

—Para la próxima, coja un avión privado. Señor yo-todo-lo-sé. Soberbio.

Me apodero de una frustración innecesaria por culpa de un imbécil que me trae sin cuidado alguno lo que le moleste o deje de molestar.

Reclinó mi cabeza contra el asiento soltando un largo suspiro. Fijo mi mirada en la ventana. El sol comienza a salir, un destello de luz entra e ilumina parte de mi rostro. El mar de fondo me produce vértigos. Y sin pensarlo dos veces, lanzó la cortina.

Horas más tarde despierto al escuchar el revoloteo de las personas. Al parecer hace bastante tiempo que hemos aterrizado. Apartó con cautela la mano de mi cara, la cual estoy segurísima que me ha dejado marca.

El hombre misterioso que me mira de reojo, se encuentra de pie recogiendo sus pertenencias. Dispuesto a dar un paso para salir, se detiene y se gira de nuevo fijándose en mí por completo.

—Hablas en sueños. —Sus labios se curvan y forman una pequeña sonrisa.

Levanto mi mano antes de que desaparezca. Y con su atención en mí, la cierro con fuerza y saco mi dedo corazón a relucir.

Espero no volver a verle nunca jamás. Creído.

Necesito llegar a las villas de Corporación Aeon.

—Buenos días señorita, ¿Necesita que le ayude?

(No, no es él. Si no un taxista.)

—Se lo agradecería.

Se ofrece a guardar mis maletas en el maletero.

—¿Primera vez por aquí, verdad? —Me consulta atraves del retrovisor central con una sonrisa dulce.

—Si, vengo por trabajo. Me quedaré un tiempo.

Le indico por donde debe ir, mientras mantenemos una conversación de lo más fascinante.

Solo llevo un par de horas desde que aterricé aquí, en Santorini. Y obviando al imbécil arrogante del avión, me complace decir que estoy entusiasmada de poder disfrutar de mi beca.

Me deja en la puerta del resort de lujo, que al parecer todos aquí conocen. Me acerco a recepción donde indica un cartel extremadamente grande Villas Aeon.

—Buenos días, ¿en que le puedo ayudar? —Pronuncia detrás de un mostrador un tanto seria.

—Soy Mara soler. —Me presento y mi interrumpe antes de que pueda añadir algo más.

—Si, apareces en la lista. —Indica mientras chequea el ordenador.

Me hace entrega de las llaves. Y por eso, y muchas razones más, quise este trabajo, porque principalmente el alojamiento es algo imprescindible para mi situación.

Saco mi teléfono para hacer una fotografía de las maravillosas vistas que se aprecian del mar desde mi terraza.

Y ahí está, el que va a ser mi mayor desastre. Sus piernas se sostienen en los muros de la terraza, no se deja ver del todo pero siento su voz y huelo su aroma.

"PLIP-PLIP"

El sonido de una notificación hace que vuelva a la normalidad. Dándose cuenta él también de que estoy justo en la villa de al lado. Puedo notar como su mirada quema mi espalda, lo suficiente como para despertar algo de curiosidad en mi.

Me lleno la bañera mientras pongo mi playlist favorita a todo volumen, mis piernas se mueven al ritmo de la música. Mi camiseta es larga, pero demasiado corta como para no tapar ciertas partes mientras bailo.

Lo acompáñalo con una copa de vino, y lentamente voy dejando caer la ropa pieza por pieza.

Un sonido extraño me causa preocupación, y sacó repentinamente la pierna de la bañera dejándola así, llena de espuma. Giro el grifo para poder percatarme de la situación. Paró la música de mi teléfono.

De repente mi susto se escucha por todo Santorini.

Tengo a un hombre parado en la puerta de mi baño.

—¿¡Qué haces aquí!? —Vociferó tapándome con la alfombrilla del baño como si eso sirviera de algo.

—He entrado por la terraza. ¿No tendrás un cargador por casualidad? Es urgente.

¿En serio, se ha colado en mi villa por un maldito cargador? Aunque siendo sincera... con ese cuerpo hasta se lo fabricaba.

—Pásame la toalla, anda. —Le digo con una confianza que ni yo entiendo. —No sabía que aquí viven orangutanes. —Profirió cruzando los brazos. —¿No te han enseñado a llamar a la puerta como una persona civilizada?

Su rostro no es precisamente de halago.

Pero su cara me resulta familiar al igual que su voz. Tiene una camiseta negra empapada por el sudor del calor griego, sus brazos llenos de tatuajes que parecen cobrar vida. El típico problema del que uno no quiere solución.

El ultimo recurso: mi maleta. Si encuentro ese maldito cargador, tal vez se largue. Pero lo que sale volando al abrirla no es un cable.

Es mi satisfyer. Plano lento. Vuelo libre.

Y caída estrepitosa justo entre sus pies.

—¿Esto también es... urgente? —Ironiza levantando una ceja.

Trágame tierra, pero no antes sin usarlo.

Lo recojo rápidamente intercambiándose por el cargador. Pero cuando mi mirada se vuelve a encontrar con la suya...

—¡Eres el mismo engreido del avión!

Mis palpitaciones ahora mismo van a mil por hora. Con lo grande que debe ser esta ciudad y me tiene que tocar justo de vecino él.

Quizás me ha costado reconocerlo porque no lleva su traje, pero su risa irónica lo ha delatado.

—Vaya, ¿necesitas un pañuelo otra vez? —Me rebate con un tono despectivo por el altercado del avión. —¿Me dejas el cargador? Es ur-gen-te.

—Pídelo por favor. —Discrepo con su tono de voz, esa no es manera de pedir un favor no se quien malditas se cree.

—No estoy para tonterías de niñas. —Contundente en su decisión de no pedir las cosas como debe.

Y aunque me encantaría enseñarle un par de modales,le doy el maldito cargador para que se aleje lo más pronto de mi villa.

Me aseguro de cerrar bien todas las ventanas y puertas, para así evitar otra desgracia como la que acaba de suceder. ¿Quién se cree para entrar así tan de repente y verme desnuda?

Decido no comerme más la cabeza y volver a mi relajante baño. Mi toalla cae dejando mi cuerpo al descubierto.

Mi mano sostiene la copa de vino. Bebo un sorbo lento. La otra se desliza entre mis piernas. Cierro los ojos y mi imaginación cobra vida.

Siento sus brazos musculosos recorrer cada centímetro de mi cuerpo, sus labios en mi cuello, sus manos trazando mi cintura como si supiera exactamente donde tocar.

Su voz se apodera de mi:

—Dime que pare. —Susurra junto a mi oido.

Bajo cada vez más.

"Ring Ring"

El sonido de la alarma me arranca de golpe de la fantasía, aun dejando a mi cuerpo con ganas de más.

—¡Mierda, que horas son ya! —Grito mientras salgo lo más rápido que consigo de la bañera.

La copa sigue ahí, abandonada.

Mis pensamientos no. Me miro al espejo, no necesito a nadie que me desee, yo lo hago. El vestido rojo ajustado, el escote que grita seguridad, y los tacones que suenan a advertencia.


Estoy lista. Para todo.

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