Capítulo 1 - Parte 1
Ximena, que estaba frente a un espejo, sonrió al terminar de arreglarse y darse el visto bueno. Llevaba puesto un vestido pegado de color negro y unos zapatos tipo ballerina del mismo tono, no acostumbraba a usar tacones porque era más alta que la mayoría de las chicas de su edad. No se consideraba demasiado hermosa, pero sí atractiva al punto de atraer algunas miradas cuando caminaba por los pasillos de la universidad con paso firme.
—Listo. —Se dio la media vuelta para admirarse desde todos los ángulos—. ¿Qué opinas? —Le preguntó a su mejor amiga Ariana.
—Te ves linda. Tienes unas piernas de infarto.
—¿Crees que Enrique piense lo mismo?
—No lo creo, estoy segura. Babeará al verte.
Ambas chicas rieron un poco.
—Por cierto, ya que terminaste contigo, ven y ayúdame, ¿quieres?
—Claro, nena.
Ella se acercó a su amiga y la ayudó a peinarse. Ambas eran muy diferentes en todos los aspectos. Ariana siempre había sido más sensata, mientras Ximena solía hablar y actuar sin pensarlo dos veces, lo que la hacía arrepentirse de sus acciones y palabras la mayoría del tiempo. Físicamente tampoco eran iguales, una era morena de pelo color chocolate y la otra tenía la piel caucásica y los cabellos claros.
Después de ayudar a su amiga con su pelo, Ximena se sentó en la cama y jugueteó un poco con sus dedos. Estaba nerviosa, tal vez demasiado para su comodidad. No era para menos, hacía meses que coqueteaba con Enrique por mensajería instantánea y hablaban casi diario por chat, ¡y lo vería en menos de una hora!
Ariana notó el nerviosismo de su amiga, así que sacó a flote un tema de conversación para distraerla.
—¿Has hablado con Víctor? —Preguntó. Ximena y el chico eran mejores amigos de la infancia y ella tuvo un enamoramiento no correspondido por él que le duró toda su infancia y adolescencia, casi hasta llegar a la adultez. Le tocó ver en primera fila cómo se enamoraba de alguien más, lo que le dolió muchísimo en su momento, pero ahora estaba feliz de que él hubiera encontrado a su media naranja.
Ya había pasado un año en que los tres se habían separado un poco por cuestiones escolares. Víctor y Ariana fueron a estudiar a la capital del país y Ximena acudía a la Universidad Estatal y, aunque vivían en la misma ciudad, tampoco es que Víctor tuviera mucho contacto con Ariana, cada uno estaba metido en sus actividades, tanto que a veces se les olvidaba mensajearse para preguntar por el bienestar del otro.
—Claro, hablamos seguido —admitió.
—Estoy sorprendida de que sus papás le hayan dejado dar una fiesta —comentó Ariana. Víctor amaba las fiestas nocturnas pero rara vez hacía alguna, sus padres solían ser severos en ese aspecto.
—Sí, bueno, los señores Rojas son estrictos, pero admito que consienten a sus hijos. —Se encogió de hombros.
—Es verdad. Por cierto, Jaime pasará por nosotras.
Al oír ese nombre, Ximena hizo una mueca. El chico le cayó mal desde que en el bachillerato hizo un trabajo de equipo con ella y tuvo el descaro de pedirle, a modo de broma —una de mal gusto desde su punto de vista—, un beso por haber hecho todo. Claro que la chica no lo tomó como una simple bromilla y se indignó. Jaime dejó de fijarse en Ximena la mañana en que la invitó al baile de graduación y ella lo rechazó de manera cruel. Ariana, sintiendo lástima por él, le pidió ir con ella y el chico aceptó sin pensarlo dos veces; desde esa vez comenzaron a salir y ahora llevaban un poco más de un año de noviazgo formal.
Con el tiempo Ximena aprendió a tolerar a Jaime porque hacía feliz a Ariana, pero no entendía como una chica tan guapa como su amiga se fijó en alguien tan simple y bobo como él.
—Prefiero irme en taxi —sentenció.
—Vamos, no seas así —rio. Conocía la aversión que su amiga tenía por su novio, pero no era algo que le quitara el sueño.
—Agh, está bien, iré con ustedes —masculló—. Ya qué.
—Ya —rio un poco más—. ¿Qué más te dijo Enrique? —Desvió el tema de conversación.
—Ya sabes, lo de siempre. —Se ruborizó un poco.
—¿Qué es lo de siempre?
—Dice que me extraña y que quiere verme. Además insiste en que yo era la chica más guapa del colegio cuando todos sabemos que no es verdad. —Ariana alzó una ceja.
—La belleza es subjetiva.
—Lo sé, pero es imposible que alguien piense eso cuando Eva estudiaba con nosotros.
La hermosa Eva Quintana, novia de su mejor amigo, esa chica de cabello y ojos oscuros que fue amada, admirada y odiada, todo al mismo tiempo, por sus compañeros en el bachillerato. Ximena creyó aborrecerla en más de una ocasión porque tenía toda la atención de Víctor
—No es imposible, de seguro para él tú eres más bonita.
—¿Tú crees? —Sonrió un poco.
—No lo creo, estoy segura. —Le devolvió el gesto.
Ya había pasado un año desde que había ingresado a la universidad, así que el rubio decidió hacer una fiesta en las vacaciones de verano; casi todos sus amigos de la preparatoria estudiaban en diferentes ciudades y era imposible que concordaran cuando ya estuvieran en clases, así que decidió que lo mejor era hacerla en una fecha donde la mayoría pudiera asistir. Sus padres aceptaron que hiciera la fiesta con la condición de que todo estuviera limpio cuando regresaran, ya que estaban en un viaje de negocios y por ahí aprovecharon a llevar a pasear a sus hermanitas.
Eva se encontraba ayudándole con los preparativos finales. En un momento su mirada se enfocó en su mellizo Erick y en la mejor amiga de éste; estaban muy cómodos en el sofá platicando de temas triviales.
—No se queden ahí sentados, ayúdennos —les ordenó.
—Ni hablar —se quejó Erick. Sacó un cigarrillo del bolsillo de su pantalón y se dispuso a encenderlo cuando Eva entrecerró los ojos—. ¿Qué? Es una fiesta —recordó—. Ya no fumo como antes, déjame hacerlo de vez en cuando.
—Agh, está bien, pero solo uno. —Levantó el dedo índice de su mano derecha. Erick rodó los ojos—. Amanda, ayúdame a ver que todo esté en orden en la cocina. —Le pidió de favor a la chica que estaba al lado de su hermano, una joven con cabello teñido de color cereza, un cuerpo curvilíneo y ojos miel.
—Claro, mi bomboncito.
—¡Amanda! —Se quejó. No le molestaba el hecho de que la chica fuera lesbiana, no, pero sí le enojaba que le dijera apodos ridículos para fastidiarla, porque Eva ni siquiera era su tipo.
—¿Qué pasa, caramelito?
—Ya cállate y ayúdame, ¿sí?
Amanda rio burlona, ¡le era tan fácil sacar a Eva de sus casillas!
—Vamos.
Erick rio un poco al escuchar la ridícula conversación entre su hermana y su mejor amiga. Encendió su cigarrillo y se entretuvo dando caladas y expulsando el humo hasta que el timbre sonó. Vio al anfitrión de la fiesta dirigirse a la puerta para abrirles a sus primeros invitados. Él, su hermana y Amanda no contaban, puesto que habían llegado antes para ayudarle con los preparativos.
Rodó los ojos al ver entrar a Ximena, Ariana y Jaime. Su expresión de fastidio se debía a la presencia de este último. La castaña clara no le agradaba mucho pero toleraba su compañía; la morena era su exnovia, no obstante había quedado en buenos términos con ella, sin embargo Jaime le parecía un ser sumamente molesto. Le chocaba más por el hecho de que era el novio actual de su ex, no le cabía en la cabeza cómo era posible que Ariana, después de haber estado con él, se hubiera fijado en un chico tan desesperante como Jaime; no es que hubiera hablado directamente con el chico en algún momento pero tenía conocimiento de que hacía chistes estúpidos y fuera de lugar.
Víctor les dio un cálido abrazo a sus amigas y saludó de mano a Jaime. Iniciaron una pequeña conversación pero en seguida llegaron más invitados y el rubio se excusó para ir a recibirlos.
Ariana y Jaime se dirigieron a la esquina de la sala para charlar un poco; se veían tan acaramelados que Erick hizo una mueca de fastidio. Pudo notar que Ximena puso una expresión igual. Al menos lo comprendían en ese punto, no es que les incumbiera pero a varios les parecía una relación extraña.
La castaña se dirigió al asiento que estaba junto al de él y saludó, porque eso sí, aunque no se cayeran bien, su relación siempre había estado en los límites de la cordialidad.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondió.
La chica en seguida sacó su celular de su bolso y enfocó toda su atención en el aparato. Erick hizo lo mismo.
Pronto llegaron más chicos y Erick se aburrió de estar entreteniéndose solo con su celular y el mentado humo del cigarro. Notó que la prima de Víctor, Pamela, llegó junto con su novio.
«Ojalá hubiera venido Evelyn» pensó en su otra amiga, que también se llevaba bien con Pamela, pero no lo suficiente con Víctor como para que éste la hubiera invitado a su fiesta.
Amanda y Eva se dirigieron hacia él. «Por fin» pensó y lo dijo en voz alta.
—¿Y a ti qué?
—Se estaban tardando mucho —se quejó.
—Bueno, nos fuimos a besuquear por ahí —dijo Amanda.
—¡Claro que no! —Se quejó Eva—. ¡Agh, eres una…! ¡Ximena! —Exclamó al notar a la chica—. ¿Cómo estás?
—Bien, Eva, gracias, ¿y tú? —Respondió.
Pero Eva no se conformó con esa simple contestación, la hizo levantarse del asiento para darle un abrazo que la castaña correspondió en seguida. La relación entre esas dos era complicada, Ximena le tenía cierto grado de estima a la pelinegra, le agradaba bastante, aunque en el bachillerato no llegaron a ser amigas de verdad porque ambas estaban enamoradas del mismo chico. Ahora que había superado su amor por Víctor, la castaña podía admitir que le parecía genial la idea de volverse amiga cercana de Eva.
—Muy bien —sonrió—. Víctor me dice que te va muy bien, pero no es lo mismo si me lo dice él a que me digas tú.
—Te ha dicho la verdad.
Iniciaron una pequeña conversación pero Ximena notó que Enrique ya había llegado, estaba platicando junto con su mejor amigo Federico.
—Eva… —la interrumpió. La pelinegra la miró con interés—. ¿Cómo me veo?
—Bueno, te ves muy bien, ¿por?
—Ahora vuelvo… —dijo sin dejar de mirar a Enrique. Eva dirigió su mirada hacia ese punto.
—Uuuy —sonrió con picardía—. Conque Enrique, ¿eh?
Ximena se ruborizó. Como su piel era muy blanca el enrojecimiento era demasiado notorio, por eso agradecía que no estuvieran prendidas las luces normales sino unas decorativas.
—Sí, bueno —rio con nerviosismo—. Sí.
—Tienes mi aprobación. —Alzó los pulgares.
Ximena rio un poco y se despidió de Eva para ir hacia Enrique. La pelinegra sonrió al verla acercarse al moreno y saludarlo con efusividad.
—Vaya —escuchó la voz de Amanda y la enfocó—, Ximena me cae mal pero admito que es guapa.
Eva rodó los ojos y Erick asintió con la cabeza.
—Deja de fijarte en las chicas como si fueran un pedazo de carne, ¿quieres?
—Ya, mi amor, no te pongas celosa.
Erick soltó una carcajada y Eva hizo una mueca.
—Ya, voy con Víctor, ahorita los veo.
—Cuidadito de andarte besuqueando con él y haciendo escenitas —le advirtió su hermano pero ella lo ignoró por completo.
Una vez que Eva se fue, Erick siguió charlando con Amanda acerca de todo y nada al mismo tiempo.
En cuanto llegó junto a Enrique, Ximena lo abrazó y lo saludó con un sonoro beso en la mejilla.
—¡Ey! —Saludó él, colocando las manos en su cintura—. ¿Cómo has estado?
—Muy bien, ¿y tú? —Le sonrió.
—Ahora que te veo, estoy mejor —dijo la típica contestación cursi y cliché pero a la chica le pareció maravillosa.
—Ya… —rio.
Enrique la tomó de la mano y se dirigieron a un lugar más privado. Para que la música no los molestara, salieron de la casa y se sentaron en las escaleras de la entrada. Había uno que otro chico en el jardín pero nada que los incomodara. Comenzaron a charlar para ponerse al corriente de qué había sido de su vida en ese año que no se vieron; los mensajes por chat no eran lo mismo a tener una conversación en persona.
En un momento en que la chica le estaba contando acerca de su estancia en el departamento donde se hospedaba, Enrique tomó su mano y la entrelazó con la suya.
—Y… Enrique… —Calló su anécdota y miró sus manos entrelazadas.
—¿Sí?
Ximena sonrió un poco y se acercó más al chico.
—No, nada. —Recargó su cabeza en el hombro de él.
Con su mano libre, Enrique acarició el rostro de la chica.
—Dime, Ximena… —La tomó de la barbilla para que lo mirara a los ojos. En seguida apartó su mano.
—¿Sí? —Preguntó luego de unos segundos en los que él se debatía si debía hablar o no.
—¿Ya no sientes nada por Víctor? —Alejó su mano de la de ella.
—Nada en modo romántico —respondió la castaña volviendo a entrelazar sus manos—. Sigue siendo mi mejor amigo y eso no cambiará pero…
—¿Pero?
—Pero ahora me interesa alguien más.
Se quedaron en silencio un momento. Enrique suspiró.
—¿No quieres una cerveza? —Preguntó de repente.
Ximena alzó una ceja. Se le hizo extraño ese hecho porque, vamos, ella prácticamente le había confesado a Enrique que estaba interesada en él y en vez de corresponder esa declaración de amor, cambió el tema hacia una bebida alcohólica. Aun así respondió.
—Sí, ¿por qué no?
Ambos se levantaron y volvieron a entrar a la casa. Enrique fue por unas bebidas a la cocina y, cuando regresó, le extendió una a Ximena. La castaña le dio un trago y miró al chico con atención.
—Ximena, tengo algo que decirte. —Alzó la voz para que pudiera escucharlo.
Ella sonrió, se imaginaba que le pediría ser su novia. Una relación a distancia era difícil pero no imposible si ambos ponían de su parte.
—¿Qué sucede? —Entrelazó su dedo con su cabello y jugueteó un poco con él.
—No aquí, en un lugar más privado.
Dejaron las cervezas en la mesa y decidieron ir al patio trasero, ahí había mucho menos gente que en la entrada. Cuando estuvieron a solas, Ximena pudo notar el nerviosismo del chico, caminaba de un lado a otro, jugueteaba con los botones de su camisa y seguido se pasaba la mano por el cabello. A la chica le pareció tierno.
—Ximena, yo… —Antes de que terminara la oración, la castaña se acercó a él y lo besó. Ya no quería esperar a que el chico diera el primer paso, lo hizo cuando estaba enamorada de Víctor y jamás se dio nada con él, no quería que sucediera lo mismo con Enrique, en verdad estaba interesada y se lo quería hacer saber.
Enrique estuvo a punto de alejarla pero Ximena profundizó el beso y no fue capaz de resistirse. La chica le encantaba, siempre le había gustado físicamente, le agradaba su forma de ser, era una lástima que las cosas no se hubieran dado en su momento.
Por su parte, Ximena besó al chico con fervor. No era la primera vez que lo hacían pero esa ocasión lo sintió más real, sobre todo porque no pensaba en Víctor cuando el joven mordisqueaba su labio inferior y entrelazaba su lengua con la suya.
Después de un rato, se separaron. Ximena se acercó para besarlo de nuevo pero el joven la tomó por los hombros y la alejó un poco. La castaña lo miró con duda y sin saber por qué sintió una opresión en el pecho.
—¿Qué pasa? —Preguntó con voz quedita.
—Ximena, no puedo.
—¿De qué hablas?
—Ximena, yo… Tengo novia —le confesó.
La chica rio un poco.
—Ajá, sí —dijo sarcástica. Creyó que era una mala broma, no era posible que le hubiera estado coqueteando si tenía novia, ¿cierto?
Enrique bajó la mirada.
—Es verdad.
Luego de unos segundos, al notar que el chico no se echaba a reír o le confirmaba que, efectivamente, era una mala broma, Ximena lo vio con una expresión incrédula.
—Ay, no es cierto.
—Sí lo es —respondió, aún sin mirarla a los ojos.
—Pero… ¿Por qué no me dijiste la verdad? ¡¿Por qué coqueteaste conmigo si tienes novia?! ¡¿Por qué permitiste que te besara?! —Alzó la voz mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas; en ese momento se sintió tan tonta. Siempre lo había tenido en un buen concepto, le costaba creer que él era capaz de hacer esas cosas.
Enrique mordió su labio inferior. En todo el bachillerato, Ximena siempre fue su amor platónico aunque sabía que era algo imposible, pues notaba cómo la chica se moría por estar con su mejor amigo. En la universidad consiguió novia, era una chica que lo apoyaba mucho y la quería, pero no podía evitar seguir teniendo contacto con Ximena. Una parte de él lo hacía porque creía que nunca se iba a dar nada serio y que su novia jamás se iba a enterar, la otra porque seguía teniendo esa pequeña ilusión de tener algo con ella. Y es que si la castaña le declaraba su amor y le pedía dejar a su pareja para estar juntos lo habría hecho sin pensarlo, pero Ximena se sintió engañada y utilizada, no iba a atreverse a tener algo con él después de eso.
—Yo… Lo siento.
Ximena le dio una bofetada y se dio la media vuelta.
—¡Métete tus disculpas por el trasero, imbécil! —Sin agregar más, se alejó con paso rápido.








