Customize readability
Aa

La Última Llama de Ardent

All Rights Reserved ©

Summary

Una noche fue suficiente para destruir toda una vida. Cuando Ardent es arrasado por una fuerza desconocida, Elia pierde a su familia y ve cómo los demonios se llevan a su hermano menor, Kael. Su única pista apunta hacia el lugar más temido del mundo: el Abismo. Dispuesta a cumplir la promesa que hizo a su madre, emprenderá un viaje del que nadie ha regresado jamás. Pero cuanto más se acerque a su destino, más descubrirá que los demonios no son los verdaderos monstruos de esta historia. Algunas puertas nunca debieron abrirse. Y el Abismo acaba de despertar.

Genre
Fantasy
Author
Bhemet
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: La noche en que el abismo despertó


El pueblo de Ardent no aparecía en ningún mapa importante.

No porque fuera pequeño, sino porque nadie importante se había molestado en recordarlo. Rodeado por kilómetros de arena y roca, era uno de los últimos asentamientos antes de las tierras donde los demonios caminaban libremente. Para los viajeros, Ardent era solo una mancha en el camino. Para quienes vivían allí, era el único hogar que conocían.

Durante el día, el pueblo bullía con vida. Los herreros golpeaban el metal desde el amanecer. Los comerciantes discutían precios con voces roncas. Los niños corrían por las calles de tierra sin preocuparse por nada más que el siguiente juego. El olor a pan recién horneado se mezclaba con el del cuero y la madera.

Pero todos conocían la regla.

Cuando el sol desaparecía tras las montañas, nadie debía estar fuera.

Las vallas de madera, altas y afiladas en la punta, rodeaban todo el perímetro del pueblo. Cada noche, los hombres se turnaban para vigilar. No era un trabajo fácil, pero lo hacían sin quejarse. Porque sabían lo que acechaba más allá.

—Cuidado con esas espinas, Elia. Las de color rojo son las que sirven, las blancas son venenosas.

Elia asintió mientras arrancaba con cuidado las hierbas del suelo. Era una joven de diecisiete años, de cabello rojo como el atardecer y ojos color avellana que brillaban con calidez. Su rostro era bonito, de rasgos suaves y una expresión amable que invitaba a la confianza. Llevaba un vestido simple de tela beige, desgastado por el uso pero limpio, y sus manos ya mostraban pequeñas callosidades por el trabajo diario. La señora Mira, la anciana curandera del pueblo, estaba arrodillada a su lado, revisando cada planta con ojos expertos. El sol aún estaba alto, pero comenzaba a inclinarse hacia el oeste.

—Ya sé, señora Mira. Me lo ha dicho cien veces.

—Y te lo diré otras cien. Una curandera debe tener memoria, no solo manos hábiles.

Elia sonrió. Le gustaba la señora Mira. Siempre estaba regañando a alguien, pero lo hacía con cariño. Y siempre guardaba algún caramelo para los niños.

Mientras llenaban la cesta, la señora Mira la miró de reojo con una sonrisa pícara.

—Oye, Elia... ¿no te he visto hablando con el hijo del herrero estos días?

Elia frunció el ceño.

—¿Darian? Hablo con él porque es el vecino, señora Mira. No hay nada más.

—¿Ah, no? —la anciana rió entre dientes—. Pues yo lo veo mirarte bastante. Y no es el único. El joven Aldric también te sigue con la mirada cuando pasas por la plaza.

Elia sintió que sus mejillas se calentaban ligeramente.

—No me interesa ninguno. Ahora no. Tal vez nunca. Estoy bien así.

—Eres joven, Elia. No tienes por qué apresurarte. Pero no está mal que sepas que hay quien te mira con buenos ojos. Con esa carita y esa dulzura que tienes, no me extraña que los chicos anden detrás de ti.

—Señora Mira...

—Está bien, está bien. No te voy a molestar más. Pero piensa en lo que te digo.

Elia negó con la cabeza, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa. La señora Mira siempre encontraba la manera de hacerla sentir incómoda y querida al mismo tiempo.

—Bueno, ya tenemos suficiente —dijo la anciana levantándose con dificultad—. Llévale esto a tu madre, que seguro le sirve para los dolores de espalda.

—Así lo haré.

Se despidieron con un abrazo y Elia tomó el camino de regreso a su casa. El pueblo estaba tranquilo en esa hora. Algunos vecinos la saludaron al pasar, otros estaban ocupados cerrando sus puestos. Ardent era pequeño, pero tenía su propio ritmo. Un ritmo que Elia conocía de memoria.

Cuando llegó a su casa, empujó la puerta de madera y el aroma a guiso la envolvió de inmediato.

—¡Ya estoy aquí! —anunció.

Y lo que vio la hizo sonreír.

Su padre, Harold, estaba frente al fogón, con un delantal mal atado y una cuchara en la mano. Revolvía la olla con una concentración que solo se veía cuando trabajaba en la herrería. Su madre, Lina, estaba a su lado, riéndose mientras intentaba quitarle la cuchara.

—Harold, déjame a mí. No sabes poner la sal.

—Claro que sé. Yo cocinaba antes de conocerte.

—Y por eso casi quemas la cocina.

Elia soltó una risa ligera. Sus padres siempre discutían así, con cariño, como si cada palabra fuera una broma compartida.

—¿Necesitan ayuda? —ofreció, dejando la cesta sobre la mesa.

—Siéntate, hija —dijo su madre—. Tu padre está a punto de terminar. No sé si comestible, pero terminar.

—Más respeto a mi guiso —gruñó Harold, pero sonreía.

Elia se sentó y observó la escena. Su padre, grande y de hombros anchos, con el pelo rojo salpicado de canas. Su madre, menuda y de ojos verdes, siempre tejiendo o cosiendo algo. La casa era pequeña, pero cálida. Las paredes de madera guardaban años de risas y conversaciones.

Pocos minutos después, Kael entró corriendo por la puerta, con la ropa llena de tierra y una sonrisa enorme.

—¡Huelo a guiso! —gritó—. ¡Tengo hambre!

—Lávate las manos antes de sentarte —dijo Lina, señalando el cuenco de agua.

Los cuatro se sentaron alrededor de la mesa. Harold sirvió el guiso en los platos humeantes. Mientras comían, la conversación fluyó natural, como siempre.

—¿Cómo estuvo la señora Mira? —preguntó Lina.

—Bien. Siempre igual. Me preguntó por Darian.

—¿Por Darian? —Harold levantó una ceja—. ¿El hijo de mi amigo?

—No es nada, papá. Solo está bromeando.

—Hum. Darian es buen chico, pero si te molesta, le digo que se aleje.

—¡Papá! —Elia lo miró con exasperación—. No molesta. Solo es un vecino.

Harold soltó una risa profunda.

—Está bien, está bien. Solo cuida tus pasos, hija. Tienes tiempo para todo.

Elia asintió, aunque su mente ya estaba en otra cosa. En realidad, Darian no le interesaba. Ni Aldric, ni ningún otro. Solo quería que su familia estuviera bien.

Kael comía con entusiasmo, llenándose la boca sin medida.

—Tranquilo, pequeño —dijo Elia, limpiándole la barbilla con un paño—. No te va a faltar.

—Pero tengo mucha hambre —protestó él, con la boca llena.

—Y vas a ahogarte si sigues así.

Harold dejó su cuchara por un momento y miró a su familia con una expresión más seria.

—Hablando de cosas importantes... hoy llegó un mensajero de la ciudad de Rimel.

Lina levantó la vista.

—¿Un mensajero? ¿Qué decía?

—Nada bueno —Harold negó con la cabeza—. Dicen que hay movimientos extraños en el Abismo. Los sabios de la ciudad están preocupados. Están enviando avisos a todos los pueblos cercanos. Por si acaso.

Elia sintió un escalofrío.

—¿Movimientos? ¿Qué clase de movimientos?

—No lo saben con certeza. Solo que algo está cambiando allá abajo. Los demonios que antes se mantenían en las profundidades están subiendo. No atacan, solo... se mueven. Como si algo los estuviera empujando.

—¿Eso es peligroso? —preguntó Kael, con la boca aún llena.

Harold le revolvió el pelo.

—No, pequeño. No para nosotros. Estamos lejos. Solo es un aviso. Pero quería que lo supieran.

Lina frunció el ceño, preocupada.

—¿Crees que deberíamos hacer algo?

—No. Solo estar atentos. Pero no cambia nada. Los demonios que llegan hasta aquí son débiles. Siempre lo han sido. No hay motivo para alarmarse.

Elia quiso creerle. Pero algo en el tono de su padre no la convencía del todo.

El almuerzo transcurrió entre risas y bromas. Fue uno de esos momentos que parecían eternos pero que, en realidad, duraban apenas un instante. El sol ya comenzaba a bajar cuando Lina empezó a recoger los platos.

—Yo ayudo —dijo Elia, levantándose.

Pero Harold la detuvo con una mano en el hombro.

—Tranquila, hija. Yo ayudo a tu madre. Pero antes... —miró hacia la ventana—. Se está haciendo tarde. Tengo que irme.

Elia sintió el peso habitual en el pecho. Siempre le preocupaba cuando su padre salía a vigilar.

—¿Ya te vas?

—Esta noche me toca con Darian —respondió Harold, quitándose el delantal y tomando su chaqueta de cuero—. Turno completo hasta el amanecer.

Lina se acercó y le ajustó las correas del cinturón. Sus manos se movían con la práctica de años.

—Ten cuidado —dijo ella, con voz suave.

—Siempre lo tengo.

Harold se giró hacia Elia y le revolvió el cabello.

—No te quedes despierta esperándome, Elia. Esta noche estará tranquila. Ya sabes, los demonios casi no vienen a este pueblo. Y cuando vienen, son débiles. Un par de golpes y se acaban. A veces ni siquiera se acercan a las vallas.

Era cierto. Los ataques eran raros. La mayoría de las veces, los demonios que llegaban hasta Ardent eran pequeños y torpes. Solo buscaban niños, pero los vigilantes siempre los mataban antes de que pudieran hacer daño. No era una tarea difícil.

Aun así, Elia sentía un nudo en el estómago.

—Cuídate, papá.

Harold le dio un beso en la frente, luego se despidió de Kael con un abrazo que hizo reír al niño, y finalmente de Lina con un beso más largo. Cuando salió por la puerta, Darian ya lo esperaba en la calle. Los dos hombres intercambiaron bromas mientras se dirigían hacia la muralla, donde los esperaban las antorchas y la larga noche.

Elia se quedó en la puerta, viéndolos alejarse. El viento trajo el olor a arena y hierba seca. El cielo se teñía de tonos anaranjados y púrpuras.

—Mamá, ¿crees que estará bien? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Siempre lo está, hija —respondió Lina desde la cocina—. Ahora ven, ayúdame a limpiar la mesa.

Elia cerró la puerta y se puso a trabajar. Lavó los platos, secó las ollas, guardó la comida. Mientras lo hacía, su mente divagaba. El deseo de que su padre volviera rápido. La rutina de siempre.

Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe.

Kael entró corriendo como un torbellino. Tenía siete años, el pelo rojo alborotado y los ojos brillantes con una emoción desbordante. Su ropa estaba llena de tierra, como si hubiera estado rodando por el suelo.

—¡Elia! ¡Mamá! ¡Tienen que ver esto! —gritó, casi sin aliento.

—Kael, cálmate —dijo Lina, dejando la tela que sostenía—. ¿Qué pasa?

El niño estiró las manos frente a ellas. Sus dedos temblaban.

—Miren... miren lo que puedo hacer.

Y entonces, ocurrió.

Una pequeña llama, del tamaño de una moneda, parpadeó en su palma.

Elia contuvo el aliento. Lina llevó una mano a la boca.

—Kael... —susurró Elia.

La llama bailó un instante, frágil y temblorosa, antes de extinguirse. Pero lo había hecho. Había ardido. No era un truco, no era una ilusión. Era magia.

La magia que solo despertaba en algunos niños. La magia que podía cambiar su vida.

—¿Lo viste? ¿Lo viste? —Kael saltaba de emoción—. ¡Lo hice! ¡Lo hice!

Elia sintió que sus ojos se humedecían. Se arrodilló y lo abrazó con fuerza.

—Lo vi, pequeño. Lo vi. Eres increíble.

Lina dejó caer la tela y se acercó lentamente, como si no pudiera creer lo que veía. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.

—Kael... ¿desde cuándo?

—Desde ayer —dijo el niño, riendo—. Quería esperar a que papá estuviera, pero no pude más. ¡Es tan emocionante!

Lina se rió entre lágrimas.

—Tu padre... tu padre va a enloquecer cuando lo sepa. Es el único varón en generaciones que despierta magia.

Elia se levantó, secándose los ojos con la manga. Todos en Ardent sabían lo que significaba despertar la magia. No todos podían. Solo unos pocos niños, en momentos de su infancia, lograban que el don se manifestara. Y quienes lo hacían tenían un futuro diferente. Mejor.

—Si podemos demostrar que Kael tiene magia —dijo Elia, con la voz temblorosa—, los emisarios de la ciudad de Rimel vendrán por él. Le darán educación. Nos darán dinero. Podríamos irnos de aquí.

Lina asintió lentamente, sus ojos aún brillantes.

—Sí. Sí, hija. Si logramos que lleguen a saberlo... tendremos una vida mejor. Kael podrá ser algo más que un herrero o un campesino.

Kael, que no entendía del todo las implicaciones, solo sonreía y saltaba.

—Cuando sea grande —dijo, con la boca llena de ilusión—, voy a ir a la ciudad grande. Y voy a comprarles una casa enorme. Con jardín y todo.

—Primero aprende a no quemar la mesa —bromeó Elia, aunque su voz aún temblaba.

—¡No quemo nada! Bueno... casi nada.

Lina los miró a los dos y luego a la puerta, donde su esposo se había ido hacía apenas un par de horas.

—Tu padre tiene que saberlo —dijo—. Pero... mañana. Esta noche déjalo descansar.

Elia asintió, aunque una idea comenzó a formarse en su mente.

Chapters
1. Capitulo 1: La noche en que el abismo despertó
Let Bhemet know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Alpha and His Rogue

Sandra: I absolutely loved this story. It was so lighthearted and serious at the same time.

Read Now
The Shifters: Trysta and Fiero

Reabetswe: I chose the ratings i did because I haven't put the book down since starting IT and I love how your writing style is. You have gained a fan from me

Read Now
Die Wölfe von Welby

Silvia: Sehr gut geschrieben. Spannend von Anfang an. Lustig und doch fesselnd zugleich. Hoffe es geht gut aus für sie.

Read Now
Silver's Second Chance

Clare: Loved the second chance mate story line. But loved even more the strong female lead. Would love to a mini fic of this couple a few years down the line.

Read Now
Half-Claimed

ReadingFrenzy: Fabulous read, I would give it more than 5* for sure.I purchased on Amazon and read it all in one sitting, LOL, couldn't put it down.I highly recommend the reading of this because honesty, it was really amazing. A story, a real, goodness, honest, story. Thank you author.

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Saraa: I really admire how unique your plot is. It didn't feel predictable at all. Did you always know how the story would end, or did the ending change while you were writing?

Read Now
The Argent Wolf (Coming to Galatea)

laurence: J'ai adoré. Le début était hyper prenant, une attirance naissante pleine d'humour et de suspens, pas.possiblz de lâcher la lecture. Et puis une fois la relation confirmée, un recit poétique, tendre et accrocheur qui continue a gardzr sa part de suspens. Les personnages sotn hyper attacahnats. Merci ...

Read Now