Capítulo 1
Giulia
Exhalo pausadamente al salir de la última audiencia que tenía programada para el día de hoy, afortunadamente no se trató de ningún caso polémico, por lo cual, puedo caminar tranquilamente hasta llegar a mi auto ubicado a la salida de los tribunales, donde espera pacientemente mi chofer para llevarme de vuelta a la oficina.
—Buenas tardes, abogada —saluda abriendo la puerta trasera del auto.
—Buenas tardes, John —devuelvo el saludo amablemente.
Una vez dentro, nos disponemos a hacer el recorrido habitual hacia las oficinas. Aprovecho el silencio para revisar unos pocos correos con información de algunos casos, que mi asistente personal me envió durante el tiempo que estuve fuera.
Nada relacionado con mi trabajo me intimida, no me convertí en una de las mejores abogadas penalistas, por asustarme fácilmente. Para dedicarse a este trabajo, y en específico a esta especialidad, en muchas ocasiones, hay que tener firmeza y sangre fría, capacidades con las que cuento desde que tengo uso de razón...
Mis estudios siempre tuvieron prioridad sobre cualquier cosa que pudiera encontrar divertida o que representara una distracción para mí.
Aparto la vista de mi teléfono al percatarme que hemos llegado
—Gracias, John, hoy regresare tarde a casa, así que, no es necesario que esperes por mí.
—Entendido, abogada. Nos vemos después, adiós.
—Adiós.
Me dirijo al edificio, donde al ingresar puedo sentir, como es costumbre, todas las miradas sobre mí. La firma para la cual trabajo es dirigida por mi padre, Gabriel Grimald, quien trabajó persistentemente para alcanzar el prestigio y la importancia que representa Grimald Lawyer, una firma de abogados internacional con sede en Nueva York, la cual ofrece servicios legales en diversas áreas.
Contrario a lo que se pueda llegar a pensar, yo como cualquier otro abogado, he tenido que hacerme nombre y ganarme un lugar aquí, ninguno de mis logros es producto del nepotismo.
—Buenas tardes abogada. Felicidades, nuevamente ha obtenido un veredicto favorable —me saluda el abogado O’Brien, quien se encontraba en la recepción.
Le respondí sin mucha interacción, siguiendo mi camino hacia el ascensor.
—Hola, Magda —saludo a mi asistente con voz firme, al llegar a la planta superior —¿qué tienes para mí?
Magda me sigue al interior de la oficina, con semblante nervioso y el iPad en sus manos.
—Respecto a las novedades de los casos que están a su cargo, le envié hace algunos minutos el resto de la información a su correo.
—Bien.
—Las copias de los expedientes se las hice llegar al despacho del abogado Wagner como usted lo pidió, su madre llamó para recordarle la cena que está programada para esta noche en Le Bernard, a la cual debe asistir su padre también, y la Srta. Bianca llamó tres veces y dijo que era imperioso que se comunicara con ella, que es un asunto de vida o muerte.
—¿Eso es todo?
—Así es.
—Ok, dile a Wagner que se comunique conmigo una vez halla revisado por completo esos expedientes, en cuanto a lo demás, yo me encargo. Puedes retirarte.
—Con permiso.
Luego de que mi asistente cierra la puerta, me sumerjo nuevamente en el trabajo, reviso algunos expedientes, programo algunas reuniones con un par de clientes, y me preparo para las próximas audiencias fijadas para esta semana... hasta que mi concentración se ve perturbada por el sonido de la puerta.
—Adelante —respondo.
—Abogada, la Sta. Bianca está a... —Bianca no la deja terminar, irrumpiendo de inmediato en mi oficina.
—¿Sabes qué hora es? —Dijo Bianca sentándose en la silla frente a mi escritorio.
—Puedes irte Magda, ya se ha pasado tu hora de salida —le dije a mi asistente, quien cerró la puerta al salir.
—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar de guardia?—Le dije a Bianca una vez puse mi atención en ella.
Es una de las pocas amigas que conservo desde la universidad, nos especializamos en áreas diferentes. Ella es cirujana pediatra y tiene una vida igual o más ocupada que la mía, aun así, nos mantenemos siempre en contacto y nos reunimos para comer cuando nuestros horarios de “descanso” coinciden, lo cual no pasa mucho últimamente.
Bianca Ellison Rossi, es lo opuesto a mí en términos de personalidad, tiene veintiocho años; es un año menor que yo. Durante el tiempo que llevo conociéndola, la he visto realmente molesta unas pocas veces. Ama a los niños, razón por la cual, se ha dedicado a trabajar muy duro en el hospital que por generaciones ha pertenecido a su familia.
—También me alegro de verte—Respondió con voz seria —No fue mi elección estar aquí, créeme. Estuve llamando todo el día, te dejé mensajes con tu asistente... son las ocho de la noche ¿a qué hora ibas a llamarme?—Me mira con atención, esperando una respuesta.
—Dijiste que era de vida o muerte; yo te veo muy bien, y no llamaste todo el día, lo hiciste tres veces. Eres una exagerada —su rostro se contrajo brevemente al escuchar mi respuesta.
Rodé los ojos —Bien... ¿a que debo el honor de tu inesperada e indeseada visita?
—Sería un eufemismo decir que eres una perra sin corazón —dijo en voz baja —La cosa es que... mi hermano está de vuelta en la ciudad, necesito que hagas un espacio en tu apretada agenda. En esta ocasión si los voy a presentar —habló colocando cara de súplica.
Sí, tiene un hermano mayor... Brandon o Ben, no recuerdo su nombre, también es médico, y ha vivido fuera del país durante muchos años.
Suspiré — ¿Qué es lo que no me estás diciendo?
—Tal vez hice una reservación a nombre de ambos —dijo esbozando una pequeña sonrisa —es en tu restaurante favorito, y ya le envié a Bruno un informe detallado sobre tus gustos y preferencias culinarias ¿no te parece una idea genial?
—Absolutamente, malditamente NO
—Vamos Giu... creo que has estado detrás de este escritorio por mucho tiempo, es solo una cena —juntó las manos frente a ella —por favor, una noche, una comida... tal vez dejes de estar tras un escritorio y termines encima de uno —rebotó emocionada.
—Es la idea más horrible que has tenido, ni siquiera lo conozco. Hasta hace un segundo creí que su nombre era Brandon, y por favor deja de hacer insinuaciones sexuales... es tu hermano, se supone que hay un código implícito o una mierda así. Acabo de divorciarme, no me interesa tener una relación ni atarme a alguien más —Espeté irritada.
—Por Dios, que capacidad de matar la magia, deberías disfrutar más de la soltería, ver cómo está el mercado.
—El mercado Ellison Rossi, no gracias —respondí recogiendo mis cosas para salir.
—Por hoy lo dejamos, pero voy a seguir insistiendo, recuerda que me debes muchos favores... ya va siendo hora de cobrarlos —dijo caminando a la salida.
Luego de la entretenida conversación con Bianca, tome un taxi con dirección a mi apartamento en Carnegie Hill, al llegar decido ducharme para cenar y finalmente descansar, no sin antes llamar a Leonor para informarle que no voy a poder asistir a su cena familiar en Le Bernard.








