Una carta de amor
El pasillo de la academia se encontraba repleto de estudiantes de diversos cursos, pero a pesar de todo, él destacaba entre toda la multitud. Su cabello oscuro, sus ojos brillantes como el mar, su serena forma de actuar, para mí, él era la persona perfecta, no obstante…
—Ryan, aquí estas —Tom se acercó cuando se percató de mi presencia.
Mi corazón latía cada vez que se acercaba, algo que a veces debo intentar disimular para no quedar en evidencia frente a él.
—Estuve esperándote un buen rato frente a tu casa, tuve que caminar a la academia sin ti.
—Lo siento, me quedé dormido —bajé la mirada—. Mis padres salieron temprano y olvidé poner la alarma antes de dormir.
—Eres muy descuidado —revolvió mi cabello—. Mejor ve a tu clase, no quiero que llegues tarde.
—está bien, ¿te veré en la salida?
—por supuesto.
Mientras se alejaba de mí solo podía observarlo mientras lo hacía. ¿Por qué el amor es tan difícil? ¿Por qué tuve que enamorarme de él? Tom ha sido mi amigo desde que éramos unos niños. Siempre me protegía cuando me molestaban, me ayudaba con las tareas, incluso se preocupaba por mí cuando me enfermaba. Soy un tonto al pensar que tengo una oportunidad con él, sobre todo después de arruinarlo aquel día.
Acomodé mi mochila mientras iba caminando a mi salón de clases. Todos los estudiantes iban de aquí para allá, y al cruzar uno de los pasillos tres estudiantes llevaban consigo materiales de pintura. Entre ellos se encontraba Leonardo, un chico que estudiaba en la misma clase de Tom.
El día que decidí decirle a Tom de una vez por todas lo que sentía me sentí nervioso, el miedo me invadió y terminé retrocediendo, diciéndole a Tom que todo era una broma. Leonardo entró al salón luego de que Tom saliera, él había escuchado toda mi confesión, pero prometió no contarle a nadie a cambio de que lo dejara ayudarme con esa situación.
— ¿tienes clases de pintura? —le hablé cuando estuvo cerca de mí.
—Si —frotó su cuello—. ¿Acaso Tom no te lo dijo? Pensé que sabias todo sobre él.
—No lo sé todo —miré los pinceles que llevaba—. Solo me gusta preguntarle cosas.
— ¿y has pensado en cómo decirle sobre…“eso”? sin arrepentirte esta vez.
—todavía no lo sé.
Él suspiró. Su mirada se quedó clavada un momento en las pinturas que llevaba consigo.
—debo ir a clases, pero pensaremos en algo en la hora del descanso.
—Bien, no estoy apurado.
—Deberías —susurró.
— ¿Por qué lo dices?
Sus ojos se abrieron mucho mientras buscaba a donde mirar. Dejó caer los pinceles, pero enseguida lo ayudé a levantarlos.
— ¡Apresúrate, Leo! —uno de sus compañeros gritó—. ¡Nos están esperando!
—debo irme, hablaremos después.
Al irse me dirigí a mi salón de clases.
Debo pensar en algo pronto. Podría explicarle todo a Tom en una carta y… por supuesto, es una fantástica idea, de esa forma no tendré que verlo y me sentiría menos nervioso. Es lo que debo hacer.
Luego de algunas horas de clases tuvimos un breve descanso, así que era mi oportunidad para hacer esa carta. Tomé mi cuaderno… pero… ¿Cómo debería de comenzar? Creo que debí prestar atención a la clase de literatura de hace dos semanas.
Tal vez algo como: “Querido Tom…” ¡Por supuesto que no!
Sentí un escalofrió y miré a todos lados. Si alguien me ve escribiendo esto será mi fin. Todos lo sabrán y Tom me odiará. Podría ser otro… no, sabrán que es él. Somos amigos desde niños, él me acompaña a casa todos los días ya que vive casi al lado, es sencillo saber que se trata del mismo Tom. Necesito pensar en una idea… tal vez…
“Hola, Alejandro”.
Si, está mucho mejor. Ahora… ¿Cómo prosigo?
Suspiré mientras observaba los arbustos que crecían al lado de salón.
— ¿Qué estás haciendo, Ryan?
Marcela, mi compañera de clases se sentó frente a mí. Su mirada se encontraba clavada en mi cuaderno mientras sonreía.
— ¿es una carta? ¿Puedo saber para quién es?
—no es nada importante… pues…
— ¿no entregaste la tarea de literatura?
—no, es que… es un proyecto… ¿personal?
— ¿proyecto personal? —inclinó su cabeza un poco.
—Si… es que… me gustó mucho la clase que tuvimos sobre cómo hacer una carta… y estoy escribiendo… una carta entre dos personajes que inventé.
Su mirada seria me hacía sentir un poco nervioso. Parecía pensar en algo. Seguro piensa que es patético lo que acabo de decirle, sin embargo, su sonrisa apareció de nuevo.
—suena divertido, déjame ayudarte con eso, soy buena escribiendo historias, así que será un gusto.
— ¿en serio?
—Por supuesto, he leído muchas novelas y libros de todo tipo —ella suspiró—. Suena a algo romántico, así que es emocionante para mí.
—Es… genial —tragué saliva—. Si tuvieras que escribir una carta de amor… ¿Cómo lo harías?
— ¿una carta de amor? Es muy fácil. Comienzas con un saludo y buenos deseos, luego di algo sobre lo que quieras hablar, tal vez alguna anécdota que le guste o algo, le cuentas cómo te sientes al estar junto a esa persona, y finalizas con un toque de amor.
— ¿Buenos deseos? ¿Algo interesante? ¿Toque de amor? No lo comprendo.
—Deja que me encargo yo —tomó mi cuaderno y lápiz—. Dime lo que quieres escribir, yo haré el resto.
—pero…
Si quiero que esta carta sea perfecta tal vez deba aceptar su ayuda. He visto la forma de escribir de Marcela, pero…
—yo…es una carta sobre… es algo imaginario, pero… sucedió en la… secundaria.
—Suena interesante, dime que sucedió —jugaba con el lápiz—. ¿Quiénes son los personajes? ¿Quién es el emisor y el receptor de la carta? ¿Es de alguna novela que estas escribiendo?
—algo así. Son dos amigos que se conocen desde pequeños y siempre se han llevado bien, el más joven se llama… Dylan, y el otro… Alejandro, quien le lleva un año.
—Bien… déjame ver… ¿ambos son chicos?
—Si —miré el cuaderno—. Puede ser un poco extraño, pero…
—No hay problema, me encanta leer ese tipo de historias, no diré nada —tapó su boca—. Pero quiero saber más.
Fue un poco complicado relatarle la historia, pero logré contarle a Marcela lo que sucedió hace un tiempo cuando aún me encontraba en secundaria. Yo tenía como doce años y Tom trece. Dos sujetos comenzaron a molestarme mientras era la hora del descanso. Se acercaron pidiéndome que les entregara un trozo de pastel que mi madre había guardado entre mi comida, pero Tom apareció. Su discusión se volvió un poco violenta, pero logró ahuyentarlos. Aún recuerdo que a pesar de que su boca sangraba un poco, su sonrisa nunca desapareció. Después me dijo…
—Si alguien vuelve a molestarte me avisas, te protegeré de quien sea.
Cuando Marcela terminó de escribir, su cuerpo no podía quedarse quieto en la silla, mientras una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
—Alejandro es una ternura, quiero tener uno así para mí.
—Es genial… —intenté ocultar mi rostro. Debía estar completamente rojo.
—Ya está lista —me entregó mi cuaderno—. Quedó hermosa, hay que escribir otra en otro momento. ¿Me contarás como continua la historia entre Alejandro y Dylan?
—claro… otro día tal vez.
—Genial… —ella miró un segundo a nuestra compañera que se sentaba frente a mí, la cual esperaba que le devolviera su asiento—. La clase ya va a comenzar, gracias por contarme eso.
La clase continuó hasta que llegó la hora del descanso. Mientras el lugar se encontraba vacío y todos fueron a almorzar, copié todo lo que Marcela había escrito en una hoja, luego la metí en un sobre que me sobró de nuestra clase de literatura.
Es perfecto. Ahora solo debo entregársela y… ¿salir corriendo? Estoy haciendo esto para que no verlo directamente, pero… ¿Qué haré después?
— ¿Sigues aquí, Ryan?
Leo se encontraba parado en la puerta del aula. Su rostro y algunas partes de su camisa se encontraban manchadas con pintura.
— ¿Qué te sucedió? —me acerqué—. ¿Te peleaste en la clase de arte?
—Tom evitó que eso sucediera —frunció el ceño mientras miraba a un lado—. Un tonto se le ocurrió pintarse las manos y ponerlas en todos lados. Arruinó mi dibujo, había quedado increíble.
—Tom siempre salva el día —sonreí.
—No sé para que hablo contigo —suspiró—. Necesito pedirte un favor. Debo entregar un cuadro para mañana, pero la persona que usé como modelo debe irse temprano hoy.
— ¿quieres usarme como modelo?
—Si, por favor.
—está bien… —observé mi carta unos segundos—. ¿Sabes dónde está Tom?
—se encuentra intentando que no castiguen al tarado que arruinó mi cuadro. Tom me convenció de no presentarle una queja al profesor, pero tres de nuestros compañeros no están contentos.
Tal vez deba entregársela en otro momento, aunque si lo hago en la hora de salida tendré que irme primero.
— ¿Qué es eso?
—Es una carta —mi mirada se encontraba clavada en una mancha de pintura en su camisa.
—sé que es una carta. ¿Es para Tom?
—Si.
— ¿vas a confesarte de nuevo por medio de una carta? —levantó las cejas.
—Si… pero…
Un segundo… olvidé por completo que el motivo para escribir esta carta era el de confesarle a Tom lo que sentía sin arrepentirme. Me inspiré al contarle a Marcelo lo que sucedió que olvidé ese pequeño… gran detalle.
—Si quieres puedo entregársela —Leo frotó su cuello—. Cuando él regrese al salón de clases se la podría entregar.
— ¿en serio?
—te prometí ayudarte, así que me gustaría hacerlo.
—Te lo agradezco —le entregué la carta—. Te pido que no vayas a leerla.
—no lo haré… te veré después de clases… ¿cierto?
—Claro —sonreí—. Vamos a crear arte.
Su rostro parecía haber iluminado, pero se fue rápidamente. ¿Tendrá prisa?
Mi estómago me recordó en ese momento que no había comido nada, así que me regresé a mi asiento para almorzar.
Si Tom recibe esa carta podré sentirme mejor, será fantástico… pero… creo que debí entregarla yo mismo. Me siento un poco extraño ahora, además de no decirle en persona, alguien más le entregará mi carta, aun así…
— ¿Qué haces aquí, tonto?
Mi cuerpo sintió un escalofrió al escuchar esa voz. Su sonrisa característica, sombría, se ensanchaba con cada paso. Tomó la silla frente a mí y la giró, haciendo que mis piernas temblaran.
— ¿Por qué estas comiendo solo, Ryan?
—sé me hizo tarde… y… pues…
—veo que tienes algo delicioso allí, ¿podría probar un bocado?
Él abrió su boca. Mi mano no respondía con solo pensar en lo que pretendía. Él… no querrá un no como respuesta.
— ¿Qué sucede? Tengo hambre —insistió—. Solo es un bocado, no te estoy quitando todo tu almuerzo.
—Puedes comer si quieres —tragué saliva y levanté un poco mi emparedado—. Tómalo… yo…
—no, quiero que tú me des de comer.
Su boca volvió a abrirse nuevamente. Tomé un trozo de pan y lo acerqué lentamente, mientras John se limitaba a esperar con tranquilidad. Mi mano temblaba más mientras se acercaba a su boca. Al estar solo a unos centímetros, John sujetó mi mano y comió. Pude sentir sus labios cerca de mis dedos. Saboreó el pan y soltó mi mano.
—Estuvo delicioso, voy a dejarte por ahora —se levantó—. No te molestaré porque me diste de comer.
Luego de darme unos golpecitos en la cabeza se sentó en los asientos de atrás, donde siempre se sentaba en todas las clases. Logré terminar de comer a pesar de sentir su mirada clavada en mí en todo ese tiempo. No quería darme la vuelta, tal vez llame su atención si lo hago.
Siempre suele molestarme cuando nos encontramos, aunque nunca me ha golpeado ni nada, sus “bromas” como le llama él siempre me hacen sentir temor.
—veo que estas aquí.
Christina me observó un segundo antes de sentarse al lado de John. Su cabello negro se encontraba recogido en una cola. Revisó su teléfono y miró a su compañero.
— ¿Qué haces aquí? —le preguntó John—. Pensé que estarías con tus amigas.
—lo estaba, pero… —ella comenzó a reír enérgicamente—. Tuviste que verlo, un chico de la otra clase le entregó una carta a Sonia. Él se encontraba completamente avergonzado.
¿Un chico de la otra clase?
—Eso no me interesa —se quejó John—. No me interesa el romance de tus amigas.
—es que no te he contado la mejor parte. El sujeto salió corriendo después de entregársela. Sonia quedó congelada al verlo. Fue tan ridículo y cursi, lo peor que he visto, Sonia estaba completamente apenada por eso.
—eso es patético, solo un tonto haría algo así. No tiene el valor de decirle las cosas a la cara, pero tampoco tiene la valentía de quedarse a esperar una respuesta, patético.
¿Patético? Tom nunca pensaría que soy patético por eso… ¿o si lo haría? ¿Y si… él se siente apenado por esa carta? Tampoco dije alguna mentira, pero… mi nombre estaba allí, y también estaba escrito… que era una de las cosas que me gustaba de él… y…
—Oye, tarado —habló John—. ¿Te gustaría escribirme una carta de amor?
— ¿Qué? ¿Por qué…?
—John, ya basta —Christina jaló su oreja—. Deja de comportarte así con nuestro compañero.
—solo es una broma, Christina —se quejó él.
—tus bromas son de mal gusto.
Necesito recuperar esa carta lo antes posible. Nunca debí escribirla en primer lugar.
Al finalizar las clases salí enseguida a buscar a Leo. Pero… ya debe ser tarde, seguro ya entregó esa carta. ¿Qué hago ahora? No quiero que Tom se sienta avergonzado por mi culpa. Solo… solo puedo ver que hará.
Me quedé parado en la salida de la academia. Tal vez deba irme solo. Si Tom leyó esa carta… no decía nada extraño, pero aun así… yo… ¿Qué hago ahora?
—Ryan.
La mirada seria de Tom me hacía pensar lo peor. Solo un par de veces lo he visto con esa cara. Cuando se molestaba con otros siempre los miraba de esa forma, pero nunca a mí, debe pensar lo peor de mí.
—esto… Tom, yo…
—Es mejor irnos a casa —caminó—. Ya he tenido suficiente por hoy.
Me quedé parado en ese lugar. Él me detesta. Lo sabía. Seguro siente vergüenza, no dice nada aquí para guardar la compostura, pero mientras vayamos por la calle seguro me preguntará y yo no sabré que responder. Lo que le dije en esa carta fue algo importante para mí, y para él… solo algo que sucedió, algo común sin importancia.
—Lo siento mucho, Tom —me quedé observando el suelo—. Yo…
—No pasa nada —emitió una sonrisa mientras su mano se posó en mi hombro—. Discúlpame a mí, olvidé que ibas a ayudar a Leonardo.
— ¿ayudar a…Leo?
—tuve un horrible día por culpa de Gregory y me duele un poco la cabeza, discúlpame si te traté de mala manera.
—yo… no…
—Te veré mañana… aunque tal vez pase por tu casa más tarde —revolvió mi cabello—. En la televisión pasarán la película de esa serie que te gusta, podemos verla juntos.
Cuando Tom salió del lugar mis pensamientos seguían intentando procesar lo que había pasado. ¿Él no está molesto por mi carta? ¿Por qué?
—aquí estas, Ryan —Leo se encontraba un poco agitado—. Llegué a tiempo. Vine a buscarte por si habías olvidado que ibas a ayudarme con mi pintura.
—Yo… —miré un segundo la salida—. Si, lo había olvidado.
—Vamos, será rápido —rodeó mi cuello con su brazo—. Nos divertiremos.
En el camino noté que Leo se encontraba un poco intranquilo por alguna razón. ¿Será que Tom le dijo algo?
—lo siento mucho, Ryan, no pude entregarle la carta a Tom —frotó su cuello—. Estuvimos un poco ocupados hoy, además de que él apareció tarde por culpa de Gregory ya que causó más problemas. Te prometo que se la entregaré mañana.
—no, mejor entrégame la carta.
—Pero… —él revisó su mochila y me entregó la carta—. Lo siento.
—No te preocupes —sonreí—. Creo que es mejor que no le entregue esta carta.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—solo… es un poco vergonzoso. Tal vez debo encontrar una mejor manera de decirle a Tom lo que realmente siento por él.
Leo miró la ventana unos segundos y sonrió.
—Algo se nos ocurrirá, y sé que puedo contar contigo para ayudarme —hablé.
—Por supuesto, te ayudaré en todo lo que necesites… —miró a un lado con el rostro ruborizado—. ¿Podrías… hacerme una carta a mí…?
—Claro que no —sentí mi rostro rojo—. ¿Por qué lo haría?
—solo… una carta pidiendo mi ayuda, esto…
—no.
—sola una, no te costará nada.
—Voy a pensarlo —miré al otro lado.
El salón de arte se encontraba adornado con varias pinturas que parecían aún frescas. Mientras exploraba un poco la exposición de arte reconocí la firma de Tom.
— ¿esta pintura la pintó Tom? —le pregunté a Leo.
—Sí, tu querido Tom la pintó —él revisaba sus pinceles—. Mencionó que quiso pintar algo que le gustaba a un gran amigo suyo.
En el cuadro se encontraba un zorro resguardándose de la lluvia debajo de un árbol, pintado con colores naranja, azules, verdes y marrones.
— ¿tienes idea de para quién es?
—tal vez.
Él sabe que mi animal favorito es el zorro, al igual que la estación que prefiero es el otoño, donde la lluvia refrescante me hace sentir tranquilo y relajado. Eres increíble, Tom.
— ¿podrías dejar de admirar la pintura de tu amado y sentarte allí?
—No digas eso —me senté en un pequeño banco frente a él—. ¿Así?
—no lo sé, se ve algo aburrido… ¿podrías hacer algo interesante?
— ¿interesante? ¿Cómo qué?
No tenía idea de que hacer. Nunca había posado para alguna pintura antes. Leo se acercó y levantó mis manos pegándolas a mi cabeza, abrí las palmas y parecían ser orejas.
— ¿Qué intentas hacer? —bromeé.
—siento que falta algo… lo tengo.
No tuve tiempo de reaccionar cuando Leo trazó una línea en mi rostro con su pincel.
— ¿Qué haces?
—Es arte —miró su pincel con pintura naranja.
—no digas arte solo porque sí.
Me acerqué enseguida y tomé un pincel. Él retrocedió, llené el pincel con pintura verde y pinté su rostro, pero contraatacó con pintura azul.
—tengo la camisa pintada desde hace rato, ¿quieres tener una igual? —se acercó—. Puedo pintarte un dibujo exclusivo si lo prefieres.
—Tú comenzaste —pinté su nariz con pintura naranja—. Ahora pareces un gato.
Comencé a reírme junto a él, y al cabo de un rato nuestra pelea de pintura se detuvo. Tuve que sentarme una media hora mientras Leo pintaba el cuadro, y cuando terminó lo principal me acerqué para ver cómo iba quedando.
— ¿Qué te parece? —preguntó.
Era… divertido. Incluso pintó un poco las manchas de pintura que tenía en el rostro. Me gustaba un montón. Leo observaba su creación con una sonrisa de satisfacción.
—Me gusta mucho —respondí—. ¿Mañana tendrás que continuar pintándolo?
—sí, pero ya hice lo principal, llegaré temprano para darle unos acabados. Es una lástima que tenga que dejarlo aquí, tal vez mañana lo lleve a mi casa.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—es mi mejor cuadro, no pienso regalárselo a la academia.
—Eres un tonto —suspiré—. Ya es hora de irnos, quiero llegar a mi casa para quitarme todo esto que me hiciste.
—está bien… no le digas a Tom que yo lo hice, me asesinará.
—él sabe que vendría a ayudarte, se enterará aunque yo no quiera.
—No puede ser —llevó las manos a la cabeza—. Mejor vamos al baño para intentar quitarlo.
—todo va a estar bien, ya quiero irme a casa.
No tuvo más remedio que aceptar.
En el camino, Leo se detuvo cerca de la estación de tren y me despedí de él. No pensé que tomáramos casi la misma ruta, nunca lo había visto. Cuando llegué a mi casa aún me preguntaba el motivo por el cual Tom había pintado ese cuadro. Mi madre se preocupó al ver mi rostro todo pintado, pero le expliqué lo que había sucedido. Pensó que alguien me estaba molestando, pero se calmó y me pidió darme un baño.
En mi habitación, saqué de debajo de la cama un cofre que guardaba allí. Dentro tenia únicamente un caramelo que Leo me había dado el día que nos conocimos. No recuerdo el motivo por el cual lo dejé allí, pero me recordaba ese día. Tomé la carta que le había escrito a Tom.
No iba a funcionar de todas maneras, pero debo seguir esforzándome, tengo que reunir el valor para decirle a Tom lo que siento.
Guardé la carta dentro del cofre y lo regresé a su lugar. Al levantarme, la puerta se abrió, di un pequeño salto, pero Tom entró al lugar llevando consigo una mochila. Su rostro se esfumó al verme.
— ¿Por qué tienes toda la cara pintada?
—esto…
— ¿Leo te hizo algo? —frunció el ceño.
—No… solo estábamos jugando —emití una ligera sonrisa—. Me divertí con él mientras pintaba su cuadro.
Tom no se mostraba contento al escuchar mi respuesta, pero luego de suspirar se dejó caer en la cama.
—no comprendo desde cuando eres tan cercano a Leo.
—nos hicimos amigos…
—Va a una clase mayor que tú —frunció el ceño.
—tú también vas a una clase mayor que yo —bromeé.
—Pero… —él buscaba una respuesta—. Yo… yo soy una excepción.
—Tal vez… —caminé a la puerta.
— ¿tal vez? Eso es cruel. Mejor vamos a jugar a algo —encendió mi televisión y sacó su consola de la mochila—. Voy a conectar esto mientras te das un baño, vamos a jugar un poco hasta que comience la película que quieres ver.
— ¿película…? Oh, sí, explorando el amanecer de la oscuridad parte 3, lo había olvidado.
—solo apresúrate. Todavía queda tiempo, así podremos jugar un rato mientras esperamos.
Me quedé observándolo un momento. Él sacaba lo que traía en su mochila con una sonrisa en su rostro. A pesar de que está aquí… yo… no quiero perderlo, pero quiero decirle lo que siento…
—Tom… yo…
— ¿Qué sucede?
—gracias.
Abrió mucho los ojos y se detuvo. Yo sonreí mientras lagrimas caían sin parar.
— ¿Qué tienes? —se apresuró a caminar hasta mí.
—No es nada importante —limpié mi rostro—. Solo quería decirte eso, gracias por estar siempre conmigo.
—Siempre voy a estar contigo —me abrazó—. Siempre seremos amigos, por favor, deja de llorar, no me gusta verte llorar.
—Lo siento, me iré a dar un baño —miré la puerta—. Yo… no me vencerás hoy, te aseguro que ganaré.
La mirada preocupada de Tom desapareció y sonrió levemente.
—voy a ganarte… ahora apresúrate —miró la pantalla—. Date prisa.
Salí de allí hacia el baño. Algún día espero tener el valor para decirle lo que siento, y deseo que ese día… aunque me diga que no… espero que sigamos siendo amigos.








