Capítulo 1, Parte 1: Primeros Pasos
27 de Agosto, 2023
La brisa marina se pasea entre los edificios de la ciudad de Hakodate, en la prefectura de Hokkaido, Japón. En algún lugar cerca de la costa, un pequeño vecindario, donde cada cada casa se parecía a la anterior, y a si mismo esta, a la que la precedía. Eso sí, "cada hogar es un mundo", y esta vez el hogar señalado no es cualquiera, pues el inicio queda a las puertas de la residencia Inoda, una influyente familia dedicada casi exclusivamente a las armas, pero que fuera del ámbito, es una casa común, con problemas comunes, y con residentes comunes.
En una de las habitaciones del piso superior, un muchacho duerme tranquilamente. A él estamos buscando, Kobuto Inoda, hijo del jefe de la organización clandestina mas grande de toda la prefectura, y fácilmente entra en el podio como la tercera mas grande de Japón. Ahora bien, este muchachito no es cosa de risa, pues con tener tan solo 17 años, logró consagrarse como el campeón nacional de kendo en la categoría juvenil en tres ocasiones... por lo que molestarlo podría terminar muy, MUY mal.
Ahora bien, se supone que Kobuto debería estar en la Organización, pues ya son las 10 de la mañana y, de hecho, tiene un puesto respetable dentro de ella, pero bueno, despertarse algo tarde le puede pasar a cualquiera. Todo iba normal, Kobuto dormía plácidamente... hasta que algo, o mejor dicho, alguien, lo apachurró por completo. Enseguida, el peso de una persona robusta cayó sobre él, y una mejilla blandita se pegó a la mitad de su cara.
-hm... por favor, ¿tan temprano?- alcanza a murmurar antes que una voz femenina muy enérgica acabara con su "estado medio consciente".
–¡KOBUTOOO! ¡Despiértate, haragán! Mamá nos quería en la base a las 12.
–Y... ¿y qué hora es?
–Eh...
–Rumi...
–Las... las 10.
–Mierda...
Con energía... casi nula, Kobuto baja de la litera y se encamina a bajar las escaleras con dirección a la cocina. Enfocándonos en la chica, Rumi Sugano, la media hermana de Kobuto, es mayor que él por un año... y siempre que puede come como si su vida dependiera de ello, de comerse una caja entera de donuts y tenerla como su dieta básica.
Ahora bien, debes de estar muy perdido ¿familia militar? ¿Organización clandestina? ¿Base? Bueno, déjame aclarar estas dudas en este pequeño párrafo. Kobuto trabaja para, ya lo adivinaste, una organización clandestina militar llamada CENITH (Centro Especializado de Neutralización y Terminación Hostil), que a diferencia de... mas o menos el 90% de organizaciones clandestinas, esta realmente ofrece un servicio que beneficia al pueblo de Hokkaido, y puede que en unos meses a Japón entero, pero por supuesto, en contra de la ley, quien considera a CENITH como "terroristas disfrazados de benefactores". CENITH se dedica casi exclusivamente al exterminio y control de caminantes ¿y qué son? Son espectros encarnados que toman forma física del peor miedo de la presa que quieren cazar, su forma varía dependiendo de la fobia de la persona, aunque conservan la característica de mantener una forma, dentro de lo posible, humanoide.
Bueno, volviendo al tema... ¿en qué estábamos? Ah, claro. Kobuto y Rumi se pusieron el uniforme y bajaron a prisas, el plan era sencillo: cocina, desayuno, base. Todo antes de mediodía, antes que alguno de sus padres apareciera antes. Bajaron, desayunaron, tomaron sus cosas, abrieron la puerta y... y ya los estaban esperando.
–...11:45, creí que no me decepcionarían esta vez.
–Ma... mamá, jeje. Q-que sorpresa–exclamó Rumi, tratando de disimular el pánico sin éxito.
–Vamos, por ahora voy a olvidar esto, pero como vuelva a pasar...
–¡T-ten por seguro q-que no se va a repetir!
Finalmente, el dúo acompañado por su madre llegó al establecimiento. Por fuera pareciera un instituto secundario, pero la magia está por dentro. La base central de CENITH está ubicada aquí mismo, en Hakodate, y como tal cuenta con la mayor concentración de áreas y disciplinas: un taller de tecnología y genética, otro dedicado exclusivamente a la artillería pesada y otras armas, el Ala Médica, un campo de entrenamiento para reclutas... y la cosa se extiende bajo tierra. En fin, un lugar muy diverso que lamentablemente no está amparado por la ley, aunque claro, no parece importar mucho.
Quizás sea algo irrelevante, pero cabe mencionar que, como toda institución militar, CENITH cuenta con su propia pirámide de poder: el Rector es quien controla absolutamente todo, luego dos Maestres (Mayor y Menor) que se encargan de cubrir y administrar una o más áreas, luego van los Operativos, siguen los Novatos, y en el fondo tenemos a los Reclutas. Los Operativos tienen su propia pirámide: en la cima están los Operativos de Élite, en el medio los Operativos Profesionales (Kobuto y Rumi están aquí) y en el fondo Operativos Semi-Profesionales. Como dije, es bueno recalcar esto, pero tenemos que continuar con el tema principal.
Los hermanos se fueron cada uno a su especialidad, Kobuto a la categoría de armas cutáneas y Rumi a la de armas de fuego. Al cruzar la puerta corrediza, el resto de los integrantes de la categoría de Kobuto comenzaron a suprimir con todas sus fuerzas el hecho de que todos tendrían que pelear contra él. El encargado del área, Kai Uzui (el Maestre Menor, y fuera de las paredes del establecimiento su mejor amigo) lo recibió con un tono somnoliento, como si no hubiera dormido en toda la noche.
–Kobuto...
–¿Madrugado otra vez?
–...
–No importa. Hoy están más desganados que de costumbre ¿no crees?
–Es porque hoy viniste con más ánimo que de costumbre.
–Ya veo...
Y "como de costumbre", todos cayeron uno por uno contra Kobuto. Era como si esa hermosa disciplina se viera interrumpida por ese muchacho que... bueno, era un experto en dicha disciplina. Pero hubo algo que llamó la atención de Kobuto: había un nuevo integrante, una chica.
–Hey, ¿vienes?
–¿Yo? Hm... está bien.
Kobuto le lanzó un bokuto (katana de madera) y ambos se pararon dentro del círculo de combate. Kai dió la orden, e inmediatamente ambos se abalanzaron el uno contra el otro. Por primera vez en mucho tiempo a Kobuto le estaba costando mucho ganar este combate, por primera vez alguien tenía el mismo nivel de técnica que él. Ambos se forzaban cada vez más, hasta que... "¡Chack!", el bokuto de la chica se partió ante la inmensa cantidad de golpes que tuvo contra el de Kobuto. Varios trozos de madera quedaron regados en el suelo. La muchacha no tuvo tiempo a reaccionar, antes de que un golpazo le volara a la cara, y cayera de rodillas.
La escena era desconcertante para todos en la sala. Kobuto había gando, era evidente, pero estaba agotado, totalmente agotado. Kai, lejos de inmutarse, solo pensaba en que tendría que hacerse cargo del bokuto roto.
–Esas cosas no son baratas...
–Hey, lo pagaré después.
–¿Tienes unos cien mil yenes, Kobuto?
–Olvídalo, ¿por qué costaría tanto?
–No compramos cualquier cosa para esto. La última vez que pasó eso el revólver de uno se le deshizo en sus manos y terminó destrozado por un caminante.
Un rato más tarde, Kobuto se acercó a la chica, que ahora lucía un moretón para nada glamoroso en el ojo derecho. Al rato, volvió con una bolsa de hielo, y se la ofreció, evitando mirarla directamente.
–Yo... quiero disculparme por lo de hace rato.
Kurumi acomodó el hielo sobre su ojo derecho y negó suavemente.
–No tienes por qué.
Hubo un pequeño silencio incómodo.
–He oído que el Rector es tu padre, ¿no es así?–preguntó ella.
–Sí, es verdad. ¿Cómo lo sabes?
–Mi padre solía ser su mejor amigo... aunque hace años que no se dirigen la palabra.
–Ya veo.
–Oye, hablas muy poco. Suéltate aunque sea un poquito, ¿si?
–...No suelo hablar con la gente.
Kurumi soltó una pequeña risa.
–Bueeeno... en ese caso, me interesas.
Kobuto finalmente levantó la vista hacia ella.
–¿En qué sentido lo dices?
–Hey, para el carro–respondió, dándole un golpecito en el hombro con el bokuto roto.
Kobuto volvió a quedarse callado.
–¡OYEEE! ¡NO ME DEJES HABLANDO SOLA!
–Puedes... ¿no gritar tanto?
–¿Te molesta?
–...Puedo acostumbrarme.
–Jeje.
–Por cierto, ¿cómo te llamas?
–Shingo... Kurumi Shingo
–Si, tu apellido me suena, Shingo... ¿tu padre trabajó aquí?
–Sipi.
Como ya era tarde, Kobuto se ofreció llevar a Kurumi a su hogar. Al llegar, Kobuto tocó la puerta... y fue recibido por un puñetazo que iba directo a su cara, que apenas pudo esquivar. Seguido de eso, un hombre robusto y de aspecto algo atemorizante se paró en en umbral, notablemente molesto.
–...Creí haber dejado claro el tema de los chicos.
–¡P-papá!–Kurumi se tensó al instante.
Kobuto permaneció en silencio.
–¿No piensas decir nada, mocoso?–gruñó Ryogo.
–Mire la hora que es. Sería peligroso que su hija volviese sola en plena noche.
–Tiene 20 años, creo que puede volver sola.
–Claro, déjela a merced de los ladrones o quizá de algo peor.
–¿Insinúas que mi hija no puede valerse por si misma?–Preguntó el hombre entre dientes, mientras tomaba a Kobuto por el cuello de la camiseta.
–Papá, por favor... solo me hizo un favor, no es para tanto.
—Calla y entra. Déjame a solas con el muchacho.
—...
Kurumi obedece y entra, su padre empuja a Kobuto hacia en medio de la callejuela y lo incita a una pelea. Kobuto solo lo mira de reojo, y simplemente se va, mientras oye cómo el hombre suelta varias amenazas e insultos que se pierden en el aire.
Al día siguiente, y por fortuna, Kobuto a tiempo a la organización. En seguida su padre lo llamó al despacho, para darle una "tarea muy importante".
Su padre, Takeshi Inoda, como bien se dijo antes, es el Rector (líder) de CENITH. Es el hombre mas poderoso de Hokkaido en cuanto a fuerza física y técnica con la katana, la cual se ha heredado a sus hijos, Kobuto y su hermana mayor, Hanami. Takeshi, pese a tener 47, tiene una fuerza calculable a la de 10 hombres en su punto álgido... eso sí, estamos tomando en cuenta sólo su fuerza bruta natural.
Al llegar al despacho, Kobuto es recibido por Takeshi, quien le invita a tomar asiento.
—Tu madre me ha dicho que últimamente has estado algo decaído. Dime, ¿pasa algo?
—Nada de lo que preocuparse.
—Te conozco, hijo.
—...Bien. Lo único que he hecho desde que me integré a la filas oficiales es entrenar y practicar combate.
—¿Entonces dices que quieres "diversión"?
—De ser posible. Quiero probar mi potencial en una situación real, ya nada de cuartos estampados y luchar con palitos escarbadientes.
—Bien... Bien. Entonces tengo algo que quizá te interese.
—Te escucho.
—En Yokohama se ha estado detectando una anomalía regular, creemos que se trata de algún caminante.
—...Y quieres que me encargue.
—"De ser posible".
—¿Yo solo?
—A medias. He enviado de antemano un contacto de encubierto para que analice los alrededores.
—Acepto, ¿Yokohama?
—Yokohama.
—Bien...
Al día siguiente, la rutina comenzaba de nuevo: de la cama a la cocina, de la cocina a los vestidores, de los vestidores a la sala, y de la sala a la organización. Kobuto se dirigió al salón de entrenamiento, y rápidamente notó la ausencia de Kurumi, aunque al final le importó poco. Unos minutos después, finalmente apareció, con moretones en los brazos y uno en el ojo derecho, ahí fue cuando a Kobuto comenzó a importarle el asunto. Se acercó a ella y trató de hablarle, pero Kurumi se mostró evitativa la mayor parte del tiempo. Finalmente, pudo confrontarla.
–Hey.
–No estoy de humor.
–¿Quién podría con tanto golpe?
–Déjame sola.
–¿Qué te sucedió?
–...
–Fue tu padre, ¿Verdad?
–Si...
–...Ya veo.
Al poco tiempo un para nada feliz Kobuto golpeaba impacientemente la puerta de la residencia Shingō, buscando precisamente al padre de Kurumi. La madre de la joven abrió la puerta.
–¿Puedo ayudarle?
–Ryogo Shingo.
–¿Lo está buscando?
–¿Está aquí?
–Acompáñeme.
La mujer llevó a Kobuto al patio trasero de la residencia, mientras Kurumi los seguía detrás. Al fondo del patio, había un pequeño dojo. Estaba allí.
Los tres entraron, pero Ryogo exigió quedar a solas con Kobuto.
–...Has vuelto, ¿por qué?
–A la verdad me importa poco cualquier mal que me hagan. Mi vida, del mismo modo, me importa poco, pero me es imposible tolerar el hecho de que lastime a su propia hija.
–¿Y a ti que mierda te importa?
–No debería ser de mi incumbencia...
–Exacto, ahora lárgate debería mi casa.
–No debería ser de mi incumbencia... si no fuera por el hecho de que su hija decidió establecer una amistad conmigo. En ese caso, estoy dispuesto a humillarlo en su propia casa frente a su familia, con tal de que esto no suceda de nuevo.
–...¿Cómo has dicho?
–Le propongo algo: un duelo de corte.
–¿Y eso es...?
–Ambos lucharemos con katanas el uno contra el otro. Quien hiera al otro, gana.
–...
–Si usted gana, no volveré a acercarme a su hija, ni le dirigiré la palabra. Si yo gano, ella pasará a vivir en la residencia Inoda hasta que logren paz entre ustedes.
–Si gano... no volverás, ¿cierto?
-Cierto.
–Perfecto. Prepárate.
Un duelo de corte, aunque poco conocido, solía ser una de las ceremonias del Japón imperial, usada casi exclusivamente para cerrar disputas entre pretendientes. Desde la era Nara, el ritual no se ha tocado.
Ahora, el problema no es esto. El problema es que... bueno...
–¿¡ESTÁS LOCO!?
–Kurumi, cálmate por favor.
–¡ESE HOMBRE ES UN ANIMAL! ¡VA A MATARTE EN CUANTO TENGA LA OPORTUNIDAD!
–Sé que ha estado en CENITH, pero por su edad puedo decir q-.
Kurumi prácticamente lo sacudió de la ropa.
–¡ÉL FUE MAESTRE MAYOR! ¡FIGURÓ COMO EL TERCER OPERATIVO MÁS FUERTE!
Kobuto parpadeó varias veces.
–...¿Q-qué?
–¡T-TAMBIÉN ES UN EX GRIMARIO DE HONO!
–De... ¿de la Encarnación de la Llama?
Si. Riogo resultó no ser un cuarentón ex militar. En su punto álgido, llegó a ocupar en CENTIH el puesto que hoy le corresponde a Shionna Aida, madrastra de Kobuto (Maestre Mayor), además de haber sido el Heraldo de Hono, quien en la lejana Era Nara encarnó al elemento del Fuego. Conclusión:
–Estoy muerto...
–Si... y lo peor es que tu mismo lo incitaste.
–¿Cuántas veces lo has visto luchar?
–¡HEY, HEY, HEY! ¡NO VOY A SABOTEARLO! Si se llega a enterar... me hace asado. Hm... asado...
–Hey.
–Huh... ¿y qué recibo a cambio?
Kobuto parpadeó.
–Hm... podría llevarte a comer a alg-
–¡ACEPTO!
–¿Eh...?
–¡SÍGUEME!
Unos minutos después, Kobuto se presentó en el dojo, con un yukata ceremonial y la katana prestada de Kurumi.
–Bien... ya estás aquí.
–...
Sin previo aviso, Riogo encerró a Kobuto en un círculo de fuego, e imbuyó su katana en el mismo.
–Carajo. Ahora también deberé calcular el área del círculo para evitar un roce.
Inmediatamente Kobuto jugó a la contraofensiva, bloqueando cuantos ataques podía, mientras trataba de encontrar un hueco en la defensa de Riogo que le permitiera herirlo. Él se dió cuenta de esto, así que cambió la trayectoria de sus ataques para atacar a las piernas de Kobuto. El calor intenso, las llamas amenazantes, y las constantes maniobras ofensivas de Riogo comenzaron a desgastar a Kobuto. Tanto, que simplemente se hartó de la situación. Luego de esquivar otro posible corte, Kobuto se inclinó hacia adelante e hizo un movimiento de arriba hacia abajo en forma de arco con la katana, con el filo de la misma apuntando hacia afuera. No esperaba la gran cosa, pero sorprendentemente la espada cortó el abdomen de Riogo, quien retrocedió unos pasos, y finalmente cayó de rodillas al suelo. Al momento, el fuego se disipó, y la tensión comenzó a desvanecerse.
Al notar el silencio, Kurumi entra en la sala.
–¡KOBUTO...!
–Está bien... ahí está.–dice mientras señala a Riogo, quien está tendido en el suelo, inconsciente–Creo que estaba tan concentrado en vencerme que dejó de registrarme.
–Entonces...
–S-solo... solo déjame descansar un poco.
–Como quieras, ¿quieres comida?
–...
–¿Agua?
–...Por favor.
Al atardecer, los dos jovenes cruzaron la puerta de la residencia Inoda. Kobuto le pidió a Rumi que condujera a Kurumi a su habitación. Por lo tanto, le esperaba una intensa charla con sus padres. Se dirigió a la cocina, y ahí estaban.
–Papá. Mamá. Tenemos que hablar.
–Habla.–le responde Takeshi.
–Bueno... digamos que traje un... ¿huésped?
–¿Qué clase de "huésped"?–Pregunta Shionna, visiblemente intrigada.
–La hija de Riogo Shingo.
–¿Por qué siento que la explicación es algo que me hará enojar?
–Bueno, porque lo hará.
–Shionna, dame un momento a solas con él.
–Pero...
–Por favor.
–...De acuerdo.
Shionna se retira, y entonces Takeshi arregla el asunto de la siguiente manera: Kurumi se quedaría en la habitación de huéspedes, y estaría bajo el cuidado de Kobuto durante su estancia.
La noche se pasó desapercibida y el día siguiente llegó. Kobuto se presentó en el Ala Médica para el chequeo por protocolo. El papel solo confirmó el buen estado físico de Kobuto.
Al anochecer, luego de prepararse, fue escoltado a un vehículo blindado que se dirigía a Yokohama, el cual llegó a la ciudad a medianoche. El objetivo ahora era ir en busca del bendito contacto encubierto... Yokohama no es una ciudad pequeña, encontrarlo podría tomar días e incluso semanas. Kobuto comienza a recorrer las calles sin rumbo fijo, cuando recibe un mensaje con incógnita: "En las entrañas de las vanidades encontrarás tu guía". Con esto en mente, Kobuto se aproximó a un vagabundo cualquiera, con una pregunta algo...peculiar.
–Hey.
–¿Ah? ¿Qué quieres, mocoso? Esta pútrida ciudad ya casi no la tolero.
–¿Aceptaría 2500 yenes por darme indicaciones?
–¿Acaso quieres verme la cara de imbécil?
–¿Acaso QUIERO verle la cara de imbécil?
–...supongo que 2500 yenes me basta, ¿qué necesitas?
–El prostíbulo más cercano.
–¡Pero que insolencia! Yokohama no tiene lugar para tales lugares.
–¿3000 yenes?
–Sigues por esta calle, doblas en la primera esquina y te escabulles en el antro con un pequeño cartel. neón.
–Perfecto, aquí tiene.–y le entrega el dinero.
–Je... ten una linda noche, muchacho.
Kobuto sigue las indicaciones del vagabundo, y efectivamente, hay un prostíbulo disfrazado, como si fuera un antro cualquiera. Al entrar, ignora por completo su alrededor y centra su mirada en una mujer joven, que pareciera estar esperando a alguien. Pasa junto a ella, y le reenvía el mensaje.
–...No soy estúpida, Kobuto.
–¿De malas, Renka?
–Huh, ¿y cómo crees? Cuando me dijeron "irás como agente encubierto", no me imaginé serlo durante DOS MALDITOS MESES.
–Oookey, pero al menos ya estoy aquí.
–Ja ja, muy chistoso.
–Hm... bien, vayamos al grano.
–De acuerdo. Las últimas lecturas de la anomalía no han salido de la Plaza Central. Ten cuidado, hace bastante tiempo que no se detectan lecturas tan altas.
–Lo tendré en cuenta.
Renka Aida es prima de Kobuto, por parte de Shionna. Forma parte del Operativo de Élite, siendo su pieza mas valiosa. Esta le dió algo de dinero a Kobuto para que se hospede en un hotel.
Al día siguiente comienza la cacería. Kobuto recorre la ciudad hasta llegar a la famosa Plaza Central. Las lecturas se concentraron en un edificio totalmente abandonado y deteriorado, alejado del resto de la urbe. Se acercó a él, y poco a poco el ambiente comenzó a sentirse más denso.
De pronto, algo cortó el aire como una espada, y no solo el aire, sino que también destrozó las columnas y toda la pared, causando que el edificio se venga abajo. Kobuto sale antes del derrumbe, y frente a él, cuando el polvo se disipa, se presenta una figura tempestuosa: de unos dos metros, vestido con una armadura blindada como si fuese un caballero medieval, y la cabeza envuelta con el yelmo y un sudario que le cae hasta los codos. El objeto con que destruyó el edificio resultó ser unas armas gemelas, que consisten en dos espadas grandes tipo cleaver, mucho más robustas que una katana común. Sus hojas eran anchas y rectangulares, con un filo grueso, parecidas a cuchillas de carnicero. Tenían un tono oscuro, casi negro, con detalles metálicos que reflejaban la luz. Ambas estaban unidas por una cadena metálica larga, quizás de un metro y medio. Sus empuñaduras eran largas y firmes, que parecían diseñadas para ofrecer un buen agarre y control pese al peso del arma.
La escena no era lo que se esperaba: el robusto caminante no se movía ni un centímetro, ni parecía tener la intención de hacerlo. Kobuto avanzó aprisa para atacarlo, saco la katana y alzó la carrera, pero el robusto caballero simplemente arrojó una de las cuchillas hacia él, y comenzó a pasarla a su alrededor como una cúpula. Kobuto cambió su postura y retrocedió, y comenzó a arrojarle los kunai que traía consigo. Nada, las bloqueó todas. La situación comenzaba a empeorar.
Finalmente Kobuto decidió atacar con todo lo que podía, pero lo que recibió... ¡SHCK! Un corte limpio, y Kobuto cayó de rodillas lejos de él. Cuando salió del shock, miró a su izquierda... y su brazo izquierdo no estaba. La sangre comenzó a salir de su cuerpo como una cascada, y comprensiblemente comenzó a marearse hasta caer al suelo.
Cuando el caminante comenzó a caminar hacia él, algo comenzó a golpearlo... un niño, quizá de unos cinco o seis años, que le arrojaba guijarros.
–¡O-oye...! ¡Deja de l-lastimarlo!
Kobuto oyó sus gritos cargados de miedo.
–Maldita sea, mocoso... corre.
El monstruo dirigió la cuchilla rápidamente hacia el niño, con la intención de quitar a ese estorbo del camino, y justo cuando la hoja del arma iba a llegar a él... en un acto completamente suicida, Kobuto desvió la ruta de la cuchilla con las pocas fuerzas que le quedaban. De inmediato, corrió con todas sus fuerzas, saltó y enterró la katana en la cabeza del caminante con tanta fuerza que la hoja de la espada se partió, pero solo consiguió romperle el yelmo.
El caminante, notoriamente disgustado con esto, se preparó para darle el golpe de gracia, y fue en ese momento que de él comenzaron a brotar chispas de una flama, para inmediatamente estallar en miles de pedazos carnosos ¿Qué sucedió? Takeshi, aunque severo con su palabra, cedió ante su instinto paterno y se escabulló en Yokohama, esperando a que Kobuto detecte al caminante. Ya que su hijo estaba al borde de la muerte, decidió acabar de inmediato con la pelea. Al ser el actual Grimario de Hono, el heraldo de la Encarnación de la Llama, era de esperarse que desprendiera este elemento en sus ataques.
Pero ahora había un asunto mucho más importante: su hijo. Kobuto finalmente se desmayó ante la perdida de sangre.
Al despertar, se encontró en una habitación del Ala Médica, estaba de nuevo en Hakodate. Cuando termino de incorporarse, lo primero que hizo fue corroborar si todo fue un mal sueño, pero no. El brazo izquierdo seguía ausente, y en su lugar había tan solo había un muñón justo a la altura del hombro.
El objetivo se había cumplido. El caminante, identificado como Koraku, había sido eliminado. De milagro, Kobuto había vuelto con vida.
Si este fue tan solo uno de sus primeros pasos ¿Qué habría más adelante para él?








