Bienvenido a Los SuperAmigos
CAPÍTULO 1: Bienvenido a Los SuperAmigos
La puerta chirrió con un silbido metálico al abrirse, empujada por la brisa que entraba por la ventana.
En la habitación no había cámaras de televisión, focos de colores ni alfombras rojas. Solo había una mesa de madera reforzada con esquineras de metal gastado donde Cero Absoluto revisaba la carpeta médica de Samuel, mientras el chico de dieciocho años jugaba nervioso con los hilos sueltos de su sudadera.
—Samuel... —dijo Gabriel sin mirarlo directamente a los ojos, con la vista clavada en los papeles—. Tus análisis de Global Group dicen que despertaste el gen en la cocina de un restaurante de comida rápida. Un paquete físico básico, resistencia balística modesta, vuelo estándar... En el papel eres un chico mediocre, pero para mi equipo eres un miembro de los... bueno, de los SuperAmigos.
Gabriel alzó la mirada y le dedicó una sonrisa rápida e inestable.
—Bienvenido a Los SuperAmigos. Aunque seamos el grupo más pequeño de la Ciudad X, tenemos un gran... un gran... Lo siento, se me olvidó la palabra. Oye, ¿te molesta que te diga crack? ¿O prefieres compañero, amigo... o Catalizador?
—Na, tranquilo, Cero Absoluto —interrumpió el chico, rascándose la nuca—. La verdad es que no me gusta ese nombre de "Catalizador". Me lo pusieron en Global Group durante la entrevista y el examen médico. Solo dime Samuel... o Sami para los amigos. Por cierto, gracias. ¿Cómo te llamas tú?
—Me llamo Gabriel. Gabi para los muchachos —respondió ajustándose los audífonos de cancelación de ruido—. Los demás miembros están ahora mismo en una misión de alto riesgo... rescatando a un gato atrapado en un árbol. Por eso no están en el Búnker-Amigos. Que, por cierto, el búnker es el sótano de la casa de mi mami.
Samuel se quedó congelado a mitad de un parpadeo.
¿Un gato? —pensó para sí mismo, sintiendo cómo su cerebro intentaba procesar la información—. ¿No pelean contra monstruos o villanos de Rango S? ¿Están salvando a un gato?
—P-pero cuando lleguen te los presento —continuó Gabi rápidamente, entrelazando los dedos con nerviosismo—. Ellos no saben nada todavía. Puse un cartel en el Domino's Pizza para buscar nuevos integrantes porque... bueno, necesitamos más amigos. Ya sé que rescatar gatos o ayudar en lo que sea no es tan impresionante como mover edificios con una mano, como hizo Virus-VU hace cinco días, pero...
—¡Gabi, cariño! —resonó una voz cálida desde la parte alta de las escaleras del sótano—. ¡Dejen de hablar y vayan bajando a la cocina! Cociné fideos con carne de vaca, justo como te gusta.
—¡Ya voy, mami! —gritó Gabi con una emoción infantil instantánea.
Se quitó los audífonos, los dejó con delicadeza sobre la mesa y miró a Samuel con los ojos brillando de entusiasmo.
—Vamos, baja, Sami. Hay fideos con caca... ¡digo, con vaca! Lo siento, me confundí de palabra. Digo... si te gusta comer vaca.
—¿Por qué no? La verdad es que tengo hambre —respondió Samuel con una media sonrisa, aunque un destello de sombra le cruzó la mirada—. Le prometí a mi padre que comería en casa, pero... que se vaya al carajo ese viejo.
Gabi dio un pequeño salto, sorprendido, y se cruzó de brazos.
—¡Oye, no digas groserías! La educación es importante, y se supone que somos héroes. Pero bueno, tengo hambre. Vamos abajo a ver la tele, que hoy van a transmitir cómo los de Halo Horizon derrotaron a un monstruo ayer.
Unos minutos después, el ambiente en la casa era extrañamente pacífico. Mientras Gabi devoraba su plato frente al televisor —donde los héroes corporativos sonreían entre explosiones calculadas—, Samuel se quedó en la barra de la cocina observando el humo que salía de su plato de fideos.
La madre de Gabi se acercó a servirle un vaso de agua fresca.
—Oye... mamá de Gabi —murmuró Samuel con timidez.
—Solo llámame María, cariño —le sonrió la mujer, limpiándose las manos en el delantal.
María dejó el trapo sobre el mesón y miró a su hijo con una mezcla de orgullo y dolor contenido.
—Mi hijo tiene Autismo profundo, TDAH y una sensibilidad sensorial extrema, Samuel. Cuando despertó su gen, las corporaciones lo citaron, lo evaluaron como a un objeto y luego lo tiraron a la basura porque no sabían cómo manejar su condición frente a las cámaras. Pero Gabi solo quiere ayudar a la gente, como cualquier muchacho. Tiene una mente brillante para la física y las trayectorias, pero socialmente es muy frágil.
María se inclinó ligeramente hacia Samuel, bajando la voz para que Gabi no la escuchara por encima de la televisión.
—Su padre no quiso saber nada de esto y nos abandonó. Así que solo estamos él, yo y sus amigos. Por eso te pido un favor, Samuel... cuídalo. Yo tengo que trabajar doble turno y no puedo estar en todos lados. Me da pánico que cuando salga a la calle, esos mocosos engreídos de las corporaciones lo acosen o le hagan daño mental. Él no sabe defenderse del desprecio de los demás.
—Gracias, María... y gracias por pedirme que cuide a Gabi —murmuró Samuel, apretando la taza entre sus manos—. Me recuerdas mucho a mi madre, antes de que muriera por culpa de un meta...
Samuel no pudo terminar la frase.
Su súper oído captó el frenazo seco de botas pesadas afuera de la casa, acompañado por el crujido de Cemento Balístico agrietándose en la acera. Un segundo después, su olfato le trajo un hedor amargo: ozono quemado, sudor helado y el ambiente hostil de una amenaza inminente.
—¡Déjanos en paz! —rebotó afuera la voz amplificada de Deaf-Tone, repitiéndolo por la tensión—. ¡Déjanos en paz!
—¡Vete al carajo! ¡Déjanos en paz, Apex Predator! —gritó Polilla desde el patio delantero.
—A mí no me hablas así, fenómeno de mierda —respondió una voz grave, áspera y cargada de un asco desmedido—. ¿O quieres que te arranque la otra mitad de esa cara de calamar?
Bajo la luz del poste de la calle destacaba la capa verde y el traje táctico reforzado de Apex Predator, un héroe corporativo de baja categoría pero actitud matonesca.
—¡Gabi, hijo, sube al sótano! —ordenó María con el rostro pálido—. ¡Samuel, por favor, ayuda a los muchachos!
Antes de que Samuel pudiera cruzar el marco de la puerta, un impacto seco retumbó en la calle. Apex Predator le asestó un puñetazo directo a Polilla en el pecho, una embestida con fuerza suficiente para desplazar un vehículo de cinco toneladas. El cuerpo de Lucas salió disparado, estrellándose contra la verja.
—¡Mierda! ¿Qué te pasa, Apex Predator? —gritó TDA-X, apareciendo en un destello de supervelocidad para ponerse frente a él, mientras Deaf-Tone retrocedía con puro terror en la mirada—. ¡Lo vas a matar!
—¿Y qué si mato a este monstruo? —se burló Apex Predator, escupiendo al suelo—. Nadie va a recordar la vida de un defectuoso...
No pudo terminar la frase. Samuel no le dio tiempo.
Explotando en un impulso que ni él mismo entendía, echó a volar a Mach 1, cortando el aire hiper-denso y dejando una pequeña onda de choque que reventó los cristales de las ventanas cercanas.
—¡Hijos de puta! ¡Es la cuarta vez que me rompen la pared! —bramó de pronto el vecino de al lado, saliendo a su porch fuera de sí y apuntando con una escopeta de caza—. ¡Fuera de mi propiedad!
El anciano apretó el gatillo. Los perdigones salieron disparados hacia Apex Predator, pero la piel reinforced del héroe ni siquiera los sintió. Con reflejos hiper-desarrollados, la criatura corporativa esquivó la ráfaga, atrapó uno de los perdigones en el aire con dos dedos justo antes de que le diera en el ojo y, sin pestañear, lo lanzó de regreso con un chasquido cinético.
El proyectil atravesó el cráneo del vecino, matándolo al instante mientras su cuerpo caía pesado contra el muro de madera.
Samuel, Val, Sofi y Lucas se quedaron congelados. La cara de terror en los cuatro era absoluta: acababan de ver a un héroe con licencia asesinar a un civil inocente solo por molestarlo.
—¡Váyanse a la mierda! —gritó Apex Predator, perdiendo el control y agarrando un auto estacionado por el chasis para arrojarlo contra el grupo—. ¡Los voy a matar a todos ahora mismo!
Samuel sintió una descarga eléctrica en la espina dorsal. Sus sentidos hiper-aumentados gritaron peligro inminente. Esquivó el vehículo volador por instinto y, movido por el pánico ciego de proteger a los demás, lanzó un golpe desesperado al pecho del héroe.
CRACK.
El sonido no fue el de un impacto normal. Fue el crujido hondo de carne, hueso y aleación rompiéndose.
Samuel sintió cómo su puño atravesaba el pecho de Apex Predator de lado a lado.
El tiempo pareció detenerse. Ambos se quedaron mirándose a escasos centímetros: Samuel con los ojos desorbitados por el horror de lo que acababa de hacer, y Apex Predator con una mueca de pura confusión y shock, incapaz de entender de dónde había salido semejante monstruosidad de fuerza.
El héroe corporativo se desplomó pesado sobre la tierra, inerte.
—Amigo... ¿q-qué hacemos ahora? ¿Qué carajo hacemos? —susurró Polilla.
La mitad humana de su rostro estaba morada por el impacto anterior, aunque su factor curativo ya empezaba a cerrar la piel lentamente. Lucas no miraba el cadáver del héroe; miraba con un nudo en la garganta el cuerpo sin vida del vecino. Era un viejo cascarrabias que odiaba a los metahumanos, pero era un inocente al que debieron proteger.
Samuel miró su mano, empapada en sangre, temblando descontroladamente.
¿Qué carajo acaba de pasar? —pensó Samuel, sintiendo el corazón latiéndole en los oídos como un tambor de guerra—. Hace cinco días en Global Group apenas podía mover un mueble reinforced... Mi fuerza, mi velocidad, mi resistencia... todo mejoró de la noche a la mañana. ¿Qué me está pasando?








