Lo que nunca vivimos
Introducción
Hay historias que terminan con un adiós.
La nuestra nunca tuvo uno.
Quizá por eso fue tan difícil dejarla atrás.
Porque cuando una historia termina, solemos buscar un momento exacto al cual regresar. Una última conversación, una palabra que marcó el final, una despedida que nos permita entender que algo llegó a su fin.
Pero lo nuestro no fue así.
No hubo un último día donde supiéramos que sería la última vez. No hubo una promesa rota, una discusión definitiva o una despedida que nos preparara para vivir separados.
Simplemente ocurrió.
El tiempo empezó a pasar.
Las conversaciones dejaron de ser tan frecuentes, las circunstancias cambiaron y poco a poco nos convertimos en dos personas caminando por caminos diferentes.
A veces me pregunto si realmente dejamos de buscarnos o si simplemente aprendimos a vivir con la ausencia del otro.
Porque hay personas que se van de nuestra vida, pero nunca terminan de irse de nuestros pensamientos.
Se quedan en pequeños recuerdos.
En una canción que aparece de repente.
En un lugar que nos transporta a otra época.
En una fecha que parece no tener importancia para nadie más, pero que para nosotros significa todo.
Durante mucho tiempo intenté convencerme de que algunas historias simplemente no están destinadas a suceder.
Que hay personas que llegan para enseñarnos algo y después continúan su camino.
Que no todo lo que sentimos está hecho para quedarse.
Y tal vez sea verdad.
Tal vez algunas personas llegan a nuestra vida solamente para mostrarnos una versión de nosotros mismos que no conocíamos.
Pero hay una pregunta que, incluso después de tantos años, sigue apareciendo en mi mente:
¿Qué habría pasado si uno de los dos hubiera tenido el valor de quedarse?
No de regresar.
No de cambiar el pasado.
Solo de quedarse.
Porque a veces lo que más duele no es perder algo que tuvimos.
Es extrañar algo que nunca llegó a existir.
Extrañar conversaciones que nunca ocurrieron.
Momentos que nunca vivimos.
Una historia que estuvo tan cerca de comenzar, pero que por alguna razón nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.
Y quizá esa es la razón por la que algunos recuerdos pesan tanto.
Porque no pertenecen al pasado.
Pertenecen a todos los futuros que imaginamos y nunca conocimos.
Esta es nuestra historia.
La historia de dos personas que se encontraron en una etapa donde todavía estaban descubriendo quiénes eran.
Dos personas que llegaron sin buscarse y que, sin darse cuenta, comenzaron a formar parte de la vida del otro.
Una historia hecha de miradas, silencios, momentos pequeños y sentimientos que nunca encontraron las palabras correctas.
Una historia que no terminó con un adiós.
Porque, en realidad, nunca comenzó por completo.
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