Prólogo: Punto de Ingreso
La oscuridad puede llegar a formar parte de nuestros mayores temores. En el vasto universo, se conoce la existencia de un abismal vacío formado por materia oscura que, de estar ahí, no duraría más de veinte segundos antes de que tus pulmones exploten. Imagina estar en esa situación, estar cara a cara con la oscuridad y no saber si has llegado al final de tu camino. Posiblemente lo primero que se te venga a la mente sean recuerdos fugaces de los mejores instantes de tu pasado: Tu primer pastel de cumpleaños, algún juguete favorito, los abrazos de tu madre… Si. Como me hubiera gustado tener algo así.
Bueno, volviendo al punto… La oscuridad. Saben, creo que pensé en el peor escenario posible, aunque la situación lo amerita un poco. Pero también la oscuridad puede representar algo más. El abrir los ojos y empezar un nuevo día, sin saber qué esperar de este. Bueno, creo que es hora de despertar… ¡DESPIERTA!
—¡AH! —El muchacho castaño respiro agitado mientras volteaba a todas partes. Algo ocurrió, el césped era suave, el aire estaba fresco, el cielo era de un azul hermoso y el sol brillaba con calma. Todo parecía estar bien… Excepto que… —¿¡Dónde diablos estoy!? —Gritó con alteración, poniéndose en pie, el muchacho vió colinas verdes y serenas, el silencio era tan relajante como inquietante para el muchacho. “Esto no es nada como las calles” pensó. La situación era confusa en todos los aspectos. Por un lado, el muchacho estaba asustado al desconocer su ubicación, pero por otro, la calma que transmitía este lugar era contagiosa. Los labios fruncidos y la mirada atónita de los ojos avellana del chico lo dicen todo.
Caminando entre el pastizal, el chico se puso a pensar en las posibilidades. ¿Alguna fiesta en la que se salió de control? No, él no salía mucho. ¿Un secuestro? ¿Por qué entonces lo dejarían libre en un lugar así? Cada pregunta era más confusa que la anterior. Sin embargo, las dudas se disiparon del tormento del chico en cuanto su mirada captó algo que le devolvió la esperanza.
—Eso… ¿Eso es…? —Se restregó los ojos y finalmente sonrió. —¡Una ciudad! —El chico no dudó ni un segundo, sus piernas ya estaban haciendo el trabajo por él. Corrió por lo que parecieron kilómetros, pero la ciudad seguía viéndose lejos. ¿Es que acaso esa ciudad se alejaba cuando intentaba acercarse? El muchacho se detuvo en seco, su cansancio se notó, entre jadeos trataba de ver que tanta distancia había entre él y la ciudad, pero… tampoco es que fuera bueno con los cálculos. —Vamos, Alex. Solo un poco más…
Así fue como el muchacho tomó fuerza y retomó la marcha hacia las grandes torres de la lejanía. En su carrera, Alex notó una figuras peculiares, esos edificios no eran algo común, sobre todo por esas formas tan… inusuales. Pero el chico en su desesperación olvidó ser precavido, y casi tropieza contra un enorme acantilado, logrando apenas agarrarse del pasto cuya dureza era de impresión. —¡Woah…! ¡Mierda! —Alex temblaba, pero la adrenalina en su ser lo llevó a trepar, su vida dependía de ello. La tierra estaba por desprenderse cuando de un impulso el chico cayó al suelo, donde el césped lo recibió de forma fría y amigable. —Ufff… Ufff… Jaja… —Alex sonreía, estar vivo se siente bien.
Levantándose nuevamente, el chico vio la ciudad, está flotaba por encima del acantilado, pero seguía lejos y el chico no tenía alas o un jetpack que lo impulsara ahí. Vaya imaginación tiene para una situación así…
—A ver… A ver, a ver, a ver, a ver… ¿Cómo chingados llego…? —Con la mano en el mentón, el chico observaba la enorme isla, y ahí fue cuando las cosas no cuadraron para él. Aparentemente la ciudad volaba lentamente, propulsado por una especie de cohetes de su inferior, pero poco a poco se alejaban del muchacho. ¿Cómo llegaría a un lugar que siempre se mueve? Alex entonces pensó en rodear el acantilado, pero sería más tardado, y el sol empezaba a ponerse. El chico entonces se sentó en el pastizal, ¿Qué más le quedaba de todos modos?
Cabizbajo, el chico seguía con dudas. “¿Por qué estoy aquí? O al menos, ¿cómo acabé aquí?” El chico sabía que las respuestas a sus preguntas podrían estar en ese lugar que inútilmente intentó alcanzar. Cortando un trozo de césped el chico dejó que la hoja volará con el viento. Y entonces un escalofrío recorrió su cuerpo, cuando vio como su sombra era consumida por una más grande. El chico arqueó la ceja y entonces, un sonido acuoso tras él llamó su atención.
—¿Eso es un río…? —El muchacho volteó y palideció ante lo que estaba frente a él… o más bien, sobre él. —No jodas…
Frente a él, una enorme roca impulsada por unos cohetes que expulsa un líquido similar al agua se aproximaba con fuerza hacía el chico.
—¡Me lleva! —Alex intentó correr, pero la fuerza del cohete lo mandó a volar lejos cayendo abruptamente en el suelo.
Las horas pasaron, el frío en el ambiente era sensible al tacto de la piel del chico, su cabello castaño ondeaba levemente y el sonido del pasto ondeando despertaron a Alex que sintió una sensación extraña en su cabeza, sangre seca, producto del golpe. Al menos logró cicatrizar un poco.
—¿Qué diablos fue esa cosa…? —Alex suspiró, levantó el rostro y su vista quedó anonadada. Estrellas, tantas que no se podían contar, eran incluso más de las que podría llegar a ver en su casa. Pero entonces su vista se frunció ante algo que vio a la lejanía del cielo. —Eso es… No, no… —El escalofrío recorrió por la sorpresa de ver a la mismísima Tierra a la lejanía solamente lo llevó a intentar creer que todo esto que le estaba pasando era un sueño. El chico entonces desvió su vista hacia algo que lo molestaba en la oscuridad… Una luz abrumadora estaba en donde anteriormente se encontraba el acantilado. Ahora este había sido llenado y ahí es donde estaba lo que siempre busco… La Ciudad.
El chico volteó por un segundo, buscó con su mirada y vio de nuevo a la Tierra, saber que estaba fuera de su planeta solo le hizo temer a que clase de problema se había metido. Luego retorno hacia la Ciudad, y suspiro.
—Bueno… Solo espero que haya comida… Y respuestas.
Y corrió hacia la ciudad. A su lejanía, un holograma en una entrada anunciaba al lugar.
Sector 34BD.








