La Mujer que solo miraba estrellas
La campanilla sonó cuando ella entró. Llevaba la capucha puesta sobre el cabello, un cubrebocas y, al hombro, una mochila oscura repleta de llaveros y peluches donde destacaban cinco estrellas de colores.
Lo primero con lo que se topó fue con un cartel promocional gigantesco: “Porque solo necesitábamos encontrarnos: nueva bebida sabor Amor, la favorita de Nómada”. En la imagen, cinco jóvenes sonreían sosteniendo un líquido de color exótico.
Ella miró la figura un segundo. Solo uno. Extendió la mano para tomar la botella. Desde que había salido al mercado, la compraba siempre.
La campanilla volvió a sonar. Un grupo de jóvenes entró y, apenas vieron el cartón, bufaron con desprecio:
—¡Qué asco! ¡Quiten esto de aquí! Mentirosos de mierda...
La mujer tomó un emparedado, la bebida anunciada y se detuvo frente al estante de cigarrillos.
“Nosotros somos Nómada”, resonó una voz cálida en su memoria. “Y recuerden cuidarse mucho; queremos a nuestros Nebux sanos, porque ustedes son lo que más nos importa...“.
Extendió la mano y tomó la cajetilla. La tendera se sorprendió en silencio. Siempre llevaba lo mismo, excepto el tabaco. Cobró rápido y corrió a regañar a las jóvenes que comenzaban a vandalizar el cartón.
Al salir, la ciudad la recibió con el estruendo de sus luces estrambóticas y más rostros perfectos promocionando un sinfín de productos. Abrió la cajetilla y extrajo un cigarro, pero notó que no tenía fuego. Sintiéndose torpe, se acercó a un puesto de periódicos.
“Recuerden sonreír”, dictaba la voz fría de un ejecutivo en los audios filtrados de La Fábrica de Estrellas. “Mirar a los ojos, sostener la mirada y después demostrar algo de timidez. Sostengan sus manos, pero no demasiado, porque alguna otra persona podría notarlo y eso reduce el impacto emocional”.
El vendedor le prestó un encendedor. Ella encendió el cigarro, dio las gracias con la cabeza y echó a andar, ignorando las revistas repletas de portadas fashionistas y entrevistas de vidas glamurosas.
Subió el volumen de sus audífonos mientras sonaba la última canción del grupo, “Somos la mitad del otro”, la había escuchado más de diez mil veces desde su lanzamiento. “¡Gracias, Nebux! Gracias a ustedes somos los número uno... Este triunfo también es suyo”, decía el audio del último evento. Ella intentó enumerar sus logros. Aquellos que no tuvieran que ver con Nómada. Se detuvo en dos.
Intentó dar una calada profunda, pero terminó tosiendo con violencia.
“Somos la mitad del otro, juntos alcanzaremos la cima, solo necesitábamos encontrarnos”.
Tiró el cigarrillo y lo pisoteó con asco. Sacó el celular. En la pantalla de bloqueo aún posaba una foto suya junto a su star favorito. Abrió el mapa: “Puente Mirador, a dos kilómetros”. Continuó caminando.
“...Hoy en noticias de Neón: Se han iniciado campañas masivas de fans para abrir un proceso legal contra La Fábrica de Estrellas, en el que exigirán reembolsos tras las fuertes inversiones que se realizaron en sus diversos artistas”.
Llegó al puente solitario sobre un río inmenso y oscuro. Se sentó en una banca cercana y abrió la mochila. Estaba repleta de mercancía autografiada con bellos mensajes escritos a mano: “Eres especial para mí, te amo”, “Verte siempre es mi regalo, te amo”, “Te amo”...
Se recordó a sí misma antes de Nómada: estaba pasando un momento muy oscuro en su vida; se sentía llena de soledad, y los stars aparecieron.
“Gracias a Nebux salimos adelante de la oscuridad, esperamos que ellos puedan sentir de nosotros el mismo apoyo que nos dieron...”, resonó contrastado con los audios de la empresa: “...ustedes también sufrieron, ¿entienden? Salieron de una profunda oscuridad gracias a los fans, si ellos se van, ustedes dejan de brillar”.
Mordió el emparedado. Casi nadie disfrutaba ese sabor. Pero era su favorito desde niña. Era también el favorito de su star. Sonrió apenas. Por ese detalle lo había elegido a él. Hizo una mueca cruda. ¿A su star de verdad le gustaba?
“Los consumidores buscan permanencia emocional”, retumbaba la grabación del ejecutivo. “...ustedes tienen que volverse más necesarios que comer, que dormir”.
Tras un fuerte escalofrío, intentó buscar algún contacto en el teléfono para escribirle, pero no pudo escribir ningún nombre. Tenía “amigas”, pero no sabía de ellas más que su integrante favorito y cuánta mercancía poseían. Todo era una competencia. ¿Hacía cuánto no compraba algo porque le gustaba a ella y no porque lo promocionaba un rostro admirado?
“Te amo...“, volvió a sonar la voz distorsionada de su star.
Se levantó. Dejó la mochila en la banca y, sosteniendo solo la bebida sabor Amor, se acercó al barandal. Abajo vio reflejado el cielo estrellado; en Neón, ver un firmamento así era un milagro. Destapó la botella y dio un trago largo. No le gustaba. Aun así, había bebido docenas de ellas.
“Están locas, son patéticas”.
Dejó la botella en el suelo y, por primera vez en años, levantó la mirada para observar las estrellas. Con ambas manos tomó la barandilla y elevó un pie sobre el metal; volteó una vez más hacia el cielo: las estrellas seguían ahí.
Siempre habían estado ahí.
—Lady Saturno gg








