Colonia 11
La alarma sonó.
Los 11 se despertaron y se vistieron sin decir una sola palabra entre ellos. Poco a poco fueron saliendo del cuarto de camas y siguieron las líneas rojas pintadas en el suelo, que los guiaron hasta una sala con una mesa en el centro.
Cada uno tomó su respectivo lugar.
De la mesa salió una caja con una especie de auricular coclear y un botón verde brillante. Los 11 se colocaron los dispositivos y, después de unos segundos, un mensaje comenzó a reproducirse.
"Si entienden lo que digo, aprieten el botón verde."
Los 11 presionaron el botón cuando el mensaje terminó.
Cuando los once botones estuvieron presionados, una pantalla se encendió en la pared. En ella apareció un hombre afroamericano, con el rostro serio y tantas medallas como su pecho podía sostener.
—Buen día a todos —su voz gruesa resonó por toda la sala—. Primero que nada, quiero agradecerles, en nombre de toda la humanidad, por aceptar esta peligrosa misión. No muchas personas son capaces de tener el coraje necesario para emprender algo así.
Hizo una pequeña pausa.
—Segundo, esta es su misión: tienen que hacer un mapeo lo más detallado posible del lugar donde se encuentran. Están en una especie de mundo paralelo.
Los 11 se miraron entre ellos, todavía sin decir una sola palabra.
—Hace unos años, unos científicos descubrieron un pasaje hacia donde están ahora mismo. Gracias a ese pasaje pudimos enviar diferentes elementos a este mundo, construir la instalación donde habitan, transportar los vehículos y enviar los recursos que utilizarán.
En la pantalla comenzaron a mostrarse diferentes vehículos diseñados para distintos tipos de terreno, además de estanterías llenas de cajas perfectamente ordenadas y etiquetadas.
—Para finalizar, en la entrada les dejamos los complementos de sus trajes.
La imagen cambió y mostró la entrada de la base.
—Cada uno tendrá cascos, guantes y botas personalizadas para poder explorar este mundo. También tendrán máscaras con tanques de oxígeno, ya que nuestros primeros estudios demuestran que existe cierta anomalía en la composición de su atmósfera.
La imagen volvió al hombre, quien ahora tenía un rostro todavía más serio.
—Eso es todo lo que tienen que saber sobre su misión. Espero que su Dios los proteja y les deseo la mejor de las suertes, Colonia 11.
El sonido de la pantalla apagándose se escuchó, y el silencio invadió cada centímetro del lugar.
Los 11 se quedaron quietos, mirándose unos a otros.
Entonces, un hombre se levantó de su silla.
Sus manos gruesas parecían capaces de romper árboles con un solo apretón. Sus brazos eran enormes y su espalda parecía la de un armario matrimonial. Todo eso acompañado por un rostro serio y de pocos amigos. Era alguien que intimidaba simplemente con respirar.
Una vez de pie, enderezó su postura y respiró profundamente.
—Al menos no dijo que vamos a explotar —dijo sonriendo, mostrando sus dientes perfectamente blancos.
—Todavía —acotó una mujer con mechones violetas sentada en la punta de la mesa, haciendo que el hombre soltara una fuerte carcajada.
—Exacto. Como ninguno tomó la iniciativa, voy a tener que hacerlo yo.
Sacó un papel de su bolsillo.
—Mi nombre es Marin...
—No podemos usar nombres —acotó una mujer frente a él, de origen asiático. Su mirada hizo que el gran hombre se detuviera.
—Sí, ya sé, reina, no me dejaste terminar.
Comenzó a mirar el papel con algo de nerviosismo.
—Como iba a decir, mi nombre es Marinero. Fui traído para realizar trabajos de fuerza y orientación durante las exploraciones.
Otro hombre, sentado en el extremo de la mesa, se levantó.
—Hola a todos, me llamo Técnico.
Saludó haciendo una pequeña reverencia, llevando una mano hacia su estómago.
—Técnico es un nombre muy general para lo que hago. Me dedico al estudio del sonido, soy consultor de resonancia en filmaciones y artista de Foley, así que, técnicamente, soy más un técnico de sonido.
La mujer frente a él, con mechones violetas y unos auriculares colgando de su cuello, se levantó de su asiento.
—¿Qué tal, niñas? Me llamo Gamer. Soy experta en MMO, RPG, FPS y piloto profesional de drones.
—Una Gamer —dijo Marinero, soltando una sonrisa—. ¿De qué nos sirve eso? ¿Vas a jugar Pac-Man con las criaturas?
—No, pero podría jugar al doctor con tu mamá.
Por un momento todos quedaron en silencio.
Luego, varias risas llenaron la sala, excepto por la mujer asiática sentada frente a Marinero.
Ella se levantó para presentarse.
—Hola a todos.
Hizo una pequeña reverencia.
—Me llamo Médico. Soy experta en medicina de todo tipo. Mi rol será mantenerlos a todos con vida.
Los miró a todos por igual, pero al terminar su recorrido su mirada se detuvo en Marinero.
—Espero no tener problemas con ninguno.
Marinero tragó saliva y apartó ligeramente la mirada.
—¿Alguien más quiere hablar? —preguntó. Su voz se quebró un poco al sentir la mirada de Médico—. Por favor.
La mujer a su lado se levantó. Sus hombros eran más anchos que el promedio y sus músculos estaban bien definidos.
—Un gusto. Me llamo Rescatista. Soy experta en terrenos peligrosos, escalada sin equipo protector y rescates en grandes alturas.
Miró a Marinero y lo golpeó suavemente con su hombro.
—Tranquilo, fortachón. Que esta no te intimide.
—No, no es eso, es que...
Marinero volvió a tragar saliva.
—¿Alguien más quiere presentarse?
Miró de reojo a Médico.
—Por favor.
Un hombre con anteojos y el pelo completamente desordenado se levantó.
—Supongo que yo.
Se acomodó los anteojos antes de continuar.
—Mi nombre es Arqueohistoriador.
Todos lo miraron confundidos.
—¿Qué es eso? ¿Se come? —preguntó Gamer, soltando una pequeña risa.
—Si tienes buenos dientes, sí.
El hombre esperó una reacción, pero al ver que nadie se reía, carraspeó incómodo.
—Me dedico al estudio de la Arqueología, pero mi profesión actual es Historiador.
—Entonces eres Historia —acotó Marinero.
Historiador lo miró por encima de sus anteojos.
—Historiador —corrigió—. Aunque sí, mi profesión tiene que ver con la Historia, es un poco más que eso...
—Bueno, están tardando mucho —interrumpió una mujer rubia mientras se levantaba—. Soy Mecánica.
Se cruzó de brazos.
—Más específicamente, soy especialista en electrónica y maquinaria de alta complejidad.
La mujer a su lado se levantó rápidamente.
—Hola, hola, hola, hola, hola.
Parecía querer decir la palabra "hola" en diferentes idiomas, pero el traductor universal hacía que todos sonaran exactamente igual.
—Mi nombre es Lingüista. Me encargo de estudiar las lenguas...
—¿Ah, sí? ¿Qué dice la mía? —preguntó Marinero, sacando la lengua.
Todos soltaron una risa.
Lingüista lo observó durante unos segundos.
—Que te hace falta comer fruta—Historiador aprovechó el momento para ser gracioso.
Al notar que nadie se reía, bajó la mirada y volvió a carraspear.
Gamer sacó algo de su bolsillo y se lo entregó.
—¿Qué es esto? —preguntó Historiador.
—Un chicle para la tos.
Historiador lo miró durante unos segundos, pero finalmente se lo comió sin decir nada.
Un hombre se levantó después, mirando a todos con una expresión de superioridad.
—Hola.
Suspiró profundamente antes de continuar.
—Cordiales saludos a todos. Mi nombre para esta misión será Cocinero y me encargaré de llenar sus estómagos con mis delicias.
Sacó una hoja de papel y un lapicero de su bolsillo.
—Cuando tengan tiempo, pongan aquí si tienen alguna alergia o si llevan algún tipo de dieta.
Dejó el papel sobre la mesa. El sonido del lapicero al caer fue más fuerte de lo esperado.
—Porque por lo que veo, aquí hay varios que comen como bestias.
Miró de reojo a Marinero y Rescatista.
—Y, enganchando con él...
Otro hombre se levantó.
—Me llamo Botánico. Me dedico al estudio de la flora, pero también tengo experiencia con la fauna.
—Okey.
Marinero juntó sus manos rápidamente, generando un aplauso involuntario.
—¿Supongo que somos todos? Tengo ansiedad de ver qué hay afuera.
Rescatista chocó suavemente su hombro contra el de Marinero.
Él la miró confundido.
Entonces ella señaló al último hombre sentado en la punta de la mesa.
Él permanecía en silencio. Su postura hacía que pareciera más pequeño de lo que realmente era.
—Hombrecito, faltas tú.
Marinero lo tomó de los hombros y lo levantó.
—Vamos, amigo. Cuéntanos qué hay de ti.
—Justamente eso falta —respondió el hombre nervioso.
—No entiendo.
—No tengo nada especial.
—¿Cómo? —preguntó Gamer—. ¿Nada que decir?
—No, nada.
Médico miró la tarjeta de su traje.
—¿Qué dice tu tarjeta?
El hombre la observó.
—Once.
—¿Once?
—Sí.
Asintió lentamente.
—Fui elegido entre millones de voluntarios, pero todavía no entiendo por qué.
—Algo tendrás, amigo —dijo Rescatista.
—Belleza no creo —comentó Gamer.
El hombre la miró.
—Tú tampoco eres la manzana más linda del puesto.
Gamer sonrió.
—Pero sí la más sabrosa.
—Chicos, en serio —interrumpió Marinero—¿No quieren ver qué hay afuera?
—Sí, pero ¿qué hay de él? —dijo Técnico, señalando al hombre—. ¿Cómo le decimos?
—¿Qué te parece si te llamamos 11? —dijo Marinero, mirándolo.
El hombre lo pensó durante un segundo.
Luego asintió.
—Bueno, arreglado.
Marinero le palmeó el hombro.
—Vamos, que me estoy impacientando.
Marinero empezó a caminar hacia la salida. Los demás caminaron detrás de él, algunos más emocionados que otros, pero todos tenían algo en mente.
Querían ver qué había afuera.
Los 11 llegaron frente a una puerta metálica doble. Sobre ella, una luz roja comenzó a encenderse.
—Bienvenidos, colonos. Mi nombre es Sistema Central de Administración y Diagnóstico 11, o SCA-11, para mayor comodidad.
Una voz robótica salió de los parlantes. Todos miraron hacia los lados, buscando de dónde venía.
—Espero poder ser de utilidad durante su misión.
—Oye, GLaDOS —interrumpió Gamer—, estamos apurados.
—No molestes a HAL —susurró Técnico, quien estaba detrás de ella—. Si algo nos mostró el cine, es que las inteligencias artificiales siempre se revelan.
—Le aseguro que eso no ocurrirá, señor Técnico —respondió SCA-11—. Fui programado únicamente para servir a los colonos de la Colonia 11.
—O sea, a nosotros, ¿no? —preguntó 11.
—Así es, 11° Colono.
—Nos dejarías salir, por favor —pidió Marinero, dando un paso adelante.
La puerta de la base comenzó a abrirse.
Una luz intensa entró desde el exterior y los encandiló.
Sus ojos se habían acostumbrado a las luces frías y casi a la oscuridad constante de la base, por lo que la claridad del exterior era casi abrumadora.
Los 11 salieron cubriéndose los ojos. Algunos entrecerraron la mirada, otros simplemente esperaron unos segundos hasta que sus pupilas se adaptaron.
Cuando finalmente pudieron mirar, se encontraron con una enorme base cubierta por un domo de cristal.
Y detrás de él...
Un mundo entero esperando ser descubierto.
Aves volaban en perfecta sincronización por los cielos turquesas. Animales terrestres se alimentaban del pasto color esmeralda que cubría una parte del prado.
A lo lejos, una espesa niebla ocultaba lo que todavía no había sido explorado, mientras pequeños destellos azules recorrían el paisaje como si algo desconocido se moviera entre la vegetación.
Los 11 se quedaron completamente inmóviles.
Sus ojos no podían creer lo que estaban viendo.
Las palabras no alcanzaban para describir las emociones y sensaciones que estaban sintiendo en ese momento.
Después de unos segundos de silencio, 11 fue el primero en hablar.
—Bueno...
Miró el enorme mundo frente a ellos.
—Creo que ya no estamos en Kansas.








