Born From Ashes by ThecinemaMMCAP at Inkitt
Customize readability
Aa

BORN FROM ASHES

All Rights Reserved ©

Summary

A los seis años, Nishikata lo perdió todo. Su familia. Su hogar. Su inocencia. Arrastrado a un mundo de pesadilla, solo le quedó una opción: volverse lo suficientemente fuerte como para no volver a ser víctima nunca más. Pero la fuerza tiene un precio. Y algunas heridas nunca terminan de cerrar. Años después regresa. Ya no es un niño. Es algo mucho más peligroso. Una princesa que no debía amar. Un amor que no debía existir. Una traición que no debía perdonar. Lo dan por muerto en el campo de batalla. Nadie llora su nombre. Nadie lo busca. Porque lo que regresa de las sombras... ya no tiene nombre. Solo venganza. O eso creía.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1

El sol entraba por la ventana de madera como cada mañana, calentando el suelo de tierra apisonada de la pequeña casa al borde del bosque. Nishikata tenía seis años y todavía creía que el mundo era un lugar seguro.

Su hermana mayor, Ayaka, de once años, estaba sentada detrás de él en la cama, intentando peinarle el cabello negro y rebelde.

-Quédate quieto, o te va a quedar peor -dijo ella, riéndose mientras le daba un tirón suave.

-¡Ay! No jales tanto -protestó Nishikata, aunque no se movió del todo. Le gustaba cuando su hermana le peinaba, aunque nunca lo admitiría.

Desde la cocina llegaba el olor a sopa de hierbas y pan recién tostado. Su madre, Aiko, cantaba en voz baja una canción antigua que siempre le gustaba a Nishikata. Tenía la voz suave, casi como si estuviera contando un secreto.

-¡Nishikata! ¡Ayaka! El desayuno se enfría -llamó Aiko desde la cocina.

Los dos hermanos bajaron corriendo. La mesa era pequeña y vieja, con una pata un poco torcida que su padre siempre prometía arreglar "cualquier día de estos". Sobre ella había cuencos de sopa humeante, pan y un poco de queso que su madre había conseguido el día anterior en el mercado.

Su padre, Takeshi, ya estaba sentado. Era un hombre de hombros anchos, manos grandes y una cicatriz fina que le cruzaba la ceja izquierda. No era un caballero ni un soldado importante. Solo un cazador y leñador del pueblo, pero para Nishikata era el hombre más fuerte del mundo.

Takeshi levantó la vista cuando entraron y sonrió.

-Mira quién decidió despertar. ¿Listo para entrenar después de comer, espadachín?

Nishikata se infló el pecho.

-¡Sí! Hoy voy a ganarte.

Ayaka se rió por lo bajo.

-Ayer te tiró al suelo en menos de diez segundos.

-¡Eso fue porque me distraje! -se defendió Nishikata, sentándose rápido.

Aiko les sirvió la sopa y les acarició la cabeza a ambos antes de sentarse. Mientras comían, hablaban de cosas sin importancia: del zorro que había visto Takeshi cerca del río, de la vecina que se quejaba siempre del ruido, de lo mucho que le gustaba a Nishikata trepar a los árboles aunque después se llenara de rasguños.

Después del desayuno, como casi todas las mañanas, Takeshi sacó las espadas de madera.

El patio detrás de la casa era pequeño, pero suficiente. Nishikata sostenía su espada con las dos manos, el ceño fruncido de concentración. Takeshi le corregía la postura con paciencia.

-Los pies más separados. Así. No mires la espada, mira mis hombros. La espada solo sigue lo que tú decides.

Practicaron un rato. Nishikata cayó varias veces. Cada vez que caía, Takeshi le tendía la mano y lo ayudaba a levantarse.

-Otra vez -decía siempre.

Aiko los observaba desde la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa tranquila. Ayaka estaba sentada en un tronco, comiendo una manzana y gritando consejos que nadie le pedía.

-¡Agáchate más, tonto!

-¡Cállate, Ayaka!

Fue una mañana común. Demasiado común.

El primer grito llegó desde el otro lado del pueblo cuando el sol ya estaba alto.

Al principio sonó lejano, como si alguien estuviera discutiendo. Luego vino otro. Y otro. Y el sonido sordo de cascos golpeando la tierra a toda velocidad.

Takeshi se detuvo en seco. La sonrisa desapareció de su cara.

-Dentro. Los tres. Ahora.

Nishikata parpadeó, confundido.

-¿Papá...?

-Ahora, Nishikata.

Aiko ya había agarrado a Ayaka de la mano. Los empujó dentro de la casa. Takeshi entró detrás, cerró la puerta con el pestillo de madera y fue directo a buscar su espada de verdad. La que solo sacaba cuando había peligro real.

Afuera los gritos se multiplicaban. Gritos de mujeres. Gritos de hombres. El ruido metálico de armas chocando. El olor a humo empezó a colarse por las rendijas.

Takeshi se arrodilló frente a su hijo. Le puso las dos manos en los hombros. Nishikata notó que le temblaban un poco.

-Escúchame bien. Pase lo que pase, no salgas de esta casa. ¿Me oíste?

Nishikata asintió, aunque el miedo ya le apretaba el pecho.

La puerta voló de un golpe.

Tres soldados entraron. Llevaban armaduras oscuras con el símbolo de un cuervo rojo en el pecho. No eran del reino. Eran del otro.

Takeshi se levantó sin decir una palabra y atacó.

El primer soldado cayó con la garganta abierta. El segundo recibió un tajo profundo en el costado. El tercero fue más rápido. Su espada atravesó el pecho de Takeshi con un sonido húmedo y feo.

Nishikata vio cómo la sangre salía. Vio cómo su padre intentaba seguir de pie, cómo se dobló de rodillas y ya no se levantó.

Aiko gritó.

Lo que vino después, Nishikata no lo entendió del todo. Solo recordó las manos grandes de los soldados. El sonido de la ropa rasgándose. Los gritos de su madre y de Ayaka. El olor a sangre y a algo más que no sabía nombrar. Él estaba en un rincón, con las manos tapándose los oídos, llorando tan fuerte que le dolía la garganta y no podía respirar bien.

Uno de los soldados se acercó a él, arrastrando los pies.

-Míralo. Hasta el crío llora como una mujer.

Nishikata vio el cuchillo de su padre en el suelo, cerca del cuerpo inmóvil. Lo agarró sin pensar. Era pesado. Demasiado pesado para sus manos pequeñas. El soldado se rió y le dio un golpe en la cabeza que lo mandó contra la pared.

Cuando recuperó un poco la vista, el soldado ya no lo miraba. Estaba ocupado con su madre.

Nishikata se arrastró por el suelo. Salió por la ventana rota. Cayó al pasto húmedo. Se levantó y corrió.

Corrió como nunca había corrido en su vida. Las lágrimas le nublaban la vista. El cuchillo le cortaba la palma de lo fuerte que lo apretaba. Detrás de él se escuchaban más gritos. Más fuego. Más muerte.

El bosque estaba cerca. Siempre había estado cerca. Esa mañana, por primera vez, pareció un refugio.

Se metió entre los árboles sin mirar atrás. Las ramas le arañaban la cara y los brazos. No le importó. Siguió corriendo hasta que las piernas le fallaron y cayó de rodillas entre las raíces gruesas de un árbol viejo.

Allí, solo, con el cuchillo de su padre todavía en la mano y la sangre seca en los dedos, Nishikata entendió algo que ningún niño de seis años debería entender:

El mundo no era un lugar seguro.

Y él ya no tenía a nadie.

El cuchillo de su padre seguía en su mano. La empuñadura le había dejado una marca roja en la palma. A lo lejos, el pueblo seguía ardiendo. Los gritos ya no eran tantos. Ahora se escuchaban risas de soldados y el crujido de las casas al caer.

Nishikata todavía tenía el sabor de la tierra y la sangre en la boca cuando se obligó a ponerse de pie.

No miró atrás.

Corrió.

Las ramas le azotaban la cara. Las raíces intentaban derribarlo. El bosque se tragaba poco a poco el ruido del pueblo, pero el miedo no se iba. Cada sombra parecía un soldado. Cada crujido, una amenaza.

Solo cuando los pulmones le ardieron y las piernas casi no lo sostenían, se detuvo junto a un río estrecho

Se dejó caer de rodillas. El agua corría fría y clara. Quiso beber, pero las manos le temblaban tanto que el cuchillo resbaló y cayó entre las piedras con un sonido metálico sordo.

-Papá... -susurró.

La palabra salió rota.

Se obligó a recoger el arma. Se obligó a beber. Se obligó a seguir.

La primera noche fue un infierno.

No hizo fuego. Tenía miedo de que la luz lo delatara. Se acurrucó entre las raíces de un árbol viejo, abrazando el cuchillo contra el pecho, y escuchó cómo el bosque se movía a su alrededor. Cada sonido lo hacía abrir los ojos de golpe. El frío le entraba hasta los huesos. El hambre le retorcía el estómago.

Cuando salió el sol, tenía la cara sucia de tierra y lágrimas secas.

Ese día aprendió la primera lección: el bosque no perdona a los débiles.

Comió bayas rojas que le parecieron seguras. Horas después las vomitó entre los árboles, arrodillado y temblando. Bebió agua del río sin hervirla y le dolió la panza toda la tarde. Intentó cazar un pez con las manos y terminó empapado y con las uñas rotas.

Por la noche, por primera vez, se atrevió a hacer una fogata pequeña. Tardó casi una hora en lograr una chispa. Cuando la llama finalmente nació, se quedó mirándola en silencio, como si fuera lo único vivo que le quedaba en el mundo.

Los días siguientes fueron peores... y mejores al mismo tiempo.

Aprendió a reconocer qué plantas no lo enfermaban. Aprendió a quedarse quieto cuando escuchaba pasos grandes. Aprendió que el silencio también podía matar.

Una tarde, después de fallar decenas de veces, logró improvisar un arco torpe con una rama flexible y fibras de planta. La primera flecha se desvió. La segunda también. La tercera se clavó en un conejo.

Nishikata se quedó paralizado mirándolo.

Luego lloró. No de tristeza. De algo más complicado. De alivio. De rabia. De estar vivo.

Lo cocinó mal. Estaba duro y casi crudo. Pero se lo comió entero.

Poco a poco, su cuerpo empezó a cambiar. Las manos se le llenaron de costras y callos. Los brazos se le rayaron. La mirada se le hundió. Ya no era solo el niño que corría descalzo por el patio.

Y entonces, una tarde, mientras descansaba en lo alto de un árbol, sintió algo extraño.

Un calor suave en el pecho.

Una corriente pequeña, como agua moviéndose bajo la piel.

Cerró los ojos.

Intentó juntarla. Empujarla hacia sus manos.

Al principio no pasó nada.

Luego, una chispa azulada saltó entre sus dedos y se apagó al instante.

Nishikata abrió los ojos, sorprendido. Volvió a intentarlo. Esta vez la chispa duró un segundo más. El cuchillo, que descansaba sobre sus rodillas, pareció responder con un leve temblor.

El sol se estaba ocultando cuando el bosque entero se tensó.

Un rugido profundo sacudió las hojas.

Nishikata abrió los ojos de golpe.

La criatura salió de entre los árboles como una pesadilla hecha carne. Piel negra agrietada con venas rojas brillantes. Cuatro brazos terminados en garras largas. Ojos amarillos sin pupilas. El suelo temblaba bajo su peso.

Lo había encontrado.

El monstruo no le dio tiempo de pensar.

Una de sus garras se estrelló contra el árbol donde estaba. La madera estalló en astillas. Nishikata saltó apenas a tiempo, rodó por el suelo y se levantó corriendo. El rugido lo persiguió entre los troncos.

La bestia era rápida a pesar de su tamaño. Cada paso hacía temblar la tierra. Nishikata zigzagueó entre raíces y arbustos, usando su tamaño a favor. Una zarpa le rozó la espalda y le abrió la piel. El dolor fue agudo, caliente. Gritó, pero no se detuvo.

Se giró solo un instante. Reunió todo el calor que pudo en el pecho y lo empujó hacia el cuchillo. El filo brilló con una luz azul débil. Cuando la criatura atacó de nuevo, Nishikata cortó. La hoja abrió una herida superficial en uno de los brazos negros. La bestia retrocedió medio paso, sorprendida... y después enfureció.

Lo alcanzó.

Una garra enorme lo levantó del suelo como si no pesara nada. Nishikata pateó, gritó y clavó el cuchillo una y otra vez en la carne oscura. La criatura ni se inmutó. Lo alzó más alto, lista para estrellarlo contra el suelo.

Entonces el aire se rompió.

Una grieta negra e irregular se abrió frente a ellos, como si alguien hubiera rasgado el mundo. Del otro lado solo había oscuridad densa y un calor sofocante que olía a azufre y a carne quemada. Un viento violento los jaló hacia la grieta.

La bestia rugió e intentó resistirse. Nishikata sintió que le faltaba el aire. El portal se los tragó a los dos.

El impacto contra el suelo nuevo fue brutal.

Nishikata abrió los ojos tosiendo. El monstruo estaba a pocos metros, también aturdido, sacudiendo la cabeza con fuerza. El cuchillo seguía en su mano.

No pensó.

Se soltó, rodó lejos y corrió.

Corrió sin dirección, con el corazón a punto de salírsele del pecho, mientras sus ojos intentaban entender dónde estaba.

El cielo era rojo. Un rojo oscuro, como sangre vieja, sin sol ni nubes. El suelo bajo sus pies era negro y agrietado, y de las grietas salía un humo denso y caliente. A lo lejos se veían estructuras torcidas, como torres rotas hechas de hueso y piedra oscura. El aire quemaba al respira

No era el bosque.

No era su mundo.

Un gruñido lo sacó de sus pensamientos.

Delante de él, entre el humo, apareció una criatura pequeña y jorobada, de piel grisácea y ojos demasiado grandes. Gateaba sobre cuatro extremidades y soltaba un sonido agudo. Nishikata se detuvo en seco. La cosa lo olió, chilló... y cargó.

Actuó por instinto. Empujó el mana hacia el cuchillo otra vez. El filo brilló débilmente y cortó el cuello de la criatura de un solo tajo. El cuerpo cayó retorciéndose.

Nishikata respiró agitado. Miró el cuchillo. La luz azul ya se había apagado.

Siguió corriendo.

Más adelante encontró otras cosas.

Una bestia del tamaño de un lobo, pero con dos cabezas y pelaje negro que goteaba algo espeso. La esquivó escondiéndose entre rocas afiladas. Más lejos, vio siluetas altas y delgadas que caminaban en dos patas. Parecían humanas... hasta que una giró la cabeza completamente hacia atrás y lo miró con ojos sin párpados. Nishikata se agachó y esperó a que pasaran.

Algunas criaturas hablaban. Otras no.

Escuchó voces guturales en un idioma que no entendía. Gritos. Risas distorsionadas. En un momento, mientras se escondía detrás de una formación de piedra negra, vio a dos seres parecidos a hombres, pero con cuernos cortos y piel agrietada, discutir mientras arrastraban el cadáver de algo que había sido un animal. Uno de ellos levantó la vista de pronto. Nishikata contuvo la respiración hasta que siguieron su camino.

El hambre empezó a hacerse presente otra vez.

Encontró unos hongos raros que crecían cerca de las grietas. Eran de color púrpura oscuro. Los olió. No olían a podrido. Probó un trozo pequeño. Amargaba, pero no lo enfermó de inmediato. Guardó más. Más tarde encontró el cadáver a medio comer de una criatura pequeña. La carne olía fuerte, pero el hambre podía más. Comió con los dientes apretados, intentando no pensar en el sabor

Cada vez que cerraba los ojos un segundo, el mana parecía más fácil de sentir. Ya no era solo una chispa. Ahora podía reunirla un poco más rápido. Todavía no sabía controlarla bien, pero el cuchillo respondía mejor. A veces el filo brillaba sin que él lo pidiera del todo

Horas después -o días, ya no sabía-, se detuvo en lo alto de una colina de tierra negra. Desde ahí pudo ver mejor el paisaje.

Torres rotas. Ríos de algo espeso y oscuro. Criaturas moviéndose en grupos. Y muy a lo lejos, una estructura enorme, como una fortaleza hecha de huesos y piedra viva, que latía débilmente con luz roja.

Nishikata apretó el cuchillo.

No sabía cómo había llegado ahí.

No sabía si podía volver.

No sabía cuánto tiempo podría sobrevivir.

Pero una cosa sí entendió, mientras el cielo rojo se extendía sobre su cabeza sin piedad:

Este no era un reino.

Este no era un lugar donde los humanos gobernaban.

Era otra cosa.

Algo peor.

Y él... estaba solo en medio de todo.

Let ThecinemaMMCAP know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Ein Kuss für den CEO

Linda: Ein sehr einfühlsamen Buch, mit einer Spur drama. Zwischendurch musste ich schmunzeln.

Read Now
Stripped Shadows

Daydreamerin: Ziemlich zum Anfang meiner Anmeldung, hatte ich diese Geschichte auf dem Schirm und dann irgendwie aus den Augen verloren. Glücklicherweise gibt es genügend öffentliche Leselisten, wo man solche Schätze wiederfinden kann.Es hat mich nicht nur einen ganzen Sonntag gekostet zu lesen und mitzufiebern u...

Read Now
Earning His Love

Loisi Mohetau: Loved it!!!

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

Denise: I loved this one, great read and enjoyable. Plenty of twists and turns, good plot and honest reading. Karma playing out to the ones who deserved it and a lovely happy ending.

Read Now
Les fondations du Désir - Tome 1

fanny: Super histoire, quelques coquilles à revoir

Read Now
Bloodlines

Saraa: Your story has become one of my favorites. I love how you developed the characters over time. Are you already working on another story, or do you have any ideas for future projects?

Read Now
An Irish Match

Saraa: Your story has become one of my favorites. I love how you developed the characters over time. Are you already working on another story, or do you have any ideas for future projects?

Read Now
Fashion victime du PDG

Roland: Intrigue intéressante

Read Now