Customize readability
Aa

Proyecto Olympia: Origenes [ESPANOL / SPANISH]

All Rights Reserved ©

Summary

Jarlene Sideris tenía una vida normal y un futuro planeado. Todo eso desapareció en un segundo. Tras sobrevivir a un catastrófico accidente que debió haberla matado, Jar no solo despierta ilesa, sino... cambiada. Su cuerpo ha comenzado a desobedecer las leyes de la física. Cada día es más alta, más fuerte, más densa. Encerrada bajo la custodia de A.E.G.I.S., una agencia gubernamental que la ve más como un arma que como una mujer, Jar lucha por mantener su cordura mientras su humanidad se ve consumida por una fuerza biológica imparable. Su amigo, Dan, es lo único que la mantiene anclada a la realidad. Pero mientras Jar se convierte en algo que el mundo jamás ha visto, la pregunta ya no es si podrán curarla... sino para qué se está preparando su cuerpo. ¿Es una evolución? ¿Una enfermedad? ¿O el despertar de algo que debió permanecer dormido?

Genre
Scifi
Author
DMCBurns
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1: TERMODINAMICA

ESCENA 1: TERMODINÁMICA

Ubicación:Cafetería del Proyecto Túnel “Atlas” – Sector 4.Hora:12:30 PM.

El aire en la cafetería subterránea olía a grasa recalentada, café quemado y sudor industrial. Cientos de ingenieros y obreros abarrotaban las mesas de metal, un mar de chalecos naranjas y cascos amarillos gritando para hacerse oír sobre el zumbido constante de los generadores de ventilación.

En una mesa del rincón, aislada por una barrera invisible de concentración, estaba la Dra. Jar Sideris.

No estaba revisando planos. No estaba mirando su teléfono. Estaba comiendo.

Delante de ella había tres bandejas de plástico gris, apiladas con una cantidad de comida que habría enfermado a dos hombres grandes. Montañas de pasta pálida, tres filetes de carne nadando en salsa, media barra de pan y cuatro envases de yogur industrial.

Jar no comía con placer. Comía con la eficiencia mecánica de alguien que carga carbón en una caldera que se está apagando.

Su mano derecha, sosteniendo un tenedor de metal barato, temblaba. Un tremor fino, rítmico, casi imperceptible.

Calorías dentro. Energía fuera. Mantener el sistema operativo,—pensó Jar, masticando un trozo de carne dura sin saborearlo—.¿Por qué sigue bajando el indicador?

A pesar de las cuatro mil calorías que acababa de ingerir en veinte minutos, el vacío en su estómago no desaparecía. No era hambre. El hambre es una señal del estómago. Esto era diferente. Era una alarma sonando a nivel celular. Sentía que su sangre era demasiado fina, que sus huesos vibraban con una frecuencia que no podía escuchar.

—¿Entrenando para un ultramaratón, Jefa?

Jar se detuvo, con el tenedor a medio camino. Levantó la vista. Mike, el capataz de perforación, estaba de pie junto a su mesa, sonriendo con esa mezcla de respeto y burla que los hombres grandes reservan para las mujeres que pueden levantar más peso que ellos.

Jar tardó un segundo en procesar la pregunta. Su cerebro se sentía lento, nublado por la demanda metabólica.

—No, Mike —respondió ella. Su voz sonó ronca, como si no la hubiera usado en horas—. Solo... mantenimiento.

Mike soltó una risita, echando un vistazo a las bandejas vacías.

—Mantenimiento. Claro. Si yo comiera así, necesitaría una grúa para levantarme de la silla. Pero tú... —Mike la miró, notando por primera vez la palidez de su piel, el sudor frío que perlaba su frente a pesar del aire acondicionado—. Oye, ¿estás bien? Te ves... intensa.

Jar miró su mano derecha. El temblor había empeorado. Dejó el tenedor sobre la bandeja.

—Estoy bien —mintió.

Pero no lo estaba. Bajó la mirada hacia el tenedor. Sin que ella hubiera hecho ningún esfuerzo consciente, el mango de metal barato estaba retorcido, doblado en un ángulo de noventa grados, con la huella de su pulgar profundamente marcada en el acero inoxidable.

El corazón de Jar dio un vuelco. Escondió el tenedor deformado debajo de una servilleta antes de que Mike pudiera verlo.

—Solo siento... —Jar buscó las palabras, frotándose el esternón, donde el calor se sentía más intenso—... que me estoy quedando sin gasolina. Todo el tiempo.

Una alarma estridente cortó la conversación. La luz roja de emergencia comenzó a girar en el techo.

“ALERTA DE FALLO ESTRUCTURAL EN SECCIÓN B. EVACUACIÓN INMEDIATA.”

La mirada de Jar cambió instantáneamente. El cansancio desapareció, reemplazado por el enfoque de la ingeniera. Se puso de pie de un salto, la silla de metal chirriando contra el suelo.

—Esa es mi sección —dijo Jar, agarrando su casco.

El “hambre” rugió en su interior, una bestia despertando en la oscuridad, exigiendo combustible para lo que estaba por venir. Jar lo ignoró y corrió hacia el túnel.

ESCENA 2: PUNTO DE RUPTURA

Ubicación:Túnel “Atlas” – Zona de Perforación Profunda.Hora:12:45 PM.

Jar corría contra la marea.

El túnel principal era un río de chalecos naranjas que fluía hacia la superficie, una estampida de hombres gritando, empujándose, huyendo del polvo que comenzaba a bajar desde el techo como nieve gris.

—¡Atrás! ¡Va a ceder! —gritó un operario, chocando contra el hombro de Jar al pasar.

Ella no se detuvo. Su mente de ingeniera ya no veía personas; veía vectores de fuerza, cargas y resistencias. Si la Sección B colapsaba, el diferencial de presión succionaría el aire de los túneles conectores, matando a cualquiera que estuviera en los niveles inferiores. Tenía que llegar a la compuerta de contención manual.

El aire se volvió denso, cargado de partículas de sílice y el olor metálico del ozono. Las luces de emergencia parpadeaban, proyectando sombras largas y danzantes sobre las paredes de roca viva.

Llegó a la “Zona Cero”.

La vista era una pesadilla de ingeniería. Uno de los soportes hidráulicos principales, un pistón de acero del tamaño de un tronco de secoya, estaba gimiendo. El metal chirriaba, un sonido agudo y doloroso, como un animal muriendo. La roca sobre él se estaba fracturando, escupiendo esquirlas de piedra que caían como metralla.

Debajo del soporte, paralizado por el terror o una pierna atrapada, estaba un técnico joven.

—¡Muévete! —rugió Jar, su voz rompiendo el estruendo industrial.

Se lanzó hacia él. No había tiempo para desatascarle la pierna con cuidado. Jar agarró al hombre por el arnés de seguridad y tiró con toda la fuerza de su espalda, usando sus piernas como palanca. El hombre gritó cuando su tobillo se liberó bruscamente, pero salió despedido hacia la zona segura del pasillo.

—¡Cierra la compuerta! —le ordenó Jar, señalando la puerta de acero a diez metros—. ¡Ciérrala ahora!

—¡Pero tú estás dentro! —gritó el técnico, arrastrándose.

—¡Hazlo!

Jar se giró hacia el soporte hidráulico. Sabía que era inútil, sabía que era una locura, pero su instinto le decía que si podía liberar la presión de la válvula de emergencia, tal vez ganaría unos segundos para que el resto escapara.

Se agarró a la rueda de la válvula, el metal caliente quemándole las palmas a través de los guantes. Sus músculos se tensaron, bíceps y espalda trabajando al límite de su capacidad humana.

Gira, maldita sea. Gira.

La válvula cedió un centímetro. El vapor siseó.

Pero la geología no negocia.

Un crujido profundo, visceral, resonó en la base de su cráneo. No vino de la máquina. Vino de la montaña encima de ellos.

Jar levantó la vista.

El techo del túnel no se agrietó; simplemente se disolvió. Una losa de granito, del tamaño de un autobús escolar, se desprendió de la oscuridad superior.

No hubo tiempo para correr. No hubo tiempo para gritar.

Jar solo tuvo tiempo para levantar los brazos en un gesto reflejo y fútil, un intento instintivo de protegerse la cabeza contra la caída del mundo entero.

El impacto fue absoluto.

La luz se apagó. El sonido se apagó. El aire fue expulsado de sus pulmones con violencia.

Y luego, solo hubo peso.

ESCENA 3: LA TUMBA

Ubicación:Bajo los escombros del Sector 4.Hora:Desconocida.

Oscuridad. No era la oscuridad de una habitación sin luz. Era una oscuridad sólida, física, que se metía en los ojos y la boca. Una oscuridad que pesaba.

Jar intentó respirar, pero su pecho no se expandió. Una losa de hormigón le aplastaba el tórax contra el suelo de roca. Solo podía tomar sorbos de aire superficiales, agónicos, llenos de polvo.

El dolor no era localizado. Era una frecuencia blanca y constante que gritaba desde cada terminación nerviosa.

Informe de daños,—su mente de ingeniera intentó tomar el control, buscando refugio en la lógica para no caer en la locura—.Fémur derecho: fracturado. Compresión torácica: crítica. Costillas 4, 5 y 6: rotas. Hemorragia interna probable.

Intentó mover las piernas. Nada. Estaba clavada como una mariposa en un tablero de corcho, atravesada por el peso de la montaña.

Carga estimada: 40 toneladas,—calculó—.Resistencia estructural del cuerpo humano: Excedida. Tiempo de vida restante: Minutos.

Iba a morir. La matemática era irrefutable.

Entonces, la montaña se movió.

Un asentamiento secundario. La losa que la aplastaba se deslizó unos centímetros más abajo, triturando lo que quedaba de espacio vital.

Jar abrió la boca para gritar, pero no salió sonido, solo un gorgoteo de sangre. El pánico, frío y primitivo, inundó su cerebro, barriendo las ecuaciones y la lógica.

Y en ese vacío de terror, el “Hambre” despertó.

No fue un pensamiento. Fue una orden biológica que subió desde la médula de sus huesos, violenta y antigua.

ACTIVAR PROTOCOLO GAIA.PRIORIDAD: SUPERVIVENCIA.COSTO: TODO.

El primer sonido fue el más horrible.

¡CRACK!

No fue la roca rompiéndose. Fue su propio esqueleto. Jar sintió cómo sus huesos rotos no se curaban, sino quecambiaban. Se sentía como si le inyectaran cemento hirviendo en la médula. Sus fémures vibraron y se densificaron, calcificándose a una velocidad imposible, soldando las fracturas con una masa ósea más dura que el acero.

Gritó contra la tierra, un sonido animal, mientras su columna vertebral se arqueaba y chasqueaba, reconfigurándose para soportar la carga.

Luego vino el calor. Su sangre comenzó a hervir. Su temperatura corporal se disparó a 42 grados, luego a 45. Las calorías de su última comida, y cada gramo de grasa de su cuerpo, fueron incinerados en un segundo para alimentar el horno.

¿Qué me está pasando? ¡PARA!

Pero su cuerpo ya no obedecía a su mente. Obedecía al gen.

Su piel se tensó hasta volverse translúcida. Debajo, algo se movía. Algo crecía. Las fibras musculares de sus hombros y espalda se desgarraron, no por el peso de la roca, sino desde adentro. Se dividieron. Una fibra se convirtió en dos. Dos en cuatro. Cuatro en ocho.Mitosis hiper-acelerada.

Su uniforme de ingeniera, hecho de tela resistente, se tensó sobre su espalda. Las costuras chirriaron y estallaron.

Jar sintió cómo sus propios músculos la asfixiaban, hinchándose violentamente, ocupando el espacio que no existía. Era como si su cuerpo estuviera intentando estallar dentro de un traje de buzo demasiado pequeño.

El dolor era absoluto. Era la sensación de ser desmembrada y reensamblada simultáneamente.

Sus brazos, atrapados a sus costados, se hincharon contra la roca. La carne blanda se endureció, volviéndose densa como el hormigón armado. Sus manos, enterradas en la tierra, se cerraron en puños involuntarios, triturando las piedras en polvo fino.

PRESIÓN CRÍTICA ALCANZADA.INICIANDO EMPUJE.

Sin que ella lo decidiera, su espalda se arqueó. Los músculos masivos, recién forjados en el fuego de su agonía, se contrajeron.

Arriba, en la superficie de la oscuridad, la losa de 40 toneladas gimió. El granito chirrió contra el granito.

Lentamente, agonizantemente, la roca comenzó a subir.

ESCENA 4: EL MONSTRUO EN LA OSCURIDAD

Ubicación:Zona de Rescate “Atlas” – Punto de Acceso B.Hora:48 horas después del colapso.

48 horas habian pasado desde el colapso de la sección. Muchos trabajadores de las secciones inferiores no pudieron salir a tiempo. El panorama no era alentador, temian lo peor para los trabajadores atrapados, y sin embargo los rescatistas hacian lo mejor que podían, esperando encontrar supervivientes... y en medio de las labores de rescate, detectaron una lectura térmica.

El sonido del taladro de diamante era un chillido agónico que resonaba en el espacio confinado.

Dan Ramos se ajustó las gafas, mirando la pantalla de la tableta térmica con incredulidad. El polvo de sílice flotaba en el aire, capturado por los haces de luz de los focos halógenos que los equipos de rescate habían montado.

—La lectura es incorrecta —murmuró Dan.

—¿Qué dices, Ramos? —preguntó el jefe de bomberos, secándose el sudor y el hollín de la frente.

—La cámara térmica. Estoy captando una fuente de calor ahí abajo. —Dan señaló la mancha roja y blanca que pulsaba en la pantalla—. La temperatura es de casi 50 grados Celsius. Debería estar muerta. Nada sobrevive a esa fiebre.

—Abran el paso —ordenó el jefe—. Si hay un cuerpo, lo sacaremos.

El taladro rompió la última capa de roca. Un soplo de aire caliente y viciado, con olor a cobre y almizcle concentrado, salió del agujero.

Los rescatistas ampliaron la brecha. Uno de ellos se adelantó con una linterna táctica, apuntando hacia la oscuridad de la cavidad.

—Tengo visual... —empezó a decir el rescatista, pero su voz se quebró. Retrocedió un paso, tropezando con sus propias botas—. ¡Dios santo!

—¿Qué ves? —gritó el jefe.

—¡Hay... hay algo ahí!

Dan se adelantó, impulsado por una curiosidad que superaba su miedo. Se asomó por la brecha junto al haz de luz.

Lo que vieron no tenía sentido.

En el centro de la cavidad, bajo una losa de granito que pesaba lo mismo que un tanque de guerra, había una figura.

No estaba aplastada. Estaba sosteniéndola.

La figura estaba de espaldas a ellos, en una posición de sentadilla profunda y agónica. Su ropa había desaparecido, reducida a jirones de tela que colgaban de su cintura. Su espalda... no parecía humana. Era una topografía de montañas y valles de carne violácea y tensa. Los músculos trapecios se alzaban tan alto que ocultaban su cuello, formando una coraza biológica. La piel estaba cubierta de polvo gris y vetas de sangre seca, estirada hasta la transparencia sobre haces musculares que se retorcían como cables de acero bajo tensión extrema.

Se escuchaba un sonido húmedo, rítmico. El sonido de fibras desgarrándose y volviéndose a unir en tiempo real.

—¿Es... es la ingeniera? —susurró alguien.

La luz de la linterna recorrió la espalda masiva, bajando por unos muslos que eran más anchos que el torso de Dan, clavados en el suelo de roca pulverizada.

La figura sintió la luz. Giró la cabeza lentamente.

El haz de luz iluminó su rostro. Estaba cubierto de mugre, la mandíbula apretada con tal fuerza que un hilo de sangre corría por su barbilla. Pero fueron los ojos lo que hizo que Dan sintiera un escalofrío primitivo.

Al reflejar la luz, las pupilas de Jar brillaron con un destello dorado, como los de un animal nocturno atrapado en la carretera. No había reconocimiento en esa mirada. Solo había instinto. Supervivencia. Depredación.

—Aseguren el techo... —graznó la criatura. Su voz era un sonido cavernoso, irreconocible—. Pongan... los soportes.

Los bomberos, sacudidos de su estupor por la orden, se movieron rápido. Colocaron gatos hidráulicos de emergencia bajo la losa. El metal gimió al asumir la carga.

En el momento en que el peso se transfirió de la carne al acero, Jar se soltó.

No cayó como una persona. Cayó como una estatua derribada. El impacto de su cuerpo contra el suelo hizo vibrar las botas de Dan.

—¡Médico! —gritó Dan, saltando al agujero antes que nadie.

Se arrodilló junto a ella. El calor que emanaba de su cuerpo era sofocante, como estar al lado de un horno abierto. Dan intentó tomarle el pulso en la muñeca, pero no pudo encontrar la arteria. La piel era demasiado dura, los tendones demasiado densos.

Jar abrió los ojos una vez más. Su mano, grande y pesada como un guante de béisbol hecho de carne, se disparó y agarró el antebrazo de Dan.

Él ahogó un grito. El agarre fue aplastante, sus huesos radiales crujieron bajo la presión involuntaria. Un moretón oscuro comenzó a formarse instantáneamente bajo los dedos de ella.

Ella lo atrajo hacia sí, sus labios agrietados moviéndose. Dan acercó su oído, esperando sus últimas palabras.

—Comida... —susurró ella, con una desesperación que heló la sangre de Dan—. Tráeme... carne.

Luego, sus ojos se pusieron en blanco y la cabeza de la mujer más fuerte del mundo cayó hacia atrás, inconsciente, mientras su estómago rugía con el sonido de una bestia hambrienta.

ESCENA 5: LA DIFERENCIA

Ubicación:Hospital General del Condado – Ala de Cuidados Intensivos, Habitación 402.Hora:36 horas después del rescate.

El despertar no fue gradual. Fue un corte abrupto de la oscuridad a la luz fluorescente cegadora.

Jar inhaló profundamente, un jadeo que sonó como una aspiradora industrial, llenando unos pulmones que ahora parecían tener el doble de capacidad. El aire olía a antiséptico y a plástico barato.

Intentó sentarse.

¡CRIIIIIC!

El marco de metal de la cama de hospital gimió violentamente bajo su peso. Los sensores de los monitores cardíacos se dispararon, pitando frenéticamente.

Jar se quedó inmóvil, con el corazón martilleando contra sus costillas. Miró sus brazos.

Estaba conectada a cinco bolsas de suero diferentes. Glucosa, solución salina, sangre. Las vías intravenosas no estaban pegadas con cinta normal; estaban aseguradas con vendas compresivas, porque las agujas parecían estar luchando por mantenerse dentro de sus venas.

Hambre.

El vacío en su estómago era un abismo. Las bolsas de glucosa goteaban, pero era como intentar llenar una piscina con un cuentagotas.

Jar se arrancó las vías. No sintió dolor, solo un leve tirón. La piel se cerró casi instantáneamente, dejando apenas un punto rojo donde había estado el metal.

Bajó las piernas de la cama. Sus pies tocaron el suelo frío. El linóleo se hundió imperceptiblemente bajo sus talones.

Se puso de pie.

La bata de hospital de talla estándar era una broma cruel. Le apretaba en los hombros, la tela tirante a punto de rasgarse en la espalda, las mangas terminando muy por encima de sus muñecas. Se sentía como si llevara ropa de muñeca.

Caminó hacia el baño de la habitación. Cada paso se sentía pesado, denso, como si sus huesos estuvieran hechos de plomo. Se sentía torpe, desconectada de la gravedad que recordaba.

Entró al baño y encendió la luz del espejo.

Se detuvo. Dejó de respirar.

La mujer que la miraba desde el cristal no era la Dra. Jar Sideris. No era la ingeniera que se preocupaba por los plazos de entrega.

Era una fortificación.

No se veía “en forma”. No se veía como una modelo de fitness de Instagram. Se veía...peligrosa.

Su cuello había desaparecido, engullido por unos músculos trapecios que subían hasta sus orejas, creando una pendiente de carne dura que protegía su columna cervical. Sus hombros eran tan anchos que llenaban el espejo de lado a lado.

Pero lo que la aterrorizó fue ladensidad.

No había suavidad en ninguna parte. Su piel estaba estirada al límite sobre los músculos, revelando una anatomía que debería estar oculta. Podía ver cada fibra del deltoides, cada inserción del pectoral superior bajo la bata abierta. Las venas de su cuello y antebrazos no eran tubos azules; eran cables gruesos, palpitando con una presión hidráulica visible.

Se llevó una mano a la cara. Sus dedos eran gruesos, pesados.

Tocó su mandíbula. El hueso se sentía diferente bajo la piel. Más ancho. Más denso. Su estructura facial se había endurecido para soportar la tensión de los músculos del cuello. Ya no tenía una cara suave; tenía un rostro tallado en granito.

—¿Qué...? —susurró.

Su voz retumbó en el pequeño baño, una octava más grave de lo que recordaba.

No se sentía como una superheroína. Se sentía como un experimento. Como algo cultivado en un tanque.

Jar apoyó las manos en el lavabo de porcelana para acercarse al espejo, buscando algún rastro de su antiguo yo en sus ojos.

¡CRACK!

Sin querer, sin esfuerzo, sus dedos atravesaron la cerámica del lavabo. Los fragmentos de porcelana blanca cayeron al suelo, mezclándose con el agua que empezaba a chorrear de la tubería rota.

Jar retiró las manos, horrorizada. Miró la destrucción accidental. Miró sus manos, intactas, sin un rasguño.

Levantó la vista hacia el espejo una vez más. El terror puro inundó su mirada dorada.

—¿Qué soy?

FIN DEL CAPÍTULO 1

Let DMCBurns know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

A Blessing in Disguise

Miriam0011: Hi there! I really enjoyed reading your story, it was both interesting and well written. Your style feels very natural and easy to connect with. Do you usually write in this genre, or do you explore others as well?

Read Now
Silver's Second Chance

Clare: Loved the second chance mate story line. But loved even more the strong female lead. Would love to a mini fic of this couple a few years down the line.

Read Now
The Easter Bunny

Angela: Liked this one. Character development was great and the little girl was sweet.

Read Now
The Alpha's Exiled Mate

Sonakshi: I like the characters and emotions that was so good and perfect and the story was definitely amezing

Read Now
The Neighbor's Son

Lyzebelle: Marina and Brennan grew up as friends. She becomes the Boss. Nice love story. 💚💚👽

Read Now
The Alpha and His Rogue

brilliant_iceberg lettuce_159: Oh My God loved the story and characters ty you wrote a wonderful story and I truly hope for a part 2 and please take care of yourself ty

Read Now
Nothing Between Us

Sue Black: I read it in one sitting. I started at midnight and it's 3:55. I just finished it. I cried throughout the book. The writing is superb.

Read Now
What We Never Healed

Debbie Tan: Easy to read and not too many suspense. A heart warming love story.

Read Now
Earning His Love

Liza: really enjoyed this short story, would’ve loves her to have a daughter to even the odds 🥰

Read Now